Jesús es el Señor
Rom. 10:9-10; Fil. 2.8-11; 1 Cor. 12.2-3
El texto bíblico del mensaje de esta mañana tiene solamente cuatro palabras en las versiones en castellano mas usadas entre evangélicos. Las cuatro palabras son “Jesús es el Señor” y aparecen en tres pasajes del N. T. siempre en las cartas de Pablo: Rom. 10.9 y 1 Cor. 12.3 y Fil. 2.11) Dos veces la declaración es “Jesús es el Señor” (Rom. 10.9 y 1 Cor. 12.3, κύριον Ἰησοῦν) y una vez “Jesucristo es el Señor” (Fil. 2.11, κύριος Ἰησοῦς Χριστὸς).
Es la más antigua confesión de fe cristiana. En Rom. 10.9 y Fil. 2.11 el texto dice específicamente confesar que Jesús es Señor y en 1 Cor. 12.3 el texto dice decir que Jesús es Señor. Los tres pasajes tienen el carácter de una confesión de fe que reconoce a Jesús como Señor, como dice DHH en Filipenses 2.11. La afirmación puede haber servido como la confesión de fe al ser bautizado. Antes de bautizarse cada candidato afirmaría verbalmente “Jesús es el Señor”.
El gran misionero a la India y evangelista Stanley Jones, proponía la práctica de usar tres dedos elevados como una especie de saludo cristiano que al mismo tiempo sería una afirmación de fe. Tres dedos porque en inglés la expresión es simplemente “Jesús es Señor” sin el artículo. De hecho, la expresión en los tres pasajes en el N. T. griego no tiene el artículo. Aunque la práctica en traducciones evangélicas es incluir el artículo, versiones católicas y especialmente españolas (BNP, Per, CAB, JB) tienden a traducir simplemente “Jesús es Señor”.
Pensemos juntos en esta mañana en lo que significa afirmar que Jesús es Señor.
I. Es una afirmación de la soberanía de Jesús.
En su aspecto más básico es una afirmación de la soberanía de Jesús. El es soberano en todas las esferas de la vida.
A. En primer lugar, Jesús es soberano en la naturaleza.
La convicción de la Biblia es que Dios creó el orden natural y que el orden natural es testimonio de su poder creador y de su poder sustentador. Los salmos testifican de su actividad sustentadora. Dios riega la tierra para que las plantas crezcan y los animales salvajes se alimenten.
Hay un peligro de perder este concepto de la soberanía de Dios en el orden natural. Dios queda preso de las llamadas leyes naturales que no dan lugar a la expresión de su soberanía a través de estas leyes y aun por encima de ellas. El pastor y autor John Stott solía empezar el día con una oración. “Dios eterno y todopoderoso, creador y sustentador del universo te adoro.”
Phillip Yancey cita un pasaje del escritor británico G. K. Chesterton quien volvió de una postura de escepticismo a la fe. En el pasaje Chesterton sugiere que quizás debemos pensar que para que salga el sol cada día Dios le dice “Hazlo otra vez” y para que aparezca la luna cada noche le dice “Hazlo otra vez”. Chesterton propone que es probable que Dios haga cada margarita por separada.
El Hijo participó con el Padre en la creación.
Hebreos afirma que por medio del Hijo Dios hizo el universo y que el Hijos es también “el que sustenta todas las cosas” (Heb. 1.3, NVI). Es creador y sustentador del universo.
Los discípulos habían visto la soberanía de Jesús sobre la naturaleza. Dio órdenes al viento y a las olas. Convirtió el agua en vino y multiplicó los panes y los peces. Lo habían visto sanar a los enfermos, dar vista a los ciegos y la capacidad de oír a los sordos. Lo habían visto hacer hablar a los mudos.
Jesús es soberano en el orden natural.
Necesitamos recuperar esta convicción de que él es soberano en el orden natural.
B. En segundo lugar, Jesús es soberano en la historia.
Parece que Dios tiene poco que ver con lo que ocurre en el mundo. ¿Cuántos votos tiene Dios en los parlamentos del mundo? ¿Cuántos en las Naciones Unidas? ¿Cuántas acciones tiene en las bolsas? ¿Cuánto dinero en las cuentas bancarias del mundo? ¿Cuántas armas tiene en su arsenal? ¿Cuánta gente tiene en la calle? Parece que no tiene recursos.
La enseñanza de la Biblia, sin embargo, es que Dios es soberano en lo que ocurre en la historia. Detrás de los acontecimientos en última instancia está el poder de Dios. Los profetas afirman que es la soberanía de Dios que se expresa a través del rey de turno, sea Nabucodonosor y los babilonios o Ciro y los persas. El determina el resultado final. En la última escena de la historia aparecerá y todos se darán cuenta de que él era soberano desde el principio.
El profeta Zacarías lo afirmó enfáticamente como un hecho futuro. “El SEÑOR reinará sobre toda la tierra. En aquel día el SEÑOR será el único Dios, y su nombre será el único nombre.” (Zac. 14:9 NVI)
Juan lo vio en visión como realidad. Tocó el séptimo ángel su trompeta, y en el cielo resonaron fuertes voces que decían: “El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apo. 11.15, NVI)
Esta soberanía de Jesús en la historia se expresa la confesión de fe de Filipeses 2.9-11. “Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Fil. 2.9-11, RVR95)
El poeta Lowell capta este sentido en uno de sus himnos:
Aunque la causa del mal prospere
La verdad sola es fuerte:
Aunque su porción sea el cadalso,
Y sobre el trono esté el mal;
El cadalso rige al futuro,
Y, tras el obscuro desconocido
Está Dios en la sombra,
Velando por los suyos.
II. En segundo lugar es una afirmación de la soberanía única de Jesús.
Hubo otros que pretendían ser los señores del mundo del primer siglo.
A. Por ejemplo, los dioses paganos
“Porque, aunque sea verdad que algunos son llamados dioses, sea en el cielo o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas, y nosotros vivimos para él; y un solo Señor, Jesucristo, mediante el cual existen todas las cosas, y también nosotros vivimos por medio de él.” (1 Corintios 8:5-6, RVA)
B. También los poderes políticos
Dos veces en el N. T. se afirma que Jesús es Rey de reyes y Señor de señores (2 Tim. 6:15; Apo. 17:14). Domiciano el emperador romano de fines del siglo I reclamaba el título “señor” como expresión de su soberanía en el mundo romano.
C. Por último el diablo
La tentación culminante del diablo a Jesús según el relato de Mateo era postrarse delante de él y adorarlo. El diablo reclama ser reconocido como “Señor”
Cuando por inspiración del Espíritu de Dios afirmamos que Jesús es Señor, pasamos bajo otra autoridad, bajo otro dominio. Quedamos libres de todos los dominios anteriores. Ni la astrología, ni las cartas, ni los espíritus tienen autoridad sobre el creyente. Juan afirma en 1 Juan 5.18 que el maligno no puede tocar a aquel que ha nacido de Dios.
III. En tercer lugar es una afirmación de la soberanía única de Jesús en mi vida.
En tercer lugar, es una afirmación de la soberanía única de Jesús en mi vida. Afirmar la soberanía única de Jesús en la naturaleza y la historia es una cosa, pero afirmar su soberanía única en mi vida personal es otra. Este es el sentido de la confesión en Romanos 10:9-10. “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. (Rom. 10:9-10, R95)
Sin embargo, confesar a Jesús como Señor es más que una mera declaración verbal. Jesús en Mateo 7.21 advierte sobre la posibilidad de llamarlo Señor, pero no entrar al reino del cielo. Entran solamente los que hacen la voluntad del Padre. La clave es la obediencia.
Si Jesús es mi único Señor, yo soy su siervo obediente. Según Avery Willis, el creador de los materiales de El plan maestro del discipulado cristiano, la característica definitoria de los discípulos era su disposición a obedecer de manera absoluta e inmediata a Jesús. Cita dos ejemplos. Aunque Pedro había sido pescador toda la vida y jamás había encontrado una moneda en la boca de un pez, al mandato de Jesús fue sin cuestionar a sacar el pez y buscar la moneda. Cuando Jesús mandó dos de los discípulos a buscar y traer un burro para entrar a Jerusalén, fueron a buscar el animal sin preguntar nada.
Hace más de cuarenta años estuve en un taller del Plan Maestro en Venezuela. Al entrar en algún negocio escuchaba de la persona que me atendía una expresión que me llamaba la atención. La expresión era “a la orden”. Debo levantarme todos los días afirmando: “Jesús tu eres mi Señor único y yo soy tu siervo obediente. Aquí estoy a tu orden sea cual fuere. Da la orden que la respuesta es, ‘Si, Señor,’”
Cuando confieso “Jesús es el Señor” estoy afirmando que él es soberano sobre la naturaleza y la historia. Además, estoy afirmando que él es el único soberano, ni otros dioses, ni los poderes políticos, ni el diablo a pesar de sus pretensiones son soberanos; solo Jesús es soberano. Sobre todo, cuando digo “Jesús es Señor”, estoy confesando su soberanía en mi vida en todos sus aspectos. Después de la confesión de Romanos 10, Pablo declara que “todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”. (Rom 10:13 NVI). Confesar a Jesús como Señor es el requisito indispensable para ser salvo. Quizás nunca has dicho, “Jesús tu eres Señor único de mi vida”. Para terminar el culto, quiero dar la oportunidad de confesar a Jesús como Señor único de tu vida: Mediante una oración y mediante una canción.
¿Afirmarás conmigo en esta mañana, “Jesús tu eres Señor único de mi vida?”
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