Comentario de Romanos del Doctor Stanley Clark: INTRODUCCION- 2 PARTE
Origen de la Iglesia
La primera evidencia de la existencia de cristianos en Roma aparece en una obra de Suetonio, historiador latino de fines del siglo I y principios del siglo II. En su obra Vida de Claudio escribió lo siguiente: "Claudio expulsó a los judíos de Roma porque constantemente estaban amotinándose por instigación de Chrestus" (25:2). El consenso de los eruditos es que "Chrestus" es una variante latina de la pronunciación gentil de "Christus," esto es, "Cristo". El decreto de Claudio es mencionado en Hechos 18:2 para explicar la presencia de Aquila y Priscila en Corinto cuando Pablo llegó allí por el año 50 o 51 d. de J.C.
Parece claro que Suetonio entendió que un tal "Chrestus" estaba presente en Roma entre los judíos promoviendo disturbios. Sin embargo, la conclusión de los estudiosos es que debe tratarse de tensiones entre judíos creyentes que aceptaban a Jesús como el Cristo, eso es, el Mesías, y judíos no creyentes que lo negaban. Eran disturbios acerca de "Chrestus" o Cristo y no provocados por "Chrestus". Interpretada de esta manera, la cita sería evidencia de la presencia de cristianos en Roma a mediados del primer siglo.
La tradición que asocia a Pedro con el comienzo de la iglesia no puede considerarse seriamente ya que él estaba todavía en Jerusalén en la fecha del concilio de Hechos 15, eso es, por el año 49 d. de J.C. Aun eruditos católicos como, por ejemplo, Alfred Wikenhauser (Introducción, p. 677.) ya descartan esta explicación del origen de la congregación. La tradición que habla del martirio de Pedro y Pablo en Roma merece más confianza y puede ser evidencia de un ministerio posterior de ellos allí.
Según Hechos 2:10, entre la multitud que escuchó a Pedro en el día de Pentecostés había "forasteros romanos, tanto judíos como prosélitos". Es cierto que no dice que hubo romanos entre los tres mil que creyeron, pero es significativo que son los únicos europeos específicamente mencionados entre los peregrinos en Jerusalén. Dada la manera en que la gente se trasladaba hacia la capital del imperio, es lógico pensar que dentro de dos o tres años después de la crucifixión ya había judíos en Roma que honraban a Jesús como el Mesías.
Ambrosiastro, un padre latino del siglo IV, en el prefacio de su comentario sobre la Epístola a los Romanos dice que ellos habían "abrazado la fe de Cristo, aunque según el rito judío, sin ver alguna señal de obras poderosas o a alguno de los apóstoles". Evidentemente eran creyentes comunes los que llevaron el evangelio a Roma y lo establecieron allí, probablemente en la comunidad judía de la capital.
Cuando Pablo escribió Romanos, parece que la congregación era una mezcla de gentiles y judíos con predominio de aquellos (Ver 1:5, 12-14; 6:19; 11:13, 28-31; 15:16.). Posiblemente el decreto de Claudio que obligaba a los judíos a salir de Roma ya había perdido vigencia permitiendo su regreso a la ciudad. La presencia de judíos otra vez en la comunidad de creyentes de la capital puede explicar la manera en que Pablo trata el tema del futuro de Israel en los capítulos 9 al 11 y la consideración del tema de las relaciones entre los débiles y los fuertes en 14:1-15:13.
Ocasión y Fecha
La consideración de estos temas está afectada por la cuestión de si los capítulos 15 y 16 formaban parte de la carta originalmente. Este asunto será tratado más adelante, pero por el momento damos por sentado que la carta incluía estos capítulos. Volvemos a señalar que todos los manuscritos de Romanos existentes los incluyen donde están en nuestro texto. Los datos acerca de la situación del autor aparecen en Romanos 1, 15 y 16 y se pueden resumir de la siguiente manera:
1. Hacía mucho que el apóstol tenía deseos de anunciar el evangelio en Roma y de compartir su ministerio de afirmación y fortalecimiento entre ellos (1:10-15). Es más. El había planeado en muchas ocasiones ir a Roma, pero su ministerio en la zona de Asia Menor y Grecia le había impedido hacerlo hasta el momento en que escribía (1:13; 15:22).
2. Pablo había llenado la zona que abarcaba desde Jerusalén hasta Ilírico con el evangelio (15:19). Está terminando de reunir una ofrenda para los creyentes en Jerusalén (15:25-27). Va ahora a Jerusalén con la ofrenda y le preocupa su seguridad en esta ciudad y la manera en que los judíos creyentes recibirán la ofrenda (15:30-32).
3. Una vez entregada la ofrenda, su propósito es pasar por Roma camino a España (15:24, 28). Una comparación de la información en Romanos con la de Hechos indica que al escribir la carta Pablo había finalizado su campaña en Efeso y su situación es la reflejada en Hechos 19:21-22 y 20:1-3. El segundo pasaje dice que llegó a Grecia donde pasó tres meses; después, emprendió el viaje hacia Jerusalén (Hech. 20:2-3).
4. La información en Romanos indica que escribió la carta durante los tres meses que pasó en Grecia. Varios datos en la carta sugieren que el lugar preciso era Corinto. Por ejemplo, Pablo recomendó a los Romanos a Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea, el puerto al este de Corinto (16:1). Esta hermana habrá cruzado el istmo hasta Corinto desde donde ha de viajar hacia Roma (16:2). El apóstol mandó a los romanos los saludos de Gayo, su hospedador (16:23), quien puede ser el hombre de Corinto bautizado por Pablo (l Cor. 1:14). Mandaron saludos Timoteo y Sosípater (16:21), compañeros de viaje de Pablo cuando salió de Grecia hacia Jerusalén (Hech. 20:4). Erasto, el tesorero de la ciudad donde Pablo estaba, también mandó saludos (16:23). Una inscripción en latín encontrada en Corinto y fechada a mediados del siglo I menciona a un Erasto quien a cambio de ser nombrado edil o comisionado para obras públicas había colocado a expensas propias el pavimento en una plaza cerca del teatro (Diccionario Bíbilico Arqueológico, 203.). El puede ser el tesorero de la ciudad mencionado por Pablo (16:23).
De modo que se puede ubicar la composición de Romanos después de la terminación de la campaña en Efeso y antes del viaje a Jerusalén con la ofrenda. Para precisar la fecha es posible tomar como punto de referencia el ministerio de Pablo en Corinto. Una inscripción encontrada en Delfos en Grecia establece que Galión (Hech. 18:12-17) era procónsul en Acaya en el año 52 d. de J.C. y ya puede haber estado ocupando este cargo tan temprano como el 50 d. de J.C. Pablo pasó un año y seis meses en Corinto (Hech. 18:11) y durante ese tiempo fue llevado ante Galión (Hech. 18:12). Es probable que la estadía de Pablo en Corinto deba ubicarse en los años 50 a 52 d. de J.C. Saliendo de Corinto, Pablo regresó a Antioquía donde estuvo por un tiempo y entonces pasó por Galacia y Frigia para llegar a Efeso (Hech. 18:18-24).
Allí estuvo por dos años y unos meses (Hech. 19:8, 10; 20:31). Salió de Efeso en el año 55 o 56 d. de J.C. Dejando lugar para un margen en más o en menos de uno o dos años, se puede ofrecer como fecha probable para Romanos el invierno (diciembre a febrero en el hemisferio norte) de 55-56 o 56-57 d. de J.C.
Ahora es posible resumir la situación de Pablo al escribir la carta. Pasaba los meses de diciembre a febrero del 55-56 o 56-57 d. de J.C. en Corinto en la casa de Gayo quien había sido bautizado por Pablo (1 Cor. 1:14). Había quedado atrás una larga y exitosa campaña en Efeso que involucraba algunos peligros. Escribió Pablo: "Batallé en Efeso contra las fieras" (1 Cor. 15:32). También se había resuelto una difícil crisis en Corinto que había puesto en duda la autoridad apostólica de Pablo y había requerido una serie de contactos (cartas y visitas) para su solución.
Por delante hay dos grandes proyectos: el viaje a Jerusalén con la ofrenda y la misión en España pasando por Roma en el camino. Aun estos proyectos implicarán peligro y requerirán apoyo para su realización. Por el lapso de unos tres meses el apóstol se encontró con un poco de tiempo para "tomar aire", libre de sus exigentes tareas. Era como si él hubiera terminado un capítulo en su vida y estuviera esperando para iniciar otro.
Propósito
Con esta visión de las circunstancias de Pablo, es posible ahora pasar al asunto de por qué aprovechó el apóstol este tiempo en su vida para dictar a Tercio (16:22) una carta para los cristianos en Roma. Muchas de las cartas de Pablo son obligadas y urgentes. Es decir, prestan atención a problemas que ponen en peligro la salud espiritual de una congregación y requieren soluciones inmediatas; por ejemplo, Primera y Segunda Tesalonicenses, Gálatas, Primera y Segunda Corintios, y Colosenses. En estos casos, hay un propósito predominante que se puede percibir a lo largo de la carta.
En Romanos no hay un motivo obligado, un problema urgente para resolver. Por lo tanto, el propósito es quizá menos definido e influye menos en el carácter de la carta. No obstante esto, sería un error pensar que Pablo escribió porque no tenía otra cosa para hacer. Se puede hacer las siguientes observaciones con respecto a los motivos de la carta.
En primer lugar y en el sentido más general, el propósito del apóstol es preparar el camino para su visita a la iglesia. El pensaba ejercer su ministerio en una importante congregación que no conocía. Por lo tanto, la prudencia sugirió un contacto previo para preparar el ambiente. Es por eso que menciona sus oraciones a favor de ellos (1:9), habla de su deseo de visitarlos desde hace mucho tiempo y de ministrar en su medio (1:10-15; 15:22-23), se disculpa un poco por su atrevimiento en recordarles ciertos asuntos (15:15), les recuerda que Dios le ha dado un ministerio entre los gentiles (15:15-16), y nombra a toda la gente conocida de la congregación (16:3-16).
En segundo lugar, Pablo tenía un propósito más preciso que meramente preparar ambiente para su visita. Estaba proyectando una visita a Jerusalén con una ofrenda y una campaña en España. Hasta aquel momento, la iglesia en Antioquía de Siria le había servido como base para su obra misionera. Sin embargo, Antioquía estaba demasiado lejos de España para seguir sirviendo en este sentido. Por lo tanto, él quería que la iglesia de Roma le apoyara en oración en su visita a Jerusalén (Rom. 15:31-32) y que le sostuviera en su tarea misionera en España. "Espero veros al pasar y ser encaminado por vosotros allá" (Rom. 15:24). El verbo traducido "ser encaminado" significa ayudar a otro en un viaje con comida, dinero, compañeros de viaje, medios de transporte, etc.
De modo que Pablo esperaba que ellos fueran sus socios en el proyecto misionero en España. Por eso, expone con mucha claridad y detalle su mensaje para que ellos lo conozcan. Se ha sugerido que pueden haber existido algunas críticas a su evangelio y que éste sea el motivo del desarrollo tan amplio de su contenido.
En tercer lugar, es posible que debemos entender que en algunos puntos el apóstol estaba movido por la necesidad de responder a cierta situación específica de la congregación en Roma. Por ejemplo, como ya se ha dicho, la atención que se presta a la situación de Israel (Rom. 9 al 11) y la discusión de las relaciones entre los débiles y los fuertes (14:1-15:7) puede deberse al retorno de judíos creyentes a Roma después de suspenderse la aplicación rigurosa del edicto de expulsión de Claudio. El retorno de creyentes judíos pudo haber provocado una reacción entre los creyentes gentiles. En el mismo sentido, algunos piensan que la exhortación a someterse a las autoridades (Rom. 13:1-7) adquiere más relevancia si había en la congregación en Roma personas que insistían en que los creyentes no tenían que obedecer a las autoridades civiles.
A veces se ha preguntado si Romanos es verdaderamente una carta o si es más bien un tratado teológico. Por lo dicho ya, creo que es posible afirmar que es una carta, tal vez sin un motivo tan obligado y tan urgente como otras de Pablo, pero no por eso deja de ser carta. La particular situación del apóstol hizo posible darle un carácter más organizado y más desarrollado, pero su naturaleza epistolar no puede negarse. En el siguiente párrafo resumimos la manera en que el doctor Frank Stagg, profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Bautista de Nueva Orleáns, solía describir la carta a los romanos en conferencias a sus estudiantes.
Romanos no es un tratado sobre teología cuidadosamente elaborado, una mera declaración formal de las creencias de Pablo. Tampoco es una carta escrita en un invierno de ocio cuando Pablo no tenía otra cosa para hacer. Es más bien una epístola personal, vívida, candente, escrita por un hombre en la frontera del campo misionero a una iglesia que él espera visitar y que desea que ore con él acerca de una carga y le ayude en una aventura misionera.
Comentarios
Publicar un comentario