El triunfo de Cristo sobre Satanás y las fuerzas de maldad
En el mensaje del primer domingo de noviembre nos gloriamos juntos en la victoria de Cristo en la cruz. Notamos que, aunque la cruz puede parecer una derrota, Pablo en Colosenses 2.15 afirma que Cristo triunfó en la cruz. En aquel mensaje vimos que por la cruz Cristo triunfó sobre el pecado. Triunfó sobre la pena del pecado al sufrir él el castigo que merecimos nosotros por nuestros pecados y así hacer posible por fe el perdón de todos nuestros pecados. Además, él triunfa sobre el poder del pecado en nuestra vida cuando por fe en su muerte en la cruz morimos con él al pecado. El pecado como enemigo nuestro fue vencido en la cruz.
Pero además del triunfo sobre el pecado, el pasaje de Colosenses afirma también que por la cruz Cristo triunfó sobre Satanás y los poderes de la maldad. En esta mañana enfoquemos la atención en este segundo aspecto del triunfo de Cristo en la cruz, el triunfo sobre Satanás.
Notemos en primer lugar que el triunfo sobre Satanás:
I. Se anunció en el jardín de Edén.
Dios lo anunció a la serpiente cuando, después de la desobediencia de Adán y Eva, dijo:
“Haré que tú y la mujer sean enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza y tu le morderás el talón.”
Es el anuncio de guerra entre Satanás y sus fuerzas malignas y la descendencia de la mujer, los seres humanos. Esta guerra culminaría cuando uno de los descendientes de la mujer, el redentor prometido, aplicaría una herida mortal a la serpiente, le aplastaría la cabeza. Pero este triunfo sobre Satanás y sus fuerzas tendría un alto costo reflejado en la referencia a la mordedura del talón. El triunfo es anunciado por Dios, pero sería a gran costo al descendiente de la mujer que lo iba a lograr. El costo sería la muerte de Cristo en la cruz.
Así el triunfo de Cristo sobre Satanás en la cruz fue anunciado por Dios al principio de la historia humana.
Notemos en segundo lugar que el triunfo sobre Satanás:
II. Se inicia en la vida y ministerio de Jesús.
La venida de Dios al mundo como hombre lo dejaba vulnerable a todas las tentaciones que experimenta el ser humano. El autor de Hebreos afirma que Jesús fue “tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado” (Heb. 4:15, NVI).
Para Satanás la encarnación debía haberle hecho pensar que al fin iba a poder luchar con Dios en términos más favorables. Era como si ahora la lucha se iba a llevar a cabo en cancha propia, ya que en la esfera de la vida humana Satanás tenía un campo donde ejercer su autoridad y su astucia para hacer caer al ser humano en la tentación,
Los tres evangelios sinópticos coinciden en que en su bautismo una voz del cielo identificó a Jesús como el prometido redentor. El diablo inmediatamente intentó por las tentaciones desviarlo de esta misión. Fracasó en su intento, pero la lucha siguió durante todo el ministerio de Jesús.
Acusado por los fariseos de echar fuera demonios por el príncipe de los demonios, Jesús responde diciendo que lo hace por el Espíritu de Dios. Las liberaciones de los hombres son evidencia de la presencia del reino de Dios, del dominio de Dios. Son evidencia de que Jesús ha restringido el poder de Satanás, ha entrado en su casa y está arrebatándole sus bienes (Mat. 12. 28-29).
La liberación de los hombres del dominio de Satanás era el inicio del triunfo que se lograría en forma plena por la muerte de Cristo. Estas liberaciones anticipaban el triunfo pleno sobre Satanás y los poderes de la maldad en la cruz.
Notemos en tercer lugar que el triunfo sobre Satanás:
III. Se logró efectivamente en la cruz.
La victoria sobre Satanás y las fuerzas de maldad anunciada por Dios en Gen. 3.15 e iniciada en la vida y ministerio de Jesús se logró de manera efectiva por la muerte en la cruz como declara el texto de Col. 2.15.
Y [Cristo] despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Col. 2.15, RVR95)
El versículo afirma tres cosas.
(1) En primer lugar, afirma el hecho del triunfó de Cristo sobre los principados y autoridades. La frase no deja lugar a dudas: “triunfando sobre ellos en la cruz”.
La muerte de Cristo lejos de ser una derrota era precisamente la manera en que él triunfó sobre el diablo y las fuerzas de maldad se logró.
Cristo lo había anticipado en la última semana de su vida en una oración al Padre registrado en Juan 12. El habla de su angustia frente a la muerte y se pregunta si debe pedir al Padre ser librado de morir. Contesta su pregunta reconociendo que era precisamente para morir que había venido al mundo porque su muerte era la manera en que el príncipe de este mundo iba a ser expulsado (Juan 12.27-31).
Jesús comprendió que era por su muerte que Satanás sería expulsado, sería vencido.
(2) En segundo lugar, el versículo afirma la magnitud del triunfo.
En la cruz Cristo “despojó a los principados y a las autoridades”.
El verbo traducido “despojó” puede describir el acto de despojarse de algo como quitarse ropa (Col. 3.9). NVI dice que Cristo los “desarmó”, quitó su capacidad de hacer daño, una afirmación de la magnitud de la victoria. El triunfo es absoluto y abarca a Satanás y todas las huestes de maldad.
El autor de Hebreos declara que Cristo participó de la muerte “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb. 2.14, RVR95).
Es evidente que la a referencia a “destruir” al diablo de RV no puede significar su eliminación todavía. BLA lo aclara al decir que Cristo anuló el poder del diablo. LA dice que quebrantó el poder del diablo. El diablo queda activo, pero por su muerte Cristo ha anulado, ha quebrantado su poder y el creyente lucha contra un enemigo cuyo poder ha sido limitado y cuya destrucción final ya ha sido anticipada.
(3) En tercer lugar, el versículo afirma el carácter humillante del triunfo. “los exhibió públicamente.” NVI dice que “los humilló en público” y BLA dice que “hizo de ellos un espectáculo público”.
Para entender el cuadro que Pablo está pintando es necesario fijarnos en el significado del verbo traducido “triunfando” y recordar una práctica de la época. El significado literal del verbo es “conducir en una procesión triunfal”. Refleja la práctica de los generales romanos quienes después de lograr grandes victorias volvían a Roma para realizar desfiles triunfales por las calles de la capital.
En estos desfiles participaban los prisioneros capturados y encadenados como humillados, vencidos y destinados a la muerte. Una traducción de la oración capta bien el significado. “los exhibió en público espectáculo, incorporándolos a su cortejo triunfal”. (Col 2:15 CAB) Es decir, los “hizo desfilar públicamente en su marcha triunfal” (Col 2:15 Per). De modo que la cruz forma parte de una celebración triunfal de la derrota de Satanás.
Por eso Juan puede decir que, “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios lo guarda y el maligno no lo toca” (1 Juan 5:18, RVR95). No es necesario estar sujeto ni tener miedo a Satanás y los poderes malignos. Han sido vencidos y expuestos públicamente como tales.
Notemos en cuarto lugar que en 2 Cor. 2.14 el triunfo:
IV. Se hace extensivo a todo hijo de Dios.
El verbo traducido “triunfando” en Col. 2.15, aparece solamente una vez más en el N. T., en 2 Cor. 2.14.
LA traduce el versículo de esta manera: “Doy gracias a Dios porque nos hace participar del triunfo de Cristo”. Aquí de nuevo hay una alusión a la costumbre de las procesiones triunfales. DHH traduce el versículo así: “Gracias a Dios que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo”.
En el contexto Pablo está hablando de la gran ansiedad que él había sufrido por los problemas con la congregación de Corinto.
Pero Pablo no quiere dar a los creyentes de Corinto la impresión de un ministro deprimido y derrotado. Por lo tanto, hace la afirmación de que en realidad Dios siempre hace participar a sus ministros en el triunfo de Cristo. Como dice una versión, Dios siempre los asocia al cortejo triunfal del Mesías (2 Co 2:14, Per).
Además de los prisioneros de guerra vencidos y destinados a la muerte que iban delante del carro del general romano victorioso, venían los soldados victoriosos detrás de su carro aclamando al general como triunfador. En 2. Cor. 2.14 Dios hace que sus ministros como soldados triunfantes participen en el desfile victorioso de Cristo.
Aunque parece claro que en el pasaje Pablo está hablando de los ministros del evangelio, me parece apropiado incluir en esta participación en el cortejo triunfante de Cristo a todo creyente. Él ha logrado el triunfo, pero nos invita a participar de los resultados de la victoria, nos invita a formar parte de la procesión triunfal.
Debemos fijarnos en que en la cruz Cristo convirtió lo que parecía una derrota absoluta en la más grande victoria de todos los tiempos. Esta es una de las lecciones fundamentales de la cruz, la capacidad de Dios de convertir una derrota aparente en un triunfo. Por su muerte en la cruz Cristo convirtió un humillante instrumento de tortura y muerte, la cruz, en símbolo de victoria.
Dietrich Bonhoeffer, predicador alemán que murió en un campo de concentración nazi justo al terminar la II Guerra Mundial escribió: “Creo que Dios es capaz de sacar bien del mal, aún del peor mal, y esto es lo que él hace”.
Es el principio afirmado magistralmente en Rom. 8.28 donde NVI afirma que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman (Rom. 8:28, NVI). Dios interviene de manera redentora en todas las circunstancias de nuestra vida, aun las peores. Dios es capaz de convertir la peor situación de tu vida en algo positivo. Él puede convertir tu cruz en un desfile triunfante.
Leí en estos días la historia de un creyente japonés del siglo pasado, Kandura Sun. Nació con una cara y en cuerpo tan deformados que los padres lo mantuvieron en aislamiento absoluto. Sin embargo, Kandura Sun pudo escuchar por radio el mensaje de un Dios de amor que envió a su Hijo para ser su Salvador. Cuando fue visitado por un creyente japonés estaba listo para poner su fe en Jesús.
Después escribió con gran esfuerzo estas palabras. “Cada día al andar por este camino de bendición, recibo en mis manos el fruto de la fe. Estas bendiciones vienen del Señor quien es mi fuerza y mi esperanza. Alabado sea el Señor.”
Su gozo triunfante a pesar de su cuerpo deformado impactó tanto a los que lo conocieron que su historia fue compartida extensivamente por carta y en publicaciones cristianas. Una cruz convertida en un cortejo triunfante.
Marcos señala como en el mismo comienzo de su ministerio las fuerzas de la maldad desafiaron a Jesús. El primer incidente de ministerio en Marcos involucró a un hombre con un espíritu inmundo en la sinagoga de Capernaum. El hombre dice a Jesús, “¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios. —¡Cállate! —lo reprendió Jesús—. ¡Sal de ese hombre! Entonces el espíritu maligno sacudió al hombre violentamente y salió de él dando un alarido” (Mar 1:24-26 NVI). Hay un claro desafío a la autoridad de Jesús. Cada liberación y cada sanidad era una confirmación de la lucha con los poderes de maldad y del anticipo del triunfo de Jesús.
La encarnación de Jesús representaba una nueva etapa de la lucha entre Dios y Satanás, una lucha que en el escenario de la historia humana empezó en el jardín de Edén con la tentación de Adán y Eva.
Tan grande había sido su ansiedad por no tener noticias de la visita de Tito su enviado para arreglar la situación que no pudo aprovechar una oportunidad de predicar el evangelio en Troas. Siguió camino hasta Macedonia donde al fin recibió noticias de la feliz solución de los problemas.
III. Consumado en la venida de Cristo
En la cruz Cristo triunfó sobre el diablo y las fuerzas de maldad.
Primero, hagamos una pequeña aclaración. Aunque RV traduce la última frase del pasaje “triunfando . . . en la cruz”, la BLA traduce esta frase “triunfando . . . por medio de Él”, eso es, por medio de Cristo. Esta es la manera en que la mayoría de las versiones interpretan el texto. De hecho, en el texto griego la palabra en cuestión es un pronombre y puede entenderse como una referencia a la cruz o una referencia a Cristo. Pero, aunque aceptamos la traducción “por medio de Él” es claro que Pablo está hablando del triunfo de Jesús en la cruz como indica la referencia explícita a la cruz en el versículo anterior.
Un joven predicaba al aire libre el viernes de semana santa. Decía a la gente, “No quiero que piensen del viernes santo como un día de derrota, y entonces viene el domingo de pascua y todo se pone correcto de nuevo. No. Enfáticamente no. El viernes de la última semana de Jesús en la tierra nuestro Salvador estaba triunfando todo el tiempo”.
Piensen de esto como una metáfora de la Pascua. Por su muerte y resurrección Cristo ha abierto un portón en el fondo del cementerio. Seguimos entrando al cementerio. Pero no nos quedamos allí. Hay un mundo nuevo esperando más allá de la tumba.
En la cruz Cristo triunfó sobre el pecado y la deuda pendiente, sobre el diablo y las fuerzas de maldad, sobre la muerte y su terror.
En Efesios Pablo dice que “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad” (Efesios 4:8, RVR95) o, como dice, BLA, “Llevó consigo una hueste de cautivos”. En este caso los cautivos son los poderes vencidos de la maldad.
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