¿Qué hacer en tiempos difíciles?

 Mensaje N °390 -IEB de Flores 07/10/18)


La semana ha sido difícil. El ajuste implica ajustes en los sueldos. Hay perspectiva de desempleo. Hay cortes de rutas, marchas de protesta y la amenaza de un paro general. Nos preocupa la capacidad de administración del partido en poder. 

Les parece que con alguna variante una descripción la situación actual ¿no? En realidad, es el párrafo introductorio de un mensaje que compartí en Flores el 4 de junio de 2000. Han vuelto los tiempos difíciles.

¿Hay algún buen pasaje bíblico que tiene consejos para los tiempos difíciles? Sugiero el pasaje que leí hace 18 años.  

Lucas 12:22-34

Me parece que el pasaje sugiere lo que debe ser nuestra actitud en momentos difíciles. Destaco cuatro mandatos en el pasaje que me parecen pertinentes. Dos son prohibiciones, algo que no debemos hacer, y dos son positivos, algo que debemos hacer. Veamos los cuatro mandatos. 

I. El primer mandato: No tener miedo (Lucas 12:32). 

“No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino.” (Luc 12:32 NVI)

Imperativo presente: Dejen de tener miedo.
Se trata de una actitud que debemos tener frente al futuro. Debemos evitar el pánico.

La expresión “mi pequeño rebaño” nos presenta el cuadro de la relación pastor-oveja tan claramente presente en el Salmo 23 y en las palabras de Jesús en Juan 10. Hay una notable ternura en la expresión “mi pequeño rebaño”.

En el versículo se dan tres buenas razones para dejar de tener miedo.

A. Tenemos un Padre

Puede el hijo tener miedo en la presencia del Padre.

B. Tenemos un Padres con buena  disposición hacia sus hijos. 

“es la buena voluntad del Padre”, el placer del Padre darnos cosas y no solamente darnos cosas sino las mejores cosas. 

En el Sal. 18.19 el salmista afirma que el Señor lo libró porque se agradó de él (NVI). Y en el Sal. 149.4 dice, “el SEÑOR se complace en su pueblo” (NVI). Cuanto nos gusta Sofonías 3.17. “el SEÑOR tu Dios está en medio de ti como guerrero victorioso. Se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos” (NVI) Jehová se deleita en su pueblo con gozo.

C. Tenemos un Padre con buena  disposición hacia sus hijos que les ha dado el reino.

En esta semana leí una frase de Johan Tauler. “Es la naturaleza de Dios dar.” Esto es lo que dice Santiago acerca de Dios. “Dios da a todos sin límite y sin reprochar a nadie” (Sgo. 1.5, DHH). 

Nos ha dado el mejor bien, el supremo bien, el del reino. Por lo tanto, en los tiempos difíciles y en todo tiempo, no debemos tener miedo.

Hay buenas razones para dejar de tener miedo.

Hace unos años leí el testimonio de Riley y Vonceil Fugitt. El era pastor de una iglesia en Clyde, Texas. Ellos habían hecho varios viajes con voluntarios de la iglesia para ayudar una congregación en la isla de San Cristobal en el Caribe. Vonceil tenía mucho miedo de viajar en avión. Siempre se ponía nerviosa. En julio de 1979 viajaron con un grupo de voluntarios de la iglesia hacia San Cristobal cuando cayó el avión en que viajaban y murieron cinco de los voluntarios. Riley y Vonceil sobrevivieron, pero en el caso de él quedó internado durante semanas luchando con sus preguntas y dudas con respecto a porque Dios había permitido esto cuando estaban en un viaje misionero. Una noche en la madrugada Dios le habló y le dijo que dejara de cuestionar sus propósitos porque él quería que ellos volvieran a San Cristobal para establecer un instituto para la preparación de obreros.  

La primera pregunta que Riley hizo a Dios era como iban a poder hacerlo porque estaba seguro de que Vonceil jamás iba a subir a otro avión. Grande fue su sorpresa cuando en la mañana vino Vonceil a su habitación todavía en silla de ruedas para decirle que Dios le había mostrado en la noche que deben volver a San Cristobal para establecer el instituto bíblico. Decía Riley que desde entonces Vonceil no tenía miedo de viajar en avión. El secreto. Dios había dado a ella un versículo, el Sal. 34.9: “Busqué a Jehová, y él me oyó y me libró de todos mis temores.” 

II. El segundo mandato: No preocuparse (12:22, 29).

“No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán.” (Luc 12:22 NVI)

“Así que no se afanen por lo que han de comer o beber; dejen de atormentarse.”
 (Luc 12:29 NVI)

Tres veces con tres verbos diferentes [Ver apuntes al final] se da el mandato de no preocuparse. El tiempo en todos los casos sugiere la prohibición de una actitud ya en proceso. Dejen de preocuparse.

El tercero de los verbos que NVI traduce “dejen de atormentarse” aparece solamente aquí en el N. T. RVR95 traduce “No estéis en ansiosa inquietud” (RVR95). NBE tiene “No estén con el alma en un hilo”. 

Un comentarista dice que describe una inseguridad e inestabilidad emocional, el cuadro de la tensión entre esperanza y miedo. 

En los versículos 22 al 29 Jesús enseña que la ansiedad por comida y vestido es una contradicción a nuestras convicciones fundamentales en varios sentidos. Es una contradicción a nuestra convicción de que:

A. Preocuparnos es una contradicción a  nuestra convicción de que vida es más que la comida y el vestido (12:23).

 “La vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa.” (Luc. 12:23, NVI)

Hay personas que viven ocupándose de los aspectos más superficiales de la vida. De hecho, todos estamos tentados a concentrarnos en lo más superficial, la comida y la ropa.

B. Preocuparnos es una contradicción de  nuestra convicción de que el Dios creador del universo es también su sustentador (12:24-28).

Dos ejemplos de la naturaleza nos dan la lección: Los cuervos y los lirios. Los cuervos no siembran ni siegan y no tienen graneros, sin embargo, Dios los alimenta. Los lirios no trabajan ni hilan, pero ni Salomón en toda su gloria se vestía como uno de ellos.

C. Preocuparnos es una contradicción de  nuestra convicción de que somos creyentes y no paganos que no creen en Dio (12:30a).

“El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan.” (Luc. 12:30, NVI)

Los que no creen en Dios buscan ansiosamente estas cosas, pero Dios sabe que las necesitamos y hará provisión.

Un destacado teólogo norteamericano del siglo pasado (Nels Feré) en uno de sus libros cuenta un sueño de su esposa. En el sueño ella está sentada en un escritorio escribiendo un trabajo sobre “¿Cómo dejar de preocuparse?”. Cuando se despertó, podía recordar solamente las tres palabras del bosquejo del trabajo: Adorar, trabajar, esperar. Podemos dejar de preocuparnos si somos fieles en nuestra práctica de culto y oración solos y con otros, adorar. Si somos fieles en nuestro compromiso con las tareas de ministerio y testimonio, trabajar. Y si somos fieles en esperar lo que Dios puede hacer en nuestra prueba.  

III. El tercer mandato: Vender y dar (12:33).

“Vendan sus bienes y den a los pobres. Provéanse de bolsas que no se desgasten; acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya.” (Luc. 12:33, NVI)

Un texto que se encuentra solamente en Lucas. La tentación en tiempos difíciles es dejar de dar. Pero en realidad es una de las mejores ocasiones para dar. Uno piensa en el ejemplo de los creyentes de Macedonia citado por Pablo. “En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad.” (2 Cor. 8.2, NVI). 

El Señor valora de manera especial la ofrenda que surge de la escasez. Fíjense en el ejemplo de la pobre viuda citada por Jesús que ofrendó las dos moneditas, todo lo que tenía. Su ofrenda valía más que las ofrendas de todos los demás juntos, la interpretación más probable según Cranfield, que habían dado de lo que les sobraba.
 
BI: “Vended vuestros bienes y repartid el producto a los necesitados. Haceos así un capital que no se deteriorará, riquezas inagotables en los cielos, donde no hay ladrones que roban ni polilla que destruya.”

¿Quiere invertir donde la inflación no reduce el valor de su capital, donde no hay financieras ni bancos que quiebran, donde la devaluación no le roba el valor de sus bienes? Invierta en el reino de Dios.

IV. El cuarto mandato: Buscar el reino de Dios (12:31)

“busquen el reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas.” (Luc. 12:31, NVI)

Nunca es más importante dar prioridad al reino que cuando los tiempos son difíciles. En los tiempos difíciles hay una gran tentación a dejar de dar prioridad al reino. Dejar de ir a los cultos, dejar la lectura de la Biblia, dejar la práctica de la oración, dejar las responsabilidades, dejar de ofrendar. Pero es más importante que nunca no ceder a esta tentación. Paradójicamente es precisamente cuando damos prioridad al reino, que se puede asegurar que todas las demás cosas vienen por añadidura. Es la manera de dar oportunidad a que Dios se ocupe de todo lo demás.

Conclusión: 

En uno de sus libros un pastor cuenta la historia de una mujer en la gran depresión norteamericana. El sueldo del esposo no alcanzaba y él estuvo enfermo con frecuencia. Después de una serie de situaciones adversas, perdieron la casa. Había cinco hijos para los cuales proveer comida y ropa. La mujer lavaba ropa para ganar un poco de dinero. Recibían ayuda del Ejército de Salvación. Pero todo no alcanzaba y la mujer se estaba enfermando por su ansiedad. Su miseria era tan grande y parecía que no había esperanza.

Tomó la hija de cinco años al dormitorio. Tapó todos los agujeros del ambiente. Entonces abrió la llave de la estufa a gas sin prenderle fuego y se acostó con la criatura en la cama. En el silencio escuchó el sonido del gas que escapaba de la estufa, pero se dio cuenta que estaba escuchando música. La radio de la cocina había quedado prendida y se escuchaba las palabras de un himno.

“¿Vive el hombre desprovisto 
de paz, gozo y santo amor?
Esto es porque no llevamos
Todo a Dios en oración.”

Se dio cuenta que no había aprovechado los recursos de su fe. Se levantó, cerró la llave de gas de la estufa y abrió las puertas y las ventanas. 

Escribió después: “Oré aquel día no pidiendo ayuda sino dando gracias a Dios por la bendición de la vida y por los preciosos hijos. Prometí nunca más ser tan desagradecida. He sido fiel a esta promesa.” El camino no ha sido fácil, pero la mujer pudo salir adelante con los recursos de su fe.

Robert Schuller cuenta la historia de sus padres del siglo pasado. Vivían en una chacra en el medio oeste norteamericano. En una ocasión tuvieron que huir de su casa en auto para no estar en el camino de un tornado. Cuando había pasado el tornado y pudieron volver a la casa, lo único que quedó de los nueve edificios de la granja fueron las bases de cemento. Habían invertido 26 años en edificar la casa y los demás edificios y todo lo llevó el tornado en unos instantes. Estaban a punto de cancelar la hipoteca y todo sería suyo y ahora no les quedó nada. 

Los restos de los edificios quedaron depositados en un terreno vacío. El padre de Schuller dijo a la familia que se quedara en el auto mientras él fue a ver lo que quedó de la casa. Volvió al rato y tenía solamente un texto que estaba colgado en una pared de la cocina. El texto decía: “Seguir mirando a Jesús”.

Por cincuenta dólares compraron parte de una casa que estaba siendo desmantelado. Pieza por pieza lo volvieron a armar sobre la base desnuda de lo que había sido la casa. Uno por uno, iban levantando otros edificios. A los cinco años habían podido reconstruir los edificios llevados por la tormenta y habían logrado cancelar la hipoteca. El padre de Schuller vivió para ver su granja reedificado sobre las ruinas que dejó la tormenta. 

Schuller resumió la lección en una oración. “Los tiempos de prueba siempre pasan, las personas probadas siempre permanecen.”
 
Pero las promesas de este pasaje son para los discípulos de Jesús, los de su pequeño rebaño. La pregunta en esta mañana de tiempos difíciles es si pertenezco o no al rebaño. Todos podemos pertenecer al rebaño. Nadie está excluido de esta posibilidad. La decisión es nuestra. 

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” (Mat. 11:28, NVI)

La cena:

“Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.” (Mat 26:29 NVI)

Ver apuntes al final
A. El primero es el término más común. Etimológicamente sugiere la mente divida. 

No os afanéis (RV). No anden angustiados (NBE). No se preocupen (BAD). No andéis inquietos (BI). 
  
B. El segundo es el verbo común que significa buscar. 

12:29: No os preocupéis (RV). No busquéis (RVA). No andéis buscando (BJ). No se afanen (NVI).

En este caso se trata de aquello que estamos buscando más que a cualquier otra cosa. Aquello a que damos prioridad sobre todo lo demás.

C. 12:29: El tercer verbo aparece solamente aquí en el N:T.  y significa estar en suspenso por algo, estar ansioso. Es el más enfático de todos los verbos.

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