El bautismo en el Espíritu Santo
Introducción: El N. T. habla de dos bautismos: El bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu Santo. Históricamente los bautistas hemos hecho mucho énfasis en el bautismo por inmersión en agua de creyentes, tanto énfasis que quedó bautista como el nombre. En cambio, hemos tendido a dejar para otros el tema del bautismo en el Espíritu Santo. Sin embargo, el N. T. se refiere a los dos bautismos. En esta mañana hemos tenido el gozo de observar bautismos en agua. Pensamos ahora en el otro bautismo, el bautismo en el Espíritu que se menciona en siete pasajes del N. T., cuatro en los evangelios, dos en Hechos y en 1 Cor. 13.
I. Los evangelios
Los cuatro evangelios coinciden en registrar una afirmación de Juan el bautista acerca de Jesús. Marcos registra la declaración de Juan el bautista de esta manera: “Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo” (Mar. 1.8, NVI; ver también, Mat. 3.11; Luc. 3.16; Juan 1.33). La intención de Juan es clara. Él quiere distinguir entre su bautismo en agua que es ceremonial y simbólico y el bautismo que efectuará Jesús que será una experiencia efectiva de inmersión en el Espíritu Santo. En Juan 4.2 se nos informa que Jesús no bautizaba en agua sino sus discípulos. El único bautismo que efectúa Jesús es el bautismo en el Espíritu.
II. Hechos
En el momento de ascender al cielo, Jesús recordó a los apóstoles las palabras de Juan. Después de mandarlos a no alejarse de Jerusalén sino de esperar la promesa del Padre con respecto a la cual les había hablado, les dijo: “Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo” (Hech. 1.5, NVI). Aquí Jesús interpreta las palabras de Juan el bautista como una clara referencia a lo que había de ocurrir “dentro de pocos días” en Pentecostés cuando los creyentes serían bautizados en el Espíritu Santo.
En Hechos 11.16, Pedro habiendo vuelto a Jerusalén después de haber bautizado creyentes gentiles reunidos en la casa de Cornelio recuerda estas palabras de Jesús. Describe su reacción al ver la manifestación del Espíritu Santo en la vida de los gentiles que habían creído. Dice Pedro, “Entonces recordé lo que había dicho el Señor: “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”” (Hech. 11:16, NVI). Pedro asocia la experiencia de los creyentes gentiles en Cesarea con la experiencia de Pentecostés. A veces se habla de la experiencia de los creyentes en Cesarea como el Pentecostés de los gentiles. Tanto creyentes judíos como creyentes gentiles son bautizados en el Espíritu al creer en Cristo como su Salvador.
III. 1 Cor. 12.13
Después de este pequeño resumen de los seis pasajes los evangelios y Hechos que usan la expresión “ser bautizado en el Espíritu Santo” quiero dirigir nuestra atención a otro texto que asocia el bautismo y el Espíritu Santo.
1 Cor. 12.12-13: “De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo. Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo —ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres—, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (NVI)
Fíjense que según esta traducción del versículo de la NVI el Espíritu no es el elemento en el cual el creyente es bautizado como es el caso en los otros seis pasajes sino el agente que realiza el bautismo. Vale decir que la misma preposición que en todos los demás versículos se traduce “en” según esta versión aquí se traduce “por”. Identifica el que bautiza y no el elemento en del cual es sumergida la persona bautizada. Según esta traducción no es Jesús que bautiza sino el Espíritu.
Sin embargo, en el pasaje se usa la misma preposición que en los otros seis pasajes. El sentido normal de esta preposición es “en” indicando ubicación dentro de algo, en este caso, dentro del agua. Además, el acto de bautizar, es decir, sumergir presupone una indicación del elemento en el cual se sumerge la persona como confirma su usa en el N. T. Gordon Fee dice en su comentario sobre 1 Corintios que en ningún otro lugar donde esta preposición es usada con el verbo bautizar implica agencia; siempre se refiere al elemento en el cual uno es bautizado.
Es cierto que el verbo en 1 Cor. 12.13 es pasivo, “fuimos bautizados”. No hay una indicación explícita en el pasaje del agente y hay que buscarlo el en el contexto. Si “en un Espíritu” indica el medio y no el agente, a la luz de todos los demás pasajes que identifican a Jesús como el agente esperamos que aquí también sea él el que bautiza. De hecho, todo el versículo anterior nos prepara para entender así el versículo.
1 Cor. 12.12: “De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo.” (NVI). Cristo es el que actúa en el pasaje. De esta manera el sentido del pasaje es que todos fuimos bautizados por Cristo en un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo.”
No obstante, todas las versiones que usamos comúnmente, por ejemplo, las varias ediciones de RV, 60, 95, Contemporánea, y BLA, LA, DHH, traducen “por un solo Espíritu” y no “en un solo Espíritu”. Es decir, entienden que el Espíritu Santo es el agente y no el medio.
Pero la situación cambia cuando consultamos versiones católicas. Cito una que puede servir de ilustración. “Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber un solo Espíritu.” (1 Cor. 12.13, CAB) El Espíritu es el medio y no el agente. Tengo en mi oficina una docena de versiones castellanas católicas y todas coinciden en entender que el Espíritu es el medio y no el agente. Cuatro versiones recientes en inglés que consulté también coinciden en esta interpretación del versículo. Entendemos que Pablo aquí se refiere al bautismo en el Espíritu que menciona los otros seis pasajes. Fíjense entonces en las implicaciones de nuestro texto.
Si hay tantos factores que favorecen esta traducción del pasaje, ¿cómo se puede explicar el consenso de las versiones comunes evangélicas? Creo que tengo una posible explicación.
Il. Mi experiencia en la clase sobre las obras de Shakespeare del profesor Timmerman. Shakespeare cita el texto de la Biblia con las palabras que aparecieron después en la versión autorizada inglesa. Como puede citar la versión autorizada si no había sido publicada todavía. La autorizada sigue una tradición de traducción ya presente en la Biblia de los Obispos y de Juan Wyclif. Algo semejante ocurre con la influencia de RV en las versiones evangélicas. RV no tiene la misma influencia en las traducciones católicas.
Las implicaciones del texto:
A. Plenitud
Es una inmersión en el Espíritu. La figura se complementa con la de dar de beber hasta llenarse que se menciona en el texto.
Esta plenitud está ilustrada en un pasaje de Juan. “El enviado de Dios comunica el mensaje divino, pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción.” (Juan 3.34, NVI) Es claro que Juan habla de la plenitud del Espíritu en Jesús, pero el principio sigue siendo válido. Dios da el Espíritu sin medida, no como el almacenero que vende fiambres.
B. El alcance del bautismo en el Espíritu: Todos hemos sido bautizados. No es la experiencia de algunos creyentes sino de todos.
C. La finalidad del bautismo en el Espíritu: Incorporación en el cuerpo de Cristo. Es un acto de iniciación. Nuestra expresión bautismo de fuego.
IV. Las tres lecciones a no olvidar
Gordon Fee escribió un libro de 950 páginas sobre el Espíritu Santo en las cartas de Pablo. Resume el significado del Espíritu Santo para el apóstol con tres palabras. Estas tres palabras identifican las tres lecciones que debemos llevar con nosotros en esta mañana.
A. Persona: No substancia
B. Presencia: Dios presente en nuestra vida constantemente
Poder: El Espíritu es el recurso suficiente para vencer todos los obstáculos, vicio y tentaciones de la vida. Es la fuerza que capacita para toda misión.
Apelar a que todos los días reconozcamos esta presencia y nos sometamos a su soberanía.
“O Santo Espíritu de Dios, visita ahora mi alma y permanece en ella hasta el anochecer. Inspira todos mis pensamientos. Penetra mi imaginación. Orienta todas mis decisiones. Haz morada en la ciudadela más íntima de mi voluntad y ordena todas mis acciones. Sé conmigo en mis silencios y en mis palabras, en mis trabajos y en mis ocios, en compañía o en soledad, en la frescura de la mañana y en la fatiga del atardecer y concédeme en todo momento, la gracia de regocijarme en tu misteriosa compañía.”
“‘Sea un altar mi corazón, y tu amor la viva llama.’” (John Baillie, Diario de Oración Privada, p. 91)
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