Lecciones de una prueba

 


Flores: 18/05/1980

SITB: 10/08/88

Introducción: En esta mañana en este mismo horario nuestra nuera, Leticia, está siendo sometida a una intervención quirúrgica de importancia en Londres donde ella y nuestro hijo trabajan como misioneros. Esto nos recuerda el hecho de que toda familia pasa por situaciones de prueba. Las pruebas suelen dejar lecciones importantes. Quisiera aprovechar la circunstancia de la operación de Leticia para hablar de una prueba en la familia que el Señor usó para dejar enseñanzas importantes en mi vida. 

He tenido ocasión de hacer alguna referencia a la experiencia, pero vuelvo a contar la experiencia para después enfocar las lecciones aprendidas. Ocurrió en los días de fines del año 1979 cuando fui operado dos veces por melanoma. Aprendí algunas cosas y lo que aprendí puede ayudar a otro peregrino en su camino. 

Además repasar estas lecciones ayuda a tenerlas presente siempre. Somos muy olvidadizos y muchas veces se pierde de vista lo aprendido si no lo repasamos. 

El día lunes 26 de noviembre de 1979 fui a ver a un dermatólogo por indicación del médico que en aquel entonces realizaba nuestros controles anuales de salud. Yo tenía lo que parecía ser un lunar en mi espalda un poquito arriba de la cintura y casi justo en el medio. No sabíamos cuándo apareció, pero hacía más de un año que veníamos controlándolo. 

El dermatólogo era seguro y franco en su diagnóstico. Era melanoma. Me haría una biopsia el miércoles 28 y si resultara ser benigno lo quitaría en su consultorio. Si resultara ser maligno involucraría una operación mayor para quitarlo con la posibilidad de tener que extirpar  los ganglios debajo de los brazos. 

Así empezó nuestra experiencia con lo que Catalina llamaba mi manchita mala. Cuando estuvieron los resultados el miércoles 5 de diciembre se confirmó que yo tenía un melanoma superficial extensivo, lo que el dermatólogo había indicado en la primera visita. 

Este mismo día se hizo el arreglo para su extirpación el día viernes 7 de diciembre. El día miércoles 19 de diciembre volví a ser operado para ampliar la zona de extirpación de tejido y dar el margen de seguridad necesaria de haber quitado todo. La recuperación de las dos operaciones fue sin complicaciones. El lunes 5 de mayo de 1980 volví a ver al dermatólogo y no encontró evidencias del melanoma. Gracias a Dios que no he vuelto a tener problemas en los más que 35 años transcurridos desde aquel entonces.

Así en forma escueta es el relato de mi enfermedad y mi prueba. Cuento los detalles para que sea posible entender lo que aprendí en aquellos días de fines de noviembre y del mes de diciembre de 1979. ¿Qué es lo que aprendí?

I. La primera lección que dejo aquella prueba era un nuevo aprecio por la vida.

A. La vida es preciosa.

“yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10 RVR95)


Otra versión: “para que tengan vida, una vida plena.” (CAB)

Aquella tarde de primavera al volver a mi casa me parecía que los sentidos funcionaban como nunca antes. Me fijaba en todo y todo parecía linda: la luz del sol reflejándose en las hojas verdes o filtrando por estas misma hojas como si fueran trasparentes, sentir la fragancia de un jazmín y apreciar su hermosura, el poder abrazar a un ser querido. Toda experiencia de la vida tenía un valor y un sentido especial. Es una experiencia común al hombre. Cuando hay amenaza de su terminación, de repente cada momento adquiere una importancia que no tenía antes.

Mi experiencia era semejante a la de la doctora Helen Roseveare, misionera médica en el Congo. Vivió la violencia de los Simba en 1964. Había sido detenida, golpeada, abusada y amenazada con la muerte. Fue salvada milagrosamente de una muerte que parecía inevitable. 

Volvía en un viejo camión a su lugar de trabajo todavía en manos de los Simba. Helen no podía dejar de hablar. Todo era maravilloso: el viento, el calor del sol, el movimiento del camión. Poder sonreír a la gente y recibir una sonrisa en respuesta era el pan de vida, la esencia de la vida. Vivir la violencia sin sentido le había hecho saborear la vida en todos sus aspectos como nunca antes. 

B. La vida es frágil.

“Hazme saber, Jehová, mi fin y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. Diste a mis días término corto y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente, es apenas un soplo todo ser humano que vive.”  (Sal. 39:4-5 RVR95)

sepa yo cuán frágil soy. (Psa 39:4 R95)

La vida es frágil. En cualquier momento el hilo puede cortarse. Un diagnóstico de enfermedad terminal, un accidente automovilístico, un tiro perdido.

Es la razón del autor de Eclesiastés al final del libro. “Acuérdate de tu Creador antes que se rompa el cordón de plata y se quiebre la vasija de oro, y se estrelle el cántaro contra la fuente y se haga pedazos la polea del pozo. Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio.”(Ec 12:6-7 NVI)

La primera lección que dejo aquella prueba era un nuevo aprecio por lo precioso y lo  frágil que es la vida.

II. La segunda lección que dejó aquella prueba era una nueva conciencia de la solidaridad con el prójimo. 

A. Más sensibilidad al dolor de los demás.

Dejó una mayor sensibilidad a los dolores y las necesidades de los demás. Nos damos cuenta de lo que significa sufrir y de cuanta gente está sufriendo. Me dio el deseo de darme de manera más completa. Quise recuperarme para tratar de ayudar y aliviar el dolor de los demás. 

B. Más aprecio y comprensión de los demás.

Además la prueba suele darnos mayor aprecio por el otro y hacernos más comprensible y más paciente con los demás.

El escritor Stewart Alsop en su libro Stay of Execution (Demora en la ejecución) escrito mientras recibía tratamiento para leucemia, cuenta lo que un colega hizo por él. Arregló encuentros con personajes importantes para que Alsop pudiera mantenerse activo como corresponsal. Dice Alsop: “Una de las recompensas de estar realmente enfermo es descubrir una y otra vez que la gente es mucho más amable de lo que parece ser.”

La segunda lección que dejó aquella prueba era una nueva conciencia de la solidaridad con el prójimo. 

III. La tercera lección que dejo aquella prueba era una nueva percepción de lo que significa ser miembro del cuerpo de Cristo. 

Darnos cuenta del valor de la amistad y el apoyo de los demás. 

“siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” (Rom 12:5 RVR95)

“Dios ordenó el cuerpo . . . para que . . . todos los miembros se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él.” (1Cor 12:24-26 RVR95)

La enfermedad puede aumentar el sentido de soledad, de que uno lucha a solas con circunstancias difíciles sino imposible. Por lo tanto, el contacto con los demás da nuevas energías, recursos ánimos, en fin, nueva vida.  

Vivimos en dependencia de los demás. Vivimos la realidad de la familia de la fe y del cuerpo de Cristo. Estoy agradecido. No puedo haber nunca hecho nada que merecía ni valía lo que recibimos. Los hermanos nos ofrecieron su dinero, su servicio de movilidad, su tiempo, sus personas, sus oraciones.

El gran ejemplo fue la ayuda del doctor Roberto Bedrossian. Cuando después de la operación el dermatólogo dijo que no la operación no había sido suficiente, intenté consultar al cirujano, pero él estaba en terapia intensiva después de una operación. Entonces el doctor Bedrossian vino a nuestra casa y en nuestro living nos ofreció la posibilidad de una junta médica para determinar el camino a seguir.

Se determinó la necesidad de una segunda intervención para ampliar el margen de seguridad y hacer un injerto de piel. Se arregló para hacerlo en el Sanatorio Evangélico donde el doctor Bedrossian era el director en aquel entonces con una atención extraordinaria.

En cierta congregación de California se enseñaba que todos los miembros son ministros. Un miembro del equipo pastoral se internó en el hospital. El pastor no podía ir a verlo en seguida. Cuando se presentó como su ministro, le dijeron que no podía ser que ya lo habían visitado varios de sus ministros.

IV. La cuarta lección que dejó aquella prueba era una nueva convicción de lo cierto de lo que siempre hemos creído.

Una de las preguntas que el creyente a veces se hace es si se quedaría fiel si su fe fuese puesta a prueba. Podríamos afirmar con Job, Aunque él me mate, en él esperaré.  (Job 13:15 R95) 

Era en la prueba de la fe que pude confirmar lo que siempre había creído: Dios es fiel y bondadoso Pero aprendí otra cosa sus manos son tiernas y seguras. Iba leyendo textos de la Biblia en aquellos días que confirmaba esto. Tenía en aquel entonces la costumbre de subrayar textos y poner la fecha en que los había marcado. Todavía está en mis estantes este ejemplar de la Biblia de Jerusalén con preciosas promesas del Señor subrayadas y las fechas de lectura al margen: el día después de la primera visita al dermatólogo, el día que se hizo la biopsia, el día de la primera operación. Este día leí.

»No temas, porque no serás avergonzada. No te turbes, porque no serás humillada.  (Isa 54:4 NVI)

Aunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz, —dice el SEÑOR, que de ti se compadece—. (Isa 54:10 NVI)

No prevalecerá ninguna arma que se forje contra ti; toda lengua que te acuse será refutada. Ésta es la herencia de los siervos del SEÑOR, la justicia que de mí procede —afirma el SEÑOR—.(Isa 54:17 NVI)

En esta semana Stanley nos ha enviado una carta de oración informando sobre la situación y pidiendo oración por Leticia. Termina la carta con un testimonio en la situación en que se encuentran 

   En tiempos como estos, recuerdo el Salmo 11.  El versículo 3 dice: “Cuando son arrasados los cimientos, ¿qué puede hacer el justo?”  Luego dice: “El Señor está en su santo Templo, el Señor tiene su trono en el cielo”.  No tenemos ni la más mínima duda en cuanto a la soberanía de nuestro Señor por encima de la enfermedad y cualquier otra circunstancia.  Leticia siempre pide en oración que en estos tiempos nuestro Señor nos halle fieles.  ¡Que sea así para cada uno de nosotros!

Pude comprobar en experiencia lo que he predicado. No es tan importante lo que nos pasa, sino lo que Dios está haciendo en nosotros por medio de lo que nos pasa.

Doy fe. Dios es fiel. Es un testimonio de aliento al que está siendo probado y una exhortación al que tiene a Jesús. 

Conclusión/invitación:

En estos días el ex presidente de los EE. UU., Jimmy Carter ha anunciado que el cáncer que tiene se ha extendido al cerebro. Tiene una fe firme en Dios. Por treinta años ha sido maestro en la E. D. de una pequeña iglesia bautista en la ciudad de Plains en el estado de Georgia. El domingo después del anuncio más de 700 personas aparecieron para escuchar su clase. Tuvo que dar la lección dos veces. 

Al hacer el anuncio Carter dijo, “Estoy preparado para todo y anticipando una nueva aventura”. El creyente puede hacer frente a la perspectiva de la muerte con esta clase de fe sabiendo que la muerte es el portal a la vida eterna con Cristo. Cuando creemos esto, mucho de lo que tememos pierde su poder. Justino Mártir testificó al emperador romano, “Pueden matarnos, pero no pueden causarnos daño.”

¿Está preparado para lo que venga? La única manera de estar preparado es aceptar a Jesús como Señor y Salvador.

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. (Rom 10:9-10 R95)

El martes, 27 de noviembre de 1979, el día después de la primera visita al dermatólogo leí en mi programa normal de lectura de la Biblia los siguientes textos de Isaías 25. Los leí en BJ. Tenía en aquel entonces la costumbre de subrayar textos y poner la fecha en que los había marcado. Todavía está en mis estantes esta Biblia con los versículos marcados y las fechas al margen.

SEÑOR, tú eres mi Dios; te exaltaré y alabaré tu nombre porque has hecho maravillas. Desde tiempos antiguos tus planes son fieles y seguros. (Isa 25:1 NVI)

el SEÑOR omnipotente enjugará las lágrimas de todo rostro, y quitará de toda la tierra el oprobio de su pueblo. El SEÑOR mismo lo ha dicho. (Isa 25:8 NVI) En aquel día se dirá: «¡Sí, éste es nuestro Dios; en él confiamos, y él nos salvó! ¡Éste es el SEÑOR, en él hemos confiado; 

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