ROMANOS 4: Abraham ejemplo de la justificación por la fe (4:1-25) Parte I


En el comienzo de la carta Pablo declara que su evangelio es el que Dios "había prometido antes por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras" (1:2). Es fundamental para él que el camino de salvación que ha estado presentando, el camino de la gracia, no es una innovación en los planes de Dios. Es la forma en que Dios siempre ha estado salvando a la gente. Ahora ilustra esto mediante el caso de Abraham. Si el progenitor de los judíos fue justificado por fe, entonces el argumento quedará establecido. En cambio, si Abraham fue aceptado en base a obras, será difícil sostener la posición del apóstol.

La sección tiene cinco divisiones: (1) La justificación de Abraham fue por fe y no por obras (4:1-8); (2) fue por fe y no por circuncisión (4:9-12); (3) fue por fe y no por guardar la ley (4:13-17a); (4) la actitud de Abraham es un ejemplo de lo que la fe es, simplemente confiar en la promesa de Dios (4:17b-22); (5) Abraham es el prototipo del hombre justificado por fe (4:23-25).
1. Por fe y No por obras (4:1-8)
1 ¿Qué diremos, pues, que ha encontrado Abraham, nuestro progenitor según la carne? Típicamente, Pablo empieza una nueve etapa en el argumento con una pregunta. Abraham se describe aquí como "progenitor" de los judíos ("padre de nuestra raza", BI, NBE). Al decir "según la carne", eso es, de acuerdo al linaje físico, queda implícito el pensamiento que él es progenitor de otros hijos que no son de su linaje físico (comp. vss. 11 y 16 ss.). Es probable que la expresión "ha encontrado", algo extraña para nosotros, refleje el uso corriente de la LXX en expresiones como "hallar gracia" (comp. Gen. 18:3 donde se aplica precisamente a Abraham) o "hallar misericordia".
2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de que gloriarse, pero no delante de Dios. Este versículo responde a la declaración de 3:27 de que ha quedado excluida la jactancia. El mismo sustantivo traducido "jactancia" en 3:27 aquí se traduce "gloriarse". Los judíos contemporáneos de Pablo daban por sentado que Abraham fue justificado por sus obras. Decían que él había cumplido toda la ley antes de que hubiera sido dada y que había sido perfecto en todas sus obras durante toda su vida. No tenía, por lo tanto, necesidad de arrepentirse. Si es así, entonces Abraham tendría razón de jactarse.
3 Pues ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. La respuesta a la pregunta con respecto a la forma en que Abraham había sido justificado debe buscarse en las Escrituras. La cita es de Génesis 15:6. Los rabinos entendían que la fe de Abraham era una obra. Comentando el mismo versículo ellos hablan del "mérito de su fe" como la base de recibir la bendición. Pero esta interpretación no toma en cuenta la naturaleza de la fe y no presta atención a lo que las Escrituras afirman. Fe es simplemente confiar en Dios, confiar en lo que él ha dicho, como el apóstol mostrará en este capítulo; es disposición a recibir lo que Dios promete. Además, se dice que el acto de creer en Dios "le fue contado por justicia". El verbo usado es un término contable que significa registrar un valor en la cuenta de alguien. Su fe fue computada como justicia. (BC: "Creyó Abraham a Dios, y le fue abonado a cuenta de justicia".). Al decir que Dios cuenta fe por justicia, la Escritura reconoce que fe no es justicia, no es una obra meritoria. 
4 Al que obra, no se le considera el salario como gracia, sino como obligación. Pablo ahora hace un comentario sobre las implicaciones de lo que ha estado diciendo. El versículo 4 expresa el principio general aplicable en todas las esferas de la vida y el versículo 5 aplicará el principio a la esfera de la fe. El verbo que aquí se traduce "considerarse" es el mismo que se traduce "contar" en el versículo anterior. La versión de BC es clarísima: "al que trabaja no se le abona el jornal como favor, sino como deuda". Cuando el trabajo es a cambio de una bonificación, no es ningún favor; es simplemente dar lo que corresponde.
5 Pero al que no obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, se considera su fe como justicia. Ahora se aplica el principio a la esfera de la fe, pero en el sentido opuesto. En Abraham se presenta el caso de uno que no había hecho obras para salvarse, sino que simplemente había confiado en Dios. En su caso, "se le abona su fe a cuenta de justicia" (BC). Fue justificado por gracia, no porque le correspondía como retribución; se tomó en cuenta su fe, no sus obras. La preposición que aquí se usa con el verbo "creer" (también en v. 24) sugiere que Dios es aquel en quien la fe descansa. (BI: "se fía de Dios"). 
Pocas declaraciones de las Escrituras son más radicales que esta referencia a Dios como "aquel que justifica al impío". Aquí se atribuye a Dios un proceder que es expresamente condenado en el Antiguo Testamento (comp. Ex. 23:7; Prov. 17:15; Isa. 5:23). Por supuesto, Dios justifica al pecador que tiene fe y lo hace a la luz de la muerte de Cristo por los pecadores, como Pablo ya ha declarado. De cualquier manera, sigue siendo un acto divino de misericordia y gracia que es totalmente paradójico para nosotros. Se ha dicho que todo el evangelio del apóstol puede resumirse en esta descripción de Dios como "aquel que justifica al impío".
6 De igual manera, David también proclama la felicidad del hombre a quien Dios confiere justicia sin obras. Ahora Pablo cita otro texto para apoyar su posición de que la justificación sin obras está de acuerdo con lo que dice el Antiguo Testamento. Según uno de los principios de la interpretación rabínica, cuando la misma palabra aparece en dos pasajes diferentes, cada uno puede usarse para interpretar el otro. En este caso, la palabra clave es la que se ha traducido "contar" que aparece en el texto de Génesis 15:6 y Salmo 32:1-2, el pasaje a que el apóstol se refiere ahora. Lo cita como aparece en la LXX. Pablo atribuye el salmo a David (comp. 11:9), como lo hace el título del salmo en el Antiguo Testamento. De modo que, al caso de Abraham ya citado, el apóstol ahora agrega una declaración atribuida a David acerca "del hombre a quien Dios abona la justicia sin contar con obras" (BC). El verbo es el mismo término contable (véase el comentario sobre v. 3) que aparece en los versículos 3, 4 y 5; en RVA se traduce "contar" en el versículo 3, "considerarse" en los versículos 4 y 5, y "conferir" en el versículo 6.
7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. La palabra traducida "bienaventurados" ("dichosos", BI, NBE, DHH o "felices", LPD) indica el estado más exaltado de felicidad. Es usada por Aristóteles para referirse a la felicidad de los dioses. Aquí indica la dicha de aquellos cuyas "iniquidades" ("maldades", BJ, DHH) han sido perdonadas. El término traducido "iniquidades" propiamente indica rebelión contra la norma divina. Este es su sentido en los otros pasajes donde se usa en los escritos paulinos (comp. 6:19; 2 Cor. 6:14; 2 Tes. 2:3, 7; Tito 2:14). Sin embargo, aquí posiblemente es un sinónimo de "pecados", el término que aparece en la frase paralela. El apóstol no habla con frecuencia del perdón; tal vez prefiere conceptos más positivos como la justificación y la liberación.
Estos hombres dichosos también se describen  como aquellos "cuyos pecados son cubiertos". La idea de cubrir pecados puede emplearse: (1)  en sentido malo indicando el intento de ocultar los pecados a Dios, de no confesarlos (Job 31:33; Prov. 28:13); (2) en sentido bueno para indicar una actitud de misericordia con respecto a las faltas de otros (Prov. 10:12; 17:9); (3) en sentido bueno para indicar el perdón de Dios (comp. Sal. 85:2). La imagen es de una situación en que los pecados dejan de ser visibles a los ojos de Dios. El lenguaje sugiere la referencia a Cristo como "expiación" o "sacrificio expiatorio" de 3:25. 
8 Bienaventurado el hombre a quien el Señor jamás tendrá en cuenta su pecado. El salmista usa el singular, "el hombre," en lugar del plural, "aquellos", del versículo anterior; pero el cambio es de estilo y no de sentido. "El hombre" se refiere a cualquier persona que se encuentra en la condición descrita. La expresión "el Señor" (véase el comentario sobre 1:4) es la manera común de traducir “Jehová” en la LXX. No tener en cuenta los pecados es el equivalente negativo de perdonarlos. La declaración es enfática como indica RVA: "jamás tendrá en cuenta". La transacción es final, inapelable.
Es cierto que el texto no se refiere a fe, ni a justicia; pero, pero usa el verbo clave que en este caso en RVA se traduce "tener en cuenta" ("tomar en cuenta", BLA; "contar", NBE; "imputar", BJ). Además no es solamente el término lo que los pasajes tienen en común, sino el concepto de una relación restaurada por la gracia y misericordia de Dios sin tomar en cuenta méritos. La aplicación del principio rabínico indica que el "contar justicia" equivale a "no contar" o "no tener en cuenta" pecados. Justificación es una metáfora jurídica que habla de la absolución de culpa, de una amnistía o indulto que restaura a la persona a todos sus derechos ante la ley. En cambio, el perdón de pecados, como es presentado aquí, tiene un trasfondo religioso con énfasis en la eliminación de las ofensas que impiden una relación amistosa con Dios. El cambio de concepto es simplemente una manera distinta de referirse al mismo acto de restauración del pecador a una relación correcta con Dios. 

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