ROMANOS 5: La Nueva Vida del Hombre Justificado (5:1-8:39).Parte III
7. Difícilmente muere alguno por un justo. Con todo, podría ser que alguno osara morir por el bueno. El propósito general de este versículo es claro: destacar lo extraordinario de la muerte de Cristo por pecadores. Sin embargo, no es claro si los términos "un justo" y "el bueno" son sinónimos o tienen sentidos diferentes. Tampoco es claro si la segunda oración repite el sentido de la primera con una aclaración o si se refiere a un caso diferente. Aparentemente "un justo" es un individuo recto, mientras "el bueno" (Se debe notar el uso del artículo definido en el segundo caso y su ausencia en el primero.), más que meramente recto, es "una persona verdaderamente buena" (DHH; "buena de verdad", BI; "hombre de bien", BJ). Si es así, la traducción de RVA representa bien el sentido. Es difícil creer que alguien esté dispuesto a morir por una persona recta, aunque posiblemente haya quienes morirían por el hombre verdaderamente bueno.
8. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Dios "prueba" (DHH; "acredita", BC) su amor por nosotros por medio de la muerte de Cristo. Merece notarse el tiempo presente del primer verbo, "demuestra". La muerte de Cristo ocurrió en el pasado ("murió") pero sigue siendo una prueba presente de la actitud de Dios hacia el hombre.
Dios demuestra su amor por el pecador mediante la muerte de Cristo. La cruz no es un intento de cambiar el enojo de Dios en amor, sino una prueba en sí del amor que Dios tiene hacia el pecador. Además, es una prueba de la naturaleza extraordinaria de este amor, porque Cristo murió por nosotros cuando éramos todavía "débiles" (v. 6), "impíos" (v. 6), "pecadores" (v. 8) y "enemigos" (v. 10). Puede haber una progresión en el sentido cada vez más desfavorable de los términos desde “débiles” hasta “enemigos”. Pablo subraya el hecho de que el amor de Dios es por los que no se lo merecen. Dios no nos ama por lo que somos nosotros sino por lo que él es.
9 Luego, siendo ya justificados por su sangre, cuanto más por medio de él seremos salvos de la ira. En estos versículos el apóstol vuelve al tema de 5:5, nuestra esperanza segura que no decepciona. El afirma la seguridad de nuestra salvación final mediante dos declaraciones paralelas que emplean el mismo argumento lógico. Si Dios ya ha logrado lo más difícil, justificar al pecador mediante la muerte de Cristo, podemos estar seguros de que él hará lo que es comparativamente más fácil, salvar de la ira a los que ya son justos delante de él. La justificación del creyente es un hecho y puede servir como base para comprobar nuestra salvación de la ira. La referencia a "la ira" es a su manifestación en el juicio final (como en 2:5 y 8).
10 Porque si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, cuánto más ya reconciliados, seremos salvos por su vida. Aquí se introduce un nuevo término, "reconciliados". En realidad, la idea de reconciliación estaba ya presente en el versículo 1, en la frase "tenemos paz para con Dios". Reconciliación es estar en paz con alguien. El concepto de la justificación es una analogía jurídica (comp. 3:24) que consiste en absolver de culpabilidad ante la ley. El concepto de la reconciliación es una analogía de la esfera de las relaciones humanas y consiste en remover los obstáculos a las buenas relaciones con otro. Un juez puede absolver de culpa legal a otro sin tener ninguna relación de carácter personal con el acusado. Pero cuando Dios absuelve al hombre de culpa, también remueve los obstáculos a las buenas relaciones con él. La salvación que Dios logra en la vida del hombre es una obra tan multifacética que solamente puede describirse mediante una serie de figuras y conceptos.
Dios toma la iniciativa en la reconciliación. Pablo siempre usa la voz activa del verbo con Dios como sujeto (por ejemplo, 2 Cor. 5:18-19) y la voz pasiva con el hombre como sujeto (como aquí). Sin embargo, el hombre tiene que responder a la iniciativa de Dios para que pueda gozarse de los beneficios de la reconciliación (2 Cor. 5:20).
El versículo 10 es paralelo al 9, con la diferencia de que en el 9 la referencia es a la justificación y en el 10 es a la reconciliación. En los dos casos el argumento procede de algo más difícil a algo más fácil, en donde se presupone que el resultado es más seguro. El apóstol declara que si Dios ha logrado reconciliarnos por la muerte de Cristo cuando estábamos en un estado de enemistad, cuánta más seguridad puede haber de la salvación de los que ahora son amigos en el juicio final "por su vida". Al hablar de "su vida" aparentemente se refiere a su resurrección (comp. 4:25 para una expresión semejante y la advertencia de no hacer distinciones demasiado tajantes entre los dos aspectos de la obra redentora).
Se entiende que ser salvo por su vida se refiere a la salvación de la ira en el juicio final, como indica claramente el versículo 9. Sin embargo, algunos interpretan que se refiere a la salvación en su aspecto presente mediante la vida que el Cristo resucitado transmite al salvado (comp. BI: "¿no va a salvarnos haciéndonos participar de su vida?"). Estos intérpretes entienden que somos salvos por medio de nuestra unión con el Cristo resucitado. Es un concepto paulino, pero el paralelismo presente en los dos versículos sugiere el sentido de salvación en el juicio final.
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