ROMANOS 6 . Vida libre del dominio del pecado (6:1-23) Parte III
8 Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. A pesar de que el énfasis en 6:1-7 ha estado en nuestra muerte con Cristo, Pablo ya se ha referido a la resurrección de Cristo (v. 4) y a nuestra identificación con él en la semejanza de su resurrección (v. 5). Ahora (vv. 8-10) el énfasis está en nuestra resurrección con Cristo sin que desaparezca el tema de nuestra muerte con Cristo. Esta oración avanza el argumento al subrayar una consecuencia mencionada pero no enfatizada todavía en el pasaje, la de nuestra nueva vida con Cristo (comp. v. 4). La oración condicional supone un hecho: "si hemos muerto con Cristo, como es el caso". De este hecho surge una convicción, "creemos" ("confiamos", DHH, NVI). La convicción es que "también viviremos con él". El futuro puede dar la impresión que el apóstol está hablando de nuestra resurrección final, sentido escatalógico. No obstante, el contexto sugiere que está refiriéndose a la vida presente del creyente sin olvidar totalmente la esperanza futura.
9 Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Pablo expone las implicaciones de la resurrección de Cristo para el creyente. El argumento es a partir de conocimiento, "sabemos" (comp. vv. 3 y 6). La referencia es a información incuestionable en posesión de los lectores. La fe cristiana siempre se basa en hechos históricos y no en meras especulaciones. En este caso, la experiencia cristiana encuentra su fundamento en el bien atestiguado hecho de la resurrección de Cristo. Lo que Pablo enfatiza es que la resurrección de Cristo no era una mera restauración a la vida como en el caso de Lázaro que después tuvo que morir otra vez. La resurrección de Cristo es un acto final, el anticipo de la resurrección escatalógica. Cristo "ya no puede volver a morir" (así NVI).
Esto da lugar a la declaración triunfante, “la muerte no se enseñorea más de él”. Durante las horas en la tumba la muerte ejercía su dominio sobre Cristo. La muerte es poderoso y Pablo ya ha hablado de su reinado (5:14). Para salvar a la humanidad Jesús se sometió a esta autoridad, pero por su resurrección ha roto este dominio. El señorío de la muerte ha sido vencido y Jesús es el único Señor. En 2 Timoteo 1:10 Pablo declara que Cristo "anuló la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio".
10a Porque en cuanto murió, para el pecado murió una vez por todas. La línea lógica de pensamiento sigue y se explica por qué la muerte no tiene dominio sobre Cristo. Hay dos afirmaciones con respecto a la muerte de Cristo.
(1) Era "una vez por todas" o "de una vez para siempre" (así BLA y varias otras versiones). El mismo término se usa para referirse al sacrificio de Cristo una vez por todas en Hebreos 7:27; 9:12, 26, 28; 10:10; y 1 Pedro 3:18. El Nuevo Testamento insiste en que la muerte de Cristo es un acontecimiento definitivo que no ha de repetirse, totalmente eficaz para la solución del problema del pecado del hombre.
(2) Su muerte era una muerte "para el pecado" o "al pecado". La construcción es la misma que aparece en 6:2 donde se refiere a "los que hemos muerto al pecado"; la gran diferencia es que allí se refiere a la muerte del creyente al pecado y aquí se refiere a la muerte de Cristo al pecado. Es claro que el sentido en que el creyente ha muerto al pecado es muy distinto al sentido en que Cristo ha muerto al pecado.
No es explícito en el pasaje lo que Pablo quiere decir con esta frase; es ambigua y dice solamente que él ha muerto en relación con el pecado o con respecto al pecado. Sin embargo, tomando en cuenta otros pasajes que hablan de la relación de la muerte de Cristo y el pecado del hombre (ver, por ejemplo, 3:24-26; 4:25; 5:6-8; 8:3; 1 Cor. 15:3; 2 Cor. 5:21; Gal. 3:13), parece posible ofrecer una explicación bastante segura. Cristo se identificó con el hombre pecaminoso y asumió la culpabilidad de sus pecados. Su muerte ofrece la posibilidad de liberación del dominio del pecado. De modo que su muerte afectó al pecado de una manera decisiva y definitiva. Cristo sufrió el castigo y quitó el aguijón de la muerte que es el pecado (1 Cor. 15:56-57). Cristo terminó con el reinado del pecado y de la muerte.
10b pero en cuanto vive, vive para Dios. Pablo completa el pensamiento. La vida que Cristo vive ahora es una vida dedicada singularmente a Dios. Los versículos 9 y 10 indican que la seguridad de la victoria del creyente sobre el pecado y la muerte se basa en su participación en la victoria que Cristo ya ha logrado sobre estos enemigos. El pecado y la muerte no reinarán más en la vida del creyente porque Cristo ha vencido estos poderes en forma definitiva.
11 Así también vosotros, considerad que estáis muertos para el pecado, pero que estáis vivos para Dios en Cristo Jesús. Ahora Pablo aplica a la situación del creyente lo que ha dicho acerca de la muerte y la resurrección de Cristo en 6:9-10. El énfasis está en el pronombre, "vosotros, además de Cristo". La frase "considerad que estáis muertos para el pecado" contiene la primera exhortación de la carta. La NBE traduce "ténganse por muertos" y BC, "haceos cuenta que estáis muertos". El creyente ha de ordenar su vida orientado por un hecho innegable, está muerto al pecado. Es la exigencia de reconocer que según el evangelio la muerte y resurrección de Cristo ha cambiado la situación del creyente y él ha de proceder de acuerdo a esta nueva situación. La fe es ver las cosas como Cristo las ve y actuar en base a esta perspectiva.
Este versículo nos introduce al aspecto paradójico de la experiencia de salvación. Hasta este punto Pablo ha venido declarando la muerte del creyente al pecado como un hecho ya consumado mediante verbos en el modo indicativo y en el tiempo pasado. De repente aparece la exhortación de considerarse muerto; el verbo está en el modo imperativo y el tiempo implicado es futuro ya que se refiere a acciones contempladas (comp. 6:4b). Lógicamente un muerto no tendría que considerarse muerto. Nada puede ser más evidente que el estado de un muerto. Pero en la experiencia del creyente su muerte al pecado es tanto hecho como meta, tanto algo realizado como algo que ha de realizase. Estamos frente al desafío de llegar a ser lo que ya somos; o, como se ha dicho, no ser lo que ya no somos.
Los creyentes están muertos al pecado, pero "vivos para Dios en Cristo Jesús". Toda su vida ha de ser vivida en relación con Dios, dedicada a él. Dos hechos gobiernan la nueva vida del creyente: la terminación del dominio del pecado por la muerte de Cristo y el inicio de una nueva relación de consagración total a Dios por la resurrección de Cristo.
Aunque la frase "en Cristo Jesús" aparece en 3:24, quizás esta sea la primera vez que aparece en la carta con su sentido característico. Esta frase tan usada por Pablo (Aparece unas doscientas veces en sus escritos.) ha recibido mucha atención. Las líneas tradicionales de interpretación han sido clasificadas como:
(1) locales, con énfasis en el sentido de la preposición;
(2) místicas, con énfasis en la unión con Cristo; y
(3) sacramentales, con énfasis en las ordenanzas como medios de gracia.
Recientemente se ha sugerido que estamos "en Cristo" por una decisión divina de parte de Dios, una decisión jurídica por la cual se acepta la muerte de Cristo en la cruz como nuestra muerte al pecado y su resurrección como nuestra resurrección a una vida nueva. Parece claro que el pasaje presupone este concepto. Sin embargo, puede ser difícil decir precisamente lo que la frase "en Cristo" significaba para Pablo. Con seguridad podemos decir que indica la intimidad del vínculo que nos une a Cristo y algo del vínculo que nos une a todos los que son de Cristo.
12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que obedezcáis a sus malos deseos. Ahora Pablo puede hacer una aplicación específica de los conceptos que ha estado expresando. Esta aplicación se encuentra en los versículos 12 y 13. La decisión de Dios de justificar al pecador por fe sin obras, lejos de ser motivo de seguir viviendo bajo el dominio del pecado como antes, es la base de una exhortación a luchar contra este dominio. Gramaticalmente la prohibición al principio del versículo exige la suspensión de una acción ya en proceso. De modo que la traducción de DHH es más precisa: "no dejen ustedes que el pecado siga dominando" (BI y NBE también traducen la frase de tal manera que indican la interrupción de una acción ya en proceso.). Hasta ahora el pecado ha dominado; no debe seguir haciéndolo. El creyente debe rebelarse contra el reino vencido del viejo amo, el pecado; en cambio, debe someterse plenamente a Dios su nuevo rey.
La frase "en vuestro cuerpo mortal" puede interpretarse de dos maneras.
(1) Puede entenderse como una referencia al cuerpo físico. Para algunos la palabra "mortal" apoya esta interpretación. En este caso los "malos deseos" se refieren a pecados que tienen que ver con los sentidos; se refieren al pecado en su aspecto sensual (LPD, "bajos deseos").
(2) Puede entenderse, de acuerdo al uso común de la palabra traducido cuerpo (comp. 6:6), como una referencia a la persona del hombre en su totalidad. No es meramente su "cuerpo" que es mortal; su existencia como persona en esta vida es finita. NBE traduce "su ser mortal" (La traducción de BI apoya este sentido al exhortar que el pecado "no siga dominándoos".).
Esta última interpretación puede estar más de acuerdo con la enseñanza general del Nuevo Testamento (comp. 6:13, "presentaos"). En este caso los "malos deseos" abarcan el pecado en su expresión más amplia, y no se limitan a los pecados de los sentidos. El pecado expresa su autoridad en toda la persona: voluntad, pensamiento y sentimientos; no meramente en el cuerpo. Sin embargo, la referencia a presentar los miembros del cuerpo en el versículo 13 en contraste con presentarse ellos mismos puede inclinar el balance a favor del sentido (1).
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