ROMANOS 6 . Vida libre del dominio del pecado (6:1-23) Parte II
3 ¿Ignoráis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? Pablo hace la cuarta de la serie de preguntas con que empieza el capítulo. La pregunta con el verbo ignorar (se usa también en 7:1; comp. 6:16 y 11:2) implica que el autor cree que ellos ya tenían conocimiento de la verdad implicada en la pregunta. El apóstol no había estado en Roma, de modo que la inferencia lógica es que la enseñanza de que bautismo en Cristo es bautismo en su muerte debía haber sido parte de la instrucción cristiana primitiva común en todas las iglesias. Comentaristas discuten si "bautizados en Cristo Jesús" (Comp Gal 3:27: "porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo".) se refiere al bautismo en agua o a la experiencia espiritual que el bautismo en agua simboliza, el bautismo en el Espíritu Santo para incorporar al creyente al cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:13). La pregunta es si hemos de pensar en un rito u ordenanza o en una experiencia espiritual de unión con Cristo. Quizás en este caso ambos sentidos están implicados. Pablo se refiere al bautismo en agua como símbolo y signo de la unión del creyente con Cristo.
Pero además de la idea de unión con Cristo hay una consecuencia adicional del acto de haber sido "bautizados en Cristo"; es haber sido "bautizados en su muerte", el haberse identificado con Cristo en su muerte. El bautismo es símbolo y signo de esta muerte. Al sepultar al creyente en el agua, se representa el entierro de un cuerpo lo que presupone la muerte previa. Cristo mismo se refirió a su muerte como bautismo (Mar. 10:38; Luc. 12:50). Además, asoció el inicio de la vida cristiana con el acto de tomar la cruz. Las palabras de Dietrich Bonhoeffer vienen a la mente: “Toda llamada de Cristo conduce a la muerte” (El precio de la gracia, p. 53). Creyentes son personas que han muerto a la vida pasada y el concepto de la muerte domina este pasaje; se menciona en cada versículo desde el 2 hasta el 11.
4a Pues, por el bautismo fuimos sepultados juntamente con el en la muerte. Pablo sigue con las consecuencias lógicas del bautismo. Al decir que hemos sido sepultados con Cristo (comp. Col 2:12), el apóstol señala de la manera más decisiva y enfática el hecho de nuestra muerte con Cristo. El entierro es el sello de lo irreversible de la muerte, es la despedida final de la persona que ha muerto. El énfasis en la importancia y el sentido del bautismo en este pasaje es tremendamente significativo. Es el sello y signo de haber cruzado una línea divisoria entre no ser de Cristo y ser de él, de haber dado un paso que nos compromete en forma definitiva.
Cuando nos conformamos con un evangelismo que no incluye este sello y signo como paso lógico para el inicio de la vida cristiana, nos hemos conformado con un evangelismo incompleto. La tendencia en América Latina de las personas de identificarse como creyente en Cristo sin estar dispuesto a bautizarse indica una comprensión fallada de lo que significa aceptar a Cristo. De igual manera, la práctica de demorar el bautismo de los que aceptan a Cristo y alejar este acto de iniciación en la vida cristiana del momento de entrega desvirtúa su sentido.
4b para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Hay otra consecuencia del acto del bautismo, la resurrección del creyente. La referencia a la resurrección de Cristo "por la gloria del Padre" indica el poder de Dios manifestado gloriosamente por la resurrección de Cristo (comp. Juan 11:40). Hay una asociación frecuente entre gloria y poder en la Biblia (ver Mat. 6:13; Col. 1:11; 1 Ped. 4:11; Apoc. 1:6; 4:11; 5:12-13; 7:12; 19:1).
El verbo traducido "andemos" se usa con frecuencia en Pablo y otras partes del Nuevo Testamento para referirse a la conducta del creyente (ver, por ejemplo, 8:4; 13:13; 14:15; 1 Cor. 3:3) y algunas versiones traducen "llevemos" o "vivamos" una vida nueva. El tiempo del verbo sugiere el comienzo de la nueva vida (NBE, por ejemplo, habla de empezar una vida nueva.). El término traducido "novedad" en la frase "novedad de vida" no se refiere meramente a la novedad de la vida que empieza (nuevo en el sentido cronológico), sino a la calidad de la vida, su diferencia de la anterior (nuevo en el sentido cualitativo).
En la última frase de este versículo Pablo se ha movido del sentido jurídico (ver número 1 arriba sobre 6:2) y del sentido experimental (ver número 2 arriba sobre 6:2) de nuestra muerte con Cristo que predominaba en 6:2 a 6:4a al sentido moral (número 3 arriba sobre 6:2). El tiempo de los verbos usados en 6:2 a 6:4a para referirse a nuestra identificación con Cristo en su muerte es pasado y el modo es indicativo, declaran un hecho en tiempo pasado. El verbo que se usa en 6:4b expresa la finalidad de nuestra muerte con Cristo, "para que . . . andemos en novedad de vida". Se refiere a acciones futuras contempladas.
5 Porque así como hemos sido identificados con el en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la semejanza de su resurrección. Lo que viene ahora es en apoyo a la declaración del versículo anterior. El sentido del término traducido "identificados" es tema de discusión en los comentarios. Algunos quieren encontrar aquí el sentido muy específico "injertados" (comp. RV, "plantados juntamente con"), pero el consenso de los traductores es darle el sentido "unidos" (NVI, BLA; comp. DHH), "incorporados" (NBE), "hechos una misma cosa" (BJ; comp. BC). La frase enfatiza la intimidad de esta unión. Si no hay una referencia a la relación entre el injerto y la planta en que es injertado, por lo menos el concepto del injerto ilustra la relación íntima. Injerto y planta comparten la misma savia, la misma vida. El tiempo del verbo, "hemos sido identificados", indica una acción en el pasado cuyos efectos siguen vigentes (comp. NBE: "hemos quedado incorporados a su muerte"). Es una declaración del hecho de que por una decisión propia de fe el creyente se ha unido a Cristo en su muerte (sentido experimental, número 2 arriba); el bautismo es la señal de esta unión.
La otra consecuencia lógica es nuestra resurrección con Cristo. Aquí se presentan interpretaciones alternativas. El tiempo futuro del verbo puede sugerir que se refiere a la resurrección de nuestros cuerpos cuando Cristo viene (sentido escatalógico, número 4 arriba). Sin embargo, el contexto parece favorecer una referencia a nuestra resurrección espiritual que se efectuó en el momento de nuestra decisión de fe (sentido experimental, número 2 arriba). En este caso el tiempo futuro del verbo puede sugerir la expresión constante en nuestra vida de las implicaciones de esta resurrección (sentido moral, número 3 arriba). Aunque el contexto favorece una referencia a nuestra resurrección espiritual con Cristo, es posible que el apóstol esté también ya anticipando la resurrección futura de nuestros cuerpos.
6a Y sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él. El apóstol quiere exponer plenamente las implicaciones de lo que ha venido diciendo. El término "sabemos" indica la apelación a un conocimiento que se debe dar por sentado. Es una declaración de algo sabido, pero quizás hay que entenderlo aquí como una exhortación a tener en cuenta lo que se sabe (Comp. NBE, "Tengan esto presente".). Lo que hay que tener en cuenta es que nuestra identificación con Cristo en su muerte significa la crucifixión de nuestro viejo hombre (NBE: "el hombre que éramos antes".). La misma expresión aparece en Efesios 4:22 y Colosenses 3:9.
El término traducido "viejo" puede tener el sentido "anticuado", "gastado", en contraste con otro que significa "viejo" en el sentido meramente cronológico. El viejo hombre "fue crucificado con él [Cristo]". Se usa el mismo verbo que describe la crucifixión de los ladrones con Cristo (Mat. 27:44; Mar. 15:32; Juan 19:32; comp. Gal. 2:20). Cuando aceptamos la muerte de Cristo en la cruz como un acto redentor a favor de nosotros algo radical ocurre y nunca seremos las mismas personas (sentido experimental).
6b para que el cuerpo del pecado sea destruido. Se han ofrecido distintas interpretaciones de la expresión "el cuerpo del pecado": (1) se ha entendido como una alusión al pecado como un cuerpo con muchos miembros, un organismo o una masa;
(2) se ha entendido como una alusión al cuerpo físico bajo el dominio del pecado;
(3) se ha entendido, de acuerdo al sentido general de "cuerpo" en el Nuevo Testamento, como una referencia al hombre en su totalidad controlado por el pecado (NBE: "para que se destruyera el individuo pecador"). Se debe preferir el sentido (2) o (3) y no es fácil elegir. Sea cual fuere el sentido preciso aceptado, es claro que la finalidad de la crucifixión con Cristo es la destrucción de nuestra naturaleza pecaminosa.
6c a fin de que ya no seamos esclavos del pecado. Pero la destrucción de la naturaleza pecaminosa no significa la extinción del pecado como indica la última frase del versículo. La crucifixión del viejo hombre y la destrucción del cuerpo de pecado liberan del dominio del pecado. No es una vida sin pecado, sino una vida libre de servidumbre al pecado. Aquí el pensamiento ha llegado al terreno del sentido moral (número 3 arriba) de morir con Cristo.
7 porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado. El versículo 7 provee explicación adicional de la idea expresada en el 6. Hay dos maneras de interpretar este versículo. Podemos entenderlo como la declaración de un principio general; algunos citan un dicho rabínico conocido con el sentido "la muerte cancela todas las deudas" (comp. LPD: "el que está muerto, no debe nada al pecado"). Estos intérpretes se fijan en el cambio en este versículo de primera persona a tercera persona, forma de expresión apropiada para la declaración de un principio general. En este caso, Pablo está ilustrando el pensamiento del 6 por medio del principio general citado.
Sin embargo, parece más apropiado entender el versículo como una referencia específica a nuestra muerte con Cristo, el pensamiento que domina los versículos anteriores y que vuelve a expresarse en el 8. En este caso, Pablo está diciendo que al morir nosotros con Cristo se cumplió el castigo indicado para nuestras ofensas y el pecado perdió toda autoridad sobre nosotros (comp. BI: "cuando una persona muere, queda libre del dominio del pecado"). Interpretado de esta manera, el término "justificado" retiene el sentido teológico que lleva en los demás pasajes de la epístola. Es cierto que la expresión "justificado del pecado" no es frecuente, pero aparece en Hechos 13:38-39.
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