El problema de la ansiedad

 El problema de la ansiedad



Llama la atención que la mitad de uno de los tres capítulos del Sermón del Monte tiene que ver con lo material. Es el tema de Mateo 6.19-34. Con frecuencia la gente no asocia lo material con lo espiritual. Piensa que nuestra actitud hacia lo material tiene poco que ver con la espiritualidad.

En realidad, Jesús habló mucho de lo material y advirtió una y otra vez del peligro de ser víctima de la búsqueda afanosa de los bienes materiales. En los primeros años del trabajo en el Seminario un alumno me sugirió un buen enfoque de Mateo 6.19-34. El enfoque divide el pasaje en partes lógicas, 6.19-24 y 6.25-34. Decía el alumno que en la primera parte Jesús habla de la necesidad de la independencia del dominio de lo material y en la segunda parte habla de la necesidad de la dependencia de Dios con respecto a lo material. 

Esta noche prestamos atención a Mateo 6.25-34.

Leer el pasaje

Hay un verbo que aparece cinco veces en los diez versículos, un promedio de una vez por cada dos versículos (vss. 25, 27, 28, 31 y 34). ¿Qué es? Se traduce afanarse (RVA, RV60), angustiarse (RVR95), preocuparse (BLA). Si tuviera que identificar el tema del pasaje mediante un solo término, ¿cuál sería? Para mí el pasaje trata el tema de la ansiedad. Tres de las cinco veces el verbo aparece en una prohibición. Jesús prohíbe afanarse, angustiarse, preocuparse. La forma del verbo en la prohibición de 6.25 indica el mandato de suspender algo que ya se está haciendo. La Biblia del Peregrino traduce “no andéis angustiados” sugiriendo la prohibición de algo ya en proceso. 

De modo que sea que se trata de discípulos escuchando a Jesús en el siglo I en un monte de Palestina o pacientes esperando su turno en un consultorio médico hoy la ansiedad es un problema real y constante. Quiero aclarar que lo que se prohíbe es la preocupación desmedida, descontrolada. Jesús no nos prohíbe prestar atención a los asuntos que merecen atención, a pensar en lo que debemos hacer frente a las demandas de la vida diaria. Hay una preocupación necesaria y legítima, pero hay una preocupación enfermiza y dañina que es el opuesto a una vida de fe como indica la frase “gente de poca fe” (NVI) del versículo 30. 

Jesús nos manda no preocuparnos y al hacerlo señala lo necio que es esta preocupación dañina, lo necio que es la ansiedad.

Es necio preocuparnos:

I. Cuando la preocupación es por lo que es de menos valor (6.25)

“No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?” (6:25, NVI)

Claro. Debemos pensar en comida suficiente para sostener la vida y ropa adecuada a las exigencias de la sociedad en donde nos encontramos. “El punto aquí es no preocuparnos por las necesidades físicas, y mucho menos por los lujos implícitos en los versículos precedentes, puesto que tales preocupaciones sugieren que nuestra existencia se centra en tales cosas y está limitada por ellas . . . . si Dios nos ha dado vida y un cuerpo, ambos obviamente más importantes que la comida y el vestido, ¿no nos dará también esto último.” (Carson, Mateo).

II. A la luz del cuidado del Padre celestial (6.26, 28-30)

Dos ilustraciones de la naturaleza que confirman el cuidado del Padre con respecto a comida y vestido. En cuanto a comida las aves ilustran el cuidado de Dios. “Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?” (6:26. NVI) 

En cuanto al vestido los lirios del campo ilustran el cuidado de Dios. “¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.” (628-29).

“Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?” (6:30, NVI)

Valemos mucho más que las aves y los lirios. Por tanto si hace esto por aves y lirios del campo cuanto más por nosotros. Es el argumento de menor a mayor.

III. Cuando es por lo que no podemos cambiar (6.27)

“¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?” (6:27, NVI) “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se angustie, añadir a su estatura un codo?” (6:27, RVR95, RVA también). Aquí la interpretación depende de dos maneras diferentes de entender la expresión que se usa. Puede referirse a estatura o a tiempo. Un codo parece mucho cuando se trata de estatura, pero podía referirse al tiempo de dar un paso. No podemos por la ansiedad extender en el tiempo nuestra vida. En realidad la ansiedad acorta la vida.

A un hombre conocido por su felicidad se le preguntó por el secreto de esta felicidad. Contó la siguiente historia. Estaba enamorado de una chica con la cual estaba casado desde hacía treinta años. La chica tenía una falta. Siempre llegaba tarde. Ella quería ir al concierto de un famoso cantante. El hombre aceptó llevarla al concierto con una condición, que ella estuviera lista media hora antes. Si ella no estuviera lista, entonces él rompería las entradas. Llega a la casa de la novia veinte minutos antes. La madre le dijo, “Nellie nunca estará lista a tiempo. Acaba de llegar a casa.” 

El hombre caminaba y miraba el reloj. Empezó a enojarse cada vez más. Al final cuando ya había pasado la media hora, se tiró en una silla junto a una mesa donde había un libro. Agarró el libro y en la hoja de presentación del libro había cuatro líneas de poesía que le cambiaron la vida. Decían:

Por cada mal debajo del sol
Hay un remedio o no lo hay.
Si hay un remedio, búsquelo hasta encontrarlo;
Si no hay remedio, no se preocupe.

El hombre leyó otra vez las líneas con una pregunta. Decidió que no había remedio para este mal y que él debía aceptarlo. Al fin cuando apareció la novia unos minutos después le dijo que ella era la chica más linda, más preciosa de todo el mundo. Ella sorprendida le preguntó que le había pasado. Entonces cito las líneas.

Le dijo que iba ser su filosofía de vida desde este momento. Todavía sonriendo subieron corriendo las escaleras de la entrada del teatro. El portero les dijo que no tenían que correr porque la cortina estaba trabada y recién en media hora empezaría la función. Dijo el hombre: “Nada en la vida me quito el fastidio y la ansiedad como la determinación de no preocuparme por lo que no puedo cambiar.”

IV. Porque es la característica del pagano y no del hijo de Dios (6.31-32)

Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. (6:32, NVI)

La preocupación por comida y vestido se justifica en la vida del pagano porque no cree en un Padre celestial que se preocupa por sus hijos, pero no corresponde en la vida del creyente. La preocupación es la actitud del que no cree en Dios, pero en el caso del creyente es una contradicción a lo que él confiesa creer. Sugiere que el Dios en quien cree no sabe lo que le pasa, o que no puede hacer nada para ayudarlo o que no quiere ayudarlo.  

Anécdota de la vida de Martín Lutero. En una ocasión cuando daba todas las evidencias de estar angustiado apareció la mujer vestida de luto. Cuando Lutero le preguntó quien había fallecido. Ella respondió que suponía que Dios había muerto por la angustia que Lutero estaba demostrando.

V. Cuando es por lo que vendrá mañana (6.34)

“Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.” (6:34 NVI) El verbo es el mismo, aunque los traductores aquí han elegido usar angustiarse en lugar de preocuparse.

Un pastor fue a visitar a una mujer de su congregación que estaba enferma. Estaba sufriendo de una gran ansiedad. Al preguntar con respecto al motivo, la mujer repasó una larga lista de preocupaciones que tenían una cosa en común. Ninguna había ocurrido todavía. Dos años después volvió a visitar a la mujer que estaba otra vez enferma. Empezó a hablar de cosas terribles que podrían pasar en su familia en cualquier momento. Era la misma lista de dos años antes y ninguna de las cosas había pasado en los dos años transcurridos. 

Decía el pastor que necesitamos la filosofía del loro que vivía en una jaula al lado de una puerta giratoria en un restaurante. Tenía un vocabulario limitado. Lo único que podía decir era, “Uno a la vez, por favor, uno a la vez” a medida que entraba la gente. En una ocasión el loro se escapó de la jaula, voló por una ventana y se refugió en uno de los árboles que estaba cerca. Cuando el dueño lo rescató estaba en muy malas condiciones. Se había parado en una rama donde había un nido de avispones y estaba casi muerto de las picaduras. Pero todavía estaba diciendo, “Uno a la vez, por favor, uno a la vez.” Un vocabulario muy limitado pero una buena filosofía con respecto a como hacer frente a los problemas de la vida.

El principio de AA.

VI. Porque cuando uno busca primero el reino de Dios y su justicia, todo lo demás vendrá de yapa (6.33). 

“Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” (6:33, NVI)

Los paganos buscan comida y bebida. Son sus prioridades. El creyente debe buscar otra cosa. Los dos verbos que se traducen buscar en 6.32 y 6.33 en RVA son de la misma raíz, ejpizhtevw en 6.33 y zhtevw 6.33. Parece claro que Jesús está contrastando lo que busca el pagano y lo que debe buscar el discípulo. Cuando el reino y su justicia es lo que busca el discípulo, lo que pone en primer lugar entonces las otras cosas vienen de yapa.

¿Qué es yapa?

La respuesta efectiva a la ansiedad es una escala de valores donde el reino de Dios y su justicia son la prioridad. 


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