La Obra de Cristo
IEB de Flores, 16/09/12
Rom. 3. 21-26
Estamos aprovechando el libro de Stott, Crisianismo Básico para hacer un repaso de lo que creemos como creyentes. Hay mucha confusión con respecto a lo que quiere decir ser cristiano. Leí en estos días de pastores de iglesias que no creen en lo sobrenatural. Es decir, no creen en Dios. Son ateos pero pretenden ser pastores de congregaciones cristianas.
Para este repaso de creencias el punto de partida ha sido la persona de Cristo. ¿Qué creen los cristianos acerca de Jesús? Después de pensar en tres mensajes acerca de la persona de Cristo, pasamos a enfocar la atención en la necesidad del hombre. Justo nos recordó la realidad del pecado y hace dos domingos Federico hizo uso del relato de Genesis 3 acerca del pecado de Adán y Eva para hablar de las consecuencias del pecado.
Según este relato entre estas consecuencias están la maldición de la tierra; producirá espinas y cardos. La vida del hombre será con dolor y trabajo duro. La pareja es excluida del jardín, de la posibilidad de la relación intima con Dios cuando el paseaba por el jardín en el fresco del día. Las consecuencias son ineludibles. Hay principios morales impresos en la misma naturaleza del hombre en cuanto al bien y el mal, en cuanto a lo que es bueno y lo que no es bueno para el hombre.
Podemos cambiar el código civil y pretender que lo que era malo ahora es bueno. Pero no podemos cambiar lo que está escrito en la misma naturaleza de todo ser humano. Es como pasar una ley que dice que la ley de gravedad ahora no es válida. Pero si nos lanzamos de un edificio de diez pisos nos destruimos. Igualmente si pasamos por alto los principios morales que Dios nos ha revelado en la Biblia nos destruimos.
En junio de este año la revista Ciencia Social publicó un estudio que el Dr. Mark Regnerus de la Universidad de Texas en la ciudad de Austin había hecho. El estudio reveló que las relaciones homosexuales de los padres tienen un efecto negativo en los hijos. Su investigación demostró entre otras cosas que niños criados por padres homosexuales tienen más probabilidad de sufrir depresión, tener pensamientos de suicidio, requerir terapia para su salud mental, identificarse como homosexuales, elegir a convivir sin casarse, ser infieles a su pareja, ser abusados sexualmente, tener nivel inferior de ingresos y tener enfermedades transmitidas sexualmente que niños criados por padres heterosexuales.
El relato de Genesis 3 señala que el pecado trae consecuencias. Pero el relato anticipa la venida de un redentor. “Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón.” (Gén. 3.15, NVI)
Este redentor es Cristo y hoy pensamos en lo que él ha hecho, en su obra redentora que se centraliza en su muerte en la cruz. Esto está reflejado en el hecho de que los evangelios dedican de un tercio a un 60% de su relato a los eventos de la última semana de Cristo y su resurrección posterior.
El texto es Rom. 3.21-26. Un comentarista habla de este párrafo como posiblemente el más importante que jamás se haya escrito. Nos sirve de base para pensar en el significado de la muerte de Cristo.
21 Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. 22 Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, 23 pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, 24 pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. 25 Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; 26 pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. (NVI)
Pablo dice que ahora, es decir, en la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, se ha manifestado la justicia de Dios de que hablan la ley y los profetas y esta justicia está disponible a todos los hombres mediante la fe en Jesucristo.
El pasaje indica cuatro resultados de la muerte de Cristo en la cruz que podemos señalar por medio de cuatro términos.
I. Justificación: El veredicto definitivo que libra de la culpa del pecado (Rom. 3.23-24).
La primera palabra que describe los resultados de la muerte de Cristo es la palabra “justificación”.
Fijense en lo que dice Romanos 3.23 y 24: “. . . todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia . . . .” (BLA) La primera cosa que Pablo dice es que somos “justificados” por la obra redentora de Cristo.
Justificación es un concepto jurídico. Dios, el juez, declara justo al culpable. En Romanos 4.5 Pablo dice que “al que no trabaja, sino que cree en Aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia” (BLA). Dios en efecto acepta nuestra fe como equivalente a justicia y proclama una amnistía, un indulto a nuestro favor. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Rom. 5.1, RVR95)
No tenemos que esperar hasta llegar a las puertas del cielo para saber el veredicto de Dios con respecto a nuestro destino eterno. Por la muerte de Cristo Dios declara justos todos los que tienen fe en Cristo.
No hay infracciones pendientes. Todos hemos vivido la ansiedad cuando las autoridades revisan los archivos en la computadora para ver si hay una infracción pendiente. Para el que cree en Jesús no hay ninguna infracción pendiente. En los archivos del cielo no hay ninguna causa pendiente.
II. Emancipación: La liberación absoluta que anula la servidumbre al pecado (Rom. 3.24).
La segunda palabra que indica el resultado de la muerte de Cristo es “emancipación”. “. . . todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús . . . .” (BLA)
Redención o emancipación es un concepto de la práctica de la esclavitud. El verbo emancipar quiere decir “librar de la servidumbre” y emancipación es “la acción o el efecto de emancipar”, es decir, dejar libre de servidumbre. En el primer siglo un esclavo podría ser librado por el pago de una suma de dinero.
Cristo sufrió la muerte “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (Heb. 2.14-15, RVR95) Éramos esclavos del pecado y Cristo al morir pagó el precio de nuestra liberación, de nuestra emancipación.
Hay en nuestras vidas fuerzas que nos tienen cautivos. Por la muerte de Cristo podemos ser librados de estas fuerzas.
III. Expiación: El sacrificio final que quita la mancha del pecado (Rom. 3.25).
La tercera palabra que describe el resultado de la muerte de Cristo es “expiación”. “Dios . . . ofreció {a Cristo} como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe . . . .” (NVI) Expiación es un concepto de la práctica de ofrecer sacrificios para quitar la contaminación del pecado.
La expresión “sacrificio de expiación” recuerda el día de expiación. Hebreos 9.7 se refiere a este acto cuando dice que una vez al año el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo detrás del velo y rociaba la tapa del arca con sangre por los pecados del pueblo. Este acto quitaba la mancha del pecado de todo el pueblo y evitaba que sufriera las consecuencias de su pecado. El único otro lugar donde ocurre la palabra traducido “sacrifico de expiación” en el N. T. es Hebreos 9.5 que se refiere los querubines que cubrían con sus alas “el lugar de la expiación”. Los sacrificios del Antiguo Testamento son símbolos visibles que señalan hacia adelante hacia el sacrificio de Cristo como aclara muy bien el autor de Hebreos.
Y hay una gran diferencia entre estos símbolos y la realidad. “A diferencia de los otros sumos sacerdotes, él {Cristo} no tiene que ofrecer sacrificios día tras día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo, porque él ofreció el sacrificio una sola vez y para siempre cuando se ofreció a sí mismo.” (Heb. 7.27, NVI)
“Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados . . . .” (Heb. 9.28, NVI) El es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1.29).
El pecado nos hace sentir sucios, indignos, culpables.
Este sentido de culpabilidad está ilustrado muy vívidamente en la obra de teatro de Shakespeare, “Macbeth”. Macebeth y su esposa han elaborado un complot para matar al rey de Escocia y apoderarse del reino. Lo han logrado, pero Ladi Macbeth no puede olvidarse de lo que han hecho, de como lo mataron. Pasea sonámbula por los pasillos del palacio haciendo el gesto de lavarse las manos.
Ladi Macbeth: - ¡Fuera, mancha maldita!... ¡Fuera, digo! Pero ¡quién hubiera imaginado que tendría aquel viejo tanta sangre! (…) ¿Nunca podré ver limpias estas manos? ¡Siempre aquí el olor de la sangre! ¡Todas las esencias de arabia no desinfectarían esta pequeña mano mía! ¡Oh! (…) Lavad esas manos.” Solamente Cristo puede lavar la mancha maldita.
Pero no es solamente lo que sentimos. Dios es santo y nuestro pecado nos hace indignos de estar en comunión con él, de estar en su presencia. Nuestro pecado crea una brecha entre nosotros y Dios. Cristo es el sacrificio final que quita la mancha del pecado y nos habilita para entrar en la presencia de Dios.
Esto está ilustrado en algo que ocurrió al morir Cristo. Mateo dice que en el mismo momento en que murió Jesús “la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”. (Mat. 27.51, NVI) Parece claro que el autor de Hebreos hace alusión a este incidente cuando dice: “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo” (Heb. 10.19-20, NVI).
IV. Sustitución: El castigo pleno que satisface las demandas del pecado (Rom. 25-26)
La cuarta palabra que describe el resultado de la muerte de Cristo es “sustitución”.
Dios ofreció a Cristo “. . . a fin de demostrar su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.” (LBA)
La Biblia establece que toda persona que peca debe pagar las consecuencias de su pecado. “Si alguno peca y hace cualquiera de las cosas que el SEÑOR ha mandado que no se hagan, aunque no se dé cuenta, será culpable y llevará su castigo.” (Lev 5:17 LBA) “. . . es culpable y sufrirá las consecuencias de su pecado.” (Lev. 5.17, NVI).
“El alma que pecare, esa morirá.” (Ez. 18.4, 20, RVR95)
Pero “en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente”, eso es, antes de la muerte de Cristo. Para mostrar su justicia Dios exhibió a Cristo públicamente como el sustituto de todos los pecadores.
- “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz.” (1Ped. 2:24, LBA)
- “Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz.” (Isaías 53.5, NVI)
- “Al que no conoció pecado, por nosotros {Dios} lo hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor. 5. 21, RVR95)
- “Dios lo trató como pecador.” (2 Cor. 5.21, NVI)
- Dos momentos en la muerte de Cristo sugieren lo que significo para Cristo llevar nuestros pecados. “Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó en oscuridad.” (Mat. 27.45, NVI)
- “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27.46, NVI)
No podemos comprender lo que significa que Cristo fue hecho pecado por nosotros. Recibió el castigo por los pecados de toda la humanidad.Cuatro palabras que describen los resultados de la muerte de Cristo por nosotros:
- Justificación: Declarados justos, no hay infracciones pendientes.
- Emancipación: Librados de esclavitud, ninguna fuerza ajena puede mantenernos en su poder.
- Expiación: Limpiados de la mancha del pecado, no hay impedimento a entrar en la presencia de Dios.
- Sustitución: Eximidos del castigo, nos espera no el infierno, sino un lugar en el hogar celestial.
De mi tristeza y esclavitud, vengo Jesús, vengo
Jesús.
A tu alegría y tu virtud, vengo Jesús a ti.
De mi pobreza y enfermedad, a tu salud y rica
bondad;
A tu presencia, de mi maldad, vengo Jesús a ti.
De mi flaqueza y esclavitud, vengo Jesús, vengo
Jesús.
Al eminente bien de tu cruz, vengo Jesús a ti.
Del sufrimiento que es terrenal, a mi médico
celestial;
Para ser libre de todo mal, vengo Jesús a ti.
De mi soberbia y ansiedad, vengo Jesús, vengo
Jesús.
Para morar en tu voluntad, vengo Jesús a ti.
De mi tristeza a tu gran amor, a lo del cielo
consolador;
Para por siempre darte loor, vengo Jesús a ti.
De ese terror que la tumba da, vengo Jesús, vengo
Jesús.
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