ROMANOS 1: I. Introducción (1:1-17)- PARTE V


 13a Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (y hasta ahora he sido impedido). 

La frase “no quiero, hermanos, que ignoréis” es una expresión frecuente en Pablo (11:25; 1 Cor. 10:1; 12:2; 2 Cor. 1:8; 1 Tes. 4:13). La usa cuando quiere transmitir información que se supone que los lectores desconocen, pero que él considera importante. El sentido es "quiero que sepáis". El apóstol usa el término "hermanos" con frecuencia (10 veces en Romanos), aunque es infrecuente en los demás libros del Nuevo Testamento. Es un término cristiano primitivo para designar a un miembro de la comunidad cristiana que tiene analogías tanto judías como paganas. Es una expresión que surge fácilmente cuando existen muchos contactos con la persona así mencionada. El uso para dirigirse a personas mayormente desconocidas habla del afecto que el apóstol sentía hacia todos los creyentes.

Ahora se especifica qué es lo que él quiere que sepan: “muchas veces me he propuesto ir a vosotros”. En el versículo 10 Pablo se había referido a un deseo de largo tiempo, el de verlos. Lo que dice ahora es que muchas veces (una expresión que indica que la iglesia de Roma existía desde hacía tiempo) este deseo se había traducido en planes más o menos específicos. La BLA traduce "con frecuencia he hecho planes"  y la BI, "he hecho muchos proyectos". El no haber tenido contacto con ellos hasta aquel momento no se debía ni a falta de interés ni a falta de proyectos.

  Pablo había sido “impedido” (NBE: "he encontrado obstáculos."). El término usado puede referirse a la obra de Satanás (1 Tes. 2:18) o a la obra del Espíritu Santo (Hech. 16:6). Indica la detención de la realización de una acción proyectada. Aquí Pablo no identifica qué es lo que le había impedido, pero circunstancias más allá de su dominio habían hecho imposible realizar sus proyectos de ir a verlos. Algunos comentaristas encuentran luz en 15:22-33; piensan que la preocupación por la obra en la zona donde el apóstol había estado trabajando no permitía realizar sus planes de ir a Roma. Quizá la referencia a ser bien encaminado por la voluntad de Dios para ir a verlos (1:10) indica que él no había recibido luz verde de Dios para llevar a cabo sus proyectos. Podemos entender que esto quiere decir que el Señor lo había empleado en asuntos más urgentes que él no podría haber descuidado sin hacer daño a la iglesia.

13b para tener algún fruto también entre vosotros, así como entre las demás naciones. Por tercera vez (1:11, 12) el apóstol se refiere a la finalidad de su visita, pero en cada ocasión varía la expresión. Aquí dice “para tener algún fruto también entre vosotros, así como entre las demás naciones”. Antes Pablo había hablado de un ministerio que produciría entre los romanos firmeza (1:11) y aliento (1:12). Ahora habla de un ministerio cuyo resultado será la cosecha de fruto. Como metáfora, fruto puede referirse al desarrollo de las virtudes de la vida cristiana (comp. Gal. 5:22) o a la labor evangelística (Mat. 9:37-38; Juan 4:35-38). En Filipenses 1:22 se usa para señalar los resultados del ministerio apostólico en forma general sin indicar si se trata de conversiones o de desarrollo en la fe de los que ya son convertidos. Este uso general parece ser el sentido aquí.

Lo indefinido de la expresión "algún fruto" puede deberse a cierta reserva y modestia al hablar de resultados en una congregación que no había sido fundada por él o puede reflejar su conciencia de que el fruto no lo produce él sino Dios (1 Cor. 3:6). "Entre las demás naciones" en este caso puede traducirse más precisamente "entre los demás gentiles" (Así lo traduce BLA; comp. 1:5.). Parece indicar el predominio del elemento gentil en la congregación de Roma (Véase la introducción.). Sin jactarse y sin mostrar actitudes indebidas, Pablo puede señalar que Dios siempre había confirmado su ministerio especial a los gentiles mediante resultados favorables y no hay razón para dudar de que ocurriría lo mismo en Roma.

14 Tanto a griegos como a bárbaros, tanto a sabios como a ignorantes soy deudor. A continuación Pablo indica que el deseo profundo de ir a Roma no responde solamente a un sentido interior particular de él, sino a una deuda con “griegos” y “bárbaros”, con “sabios” e “ignorantes”. Aparentemente tenemos aquí dos pares de expresiones, griegos/bárbaros y sabios/ignorantes, que abarcan al mundo gentil entero pero desde dos puntos de vista diferentes. Algunos piensan que los términos abarcan toda la humanidad, pero la conexión con el versículo anterior y la referencia a su ministerio entre los gentiles parecen fijar los límites de los términos y preparar el camino para la declaración del versículo 15. Recién en el versículo 16, Pablo pasa a referirse a toda la humanidad dividida en las categorías de judíos y griegos; pero allí el tema no es el ministerio de Pablo, el apóstol a los gentiles, sino la eficacia del mensaje del evangelio.

  El primer par de expresiones, griegos y bárbaros, divide el mundo gentil en base al factor lingüístico. La lengua griega había sido ampliamente difundida en el mundo mediterráneo y más allá de ese mundo. El koiné, el dialecto del griego en uso en la época, era la lengua franca del mundo greco-romano. Prueba de esto es el hecho de que Pablo, el judío de habla aramea, escribe una carta a creyentes en la capital del imperio, no en latín sino en griego. De modo que era conveniente dividir el mundo gentil, lingüísticamente, entre los que hablaban el griego y los que no lo hablaban. La palabra "bárbaros" abarcaba a estos últimos. Aparentemente el término es onomatopéyico; esto es, su sonido sugiere su significado. Nuestra palabra "bárbaro" preserva la forma de la voz griega. Para los griegos, los sonidos de las lenguas de la gente que no hablaba griego eran ininteligibles; era como si estuvieran diciendo "bar bar bar". Por lo tanto los llamaban "bárbaros".

El segundo par de expresiones, sabios e ignorantes, divide el mundo gentil de otra manera y no es tan claro el sentido de los dos términos. Para algunos la distinción es cultural y contrasta a los que tienen educación y los beneficios de la cultura, los sabios, con otros que no han recibido una preparación formal, los ignorantes. Otros, aunque no rechazan estos sentidos, sugieren que los términos deben abarcar un significado ético e indicar a los que tienen discernimiento moral, los sabios, y los que no poseen este discernimiento, los ignorantes (comp. el uso del segundo término en Gal. 3:1, 9; l Tim. 6:9; Tito 3:3).

Pablo dice que es deudor a toda esta gente. El apóstol emplea el concepto de deuda en varias ocasiones (8:12; 15:27; Gal. 5:3). Aparentemente lo que quiere decir aquí es que su comisión como apóstol de los gentiles le ponía bajo obligación con todos ellos. Para cualquier creyente el acto de recibir el evangelio implica aceptar el deber de compartirlo. En otro contexto Pablo dice que la muerte de Cristo por nosotros nos deja bajo obligación con él (2 Cor. 5:14-15); y podemos agregar que nos deja bajo obligación con todos aquellos por quienes él murió. De modo que Pablo es deudor a todos los gentiles, no solamente a los que hablaban un idioma que el podía entender (el griego), ni solamente a los que compartían con él el aprecio por la educación y la cultura, ni solamente a los que por su discernimiento moral estaban preparados para escuchar el evangelio. Su deuda abarcaba todo el mundo gentil y su misión a Roma se explica por este sentido de obligación.

15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy para anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. El versículo 15 concluye muy apropiadamente el párrafo referido a la oración de Pablo por los romanos (1:8-15).  Precisamente por la deuda que él tiene para con todos los gentiles está listo para anunciar el evangelio a los romanos. Los impedimentos a predicar en Roma, sean cuales fueren, no se debían a ninguna falta de disposición de él para hacerlo. En la medida en que el apóstol tenía dominio de las circunstancias que afectaban su vida, él estaba ansioso (así BLA; "tan ansioso," DHH) para ir a Roma. 

El propósito será anunciarles el evangelio. Hablar de anunciar el evangelio a lectores que son creyentes puede parecer inapropiado. De hecho, algunos intérpretes han sugerido que lo que Pablo quiere decir es que explicará su punto de vista con respecto al evangelio. Parece mejor entender la palabra en el sentido normal. Lo que el apóstol quiere es anunciar el evangelio en medio de ellos, en sus reuniones. Ellos escucharán; pero el propósito es alcanzar a los no creyentes con el mensaje. Por supuesto, anunciar el evangelio confirma (1:11) y anima (1:12) a los creyentes. No obstante, su fin principal es lograr que personas que no lo conocen se entreguen a Cristo. Es típico de Pablo subrayar la proclamación del evangelio. Lo que es primordial para él es alcanzar a los que no han escuchado, ir a donde Cristo no es nombrado, ser el primero en poner bases (15:20).

C. Tema (1:16-17)

En Romanos Pablo incluye la más clara definición de tema que se encuentra en cualquiera de sus epístolas. Los versículos 16 y 17 tienen una importancia que no guarda relación con su extensión. Nos dan la tesis de la epístola; expresan en forma concisa lo que Dios ha hecho para lograr la salvación del hombre. Representan un resumen de la teología paulina como un todo. En los dos versículos Pablo (1) afirma su compromiso con el evangelio; (2) lo identifica como el poder de Dios para salvar; (3) dice que es la revelación de la justicia de Dios; y (4) cita el libro de Habacuc para demostrar que es el camino de salvación anticipado por los profetas desde tiempos antiguos.    

16a Porque no me avergüenzo del evangelio. El apóstol acaba de indicar que él está deseoso de anunciar el evangelio en Roma. La primera frase del versículo 16 indica el motivo de esta actitud: “no me avergüenzo del evangelio”. Esta declaración puede sorprendernos. F. F. Bruce considera que la expresión es un ejemplo de una figura retórica (lítote) que consiste en decir menos de lo que se quiere expresar. Lo que quería decir es que se gloriaba en el evangelio (5:2, 11; 2 Cor. 10:17; Gal 6:14; Fil. 3:7) y consideraba el proclamarlo un alto privilegio. No obstante, no todos compartían su criterio. A. M. Hunter dice, "El evangelio de un carpintero crucificado en las calles de la Roma imperial ¿No es una idea tan incongruente como para que uno se avergüence de tal proyecto?". El comentario de Crisóstomo citado por Morris en una nota es pertinente. "Pablo iba a Roma a predicar a Jesús, tenido por hijo del carpintero, criado en Judea y en la casa de una mujer mala, sin custodia militar y sin el entorno de riqueza. Aun peor, murió como criminal entre ladrones y sufrió muchas otras vergüenzas." Todas estas cosas podían provocar vergüenza en otros, pero no lo hacían en el apóstol. En cambio, él estaba orgulloso del evangelio.

16b pues es poder de Dios para salvación. No se avergüenza del evangelio porque “es poder de Dios para salvación”. Pablo se ha referido al evangelio en términos de su contenido y de su relación con el Hijo y con el Padre. Aquí lo menciona con referencia a su eficacia. El apóstol ha experimentado el efecto del evangelio en su propia vida y ha visto su efecto en la vida de otros. Por eso, puede describirlo en términos de poder. Es frecuente la asociación del evangelio con poder en los escritos paulinos (15:19; 1 Cor. 1:18, 24; 2:5; comp. 2 Cor. 13:4; Ef. 3:20; Col. 1:11; 2 Tim. 1:7).

El apóstol no dice que el evangelio contiene poder u ofrece poder, sino que es poder. La transmisión del evangelio no es la mera transmisión de palabras. En la entrega del mensaje se pone en operación un poder que es de Dios. Lutero sugiere que no es el poder mediante el cual Dios es poderoso en sí mismo, sino el poder mediante el cual él hace que los hombres sean poderosos y fuertes. La comunicación del hecho de la encarnación con la interpretación correspondiente es un acontecimiento dinámico que hace impacto en la vida de los receptores. Cada vez que se anuncia el evangelio, el poder de Dios se hace efectivo. Cuando el evangelio es predicado, no se trata solamente de una palabra que se pronuncia sino de algo que acontece.

El evangelio es poder de Dios pero no es poder de Dios sin rumbo. Tiene una finalidad específica. Es “para salvación”. La idea expresada por la palabra traducida salvación es la eliminación de peligros que amenazan la vida y la consecuente creación de condiciones favorables con los beneficios resultantes. En los escritos paulinos el término, tanto en su forma verbal como de sustantivo, se refiere solamente a la relación del hombre con Dios. En su uso previo había llegado a abarcar toda la gama de bendiciones asociadas con la venida del Mesías. Incluía el aspecto negativo de liberación de la ira bajo la cual se encuentra todo el mundo (1:18-32); incluía también el aspecto positivo de la vida eterna y todo lo que esto implica.

El término significa todas las bendiciones que solamente Dios puede dar en respuesta a la necesidad y los anhelos más profundos del hombre. Es el término más general para hablar de la obra de Dios a favor del hombre; los demás términos, perdón, justificación, reconciliación, etc., indican aspectos de la salvación. En su aspecto positivo trae una rica variedad de bendiciones de Dios (5:10-11; 1 Cor. 1:18; Ef. 2:13, etc.). En su aspecto negativo indica, entre otras cosas, salvación de la ira (5:9), de la hostilidad de Dios (5:10), de la enajenación de Dios (Ef. 2:12) y del yugo de la esclavitud (Gal. 5:1). 

Característicamente Pablo habla de la salvación en tiempo futuro (13:11; 2 Cor. 5:5; 2 Tim. 4:8); pero puede usar el tiempo pasado para referirse al concepto (8:24; Ef. 2:5), pues el acto decisivo mediante el cual se logró la salvación ya ha ocurrido. También se refiere a la salvación en el tiempo presente (1 Cor. 1:18; 2 Cor. 2:15) para señalar el proceso que continua. 

Lo que Pablo está diciendo aquí, entonces, es que el evangelio es el poder efectivo de Dios activo en el mundo de los hombres para lograr la liberación de su ira en el juicio final y la restauración a la gloria de Dios que había sido perdida mediante el pecado. Es una salvación escatalógica cuyo esplendor ya está reflejado en el presente de aquellos que la comparten.

16c a todo aquel que cree. La respuesta adecuada al mensaje es fe. Se trata de fe en el mensaje, fe en Jesucristo quien es su contenido y fe en Dios que ha actuado en Cristo y de quien es el poder. Es importante entender el sentido correcto de fe en relación con la salvación. No es una condición para recibir la salvación, sino el medio por el cual se transmite. No debe considerarse como una actitud subjetiva previa al evangelio que algunos hombres tienen y otros no. La fe surge solamente mediante la predicación del evangelio; el evangelio es previo a la fe y despierta la fe. Tampoco debe considerarse como una contribución de parte del hombre a su salvación, como un mérito a cambio del cual Dios concede la salvación. La salvación es siempre obra de Dios y no del hombre. 

Fe es aquella apertura hacia el evangelio que Dios mismo provoca, es la respuesta humana de sumisión al juicio y a la misericordia de Dios que él produce en el corazón. No obstante, la fe que Dios despierta es verdaderamente la decisión propia del hombre. Es más verdadera y plenamente resolución de él que cualquier otra decisión que haya tomado porque resulta de la restauración de la libertad de decisión que Dios le había dado, la restauración de la libertad para obedecer a Dios.     

Al decir "a todo aquel que cree" hay un énfasis en la universalidad de la salvación. Se ofrece sin excepción y sin distinción, un pensamiento que aparecerá una y otra vez en la carta (1:5; 3:9, 12, 19, 20, 23; 4:16; 5:12, 18; 8:32; 10:4, 11, 12, 13; 11:32; 15:11).

16d al judío primero y también al griego. La universalidad del evangelio es ahora subrayada mediante la frase “al judío primero y también al griego”. Los dos términos abarcan la totalidad de la raza humana. El evangelio es para todos. No se limita a ciertos grupos étnicos, ciertas culturas, ciertos trasfondos religiosos o ciertas naciones. Pero quizá sorprende la palabra "primero". No aparece en unos pocos manuscritos, una omisión que puede reflejar el prejuicio de Marción, el hereje gnóstic del siglo II, contra los judíos. Algunos intérpretes modernos han querido interpretar la referencia de manera tal de eliminar la vigencia de una prioridad actual de los judíos. Se ha sugerido que la prioridad de los judíos no está vigente ahora a la luz de Gálatas 3:28 que afirma que "ya no hay judío ni griego". No obstante estos intentos de evitar el sentido claro de la palabra, es probable que se deba reconocer que de alguna manera la palabra está asignando una prioridad a los judíos en el acceso al evangelio. Comentaristas recientes reconocen que no es posible limitar el sentido del término al hecho de que históricamente el mensaje de Dios llegó primero a los judíos. A la luz de la declaración de que "los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables" (11:29) es necesario insistir tanto en el hecho de que no hay diferencia (3:22; 10:12) como en el de la prioridad de los judíos. Esto es cierto a pesar de que en el momento en que Pablo escribía Israel experimentaba un endurecimiento mientras los gentiles respondían (11:25). El apóstol predicaba a los gentiles para provocar respuesta en los judíos (11:14).

17a Porque en él la justicia de Dios se revela. A continuación el apóstol expone la razón de lo que acaba de afirmar: “Porque en él la justicia de Dios se revel”. El evangelio es poder de Dios para salvación porque "en el", esto es, en el evangelio, se manifiesta la justicia de Dios. Se debe entender que la revelación de la justicia de Dios ocurre en la proclamación del evangelio que presupone la revelación previa en los eventos de la vida, muerte y resurrección de Cristo. La frase "la justicia de Dios" es central en la epístola y crucial en la comprensión de la teología paulina, pero su interpretación ha sido tema de mucha discusión. Aparece ocho veces en la carta (1:17; 3:5, 21, 22, 25, 26; 10:3 (dos veces), dos veces en las demás cartas de Pablo (2 Cor. 5:21; Fil. 3:9) y tres veces en el resto del Nuevo Testamento (Mat. 6:33; Stg. 1:20; 2 Ped. 1:1). La palabra justicia es especialmente característica de Romanos donde aparece treinta y tres veces.

El problema de la interpretación gira en torno a dos aspectos de la frase. El primero es el sentido de la palabra justicia. Para los griegos, como para nosotros hoy, la justicia era una virtud ética, pero para los hebreos la palabra designaba una condición legal, estar en una relación correcta con otro en el sentido jurídico. El justo era aquel que recibía un veredicto favorable al presentarse ante el juez. Sin embargo, en el uso, como ilustran pasajes de Isaías (comp. 45:8; 51:5; 62:1), la palabra llegó a emplearse en construcciones paralelas con el término hebreo que significa salvación. Los intérpretes discuten si el término se refiere a (1) una cualidad que Dios posee, (2) a un estado que él otorga al hombre en base a la fe, o (3) a una actividad redentora a favor del hombre para lograr su salvación.

El segundo aspecto del texto que ha sido tema de discusión es la frase "de Dios". ¿Cómo se debe entender la relación de Dios con la justicia? (1) ¿Es algo que el posee, que lo caracteriza en su actuar (sentido 1 del párrafo anterior)? (2) ¿Es algo que tiene su origen en Dios, que procede de él (sentido 2 del párrafo anterior)? (3) ¿Es algo que Dios realiza, del cual él es agente (sentido 3 de arriba)? Después de examinar las alternativas, comentaristas recientes concluyen que se debe optar por el sentido de una justicia que procede de Dios, una relación correcta con Dios que él otorga. Pasajes como 3:21 y 22 y 10:3 aparentemente requieren esta interpretación. Es claro que Dios es justo en lo que hace y Pablo se ocupará de este tema. Es también cierto que en el acto de otorgar su justicia Dios interviene para salvar al hombre en el sentido pleno del término. Pero esencialmente la frase parece tener que ver con la justicia que Dios concede al hombre libremente en base a su fe, una relación correcta con el soberano juez del universo.

La justicia de Dios es revelada. No es algo que los hombres saben naturalmente o pueden descubrir por cuenta propia. Dios tuvo que manifestarla o el hombre no habría tenido la posibilidad de conocerla. El la revela mediante el evangelio. El tema de la manifestación de la justicia de Dios se desarrollará recién a partir de 3:21 donde el apóstol señalará su relación específica con los acontecimientos asociados con la muerte de Cristo.

17b por fe y para fe. La justicia de Dios se revela “por fe y para fe”. Traducida literalmente esta frase "de fe para fe" y su interpretación ha sido tema de discusión. Algunos han entendido que se refiere al proceso del evangelio de extenderse desde la fe de uno para despertar fe en los inconversos. Otros entienden que se refiere al crecimiento en la fe (comp. BC y BJ, "de fe en fe" y BI, "por medio de una fe en continuo crecimiento") o a la fe como la base y la meta de la salvación. También se ha sugerido que la palabra traducida "fe" debe tener acepciones diferentes en la frase. La primera vez que aparece significa "fidelidad" y la segunda vez "fe". A partir de la fidelidad de Dios la justicia se revela a la fe del hombre. Lo más probable es que la repetición de la palabra con diferentes preposiciones simplemente sea una técnica retórica para subrayar la importancia de la fe. Es "por fe y solamente por fe" (DHH); es "única y exclusivamente por la fe" (NBE).    

Para Pablo fe es la actitud de la persona que reconoce su total insuficiencia para lograr los fines más importantes de la vida y que depende totalmente de la suficiencia de Dios; es la disposición del que deja de esforzarse para alcanzar la justicia y hace lugar para la iniciativa divina. Fe es un acto que es la negación de toda actividad humana para resolver el problema de la relación del hombre con Dios.

17c como está escrito: Pero el justo vivirá por la fe. Pablo termina el párrafo en que ha expuesto el tema de la carta con una cita del Antiguo Testamento: “Pero el justo vivirá por la fe”. La cita es de Habacuc 3:4 (también citada en Gal 3:11 y Heb. 10:38) y se introduce con la frase característica "como está escrito". La interpretación tradicional del texto es la que ofrece la traducción de RVA; el significado es que el justo vive mediante su fe. Muchos intérpretes recientes traducen: "El justo por la fe vivirá" (así DHH; comp. BI, NBE y, por supuesto, RV). Relacionan "por la fe" no con el verbo "vivir" sino con el sustantivo "el justo". La frase "por la fe" no describe la manera en que el justo vive, sino la manera en que él ha sido justificado. Es el justo por la fe que vivirá, que se salvará.

El significado del texto en Habacuc y factores gramaticales del griego favorecen la interpretación reflejada en RVA, "el justo vivirá por la fe". Pero hay otros argumentos que favorecen la traducción "el justo por la fe vivirá." Primero, el contexto inmediato parece favorecerla. Pablo está hablando de una salvación para el que cree y de la justicia que se revela "por fe y para fe". Cita al profeta para apoyar su argumento. No está hablando de cómo el hombre de Dios vive sino de cómo se salva, por fe. Segundo, la estructura general de la epístola parece favorecerla. En 1:18-4:25 Pablo expone el significado de "el justo por la fe" mientras que en 5:1-8:39 expone el significado de “vivirá”. Para confirmar esto se ha señalado el uso de los términos característicos. En capítulos 1 al 4 la palabra "fe" y el verbo correspondiente traducido "creer" aparecen treinta y cuatro veces y las palabras "vida" y "vivir" aparecen una sola vez cada una. En los capítulos 5 al 8 "fe" y "creer" aparecen un total de tres veces mientras "vida" y "vivir" aparecen 24 veces. Tercero, el énfasis repetido de Pablo en la carta es que uno puede ser justo solamente por la fe (3:20, 22, 24, 28; 4:2-3, 13; 5:1; 9:30; 10:6). No hay un énfasis semejante en el hecho de que el justo vive por su fe.      

El orden de las palabras que favorece la otra interpretación se determina por su orden en la cita de Habacuc, pero parece claro que el énfasis está en el lugar esencial de la fe. La justicia revelada en el evangelio es la posesión del hombre de fe. Morris resume el sentido así: "Pablo está hablando de la manera en que una persona llega a ser justo, eso es, por fe, y asegurándonos que es aquel que ha sido hecho justo de esta manera que vivirá".


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