Romanos 1 Necesidad de la revelación de la justicia de Dios (1:18-3:20) PARTE II
La sección se divide en dos partes: (1) el hombre sin excusa delante de Dios (1:18-23); (2) el hombre pecador entregado a las consecuencias de su pecado (1:24-32).
1. Sin Excusa (1:18-23)
18a Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres. Pablo empieza el cuerpo de la carta señalando por qué es necesario el evangelio. Es necesario porque la ira de Dios está manifestándose contra la impiedad e injusticia de los hombres. El presupuesto subyacente a la tesis de la carta expresada en 1:16 y 17 es que el hombre no está en la relación adecuada con Dios y sin la revelación de la justicia de Dios en el evangelio está sujeto a las consecuencias que este estado trae.
La expresión "la ira de Dios" aparece solamente aquí en Romanos, pero la palabra "ira" aparece 12 veces más en la carta (2:5, dos veces, 8; 3:5; 4:15; 5:9; 9:22, dos veces; 12:19; 13:4, 5) y en todos los casos se refiere aparentemente a la ira divina. Para el lector moderno asociar la idea de ira con Dios parece inapropiado. De hecho, algunos han intentado interpretar el concepto de tal manera que representa el efecto inevitable de leyes naturales más bien que una reacción de Dios. Nuestra resistencia a asociar ira con Dios se debe al hecho de que en el hombre es una emoción comúnmente asociada con la pérdida del dominio propio que resulta en actos caprichosos. Se expresa normalmente por motivos egoístas. Si ésta es la definición de ira, entonces es inapropiado atribuirla a Dios. Sin embargo, aun en el hombre la ira es una emoción noble cuando representa su indignación por el mal que existe en la sociedad.
Cuando el apóstol habla de la ira de Dios, está señalando que Dios no es pasivo en relación con el pecado. El término indica la oposición firme y efectiva de Dios hacia el mal. Más que emoción, la ira es una actividad divina, la resistencia de Dios al pecado. A veces se ha pensado que la ira de Dios se opone a su amor. Pero bien se ha dicho que Dios no podría amar el bien si no odiara el mal; las dos actitudes son tan inseparables que debe tener los dos sentimientos o ninguno de los dos. De modo que la ira de Dios es la otra cara de su amor porque es su oposición resuelta y activa hacia todo lo que es malo, todo lo que hace daño, todo lo que destruye, todo lo que priva al hombre de ser lo que Dios quiere que sea.
Dice nuestro texto que la ira "se manifiesta". En este caso es preferible la traducción de RV que dice "se revela" porque el verbo es el mismo que aparece en 1:17 al hablar de la revelación de la justicia de Dios. El tiempo es presente en los dos casos. Tanto la justicia de Dios como la ira de Dios están en proceso de ser reveladas ahora. La revelación actual de la ira de Dios no agota su manifestación ya que Pablo puede hablar de "el día de la ira" (2:5). De modo que la revelación presente es simplemente un anticipo de la manifestación plena en el día del juicio. Las palabras "desde el cielo" constituyen una manera reverente de referirse a Dios (comp. Lucas 15:7, 10).
Algunos comentaristas interpretan que Pablo, al usar aquí la misma palabra para hablar de la revelación de la ira de Dios que usó en el versículo anterior para hablar de la revelación de la justicia de Dios, está asociando directamente las dos revelaciones. Piensan que se debe entender que la revelación de la ira ocurre también en el evangelio, esto es, en la proclamación del mensaje evangélico, y no solamente en las consecuencias del pecado que los hombres experimentan en la historia. Las dos revelaciones son dos aspectos de un mismo proceso. En el evangelio la misericordia divina y el juicio divino son inseparables.
De hecho, la revelación plena de la ira de Dios no se ve en las consecuencias desastrosas del pecado en la vida de los hombres, sino en los acontecimientos de Getsemaní y Gólgota. Esta interpretación del versículo 18 hace que la sección abarcada por 1:18 a 3:20 tenga una relación mucho más directa con la declaración del tema en 1:16-17 y con el desarrollo de la manifestación de la justicia de Dios en la historia a partir de 3:21.
La revelación de la ira de Dios es “contra toda impiedad e injusticia de los hombres”. Esta frase identifica el objeto contra el cual está dirigida la ira de Dios. No es, entonces, la expresión de una furia indiscriminada y no controlada, sino la resistencia del Dios santo y misericordioso a la impiedad e injusticia de los hombres. Propiamente dicho, "impiedad" debe referirse a pecados contra Dios, e "injusticia" a pecados contra los hombres. Por lo tanto, algunos intérpretes han encontrado en el primer término una referencia a los primeros cuatro de los diez mandamientos, y en el segundo una referencia a los últimos seis.
Sin embargo, el consenso de los comentaristas es que no es posible distinguir tan cuidadosamente entre los términos en este caso. El uso de las dos palabras debe tener la intención de abarcar al pecado en una gama más amplia que la que uno solo de los términos puede hacer. Se ha sugerido que el primero caracteriza el pecado como una afrenta a la majestad de Dios, y el segundo como una trasgresión a su orden justo. El adjetivo "toda" es significativo. La ira de Dios es contra todo mal; no hay excepciones; ningún pecado se pasa por alto.
18b que con injusticia detienen la verdad. Los pecadores se describen como los “que con injusticia detienen la verdad”. El significado del verbo traducido "detienen" es "suprimir". En este caso debe describir un intento de suprimir la verdad porque, de hecho, los hombres no la pueden reprimir. Aquí "la verdad" debe referirse a la verdad accesible a todos los hombres, no a lo que Dios ha revelado a través de Jesucristo. El pecado es siempre un asalto a la verdad, un intento de enterrarla, de borrarla de la memoria; pero no es más que un intento siempre condenado a fracasar
19a Porque lo que de Dios se conoce es evidente entre ellos. El argumento sigue en una cadena lógica como indica la conjunción “porque” con que se introduce el versículo. El 19 provee la razón de lo dicho en el 18; o la razón de la revelación de la ira de Dios (18a) o la razón porque los hombres pueden caracterizarse como "los que con injusticia detienen la verdad" (18b). Sea cual fuere la relación específica, no afecta mayormente la interpretación del versículo. El apóstol dice que “lo que de Dios se conoce es evidente entre ellos”. El término traducido "lo que se conoce" puede significar "lo que se puede conocer", y el consenso de los comentaristas y de las versiones (por ejemplo, DHH, NBE, BJ, BI, LPD) es que esta traducción es preferible. Parece evidente que en este contexto se trata de lo que es posible saber acerca de Dios en base a la observación del orden creado.
Dice Pablo que lo que se puede conocer de Dios por medios comunes a todos los hombres "es evidente entre ellos". La frase "entre ellos" puede significar “en medio de ellos” o "en ellos", esto es, dentro de cada uno. En 2:14-15 Pablo hablará de una revelación dentro del ser humano. No obstante, aquí parece que el énfasis está en la revelación en la creación que es de dominio común entre los hombres más bien que una revelación en el corazón y la mente de cada hombre. Esta revelación es "manifiesta" (RV), "patente" (LPD); la "tienen a la vista" (NBE); el énfasis está en la claridad y accesibilidad de la revelación.
19b pues Dios hizo que fuese evidente. La última frase del versículo indica porque es posible afirmar que la revelación es evidente: “pues Dios hizo que fuese evidente”. Aquí es preferible por su claridad y precisión la traducción de RV: "Dios se lo manifestó". La revelación no es un descubrimiento del hombre que él logra después de un gran esfuerzo, sino algo que Dios mismo ha transmitido al hombre. Se ha hablado de una revelación general o natural en contraste con la revelación especial en los acontecimientos registrados en las Escrituras. Pero no hay base aquí para pensar en una revelación que es producto de los esfuerzos del hombre sin la ayuda de Dios. Dios puede ser conocido solamente en la medida en que él decide darse a conocer. La iniciativa es siempre suya.
20a Porque lo invisible de él--su eterno poder y deidad--se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas. La expresión "lo invisible de él”, literalmente "las cosas invisibles de él", son sus atributos invisibles como aclara la frase parentética que sigue. Varios pasajes del Nuevo Testamento declaran que una de las características de Dios es el hecho de que él es invisible (Juan 1:18; Col. 1:15; 1 Tim. 1:17; Heb. 11:27). En relación con sus atributos invisibles se mencionan explícitamente su "poder y deidad". El primer término es un atributo de Dios que se menciona una y otra vez en las Escrituras. Tan característico es de Dios que llega a ser prácticamente un sinónimo de Dios mismo (véase Mat. 26:64; Mar. 14:62).
El segundo término, "deidad", aparece solamente aquí en el Nuevo Testamento (un sinónimo de la misma raíz aparece en Col. 2:29). La palabra designa la naturaleza de Dios, lo que es propio de él. El término “poder" identifica un atributo específico de Dios; "deidad" abarca en forma resumida los demás atributos que lo caracterizan. El adjetivo traducido "eterno" es una expresión que aparece solamente aquí y en Judas 6, texto que se refiere a las "prisiones eternas" donde se guardan los ángeles caídos. Califica los términos poder y deidad como atributos que han caracterizado a Dios siempre; no son atributos adquiridos.
Dice Pablo que "lo invisible de él . . . se deja ver". Es claro que lo invisible no se puede ver. De modo que hay cierta contradicción lógica en la expresión formal de la oración. No obstante, el sentido es claro. Pablo mantiene que ciertas cualidades invisibles de Dios dan evidencia de su existencia en algo que se puede ver, esto es, "en las cosas creadas", el universo. Por sus sentidos el hombre percibe la creación; la reflexión sobre lo que tiene a la vista debe llevarlo a la comprensión de ciertas cosas acerca de Dios. Esta evidencia de la realidad y carácter de Dios ha existido "desde la creación del mundo". Esta revelación de sí mismo que Dios ha hecho en el orden creado ha existido desde el momento en que él creó el universo.
El argumento que afirma que el carácter del Creador se demuestra en la creación es tan antiguo como los Salmos, Job e Isaías (Sal. 19:1; 94:9; 143:5; Isa. 42:5; 45:18; Job 12:9; 26:14; 36:24). Es el argumento que declara que la existencia del reloj presupone la existencia del relojero y dice algo con respecto a su persona.
20b de modo que no tienen excusa. A la luz de lo expuesto en los versículos 19 y 20, Pablo ahora puede afirmar que los hombres “no tienen excusa”. Esta frase es crucial para una comprensión correcta de lo que Pablo está diciendo en estos versículos. Algunos entienden que Pablo aquí habla de una revelación que Dios ha hecho de sí mismo a todos los hombres y que los puede llevar a la salvación si la siguen. Sería otro camino de salvación además de la que Dios ha dado mediante sus actos redentores registrados en la Biblia.
Pero esta frase indica que su intención es simplemente demostrar que los hombres no tienen excusa por encontrarse en la situación en donde están y ser objetos de la ira de Dios. Una revelación verdadera de Dios ha ocurrido en la creación y está constantemente accesible al hombre. Los hombres deberían haber respondido, pero no lo han hecho. En cambio, han tratado de suprimir en su injusticia esta verdad accesible a ellos. Dios puede correctamente manifestar su ira contra los hombres porque, aunque no han tenido la ventaja de escuchar el evangelio, han rechazado el conocimiento elemental de Dios disponible a ellos. No tienen defensa ante la amenaza de la ira de Dios.
21a Porque habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias. El apóstol ha demostrado que hay una revelación de Dios accesible a todos los hombres. Ahora demostrará que los hombres no han aprovechado esta revelación, sino que en desobediencia han seguido sus propios caminos y esta decisión les ha afectado de varias maneras que él señala en 1:21-23. Por cuarta vez en este párrafo Pablo se refiere a la revelación de sí mismo que Dios ha hecho. Pero, al decir que los hombres han "conocido a Dios", enfatiza el resultado efectivo de la revelación. Con respecto a esto el comentarista C. E. B. Cranfield dice:
De hecho, han experimentado a Dios; han experimentado su sabiduría, poder y generosidad en todo momento de su existencia, aunque no lo han reconocido. Es por él que sus vidas han sido sostenidas, enriquecidas, cercadas. En este sentido limitado lo han conocido durante toda su vida.
La reacción apropiada frente a este conocimiento habría sido glorificar a Dios, esto es, reconocerlo por lo que el es. El verbo aparece 5 veces en la epístola. Una vez se usa para referirse a la glorificación por Pablo de su ministerio entre los gentiles (11:13), una vez con Dios como el sujeto y el hombre como el objeto (8:30), y tres veces como aquí (Véase 15:6 y 9.) con el hombre como sujeto y Dios como objeto. Un elemento específico de esta glorificación de Dios que menciona Pablo es la gratitud. Los hombres deberían haber reconocido que la creación da testimonio amplio de la bondad y la generosidad de Dios. Sin embargo, los hombres no han glorificado a Dios y no le han dado gracias.
21b Más bien se hicieron vanos en sus razonamientos y su insensato corazón fue entenebrecido. El no reconocer a Dios por lo que él es lleva inevitablemente a una serie de efectos en el hombre que Pablo va a describir. En primer lugar, el proceso reflexivo del hombre pierde su eficacia; se hace inútil, sin sentido. Toda la reflexión del hombre sufre de la falla fatal de no reconocer a Dios. El hombre pierde contacto con la realidad. En segundo lugar, “su insensato corazón fue entenebrecido”. El término “corazón” designa la vida interior del hombre incluyendo los sentimientos (9:2; 10:1), la voluntad (1 Cor. 4:5; 7:37) y la mente (10:6, 8). Pero al hablar de "su corazón insensato", Pablo debe estar pensando particularmente en la facultad racional sin excluir del cuadro los otros aspectos. La referencia al hecho de que su corazón “fue entenebrecido” enfatiza la confusión existente en la vida interior. La persona sin Dios vive como el ciego que anda a tientas. La falta de tomar a Dios en cuenta siempre resulta en una existencia en la oscuridad a pesar de lo que los secularistas puedan decir acerca de la mente iluminada del hombre moderno.
22 Profesando ser sabios se hicieron fatuos. Este es el tercer efecto del rechazo de Dios. El versículo subraya el contraste entre la pretensión humana y los hechos. El ser humano sin Dios no reconoce la realidad de su situación. La palabra traducida "profesando" significa "afirmar", de modo que la traducción de RVA representa bien su sentido normal. Sin embargo, en este contexto donde se trata de afirmar o pretender "ser sabios" se puede justificar la traducción "alardeando" (BC, BI; comp. LPD) o "jactándose" (BJ). Estos que se jactaban de su gran sabiduría se convirtieron en unos “tontos” (DHH). Por supuesto, el problema no es falta de capacidad intelectual, sino de percepción de la realidad. ¡Qué gran diferencia hay entre lo que el hombre pretende ser y lo que realmente es!
23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen a la semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Este es el cuarto y culminante efecto de haber rechazado a Dios. Esta frase refleja el lenguaje usado en la LXX en Salmo 106:20 y Jeremías 2:11. La gloria de Dios es la manifestación de su majestad. En este contexto debe referirse a la manifestación que Dios ha hecho de sí mismo en la creación, mencionada en los versículos 19 y 20. Cambiar la gloria de Dios por una imagen es, en realidad, aceptar la imagen en lugar de Dios. El es incorruptible, esto es, no experimenta el deterioro que es inevitablemente parte de la existencia física, pero que es incompatible con su gloria.
Han cambiado a Dios por imágenes de lo que Dios ha creado. La frase "una imagen a la semejanza de . . ." traduce lo que en el texto griego es literalmente "en semejanza de imagen de . . ." La repetición en la misma frase de dos sinónimos (semejanza, imagen) da énfasis a la falta de realidad. Cambiaron la realidad maravillosa, la gloria de Dios, por nada más que una imitación de algo que Dios había creado. Los hombres deberían haber adorado al Dios incorruptible, pero en lugar de esto adoraron, no al hombre corruptible, sino a su imagen. Lamentablemente la insensatez no termina ahí. A la imagen del hombre, los idólatras agregaron las "de aves" (práctica especialmente característica de Egipto), "de cuadrúpedos" (comp. Sal. 106:20) y "de reptiles" (para la idea general comp. Deut. 4:16-18; Jer. 2:11).
El énfasis está en lo insensato de la idolatría, algo claramente señalado en pasajes como Isaías 40:19-20; 44:9-20; y Salmo 106:19-20. La creación debe hablar al hombre del Creador y debe demostrarle la necesidad que tiene de depender de él. No obstante, en lugar de rendir culto al Creador, el hombre rinde culto a lo creado. El hombre es incurablemente religioso; o adorará al Dios verdadero o fabricará sus propios dioses para adorar aunque sean pobres imitaciones de lo creado. El hombre rechaza la revelación que Dios ha hecho de sí mismo para seguir sus propios caminos.
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