ROMANOS 2 B. El pecado y la culpabilidad en el mundo judío (2:1-3:8)(PARTE V)
4. Lo que es ser judío (2:25-29)
Hasta este punto Pablo ha hablado de los privilegios de la ley en términos generales. Ahora señala una provisión de la ley que era la señal de la admisión a los beneficios del pacto, la circuncisión.
25 Porque la circuncisión aprovecha en verdad, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión ha llegado a ser incircuncisión. Para un judío era impensable que un hombre correctamente circuncidado no lograra la salvación. Se creía que Abraham estaría a la puerta del infierno para evitar que cualquier judío circuncidado entrara allí. Pablo corrige esta actitud equivocada. La circuncisión es útil solamente si es señal de observar la ley. Para el apóstol practicar la ley no era asunto de observar algunos reglamentos sino de cumplir con aquella relación de fe en Dios que la ley apuntaba (3:31; 10:6sgs.). Sin esta relación con Dios, la circuncisión del judío se convertía en incircuncisión.
26 De manera que, si el incircunciso cumple los justos preceptos de la ley, ¿su incircuncisión no será considerada como circuncisión? Pablo presenta la otra cara de la moneda. La respuesta anticipada para la pregunta retórica es "sí, será considerada como circuncisión". Al hablar del cumplimiento de "los justos preceptos de la ley", Pablo aparentemente se refiere a las evidencias o el fruto de una fe salvadora. Parece claro que él está hablando de creyentes gentiles (comp. 2:7-10 y el comentario respectivo).
27 El que físicamente es incircunciso pero guarda completamente la ley, te juzgará a ti, que con la letra y con la circuncisión eres transgresor de la ley. El apóstol expone implicaciones de lo que acaba de decir. El gentil incircunciso cumplidor de la ley trasgresor de la ley se convierte en juez del judío circunciso trasgresor de la ley. La referencia es a creyentes gentiles que confían en Dios y lo obedecen sin haber sido circuncidados y sin haber tenido la ley escrita como la tenían los judíos. En el juicio final estos gentiles constituirán evidencia en contra de los judíos de lo que ellos deberían haber sido y de lo que podrían haber sido. En este sentido el gentil "juzgará" al judío.
28 Porque no es judío el que lo es en lo visible, ni es la circuncisión la visible en la carne. Los términos "judío" y "circuncisión" requieren nuevas definiciones y Pablo suple estas definiciones en sentido negativo en el versículo 28 y en sentido positivo en el versículo 29. La gramática del griego es difícil, pero el sentido es claro. Ser judío es más que cumplir con ciertos preceptos superficiales que pueden ser observados por otros. La circuncisión genuina no es la operación física que deja una señal visible.
29a sino más bien es judío el que lo es en lo íntimo, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no en la letra. Ser judío no depende en última instancia de evidencias observables, sino de la condición del ser interior de la persona. La circuncisión genuina "es la del corazón", una expresión del Antiguo Testamento (Lev. 26:41; Deut. 10:16; 30:6; Jer. 4:4; 9:26) que se refiere a la actitud interior adecuada exigida por Dios para que el hombre pueda gozar de una buena relación con él.
La circuncisión verdadera es la que se efectúa "en espíritu y no en la letra". RVA y RV entienden que la expresión "en espíritu" se refiere al espíritu del hombre. Así sería equivalente a las dos expresiones anteriores, "lo íntimo" y "el corazón." Según esta manera de interpretar la expresión el contraste es entre un cambio genuino y profundo en el ser interior, y la realización de un rito legalista y superficial. Pero la frase " en espíritu" puede tener el sentido “por el Espíritu” y referirse al Espíritu Santo. En este caso la referencia es a un cambio operado solamente por Dios (BI: "obra del Espíritu y no de reglas escritas". NBE y BLA también escriben la palabra con mayúscula.) y no por agencia humana. Las dos interpretaciones son atractivas y coherentes con el contexto y con lo demás del Nuevo Testamento. En este contexto es preferible la interpretación aceptada por RVA.
29b La alabanza del tal no proviene de los hombres, sino de Dios. Un juego de palabras puede estar reflejado en esta frase. La palabra "judío" viene de Judá que significa "alabanza" (comp. Gen. 29:35; 49:8). Uno puede reclamar ante los demás el uso del nombre judío cuyo mismo significado indica el favor divino, pero en última instancia el reconocimiento valedero de que uno es verdaderamente judío vendrá solamente de Dios.
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