Una fe para todas las estaciones de la vida
En la vida de todo ser humano hay distintas épocas: de salud y de enfermedad, de éxito y de fracaso, de bendición y de prueba, de sol y de nubes, de tranquilidad y de tormenta, de primavera y de invierno.
A veces parece que la fe que era suficiente para una etapa de la vida no lo es para otra etapa. La fe que el niño tenía no es suficiente para enfrentar los problemas de la juventud. La fe que el joven tenía junto a sus padres no es suficiente cuando sale de la casa. La fe que nos sostenía cuando teníamos buena salud, no sirve cuando llega la enfermedad; la fe del momento de éxito no alcanza en el momento del fracaso; la fe de la época de bendiciones no es adecuada en la etapa de prueba; la fe del tiempo de sol no basta cuando vienen las nubes; la fe para los tiempos de tranquilidad no es suficiente cuando hay tormenta; la fe de la primavera no aguanta el invierno.
¿Como son las características de una fe para todas las estaciones de la vida? Creo que podemos encontrar algunas características de esta clase de fe en 2 Corintios 4:7-5:8
El pasaje refleja una situación de crisis doble en la vida del Pablo, una crisis en sus relaciones con la iglesia de Corinto y una amenaza de muerte en la ciudad de Éfeso desde donde escribió 2 Corintios. De modo que en el comienzo de la carta Pablo les dice, “Hermanos, no queremos que ignoréis acerca de la tribulación que nos sobrevino en Asia, pues fuimos abrumados en gran manera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Cor. 1.8, NIV).
En 2 Corintios 4.8-10 Pablo describe el impacto en su vida de esta crisis. “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo.” (2 Cor. 4.8-10, NVI)
El apostol está en la lona, pero no tira la toalla. Dice en 4.16, “no nos desanimamos” o como dice RV “no desmayamos”. En vez de desanimarse dice en 5.6 según BLA que está siempre animado y en 5.8 dice “cobramos ánimo” (BLA). ¿Cómo puede uno estar en condiciones tan difíciles y no darse por vencido sino animarse? Su fe lo había sostenido en todo el período y en base a su experiencia sugiere cinco características de una fe para todas las estaciones de la vida. ¿Cuáles son las características de esta clase de fe?
I. En primer lugar una fe para todas las épocas comprende que, aunque el hombre exterior, físico se va gastando, el hombre interior, espiritual puede ir renovándose.
“. . . no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día.” (2 Cor. 4.16, NVI)
El hecho de la disminución de los poderes físicos es algo que todos reconocemos. Es una realidad que acompaña los años. Pero juntamente con el desgaste del hombre exterior es posible por el Espíritu de Dios una renovación del hombre interior. El libro de Proverbios en dos pasajes describe el envejecimiento del sabio como un proceso de ir subiendo y no bajando.
“El sabio sube por el sendero de vida, para librarse de caer en el sepulcro.” (Pro. 15.24, NVI) “La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud.” (Pro. 4.18, NVI)
Una misionera retirada de China que tenía 82 años confirma con su propio testimonio esta clase de experiencia. “La puesta del sol de la vida es mucho más hermoso que el amanecer. Los años dan una dimensión de hermosura a la vida de la cual la juventud no puede jactarse ni la niñez exhibir. Los años amplían nuestra experiencia, nuestro amor y nuestra fe en Dios. Los años traen arrugas y canas que tienen una hermosura propia. Hablan de altura y profundidad y amplitud. La hermosura de la juventud a veces oculta el alma interior que se desarrolla, mientras en la vida adulta, los encantos interiores y exteriores se complementan.”
E. Stanley Jones escribió su autobiografía a los 80 años. El título era "Un cántico de subidas". Lo escuché decir en la iglesia metodista de la calle Corrientes en Buenos Aires cuando tenía 85 años, "No quisiera volver a ninguna etapa anterior de mi vida".
II. En segundo lugar una fe para todas las épocas sabe que los sufrimientos presentes no pueden compararse con la gloria eterna.
“. . . los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.” (2 Cor. 4.17, NVI)
Un autor cuenta la historia de una Señora de las Sierras de Escocia que tuvo que ir a vivir en un barrio bajo de la ciudad, dejando atrás el aire limpio, el cielo azul y las colinas de su pueblo. Vivía lo mejor que podía en este ambiente tan distinto al que había conocido. Un día dijo, “Dios me lo va a recompensar y voy a poder ver las flores otra vez”.
III. Una fe para todas las épocas fija la atención no en las cosas visibles sino en las invisibles.
“Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.” (2 Cor. 4.18, NVI)
¡Como la perspectiva puede cambiar la vida! Todos hemos conocido personas que siempre ven el lado pesimista de las cosas. Si el día empieza con un sol radiante, le recuerdan que según el pronóstico habrá tormenta y chaparrones por la tarde.
¿Cómo vemos el vaso? Medio lleno o medio vacío. Cuando miramos la rosquita ¿en qué nos fijamos? ¿en la rosquita o en el agujero?
La atención de Pablo no estaba en sus circunstancias difíciles, sino en las realidades eternas.
El comentarista Guillermo Barclay recuerda un cuento del escritor Robert Louis Stevenson de un humilde obrero que tenía que trabajar entre el ganado en los corrales, cuidándolos y dándoles de comer. Alguien le preguntó un día como podía seguir día tras día trabajando en la suciedad, el mal olor y el lodo. El sencillo trabajador respondió, "El que tiene algo seguro más allá nunca se cansará en esta vida".
IV. Una fe para todas las épocas sabe que cuenta con una esperanza eterna.
En 2 Corintios 5. 1-8 Pablo describe esta esperanza.
“De hecho, sabemos que si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. Mientras tanto suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, porque cuando seamos revestidos, no se nos hallará desnudos. Realmente, vivimos en esta tienda de campaña, suspirando y agobiados, pues no deseamos ser desvestidos sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas.
Por eso mantenemos siempre la confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del Señor. Vivimos por fe, no por vista. Así que nos mantenemos confiados, y preferiríamos ausentarnos de este cuerpo y vivir junto al Señor.” (2 Cor. 5.1-8, NVI)
En este extraordinario pasaje Pable usa tres metáforas para describir la esperanza eterna.
A. Es la esperanza de vivir en una casa y no en una carpa.
“. . . sabemos que si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas.” (2 Cor. 5.1, NVI)
Mientras vivimos en la carpa suspiramos o gemimos por la casa y estamos agobiados (2 Cor. 5.4). Pablo contrasta la vida presente y la vida futura eterna por medio de las figuras de la carpa y la casa. La vida presente puede describirse como vivir en una carpa, pero la vida futura es como vivir en una casa. En la carpa estamos vulnerables al viento, la lluvia y el frío. En la casa estamos protegidos de los elementos.
B. Es la esperanza de estar revestidos no de quedar desnudos.
“. . . cuando seamos revestidos, no se nos hallará desnudos.” (2 Cor. 5.3, NVI) “. . . pues no deseamos ser desvestidos sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.” (2 Cor. 5.4, NVI)
Pablo describe la esperanza futura del creyente mediante el acto de desvestirnos para revestirnos. El ropaje actual nos ha servido espléndidamente bien, pero es el ropaje propio de la vida terrenal. Hay un vestido apropiado para la vida en la eternidad. En 1 Corintos 15.44 el apóstol dice que la realidad del cuerpo físico anticipa la existencia del cuerpo espiritual. “Si hay un cuerpo natural, también hay un cuerpo espiritual.” (NVI) Se da por sentado que la condición es cierta; es un hecho; hay un cuerpo natural. El sentido es, “ya que hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual”.
Esta metáfora recuerda el epitafio escrito en la tumba de Benjamín Franklin quien era publicador de libros. “Este viejo libro está esperando una nueva encuadernación.”
C. Es la esperanza de estar en casa y no fuera de casa, fuera del hogar.
Es lindo viajar, pero que alegría trae volver a casa, llegar al lugar que nos corresponde. Cristo está preparando un lugar en la casa del Padre para cada uno de nosotros y algún día llegaremos al fin al hogar eterno.
V. Una fe para todas las épocas reconoce que ya posee la garantía que asegura el cumplimiento de la esperanza eterna.
“Es Dios quien . . . nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas.” (2 Cor. 5.5, NVI)
La palabra traducida garantía es el término que se usaba en transacciones comerciales de compra y venta en el sentido de seña que asegura el cumplimiento de lo pactado. Dios nos ha dado su Espíritu como la garantía de concreción de la operación. El está comprometido. No puede fallar en llevar a cabo lo que él mismo ha prometido. La esperanza es segura.
Conclusión
El doctor Wilfred Grenfell sirvió durante la primera mitad del siglo XX como misionero médico en Labrador, la península en el extremo noreste del continente de Norteamérica. Su ministerio desinteresado entre la gente tan abandonada en aquel entonces, que dejó en la vida de la región una influencie imborrable.
En una ocasión mientras iba a socorrer a un muchacho enfermo durante el frío invierno, quedó aislado en una masa de hielo flotante con solo algunos de los perros que arrastraban su trineo. Parecía que la muerte era segura. El viento lo llevaba hacia pleno mar. No podía moverse por temor de que se desintegrara la masa de hielo. Se vio precisado a matar algunos de los perros y cubrirse con las pieles para no morir en seguida del frío.
No había una posibilidad en mil de que fuera descubierto. ¿Qué pensaba en estas horas? Dejemos que él nos cuente. “Puedo decir honestamente que desde el primer momento hasta el final no tuve ninguna sensación de temor. Mi propia fe en el misterio de la inmortalidad es tan segura que me parecía lo más natural pasar el umbral de la muerte desde una masa de hielo flotante. Sin pensar, vinieron a mi mente una y otra vez las palabras de un viejo himno:
Mi Padre, me Dios mientras vago,
En el camino rudo de la vida, lejos de mi hogar,
Oh! Ayúdame a decir de corazón,
Tu voluntad sea hecha en mí.
Su esperanza de un hogar eterno era segura.
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