Vivir conforme al Espíritu
Vivir conforme al Espíritu
08/10/11: Desayuno de pastores CF, Liniers
16/06/16: CD, SITB
Pensemos en esta mañana en un concepto que desarrolla Pablo en Romanos 8, el concepto de la “Vivir conforme al Espíritu”. Debemos notar que capítulos 5, 6, 7 y 8 de Romanos constituyen una unidad de material cuyo tema general es la vida de la persona que ha sido justificada por fe, es decir, la vida de la persona que ha logrado estar en la correcta relación con Dios mediante su fe en Jesús como su Salvador personal. Fíjense en como cada uno de estos capítulos describe la vida de este individuo.
En Rom. 5 se describe como una vida en paz con Dios: Reconciliación
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios.” (Rom 5:1 R95) En Rom. 6 se describe como una vida libre del dominio del pecado: Santificación “los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Rom 6:2 R95)
En Rom 7 se describe como una vida libre de la esclavitud a la Ley: Liberación “ahora estamos libres de la Ley, por haber muerto para aquella a la que estábamos sujetos.” (Rom 7:6 R95)
Rom. 8 se describe como una vida en el Espíritu
La palabra clave del capítulo 8 es la palabra griega pneu'ma que significa espíritu. Aparece cinco veces en capítulos 1 al 7 y ocho veces en capítulos 9 al 16. Aparece veintiuna veces en el capítulo 8, más que en cualquier otro capítulo del N. T. Es claro que el asunto del lugar del Espíritu en la vida del hombre justificado por fe es el tema del todo el capítulo. Esta mañana nos limitamos a pensar en Rom. 8.1-13 donde el tema es más específicamente “Vivir conforme al Espíritu”, conforme al Espíritu.
Leer Rom. 8.1-13
En el pasaje Pablo señala cuatro suposiciones con respecto a cómo vivir conforme al Espíritu.
Vivir conforme al Espíritu presupone:
I. La presencia del Espíritu en la vida de todo creyente.
“si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Rom 8:9 R95)
No hay cristianos sin el Espíritu.
Su presencia no es optativa.
El Espíritu no es un accesorio de cierto modelo de cristiano.
Como dice el comentarista Morris: “La presencia del Espíritu en los creyentes no es un agregado extra que se da en el caso de algunas personas especialmente dotadas . . . . Es un rasgo normal y necesario para que uno sea cristiano”.
En segundo lugar, vivir conforme al Espíritu presupone:
II. Que la presencia del Espíritu en la vida del creyente no es pasajera.
“si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros” y es así (Rom 8:11 BLA)
Se da por sentado en el caso de los lectores de romanos que la condición es un hecho en sus vidas. Una versión traduce, “ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes” (BNP) y otra “puesto que el Espíritu de Dios habita en vosotros” (CAB).
Una vez en el versículo 9 y dos veces en el versículo 11 se usa un verbo que quiere decir “morar” o “habitar”. Es el verbo normal para referirse al acto de establecer residencia en algún lugar, de afincarse en el lugar. Aunque RVR95 traduce este verbo “estar” y NVI traduce “vivir” las tres veces que aparece, en general se traduce “habitar” o “morar”.
El Espíritu no está de paso en nuestras vidas; no es una visita fugaz; está afincado allí. No es un mero huésped, sino un residente permanente. Él es el Espíritu morador, que se caracteriza por esta virtud de establecer su residencia en nuestra persona.
En tercer lugar, vivir conforme al Espíritu presupone:
III. Una tensión entre la carne y el Espíritu.
El término “carne” aquí se refiere a la naturaleza humana pecaminosa. Más que meramente lo sensual, lo que apela a los instintos. Es la vida enfocada en un mismo en lugar de Dios y los demás.
Esta tensión está expresada mediante una serie de cinco expresiones.
(1) Andar conforme a la carne o conforme al Espíritu (8.4): Conducta
Podemos aminar según la carne o según el Espíritu. Nuestra conducta puede estar bajo el dominio de la carne o del Espíritu.
(2) Ser conforme a la carne o conforme al Espíritu (8.5): Naturaleza
La esencia de nuestra persona puede ser carnal o espiritual.
(3) Tener la mente de la carne o la mente del Espíritu (8.6): Mentalidad (perspectiva, valores, deseos, propósitos)
La mente de la carne es muerte, la del Espíritu es vida y paz. La mente de la carne es enemistad contra Dios. Está en rebeldía. No se somete a Dios. Ni es capaz de hacerlo si quisiera hacerlo.
(4) Estar en la carne o estar en el Espíritu (8.8-9): Esfera
Hay dos ambientes opuestos, dos mundos opuestos en donde podemos desenvolvernos.
“no están animados por los bajos instintos, sino por el Espíritu” (Rom 8:9 BNP).
(5) Vivir según la carne o vivir según el Espíritu (8.12-13): Vivencia
Una vivencia acorde con la carne o acorde con el Espíritu. De hecho, Pablo no dice explícitamente “vivir según el Espíritu”. Es posible que la intención fue decirlo, pero en el dictado de la carta sin querer lo omitió.
Barclay: “Hay una vida dominada por la naturaleza humana pecaminosa: la vida cuyo foco y centro es el yo; la vida absorbida por las cosas que fascinan a la naturaleza humana pecaminosa; la vida cuya única ley son sus propios deseos; la vida que toma lo que quiere donde quiere. En diferentes personas esta vida será descrita de diferentes maneras. Puede estar dominada por la pasión, o por la lujuria, o por el orgullo, o por la ambición. Su característica es su absorción por las cosas sobre las cuales pone su corazón la naturaleza humana sin Dios.”
Pero hay otra clase de vida que es tener una conducta, una naturaleza, y una vivencia según el Espíritu. Se caracteriza por tener la mente del Espíritu y vivir en la esfera de vida donde el Espíritu predomina.
En cuarto lugar, vivir conforme al Espíritu presupone:
IV. Una estrategia para eliminar las obras de la carne.
“si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” (Rom 8:13 R95)
La vida según la carne es la del hombre no regenerado, pero vestigios de esta vida pueden quedar en la vida del hombre convertido. Estos vestigios deben cesar, desaparecer. Debemos notar que hacemos morir por el Espíritu las obras de carne, entonces viviremos. La referencia no parece ser a la resurrección sino a la vida aquí y ahora. Cuando hacemos morir las obras de la carne por el Espíritu experimentaremos la vida verdadera. Descubriremos lo que es realmente vivir. Si le está faltando algo en su vida, aquí está la respuesta. Hacer morir las obras de la carne.
¿Cómo ocurre? ¿Cómo evitamos que la vida según la carne siga manifestándose en nuestra vida como creyentes?
“si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” (Rom 8:13 R95)
¿A qué se refiere Pablo cuando habla de “las obras de la carne”? En Gál. 5.19 Pablo dice “Las obras de la naturaleza pecaminosa {eso es, la carne} se conocen bien” (NVI). Vale decir no debe haber dudas. No son una sorpresa para nadie. Entonces da una lista de 15 ejemplos.
inmoralidad sexual, impureza y libertinaje;
idolatría y brujería; odio,
pleitos, celos, enojos,
rivalidades, disensiones, sectarismos
envidia; borracheras, orgías
y otras cosas parecidas.
La lista es ilustrativa; no es exhaustiva.
El sujeto del verbo que habla de hacer morir es el creyente. La responsabilidad de hacer morir somos nosotros los discípulos de Jesús. Pero hemos de hacer morir las obras de la carne por el Espíritu. El Espíritu es el agente de la acción. Él es quien efectúa la muerte. Él es el “verdugo divino”. Pero nosotros tomamos la decisión; hemos de dar sentencia de muerte.
El Espíritu como el divino verdugo.
Il. del libro de Ralph Herring, God Being My Helper, p. 25.
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