La justificación del hombre (3:21-4:25) Parte I
Hasta este punto, en el desarrollo de la carta Pablo ha demostrado con toda claridad la condenación de todos los hombres. Se podría pensar que esta larga exposición (1:18-3:20) tiene poco que ver con el tema expuesto en 1:16 y 17, la revelación de la justicia de Dios en el evangelio. En cambio, se ha hablado de la revelación de la ira de Dios (1:18). El único sentido en que Pablo parece haberse referido a la justicia de Dios es en la demostración de que él es justo al condenar al hombre por su pecado. Sin embargo, todo lo anterior es parte del evangelio porque representa el diagnóstico de Dios de la condición del hombre; demuestra la necesidad de liberación de una situación que el hombre no puede cambiar. Ha quedado claramente demostrado que "todos están bajo pecado" (3:9). El camino ha sido preparado para hablar de la respuesta de Dios para el problema del hombre revelada en el evangelio.
En la sección de la carta que viene ahora (3:21-4:25), Pablo indicará que esa respuesta de Dios al problema del hombre es la justificación por la fe. El problema que se quiere resolver es cómo puede este pecador culpable que se ha quedado mudo, sin defensa ante Dios (3:19), evitar ser condenado y castigado por el juez del universo. La sección tiene dos grandes divisiones: (1) la manifestación de la justicia de Dios (3:21-31) y (2) Abraham como ejemplo de la justificación por la fe (4:1-25).
A. La manifestación de la justicia de Dios (3:21-31)
En la enunciación del tema de la carta Pablo había dicho que la justicia de Dios se revela en el evangelio. Recién en este punto de la carta empieza a referirse específicamente a esta revelación. La división abarca dos párrafos: (1) la manifestación de la justicia de Dios en la muerte de Cristo (3:21-26) y (2) la justicia de Dios y la fe (3:27-31).
1. La justicia de Dios y la muerte de Cristo (3:21-26)
Se ha dicho que posiblemente el párrafo al cual hemos de dirigir nuestra atención ahora es el más importante jamás escrito. Hunter dice, “Habiendo diagnosticado la enfermedad del hombre, Pablo describe ahora la curación de Dios”.
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas. Hunter sugiere que Pablo dice las palabras "pero ahora" como si fuera con un gran suspiro de alivio. El motivo del alivio es que en la historia reciente se había hecho una manifestación de la justicia de Dios que hacía posible la justificación sin referencia a las obras de la ley (comp 3:20). Al hablar de la manifestación de la justicia de Dios, Pablo tiene en mente una actividad redentora ("fuerza salvadora", BI) de parte de Dios; mediante esta actividad redentora se ofrece a los hombres la posibilidad de una nueva condición o situación en su relación con él ("está proclamada una amnistía", NBE). Al hablar de la revelación de la justicia de Dios en 1:17, Pablo usó un verbo sinónimo; el tiempo de este verbo es presente porque se refiere a la revelación de Dios en la predicación del evangelio. Pero aquí la referencia es a su revelación en los eventos de la encarnación; por eso, usa el tiempo que corresponde al pretérito perfecto en castellano y es correctamente traducido "se ha manifestado". Hubo una revelación de la justicia de Dios en la encarnación que ha quedado manifiesta a los hombres. El versículo indica lo decisivo para la fe de los acontecimientos en la vida de Jesús. Tienen un valor objetivo como eventos de un momento específico del pasado. Este valor es independiente de la respuesta de los hombres a ellos.
Esta manifestación de la justicia de Dios es aparte de las obras de la ley, pero es “atestiguada por la Ley y los Profetas”. Una y otra vez en Romanos aparece esta idea que el concepto de la justicia de Dios como don es anticipado en el Antiguo Testamento (comp. 1:2; 3:31-4:25; 10:6-13, 16-21; 11:1-10, 26-29; 15:8-12). Se ha señalado que el gran ejemplo, de esta justicia, Abraham, está tomado de la Ley y el gran texto acerca de esta justicia, Habacuc 2:4, es de los Profetas. Siempre ha sido el plan de Dios salvar al hombre por gracia.
22a Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Esta justicia "aparte de la ley" y "atestiguada por la Ley y los Profetas" es "por medio de la fe". La fe es el medio indispensable, pero no es un mérito que se constituye en la razón de la justificación. Por primera vez en la epístola se identifica a Cristo como el objeto de la fe. "Fe en Jesucristo", literalmente "fe de Jesucristo", significa confiar en él como la manera creadora provista por Dios para la reconciliación. La frase "para todos los que creen" enfatiza que no hay ninguna excepción; la justicia de Dios es accesible a todos por fe y es el único camino de salvación que hay (comp. 3:30; 10:12).
22a-23 Pues, no hay distinción; porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios. No hay distinción en la manera de ser salvo y no hay distinción en cuanto al estado pecaminoso de todos. La palabra "todos" vuelve a subrayar la universalidad del pecado (9, l0, 11, 12, l9, 20). El versículo es una especie de resumen de la conclusión (3:9-20) del argumento de 1:18-3:20. El verbo "pecaron" ha sido descrito como un pretérito histórico colectivo que indica que no había ninguna excepción a la regla universal de pecado. Al usar el presente en la frase "no alcanzan" se indica que lo que había sido la regla en el pasado seguía siendo la norma. La "gloria de Dios" se refiere a la participación en aquella experiencia de la plena comunión y plena bendición de Dios que era su plan para el hombre. El pecado priva al hombre de gozarse de esta gloria. Hay una gloria relativa que ilumina la vida de los salvados en este tiempo (2 Cor. 3:8), pero su plenitud será alcanzada solamente en la consumación del reino. El versículo subraya que nadie tiene nada para ofrecer a Dios a cambio de su amor.
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