ROMANOS 3: Objeciones (3:19) Parte III



La última cita es del Salmo 36:1: En el contexto bíblico el temor de Dios es el principio de la sabiduría (Prov. 1:7). Se ha dicho que a esta gente le falta no solamente la sabiduría, sino el punto de partida para lograrla. "Jamás tienen presente que hay que temer a Dios" (DHH). "El temor de Dios no existe para ellos" (BI). Aquí está la raíz de sus malas palabras y sus malas acciones. La raíz misma de todo su pecado es la falta de temor a Dios. 

En primera instancia, la referencia a no tener el temor de Dios "delante de sus ojos" (comp. garganta, lengua, labios, boca y pies en los versículos anteriores) parece extraña. Para explicar la expresión se ha observado que es por los ojos que el hombre dirige sus pasos. De modo que declarar que no hay temor de Dios ante sus ojos es una forma metafórica para decir que el temor de Dios no influye en la dirección de su vida. No toman en cuenta a Dios para nada. El hombre así descrito es un ateo en el sentido práctico, si no lo es en el sentido teórico. También se puede notar que lo que está delante de los ojos es lo que está en el centro de nuestra atención. La ausencia del temor de Dios significa que él está excluido de nuestra atención y reflexión, si no de todo el horizonte de nuestra vida. Decir que no hay temor de Dios delante de los ojos del pecador equivale a decir que Dios no está en sus pensamientos.
19a Pero sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley. Pablo ha terminado la serie de citas del Antiguo Testamento destinadas a comprobar su acusación de la culpabilidad de todos sin excepción. En el proceso de hacerlo, ha vuelto a pintar el cuadro negro de la situación moral de la raza humana presentado en 1:18-32. Aunque la forma del argumento es otra y los términos son diferentes, el cuadro es el mismo. Ahora él está listo para concluir la primera gran sección de la carta.  
Al referirse a "lo que dice la ley", Pablo aparentemente tiene en mente la serie de citas en los versículos 10-18. Estas no están tomadas del Pentateuco, la primera división del Antiguo Testamento llamada por los judíos "la ley", sino de Isaías y los Salmos, libros de la segunda y la tercera división de la Biblia hebrea, divisiones llamadas respectivamente por los judíos "los profetas" y "los escritos". Por lo tanto, parece claro que por el término "ley" en este caso Pablo se refiere a todo el Antiguo Testamento.
Dos verbos diferentes con sentidos distintos están traducidos "dice" en el versículo. El segundo verbo traducido "dice" significa propiamente "habla" (así BC). Desde la perspectiva bíblica las Escrituras no son letra muerta sino palabra "viva y eficaz" (Heb. 4:12) capaz de penetrar en lo más profundo del que la lee o la escucha y desnudar sus pensamientos más íntimos. La Palabra "habla" a los hombres.
El Antiguo Testamento, en lo que dice, habla "a los que están bajo la ley". Más precisamente el texto se refiere a "los que están en la ley" ("aquellos que están dentro de la ley", BC). En 6:14-15 Pablo usa una preposición diferente y la frase es bien traducida "bajo la ley", pero allí el pensamiento es otro. La preposición usada aquí es la misma de 2:12 donde RVA correctamente entiende que se refiere a los que tienen la ley (Comp. 2:14 donde la frase se aclara mediante su opuesto, "los gentiles que no tienen la ley".). El término "ley" en la primera frase del versículo se refería a las Escrituras, pero aquí parece claro que se refiere a los mandamientos. Los judíos que tienen los mandamientos viven en la esfera donde éstos son aplicables.
Se puede preguntar cómo Pablo puede declarar que en "todo" lo que dice, el Antiguo Testamento se dirige a los judíos. De hecho, hay porciones de las Escrituras dirigidas a los gentiles. El pensamiento parece ser que, aun en las partes dirigidas a los paganos, el mensaje está destinado en primera instancia a los judíos. Es para su provecho. De modo que, lejos de imaginarse excluidos de la condenación del pecado humano en el Antiguo Testamento, debían haberse dado cuenta de que era aplicable en primera instancia a ellos mismos.
19b para que toda boca se cierre, y todo el mundo esté bajo juicio ante Dios. La expresión "todo el mundo" ha llevado a algunos comentaristas a pensar que Pablo no se había limitado a los judíos cuando hablaba de los que están en la ley. Pero aparentemente la idea de él es que al demostrar que los judíos están comprendidos en la condenación de la humanidad queda claro que no hay excepciones y que "todos están bajo pecado" (3:9). Si los judíos que tenían la ley están condenados, no puede haber duda de la condenación de los paganos. El texto sugiere el cuadro de un acusado que al tener la oportunidad de hablar en su defensa se queda mudo por el peso de la evidencia en su contra. El hombre está ante el tribunal de Dios; su culpabilidad ha sido demostrada más allá de cualquier duda posible; él espera sin palabras la condenación del juez.
20. Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado. La primera frase es un reflejo de las palabras del Salmo 143:2. Ningún ser humano será declarado libre de culpa por su obediencia a lo que Dios exige. La razón es que no existe en el ser humano esta perfecta obediencia que merecería la aprobación de Dios. La función efectiva de la ley no es ser medio de justificación sino de conciencia de pecado. La ley es la regla recta que comprueba lo torcido de la vida del ser humano.

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