Bienaventuranzas 3, 4 y 5

 


El miércoles pasado estudiamos bienaventuranzas uno y dos e iniciamos el estudio de la tercera. Esta noche seguimos con el estudio de la tercera y estudiamos la cuarta y la quinta.

La tercera (continuación)

“Bienaventurados los humildes (o los mansos), pues ellos heredarán la tierra” (Mat. 5:5, NBH). La semana pasada notamos que su significado cambia de acuerdo si se trata de humildad delante de Dios o humildad delante de los hombres. 

Concluimos que si se trata de nuestra relación con Dios es aquella disposición de entregar todo en sus manos esperando en su fidelidad y su amor. Esto llamamos fe. 

Sugerimos una progresión en las primeras tres: El pobre en espíritu es el que reconoce su pobreza espiritual, el que llora puede ser el que lo hace por su pobreza espiritual y el humilde puede ser el que se entrega en manos de Dios en fe para ser salvo.

Pero ser manso o humilde puede tratarse no de nuestra relación con Dios sino con los  seres humanos. En este caso se trata de una verdadera humildad, un trato humilde con los demás. Se trata de sensibilidad y comprensión en nuestra relación con los otros. 

La recompensa es heredar la tierra. Se cree que en el mundo los mansos son aplastados por los poderosos, siempre son los perdedores. Sin embargo, Jesús afirma que a la larga triunfarán. La tierra en esta bienaventuranza debe representar todas las bendiciones del reino mesiánico. Pablo habla de la promesa a Abraham y a su descendencia de que por fe habían de ser los herederos del mundo (Rom. 4.13). NTV dice, “Dios bendice a los humildes, pues ellos recibirán la tierra prometida”.  

La Biblia afirma una y otra vez que Dios está de parte del débil: El pobre, la viuda, el huérfano, el extranjero. En lugar de “mansos” o “humildes” una versión tiene “los desposeídos” (BNP, Per) y otra “los sufridos” (CAB) lo que puede ayudarnos a comprender mejor la bienaventuranza. Dios está a favor de los sufridos, los desposeídos.

Uno piensa en el ejemplo de Mahatma Gandhi. El 12 de marzo de 1930 salió de su casa en en su marcha de sal. Se había propuesto marchar hasta el mar. Allí fabricaría sal que en la India de aquel entonces era un monopolio del gobierno británico. De esta manera él desafiaría las autoridades y así precipitaría una crisis. Dijo que no volvería a su casa hasta haber logrado la independencia de la India. 

Parecía absurdo. Un pequeño hombre vestido en un taparrabo con un bastón de bambú saliendo para hacer guerra contra el imperio más grande de la historia. Sin embargo, 17 años después el pequeño hombre había vencido y India había logrado su independencia.

¿Qué sería lo opuesto de la mansedumbre? La autosuficiencia, la arrogancia, la soberbia, la agresividad.

Preguntas

¿Soy sumiso? ¿Maleable? ¿Dúctil? ¿O estoy endurecido en formas de actuar que inhiben el cambio? ¿Puedo depender de Dios o tengo que depender siempre de mí mismo?

La cuarta bienaventuranza


“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.” (Mat 5:6 NBH)

Lucas dice: “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados.” (Luc. 6:21 R95)

El desafío para el intérprete en esta bienaventuranza es comprender el significado del término “justicia”. Podría entenderse simplemente como lo correcto, lo bueno. O podía entenderse como conformidad a la ley. Esto es lo que buscaban los escribas y los fariseos y Jesús reconoce que ellos alcanzaban cierta clase de justicia, pero la justicia de sus discípulos debe superar a la de los escribas y fariseos para entrar en el reino de los cielos (Mat. 5.20).

Como indica A. M. Hunter, parece claro que “justicia” en este contexto es algo que debe ser recibido más bien que logrado. Por eso en la recompensa estas personas son saciadas de justicia, reciben en abundancia y hasta en exceso justicia. Hunter entiende que el sentido es soteriológico, eso es, tiene que ver con la salvación. Él señala los pasajes en la segunda parte de Isaías y en los salmos donde “justicia” es un sinónimo de “salvación”. 


Podemos aplicar la bienaventuranza a distintas situaciones del discípulo. En primer lugar, como ya dijimos es el cuarto paso en este proceso salvador que empieza con una conciencia de nuestra pobreza espiritual que conduce a llorar por nuestra pecaminosidad y se expresa en la fe de los mansos que someten su situación a la bondad de Dios y termina con la justicia que Dios concede al hombre de fe por gracia. Esta es la justicia de Dios que se revela en el evangelio.

En segundo lugar, es también cierto que el hombre justificado por fe se preocupa por una vida donde la justicia es la regla. El justificado busca por sobre todo el reino y su justicia (Mat. 6.33). Tiene hambre y sed de ver esta justicia expresarse en todas las esferas de la vida.

Y, en tercer lugar, esta bienaventuranza contempla un momento futuro cuando los discípulos han de ser saciados de justicia en el reino de la justicia. La recompensa es esta plenitud de justicia que el ser humano tanto anhela.

El opuesto de esta bienaventuranza sería la indiferencia con respecto a la justicia. Puede llegar a ser la oposición hacia la justicia de los que con injusticia intentan detener u obstaculizar la verdad de Dios (Rom. 1.18). 


Preguntas


¿Estoy dispuesto a hacer lo que es correcto, aunque me perjudica? ¿Me dejo influir por los valores de mi entorno? ¿Soy capaz de ser leal a mis convicciones, aunque los demás me dicen que actuando así no voy a llegar lejos? ¿Para qué cosas tengo yo hambre y sed?


La quinta


“Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.” (Mat. 5:7 NBH)


Con la quinta bienaventuranza pasamos al segundo grupo de cuatro donde el énfasis no está en algo que falta, sino en virtudes preciosas que se expresan en la vida de los bendecidos.

  

Los misericordiosos o los compasivos (NVI) son los que, como su Señor, tienen compasión. Sufren con los que sufren. La misericordia es un atributo de Dios y un requerimiento de Dios. “Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios.” (Miq. 6:8 R95) Jesús dice, “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” (Luc 6:36 R95) Misericordia es la virtud tan hermosamente ilustrada en la parábola del buen samaritano. A la pregunta de Jesús al final de la parábola con respecto a cuál de los tres personajes de la parábola había demostrado ser prójimo el intérprete de la ley respondió, “El que tuvo misericordia de él.”  (Luc. 10:37 LBA)


El comentario de Bonhoeffer es típicamente fuerte. “No les basta su propia necesidad y escasez, sino que también se hacen partícipes de la necesidad ajena, de la pequeñez ajena, de la culpa ajena. Tienen un amor irresistible a los pequeños, enfermos, miserables, a los anonadados y oprimidos, a los que padecen injusticia y han caído en el pecado y la culpa. Por muy profundo que sea la necesidad, por muy terrible que sea el pecado, la misericordia se acera a ellos. El misericordioso regala su propia honra al que ha caído en la infamia, y toma sobre sí la vergüenza ajena. Se deja encontrar junto a los publicanos y pecadores y lleva gustoso la deshonra de tratar con ellos. Se despojan del bien supremo del hombre, la propia honra y dignidad, y son misericordiosos.” 


Los misericordiosos recibirán misericordia, serán tratados con misericordia, eso es, por Dios en el juicio. Hunter destaca el hecho de que en las dos parábolas de Jesús que tratan del juicio y la vida después de la muerte, la de Lázaro y el rico (Luc. 16.19-31) y la de las ovejas y las cabras (Mat. 25.31-46), él señala la misericordia o la falta de ella como elementos cruciales en la determinación del destino final del hombre.


El opuesto a ser compasivo es ser indiferente frente al sufrimiento ajeno, el haber llegado a no sentir compasión frente al dolor del otro.


Preguntas


¿Me importa los problemas de los demás? ¿Estoy sensible a lo que está pasando en la vida del otro? ¿Cuál es el grado de mi compasión por los demás? ¿Puedo asumir el sufrimiento ajeno como propio?  ¿He permitido que las imágenes del sufrimiento en los medios endurezcan mi corazón? ¿Estoy dispuesto a pedir a Dios que me dé un corazón más compasivo? 




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Apuntes de Dr. S. Clark sobre: Galatas

Introduccion a las Cartas NT II

El Sentido de la Muerte Según la Biblia