El Paracleto como fiscal de Dios

 


En el mes de mayo durante tres miércoles prestamos atención al discurso de despedida de Jesús la noche en que fue traicionado, discurso que aparece en Juan 14 al 16. Tuvimos que interrumpir esta serie de estudios por la infección urinaria que me dejó fuera de combate durante varias semanas. Esta noche quisiera retomar el tema de los roles del Espíritu Santo que se mencionan en el discurso.


Notamos en aquellos estudios que Jesús se refiere al Espíritu Santo cinco veces en el discurso de despedida y en cuatro de las cinco veces usa una palabra para referirse al Espíritu Santo que aparece solamente en el evangelio de Juan y en 1 Juan, la palabra paravklhto~. Notamos que el sentido básico del término es uno llamado para acompañar a otro. Un comentarista ha sugerido que en los cinco pasajes del discurso de despedida encontramos cinco roles del Espíritu Santo en la vida del discípulo de Jesús. 

En el primer estudio enfocamos la atención en el rol del Espíritu de acompañar. Pensamos en el Espíritu como el compañero de camino siempre al lado de nosotros que, además, está dentro de nosotros. 

En el segundo estudio enfocamos la atención en el rol del Espíritu como maestro. Dice Jesús a sus discípulos que el Paracleto, el Espíritu Santo “les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.” (Jn. 14:24-26 NVI) Su rol es el de docente, de intérprete. Cumple una función didáctica. Su ministerio docente es en base a lo que Jesús ha dicho. Incluye una función recordatoria (14:26d).

En el tercer estudio pensamos en el rol del Espíritu como testigo.  Dice Jesús en Juan 15:26-27: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él testificará acerca de mí. Y también ustedes darán testimonio porque han estado conmigo desde el principio.” Notamos que el Espíritu testifica acerca de Jesús. El testimonio es doble. En primera instancia testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Pero además de esto nos acompaña en el testimonio. El testimonio del Espíritu no elimina la necesidad del testimonio de los discípulos. Él es “cotestigo” con ellos. 

En esta noche pensamos en un cuarto rol del Espíritu Santo. Este rol se encuentra en Juan 16.7-11.

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.” (Juan 16:7-11 R95)

I. La acción del Espíritu como fiscal de Dios: Convencer

Según Juan 16.8, ¿cuál es el rol del Espíritu en este pasaje? “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” Su rol es convencer. Las versiones en su gran mayoría traducen el verbo griego que se usa con el término “convencer”; algunos tienen una variante semejante como “mostrar” (DHH) o “hacer ver” (LA). En todos estos casos el sentido es convencer, persuadir a otro que el argumento de uno es correcto.

Sin embargo, William Barclay señala en su comentario que esta traducción no toma en cuenta un aspecto del verbo. Refiriéndose al verbo Barclay dice lo siguiente. “Se lo emplea para referirse al interrogatorio que se hace a un testigo, o a alguien que es juzgado o a un opositor durante una discusión. Siempre implica la idea de interrogar a alguien hasta que ve y reconoce sus errores y acepta el peso de algún argumento que no había visto antes. Los griegos, por ejemplo, suelen emplear esta palabra para referirse a la acción de la conciencia sobre la mente o el corazón de alguien.” 

Barclay termina observando los dos resultados en que puede terminar la acción del verbo. El primer resultado es convencer a una persona de la debilidad de sus argumentos y la veracidad de los de su opositor. El segundo resultado en que puede terminar la acción del verbo es condenar a una persona por el crimen que ha cometido o el mal que ha hecho. 

Es este segundo aspecto que predomina en el pasaje y puede perderse en la traducción “convencer”. Algunas versiones castellanas intentan reflejar esto afirmando que la acción del Espíritu sobre el mundo es “culpar” (NBH), “redargüir” (RVG, RV09). Una versión católica traduce “aportará al mundo las pruebas de pecado, de justicia y de condena”. (CAB)

Esta noche les propongo que pensemos en el cuarto de los roles del Espíritu Santo, un rol que podría llamarse el de ser el fiscal de Dios. ¿Qué es un fiscal? En su sentido más amplio es un funcionario que representa los intereses del fisco, es decir, del estado o del pueblo. Pero tiene un sentido más específico que es el que puede aplicarse al rol del Espíritu en este pasaje.

“El fiscal es el que lleva adelante la dirección de una investigación criminal y el ejercicio de la acción penal pública; es decir, es a quien corresponde desempeñar directa y concretamente, en un proceso penal, las funciones y atribuciones del ministerio público.” Debe demostrar la culpabilidad de alguien que ha hecho una ofensa.

Dos pasajes en el N. T. pueden ilustrar esta acción del Espíritu como el fiscal de Dios. El primer es la reacción de la gente a la predicación de Pedro en el día de Pentecostés.

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo". Al oír esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: -- Hermanos, ¿qué haremos?” (Hch. 2:36-37 R95)

¿Qué significa “compungirse de corazón”?
NVI: “se sintieron profundamente conmovidos”. DHH: “se afligieron profundamente.” LA: “se pusieron muy tristes y preocupados”. La persona no solamente reconoce la culpa sino queda profundamente afectada y con deseo de corregir la situación. “¿Qué haremos?”

El segundo ejemplo se encuentra en 1 Cor. 14 donde Pablo habla del efecto de la predicación en la vida de los oyentes. Está contrastando la diferencia que produce en el culto las lenguas y la profecía o predicación inspirada.

“Si, pues, toda la iglesia se reúne en un lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.” (1Co 14:23-25 R95)

¿Cuál es el efecto del mensaje en el inconverso según 1 Co. 14.24? Es convencido. Aparece el mismo verbo que en Juan 16.8 se usa para describir la función de convencer del Espíritu Santo. Pero el efecto es más que convencer. Dice Pablo que
es juzgado por su propia conciencia y lo oculto de su corazón se hace manifiesta. Se postra y adora a Dios y reconoce la presencia de Dios en el culto de la congregación. En lugar de “convencido” NVI dice que el inconverso “se sentirá reprendido”; DHH dice que “se convencería de que es pecador”; y LA dice que el inconverso “se daría cuenta de que es pecador”. 

El rol del Espíritu Santo no es meramente convencer, sino llevar a la persona a reconocer su culpa y sentir profundamente lo que significa esta culpa. Está bajo el juicio de Dios y en camino a la condenación eterna. 

II. El objeto de la acción del Espíritu como fiscal de Dios: El mundo

Volvemos a Juan 16.8. La función del Espíritu es convencer. ¿Cuál es el objeto de la acción de convencer del Espíritu Santo? ¿Hacia quién se dirige la acción? Convencerá al mundo. ¿Qué significa mundo aquí? Son las personas del mundo, ¿no? DHH dice esto, “la gente del mundo”. LA dice, “los de este mundo”. En este pasaje el objeto de la acción de convencer es la gente del mundo, eso es, los inconversos. Fíjense que en los dos ejemplos que citamos, los oyentes en Pentecostés y los inconversos en Corinto, son no creyentes. 

Es también cierto que puede ejercer este ministerio de convencer entre los que son de Cristo. Pero en el caso del creyente su tarea propia no es la de fiscal de Dios sino el abogado de la defensa. Como dice 1 Juan 2.1: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo.” (R95) La palabra traducida “abogado” es paravklhto~, paracleto. NVI dice que “tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo”. LA dice que “nos defiende ante Dios Padre”.
 
III. Las esferas de la acción del Espíritu como fiscal de Dios: El pecado, la justicia, y el juicio

Fíjense que Juan 16.8 identifica tres esferas de acción del Espíritu en su acción de convencer. ¿Cuáles son? El pecado, la justicia y el juicio. En Juan 16.9-11 se incluye una aclaración con respecto a cada una de estas esferas. En todos casos el objeto de la acción es el inconverso, pero la aclaración de cada esfera tiene una referencia personal, se refiere a alguien diferente.
 
En cuanto al pecado, la referencia personal es a los no creyentes: “por cuanto no creen en mi”. En cuanto a la justicia, la referencia personal es a Jesús: “por cuanto voy al Padre y no me veréis más”. En cuanto al juicio, la referencia personal es a Satanás: “el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

Los intérpretes dicen que debemos entender estas palabras como refiriéndose a los eventos de la vida, muerte y resurrección de Jesús y los individuos involucrados en estos eventos. En cuanto al pecado, la frase “por cuanto no creen en mi” indica que el Espíritu convencerá al mundo que estaba equivocado en su rechazo de los reclamos de Jesús de ser el Hijo de Dios, en no creer en él. 

En cuanto a justicia, la frase “por cuanto voy al Padre y no me veréis más” significa que el Espíritu convencerá al mundo de que su ida al Padre, es decir, su resurrección y exaltación, son una clara demostración de que él era justo y el proceso jurídico que pretendía buscar justicia estaba equivocado al condenarlo.

En cuanto a juicio, la frase “el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” significa que el Espíritu convencerá al mundo que en la muerte de Jesús el principio de este mundo ha sido juzgado y condenado.

Aplicación: 

La incredulidad es pecado, rebeldía contra Dios. 

La única justicia que vale es la de Jesús. 2 Cor. 5.21

El principio de este mundo es un enemigo ya juzgado y condenado.

Conclusión: Pedir al Padre: (1) que por medio de su Espíritu esté convenciendo al mundo de pecado; (2) que por medio de su Espíritu nos convenza del pecado que hay in nosotros. 

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