Fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos



Flores: 07/06/15

Hemos escuchado de “la ley de Murphy”, un principio enunciado por un ingeniero norteamericano de apellido Murphy. La ley dice, como se acordarán, si algo puede salir mal, saldrá mal. Hace varios años leí en el Clarín un artículo por una mujer que se llamaba María Luisa Livingston. El título de su artículo era “Si algo puede salirte mal . . . saldrá horrible”. Dice María Luisa que la teoría de Murphy parece ser la de alguien que nació en la Argentina. Se refiere a la tendencia notablemente argentina de ver el lado negativo de las cosas. 

Ella cita ejemplos de la aplicación de la ley de Murphy. “Cualquier cable cortado a medida quedará demasiado corto.” “Si el pan cae al piso siempre caerá del lado de la manteca.” “El que ronca es el que duerme primero.” “Cualquier cosa redonda al caer al piso, rodará hasta el lugar menos accesible.” “Las tuercas sobrantes nunca hacen juego con los tornillos sobrantes.”  

Pero la tendencia a ver el lado negativo de las cosas, de ser pesimistas, de desanimarnos no es una tendencia solamente argentina, es la tendencia del ser humano dondequiera que se encuentra. El desaliento y la depresión son problemas mundiales. Un estudio de la Organización Mundial de Salud identifica la depresión como la segunda causa de la discapacidad y para 2030, según el estudio, será la causa principal de la discapacidad. Vivimos una epidemia de depresión y desaliento.

Por lo tanto, en esta mañana quiero que pensemos en el tema “Fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos”.

El pasaje bíblico se encuentra en 2 Cor. 4.1-18.


Pero antes de leerlo permítanme recordarles que la segunda epístola a los corintios refleja una situación de doble crisis en la vida de Pablo. Por un lado, acaba de salir de Éfeso escapándose de una situación no precisada que puso en peligro la vida misma. Esto está relejada en 2 Cor. 1.8. “Hermanos, no queremos que desconozcan las aflicciones que sufrimos en la provincia de Asia. Estábamos tan agobiados bajo tanta presión, que hasta perdimos la esperanza de salir con vida.” (NVI) 

Pero por otro lado al mismo tiempo ha estado tratando de resolver una crisis en su relación con la congregación en Corinto. Su liderazgo había sido cuestionado en su misma presencia. Esto dio lugar a una carta de Pablo a los corintios tan dura que después le dio pena haberla escrito. La carta fue enviada por Tito y Pablo esperaba ansiosamente la respuesta de los corintios a esta carta dura. Su ansiedad por la reacción de los corintios se ve en 2 Cor. 2.12-13. “Ahora bien, cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, descubrí que el Señor me había abierto las puertas. Aun así, me sentí intranquilo por no haber encontrado allí a mi hermano Tito, por lo cual me despedí de ellos y me fui a Macedonia.” (2Co 2:12-13 NVI) Pablo sentía angustia al no saber de la reacción de la congregación, tanta angustia que cuando se le presentó la oportunidad de predicar en Troas prefirió seguir viaje hacia Macedonia para tener noticias de la situación en Corinto.

Es en medio de esta crisis doble que Pablo escribe lo que vamos a leer en esta mañana.

Leer 2 Cor. 4.1-18

Fíjense que en dos versículos Pablo dice, “no nos desanimamos”, en el 1 y en el 16. Describe su situación como la de estar atribulado en todo, pero no abatido; perplejo, pero no desesperado; perseguido, pero no abandonado; derribado, pero no destruido. (2Co 4:8-9 NVI) Está siempre en el límite de lo aguantable, pero nunca más allá del límite. 

El pasaje es de carácter testimonial. Pablo está hablando de su propia experiencia. En circunstancias como las que describe, ¿cómo podía evitar desanimarse? ¿Qué podemos aprender de su ejemplo para no desanimarnos? Déjenme exponerles razones para no desanimarnos que surgen del testimonio del apóstol.

Podemos no desanimarnos si recordamos:

I. Nuestra misión (4.1)

Por esto, ya que por la misericordia de  Dios tenemos este ministerio, no nos desanimamos. (2Co 4:1 NVI)

La misión que Pablo había recibido por la misericordia de Dios aseguraba que todas las dificultades que implicaba este ministerio no fueran capaces de desanimarlo. Nosotros también hemos recibido una misión por la misericordia de Dios. Jesús definió esta misión como ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Hemos de ser la fuerza que lucha contra la corrupción de la sociedad y la luz que aleja las tinieblas de nuestro mundo. Es una misión de influencia y testimonio. 

Cuando enfocamos la atención en la urgente necesidad de cumplir con la misión, entonces somos fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos. Leí en esta semana el ejemplo de un niño de cinco años que fue un ejemplo de nuestra misión de ser sal.

Se llama Josías Duncan y había ido a comer                                  

con la madre a un Waffle House, una cadena de comida rápida que se especializa en los waffles que más comúnmente los norteamericanos comen en el desayuno. Entró al lugar un hombre mal vestido que evidentemente vivía en la calle. La apariencia del hombre llamó la atención de Josías y empezó a hacerle preguntas a su madre. Cuando nadie le prestó atención al hombre, preguntó a su madre si podían comprarle algo para comer. La madre estaba de acuerdo.

Entonces Josías se acercó al hombre y le preguntó si necesitaba un menú. Le dijeron que podía comer lo que quería. Cuando llegó la comida, Josías oro, “Dios nuestro Padre, Dios nuestro Padre, te damos gracias, te damos gracias, por nuestra muchas bendiciones, por nuestras muchas bendiciones. Amen. Amen.

El hombre lloró junto a once personas presentes en el lugar. Dijo la madre de Josías, “Ver a mi hoja tocar a once personas en este Waffle House esta noche será para siempre uno de los logros más grandes que como madre podré experimentar”. 

Podemos ser fortalecidos para no desanimarnos si recordamos nuestra misión. En segundo lugar, podemos ser fortalecidos para no desanimarnos si recordamos nuestra experiencia de fe.

II. Nuestra experiencia de fe (4.6).

Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. (2Co 4:6 NVI)+

Pablo nunca podía olvidar lo que le había sucedido en el camino a Damasco y contaba la historia cada vez que tenía oportunidad. Nunca podía olvidar la luz que iluminó su vida. El mismo Dios “que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas” en la creación hizo brillara su luz en el corazón de Pablo para que él conociera “la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo”.

 Nuestra experiencia de fe no habrá sido con una luz más brillante que el sol de mediodía. Sin embargo, era una experiencia de intervención divina en una vida chata, sin sentido y esclavo del pecado. Debemos volver una y otra vez a esta experiencia.

En el A. T. se repasan los eventos de la liberación de Israel de Egipto hasta el cansancio. Hay algo saludable en volver una y otra vez al momento de nuestro encuentro con Cristo. 

Podemos ser fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos si recordamos nuestra experiencia de fe.

En tercer lugar, podemos ser fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos si recordamos el tesoro en la vasija.

III. El tesoro en la vasija de barro (4.7).

Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. (2Co 4:7 NVI)

El tesoro a que se refiere Pablo es la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo que él ha mencionado en el versículo 6. Este conocimiento se nos trasmite en el evangelio. Es un tesoro cuyo valor es incalculable.

Sin embargo, nosotros tenemos este tesoro en vasijas de barro. Las vasijas de barro son los recipientes de uso común en la época para guardar cosas. Eran de barro y, por lo tanto, frágiles y de valor insignificante. Debido a la referencia a la luz algunos comentaristas (Bruce, Manson) encuentran aquí una alusión a las pequeñas lámparas de barro. No importa su bajo costo y fragilidad mientras daban luz. Pero puede ser una referencia a simples vasijas de barro donde a veces se guardaba cantidades monedas u otras cosas de valor.

La razón de la presencia de la luz de la gloria de Dios en las frágiles vasijas de barro es para que sea evidente que el poder es de Dios. Él ha querido usar nuestras personas con toda su fragilidad y debilidad como depositarios de un valioso conocimiento. Nuestra utilidad para Dios está precisamente en nuestra debilidad y nuestro poco valor aparente.

Podemos ser fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos si recordamos que tenemos un gran tesoro en nuestra frágil vasija de barro.

En cuarto lugar, podemos ser fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos si recordamos la renovación constante del ser interior.  

IV. La renovación constante del ser interior (4.16).

Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. (2Co 4:16 NVI)

Aquí Pablo habla de “nuestro hombre exterior” y “nuestro hombre interior”. El hombre o ser exterior es la vasija de barro (4.7), “el cuerpo” (4.11) y “la carne mortal” (4.12). El hombre o ser interior, en cambio,  es la nueva creación que es el producto de la obra regeneradora del Espíritu Santo. “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2Co 5:17 NVI) 

El correr de los años puede producir un desgaste inevitable en el ser exterior, un desgaste cuyos efectos pueden ser mayores por las dificultades y las pruebas de la vida. Sin embargo, el ser interior está en un proceso constante de renovación hasta su consumación  perfecta. Como dice Pablo en Col. 3.10, es el nuevo hombre que “se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó.” (Col 3:10 LBA) Hay un progreso constante hacia esta conformidad a la imagen de Cristo. 

“nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” (2Co 3:18 LBA)

Podemos ser fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos si recordamos la renovación constante de este ser interior.

En quinto lugar, podemos ser fortalecidos en el ser interior para no desanimarnos si recordamos donde debe estar puesta la mirada.

V. Donde debe estar puesta la mirada (4.17-18).

Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2Co 4:17-18 NVI)

Nuestro estado de ánimo depende en gran parte de las cosas en las cuales fijamos nuestra vista. Cuando miramos la rosquita, ¿en que nos fijamos? ¿En el hueco en el medio o en la masita deliciosa? Hay gente que frente a la rosquita se desanima porque miran el hueco y no la masita.

Pablo no se fijaba en los sufrimientos presentes ligeros y efímeros sino en la gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. No se fijaba en lo visible sino en lo invisible, no en lo pasajero sino en lo eterno. Debemos preguntarnos en esta mañana, ¿dónde está mi mirada? ¿En lo pasajero o en lo eterno?

En sexto lugar, podemos vencer el desaliento si recordamos nuestro destino eterno.

VI. Nuestro destino (4.14).

Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia. (2Co 4:14 NVI) 

Pablo habla aquí de algo que sabemos. ¿Qué es lo que sabemos? Son tres cosas: (1) Sabemos que Dios resucitó a Jesús de la muerte. (2) Sabemos que él va a resucitarnos a nosotros con él. (3) Sabemos que nos llevará con Jesús a su presencia. “Y así estaremos con el Señor para siempre.” (1Tes. 4.17, NVI)

Leí en estos días una biografía de John Newton, autor de “Gracia admirable”. En el libro se cuenta la muerte de una sobrina de Newton, Eliza Cunningham. Los Newton la habían adoptado después de la muerte de los padres y dos hermanos de tuberculosis. Newton la ayudó a desarrollar una fe firme y una intimidad especial con el Señor poco común.

Hicieron todo lo posible para curar la tuberculosis pero sin éxito y falleció antes de cumplir los quince años. Newton quedó impresionado por su tranquilidad y paz durante sus últimos días a pesar de su gran dolor. A pesar del gran dolor agradecía todos los gestos de ayuda. Escuchó atentamente y con gozo mientras Newton leía pasajes bíblicos e himnos y oraba con ella. 

Cuando el médico le preguntó como estaba, su respuesta fue, “Verdaderamente feliz; si esto es lo que es morir, entonces el morir es una cosa placentera.”  Eligió como texto para el sermón del culto de despedida “Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor”.

A las cinco de la tarde del 6 de octubre de 1785 pidió a Newton que orara otra vez con ella. Cuando terminó le  dijo, “Estoy tentado a decir, ‘¿Por qué tardan tanto en venir las ruedas de su carroza?’ Pero espero que el me ayudará a esperar su hora con paciencia.” Fueron estas las últimas palabras que Newton escuchó de ella. Estaba segura de su destino eterno.

La pregunta fundamental en esta mañana es, “¿Estoy seguro de mi destino eterno?” Me preguntarán, “Pastor, ¿es posible estar seguro del destino eterno?”

Juan creía que era posible estar seguro y escribió en este sentido a algunos creyentes en Asia Menor. “Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.” (1Jo 5:13 NVI) La clave es haber creído en el nombre del Hijo de Dios.


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