Las bienaventuranzas: 6, 7 y 8
Esta noche estudiamos las tres últimas bienaventuranzas: la sexta, la séptima y la octava.
La sexta bienaventuranza
Hemos dicho que las ocho bienaventuranzas pueden dividirse en dos grupos. En el primer grupo el énfasis está en lo que falta en la vida de los bienaventurados. En el segundo grupo se nombran cuatro virtudes que se expresan en su vida. El miércoles pasado estudiamos la primera del segundo grupo el de las virtudes, bienaventurados los misericordiosos. Ahora pasamos a la segunda bienaventuranza del segundo grupó de cuatro.
“Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios.” (Mat 5:8 NBH)
En el salmo 24 el salmista hace la pregunta, “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?” (Sal. 24:3 R95) Suple la respuesta a su pregunta: “El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas ni ha jurado con engaño.” (Sal. 24:4 R95) La expresión “los de limpio corazón” en Mat. 5.8 representa precisamente la frase de la LXX del Salmo 24, “el puro de corazón”.
A primera vista puede parecer que esta bienaventuranza trata de pureza moral, pureza en los pensamientos y en la vida. Sin embargo, el consenso de los intérpretes es que se trata más bien de un corazón recto que no tiene dobleces, un corazón entregado íntegramente a la voluntad de Dios, un corazón donde no hay falsedad y engaño. Como indica el Salmo 24 el de limpio corazón es el que “no ha elevado su alma a cosas vanas ni ha jurado con engaño”.
El corazón de estas personas está concentrado en un solo propósito. Su corazón es limpio porque no hay nada que contamina, no hay mezcla de elementos extraños a los propósitos de Dios. Kierkegaard dijo que “la pureza de corazón es desear una sola cosa” y ella es Dios mismo.
Aunque los de limpio corazón pueden ver a Dios en el presente, el cumplimiento pleno es futuro. Como dice Pablo, “Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara”. (1Cor. 13:12 NVI). La promesa de ver a Dios en forma plena es futura cuando según Apocalipsis 22.4 hemos de ver su rostro.
Preguntas
¿Hay armonía en mi vida? ¿Tengo muy en claro mis objetivos? ¿Estoy tirado en distintas direcciones? ¿Hay diferentes lealtades en competencia o hay una sola?
La séptima (5.9)
“Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mat 5:9 NBH)
La traducción más conocida de esta bienaventuranza, la de RV dice, “bienaventurados los pacificadores” La palabra griega traducida “pacificadores” se compone de un elemento verbal que quiere decir “hacer” y un elemento nominal que significa “paz”. Varias de las traducciones recientes reflejan este sentido: “los que procuran la paz” (NBH), “los que hacen la paz” (RVA), “los que trabajan por la paz” (NVI). Estas traducciones coinciden en que la palabra no significo simplemente “pacífico”.
Don Santiago Canclini en su libro sobre las bienaventuranzas, Mas allá de la violencia, afirma que no se trata meramente de un ser pacífico, cuya preocupación es vivir en paz, sin problemas, evadiendo los conflictos y la lucha. Esta bienaventuranza fue pronunciada no tanto para el que pasivamente tiene la paz, sino para el que activamente intenta lograr la paz.
El señala tres círculos donde el pacificador procura la paz. En primer lugar, se preocupa por la paz entre él y cualquier persona con quien está enemistado. En segundo lugar, se preocupa por procurar la paz entre otras personas que están enemistados. En tercer lugar, se preocupa por lograr la paz entre Dios y los hombres enemistados con él. Algunos llaman esta bienaventuranza la de la de la evangelización.
“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” (2 Cor. 5:20, RVR95) O como dice DHH “pónganse en paz con Dios”.
La recompensa: “serán llamados hijos de Dios”. Serán llamados hijos de Dios porque esto es lo que son. Serán reconocidos por Dios en el juicio final como sus hijos. Son hijos de aquel que varias veces en el N. T. se llama “el Dios de paz” (Ro. 15.33; Fil. 4.9; 1 Tes. 5.23). Además, son seguidores de aquel que es “el príncipe de paz” y de quien se afirma que él es nuestra paz. Es nuestra paz porque en su persona se logró paz entre Dios y la humanidad.
Preguntas
¿Puedo lograr la reconciliación de gente con distintas maneras de pensar? ¿Sirvo de puente para franquear barreras? ¿Mi presencia en una reunión contribuye a la armonía o a la discordia? ¿Puedo aceptar a otros genuina y sinceramente, aunque no están de acuerdo conmigo?
La octava
“Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.” (Mat 5:10 NBH) Esta última bienaventuranza es claramente la culminación de la lista.
A la octava bienaventuranza se agregan dos versículos, 11 y 12, para hacer más explícito el sentido y para dar una terminación apropiada al grupo de ocho. Esta expansión de la bienaventuranza se expresa en segunda persona como las bienaventuranzas en Lucas y no en tercera persona que se ha usado en Mateo hasta este punto.
Dice la expansión, “Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. (Mat 5:11 NBH) Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.” (Mat 5:12 NBH) Ser perseguido por la justicia como dice la bienaventuranza es igual a ser perseguido por Cristo como se afirma en Mateo 5.11. Los discípulos serán insultados, perseguidos y acusados de toda clase de mal y la persecución puede llegar a las últimas consecuencias del martirio.
Desde el principio la experiencia de los discípulos ha sido de persecución. Se da por sentado en el N. T. la persecución en algún sentido por seguir a Cristo. En los primeros capítulos de Hechos son las autoridades judías que persiguen a los cristianos. La persecución como política del gobierno romano empezó con Nerón por el año 64. Los historiadores latinos se refieren a las medidas que tomó. Fueron acusados del incendio de la ciudad de Roma y arrestados. Según los historiadores algunos fueron echados a la arena para ser matados por animales salvajes. Otros fueron empapados en aceite y se les prendió fuego en los jardines del emperador. Tengo en mi biblioteca el Libro de los mártires de Fox que cuenta los muchos ejemplos de martirio en la antigüedad.
Pero quizás lo que más llama la atención en el pasaje no es el hecho en sí de la persecución, sino el mandato de Jesús con respecto a la manera de reaccionar frente a la persecución. Los discípulos deben gozarse porque su sufrimiento ha sido tomado en cuenta en los cielos. Además, ellos siguen las huellas de una larga fila de fieles que han sufrido por ser leal a Dios incluyendo a su mismo Señor. Esta reacción de gozo y alegría es lo que se cuenta de los discípulos en el libro de Hechos.
Preguntas
¿Estoy dispuesto a pagar las últimas consecuencias por mi fe consciente que hay muchos lugares en el mundo donde esta es precisamente la consecuencia? ¿Puedo recibir la crítica de los demás sin ponerme a la defensiva’ ¿Puedo soportar el peso de servir a Cristo sin quejarme?
La recompensa de los que son perseguidos es el reino de los cielos. Es la misma recompensa de la primera bienaventuranza, la de los pobres en espíritu. De modo que la presencia de la misma recompensa al principio y al fin de la lista de las bienaventuranzas sirve como un elemento formal para marcar la unidad de pensamiento. Recompensa más grande que poseer el reino de los cielos no hay. Hunter cita a Bultmann: “Jesús promete recompensa a los que son obedientes sin pensar en recompensa.”
Las bienaventuranzas son ocho características de la vida del discípulo. Me parece que ningún pasaje de las Escrituras es más desafiante. ¡Que el Señor nos dé la percepción de evaluar nuestra lealtad a él por estas ocho declaraciones!
Pero, como dice don Santiago: “En realidad no será una recompensa ganada, merecida, sino más bien una consecuencia lógica de vivir de acuerdo con las leyes del reino de Dios.”
La persecución una y otra vez ha sido la ocasión para el crecimiento del cristianismo. Tertuliano: “La muerte de los cristianos es la siembra de crecimiento del evangelio.” Fue así según Hechos cuenta en Hechos 8. Así es en la época actual: la China, Cuba, etc.
Pedro alude a esta bienaventuranza más de una vez en 1 Pedro y dos veces usa la palabra griega traducida “bienaventurados” en las bienaventuranzas. Se refiere a los motivos de la persecución. “Si sois ultrajados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados.” (1Pe 4:14 R95) Hablando del motivo también dice, “si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1Pe 4:16 R95). La alusión más explícita es en 1 Pedro 3.14. “Pero aun si llegáis a padecer por causa de la justicia, sois bienaventurados” (RVA).
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda.”(Mat 5:24-25 R95)
El segundo círculo de acción del pacificador es el de las relaciones entre otros. En este caso “su misión será unir, mediar, reconciliar a quienes están separados por alguna de las mil y una causas que producen rencillas, celos y enemistades entre los hombres.” Jesús dice más adelante en Mateo 18, “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tú y él solos; si te oye, has ganado a tu hermano. Pero si no te oye, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.” (Mat 18:15-16 R95) (GNT, RVA, NVI todos tienen “contra ti”.)
Podemos reconocer en los testigos que se mencionan en el pasaje discípulos que cumplen la función de pacificadores para ayudar a otros a estar en paz.
En Lucas 11 se encuentra el relato de un fariseo que invitó a Jesús a comer con él.
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