Las bienaventuranzas

 


A partir del miércoles pasado empezamos una serie de reflexiones sobre pasajes del Sermón del Monte. Con la excepción del Padrenuestro, quizás ningún pasaje del Sermón del Monte es más conocido que el de las Bienaventuranzas. Hay bienaventuranzas en otras partes de las Escrituras, por ejemplo, en los Salmos y en el Apocalipsis donde aparecen siete en todo el libro. Sin embargo, las Bienaventuranzas del Sermón del Monte merecen un lugar especial. 

Mateo 5.3-12 (NBH)

“Bienaventurados (Felices) los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos. (Mat 5:3 NBH) Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados. (Mat 5:4 NBH) Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra. (Mat 5:5 NBH) Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados. (Mat 5:6 NBH) Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios. (Mat 5:7 NBH) Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.

(Mat 5:8 NBH) Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios. (Mat 5:9 NBH) Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. (Mat 5:10 NBH) Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. (Mat 5:11 NBH) Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.” (Mat 5:12 NBH)

Fijémonos en varios aspectos de ellas, primero los elementos que las componen. 

Hay en cada bienaventuranza tres elementos: (1) la palabra inicial que tradicionalmente ha sido traducida “bienaventurados”, (2) una expresión descriptiva de las personas bienaventuradas y (3) el motivo porque las personas con estas características son bienaventuradas. Analicemos cada elemento.

La declaración

El léxico de Sociedades Bíblicas de Elsa Tamez e Irene de Foulkes da como acepciones de la palabra inicial griega makários, “bienaventurado, dichoso, feliz, bendito”. Aparece nueve veces en las bienaventuranzas y se traduce comúnmente “bienaventurados”. Otras versiones traducen el término “dichosos” (NVI, DHH, Per) o “felices” (BNP). 

Estas personas que en general parecen desdichadas son en realidad dichosas o afortunadas porque se gozan del favor de Dios. Son felices no en el sentido de gozarse simplemente de un sentimiento de felicidad, sino por haber descubierto los secretos de la vida verdaderamente feliz, la vida que agrada a Dios y que él puede bendecir.

La descripción

El segundo elemento de las bienaventuranzas, la expresión descriptiva, tiene en varios casos un carácter claramente paradójico. Desde la perspectiva del sentido común es un contrasentido hablar de la dicha de los pobres, de los que lloran, de los que tienen hambre y sed, de los que son insultados y perseguidos. Este sentido paradójico es aún más evidente en la versión de Lucas de las bienaventuranzas (Luc. 6:20-26) que incluye cuatro “ayes” para los que están en la condición opuesta a la de los bienaventurados. 

La recompensa

El tercer elemento de las bienaventuranzas es la promesa de recompensa expresada en tiempo futuro salvo en el caso de la primera y última donde se repite la misma promesa, “de ellos es el reino de los cielos”. 


Parece claro que, aunque hay en el presente un anticipo de la bendición prometida, su realización plena es futura. Esto es más evidente en la forma de dos de las bienaventuranzas en Lucas donde se dice, “Bienaventurados ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados ustedes los que ahora lloran, porque reirán”. (Luc. 6.21, NBH)


¿Cuántas hay? 

Hay cierta discrepancia entre los intérpretes con respecto al número de bienaventuranzas. La palabra “bienaventurados” aparece nueve veces (vss. 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 11). Por lo tanto, algunos han pensado que son nueve. Otros comentaristas se han fijado en la expresión semejante del versículo 12, “Regocijaos y alegraos” y han concluido que cada uno de los diez versículos del 3 al 12 es una bienaventuranza. De esta manera Jesús habría dado diez bienaventuranzas en el monte como Moisés dio diez mandamientos en Sinaí. Sin embargo, un análisis cuidadoso del pasaje confirma que hay en realidad ocho y que el uso de “bienaventurados” en el versículo 11 con el agregado del versículo 12 representa una especie de expansión y explicación de la octava bienaventuranza.

Comparación con Lucas. 

En el Sermón de la Llanura de Lucas 6, hay solamente cuatro de las ocho bienaventuranzas del Sermón del Monte. Las bienaventuranzas de Mateo están expresadas en tercera persona, “Bienaventurados los que lloran”, mientras las de Lucas están expresadas en segunda persona, “Bienaventurados los que ahora lloráis” (Luc. 6.21, RVR95). Además, Lucas agrega cuatro “ayes” (Luc. 6:24-26) que contrastan con sus cuatro bienaventuranzas.  


Pero la diferencia más importante es la manera en que algunas están expresadas en Lucas. Mateo habla de la bendición de “los pobres en espíritu” (Mat. 5:3), pero Lucas habla simplemente de “los pobres” (Luc.6.20); Mateo habla de la bendición de “los que tienen hambre y sed de justicia”, pero Lucas habla simplemente de “los que ahora tenéis hambre” (Luc. 6.21). 

Las expresiones adicionales de Mateo les dan a las bienaventuranzas una dimensión espiritual, mientras la forma más concisa de Lucas podría interpretarse solamente en términos de la condición física y material de las personas. Esto, a su vez, podría coincidir con cierto interés en la problemática social del ser humano que se puede detectar en el Evangelio de Lucas. 

Sin embargo, no es necesario encontrar una contradicción en las dos versiones. Jesús puede ser el autor de las dos formas. En Lucas tenemos la expresión sintética, concisa y en Mateo la expresión plena, elaborada que indica la intención precisa de Jesús. Es claro que no hay ningún valor en la pobreza como tal o en pasar hambre en sí. Estas condiciones tienen valor si nos llevan a reconocer necesidades espirituales o si forman parte de nuestro desarrollo espiritual o del cumplimiento de nuestra misión como discípulos. 


Clasificación. 

Normalmente las ocho bienaventuranzas de Mateo se dividen en dos grupos con cuatro en cada grupo. En términos de la clasificación de los dos grupos, Stott piensa que las primeras cuatro hablan de la relación del discípulo con su Señor mientras que las cuatro restantes hablan de la relación con el prójimo (p. 42). Sin embargo, parece que hay ejemplos que se escapan de las categorías de Stott. Por ejemplo, los que lloran pueden estar llorando por necesidades ajenas y no propias (Mat. 5:4) o el hambre y la sed de justicia puede ser por la falta de justicia en la sociedad (Mat. 6). 

En general, las bienaventuranzas del primer grupo de cuatro se refieren a personas que se caracterizan por una falta o cierta limitación. En cambio, las bienaventuranzas del segundo grupo de cuatro se refieren a personas cuyas vidas, en lugar de demostrar la falta de algo, demuestran cualidades loables, no comunes. Si las bienaventuranzas del primer grupo describen a gente que busca algo, las del segundo grupo parecen describir gente que ha encontrado el secreto de expresar en su vida cualidades dignas de ser admiradas.

Características del discípulo. 

En su conjunto las bienaventuranzas caracterizan al discípulo. Es una descripción de la vida del cristiano. Stott tiene razón al señalar que cada bienaventuranza no representa un grupo diferente, sino una cualidad que debe caracterizar la vida de todo creyente. En su conjunto describen como debe ser la vida de todo discípulo de Cristo. 

Las bienaventuranzas traen a la mente el fruto del Espíritu en Gálatas 5.22-23 donde hay una lista de nueve virtudes. La lista del fruto del Espíritu representa cualidades que produce el Espíritu en la vida del discípulo, Las bienaventuranzas son ocho características que expresa la voluntad incondicional divina en la vida del discípulo de Cristo juntamente con la recompensa de las personas cuya vida se caracteriza de esta manera. El estudio de las bienaventuranzas nos da la oportunidad de evaluar en qué medida nuestra vida refleja estas características de un discípulo de Jesús.


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