ROMANOS 10. Parte I
1 Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por Israel es para salvación. Pablo empieza cada capítulo de esta sección con una expresión de su profunda preocupación por los israelitas. “Hermanos” aquí se refiere a los hermanos creyentes de Roma. En el texto griego después de “Hermanos” hay una partícula que da énfasis a la declaración y que RV traduce “ciertamente”. El término “corazón” puede referirse a la totalidad de los estados mentales, emocionales y volitivos del ser humano, pero en este caso es claro que se refiere al aspecto afectivo y sirve para subrayar el amor profundo del apóstol por su pueblo.
El no se conformaba con meros sentimientos; seguía orando por su pueblo a pesar de su incredulidad, evidencia clara que él no pensaba que el estado actual de rechazo era su respuesta final al evangelio. El texto griego dice simplemente “por ellos”. Los traductores de la RVA interpretan correctamente que quiere decir “por Israel”. Al referirse a los israelitas en tercera persona, Pablo da a entender que la congregación en Roma es mayormente gentil. Cranfield señala que en su oración por la salvación de Israel Pablo ha dejado un ejemplo para la iglesia. Dice: “Una iglesia que no oraba por la salvación de Israel sería una iglesia que no conocía lo que significa ser la iglesia de Jesucristo”.
2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo por Dios, pero no de acuerdo con un conocimiento pleno. Pablo puede declarar en base a conocimiento personal que los israelitas tienen celo por Dios; él mismo era un ejemplo de este celo. Barrett señala que ninguna nación se había entregado a Dios con tanta devoción y coraje como Israel. Toda su historia y toda la tradición rabínica es una confirmación innegable de su celo. Es celo por el Dios verdadero y en términos de la validez del objetivo no puede ser cuestionado. Pablo puede declarar en su favor que “buscan a Dios con ardor” (BI). Sin embargo, es celo sin conocimiento; buscan a Dios “a ciegas” (BI).
3 Pues, ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer su propia justicia, no se han sujetado a la justicia de Dios. Ahora el apóstol provee las razones de la declaración que acaba de hacer con respecto a que el celo de Israel es un celo sin conocimiento. La explicación tiene dos partes o, mejor dicho, hay dos caras de una misma realidad: por un lado los israelitas han desconocido la justicia de Dios y, por otro, han pretendido hacer valer su propia justicia. Dos veces en el versículo aparece la frase lema de la epístola “la justicia de Dios” (ver 1:17).
La ignorancia de los judíos no creyentes es en comprender y reconocer la justicia de Dios, es decir, el ofrecimiento de parte de Dios de un estado de justicia como un don y en base a la fe. Porfiadamente han insistido en pretender establecer por mérito una justicia propia. La consecuencia es que no se han sometido a la justicia de Dios. Su pecado es rebeldía contra la voluntad de Dios. Es posible que el tiempo aoristo del último verbo debe traducirse “no se sometieron” (así BLA; “no se rindieron”, BC) y entender que se refiere al acontecimiento histórico del rechazo de parte de los judíos de Jesús como su Mesías.
4 Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. El versículo 4 constituye una declaración fundamental para la teología paulina con respecto a la relación entre Cristo y la ley. Sin embargo, dos términos del versículo han sido interpretados de manera diferente por los estudiosos.
En primer lugar, la palabra traducida “fin” puede significar
(1) cumplimiento,
(2) meta o
(3) fin.
Los intérpretes eligen alguno de estos sentidos o alguna combinación de ellos. Según Cranfield, los padres parecen haber elegido entre una combinación de (1) y (2). Evidentemente Cristo se presenta como el que ha venido a cumplir la ley (Mat. 5:17). Es también cierto que en Gálatas la ley se presenta como el tutor que nos conduce a Cristo (Gál. 3:24), sentido que apoya la segunda interpretación. Sin embargo, es el tercer sentido que parece más apropiado en este contexto. Cristo es “el término de la ley” (LPD); “la ley tiene su fin en Cristo” (BI).
En segundo lugar, la expresión “la ley” ha sido interpretada como una referencia a la ley de Moisés o a ley en general. En este contexto parece que se refiere a la ley de Moisés como indica el versículo 5, pero de hecho la declaración acerca del fin de la ley de Moisés puede extenderse a cualquier otra ley.
Debemos fijarnos en que Pablo no dice simplemente que Cristo es el fin de la ley, sino que Cristo es el fin de la ley “para justicia”. De hecho la ley de Moisés en sus aspectos morales y éticos sigue teniendo validez para el creyente. Con la aparición de Cristo en la historia el día de una justicia por la ley, por medios legalistas se terminó.
Es importante notar la última frase del versículo. Cristo es fin de la ley para justicia “a todo aquel que cree”. La condición es fe en Jesús y este camino es aplicable a todos los hombres. Nadie queda excluido.
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