ROMANOS 10. Parte III
La incredulidad del hombre (10:14-21). Hay diferencia de criterio con respecto a si versículos 14 y 15 deben incluirse en el párrafo anterior o deben marcar el comienzo de una nueva división. Parece mejor asociarlos con lo que sigue. En el párrafo anterior Pablo ha dejado en claro que Dios tiene una sola manera de salvar a los hombres y es por fe. En la sección que iniciamos ahora la pregunta es si los judíos se equivocaron de camino (9:30-10:4) porque nunca les fue aclarado el plan de Dios para salvar a los hombres. Lo que el apóstol demostrará es que a pesar de que el mensaje fue ampliamente proclamado los judíos lo rechazaron.
14-15a ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán sin que sean enviados? Las cuatro preguntas tienen la misma forma y constituyen una cadena lógica en el orden inverso a los pasos del proceso a que se refiere. Cada pregunta se basa en la palabra clave de la pregunta anterior. El apóstol acaba de decir que “todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”. Pero para poder invocar al Señor con eficacia salvífica es necesario creer en él y creer presupone oir y oir presupone predicar.
El sujeto de los verbos no se identifica específicamente. Se pueden entender en forma indefinida. “¿Cómo invocarán los hombres . . .?” Sin embargo, en este contexto donde la preocupación del apóstol es con los judíos parece mejor entender que ellos son los agentes de las acciones (Compárese 9:32, 10:2-3.). Lo que es cierto de los judíos, es también cierto de todos los hombres, pero Pablo se está refiriendo en primera instancia a su propio pueblo. La lógica en la secuencia de preguntas es irrefutable y todo el proceso empieza con un mensajero autorizado, un heraldo enviado.
La única pregunta que requiere comentario es la segunda. “¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído?” En primer lugar, no es fácil entender porque RVA traduce “a aquel” en lugar de “en aquel”. Parece claro que la pregunta anterior que habla de “creer en” y el sentido mismo del acto de creer en este contexto requieren aquí la traducción “creer en”; casi todas las demás versiones traducen así. Además, la frase “de quien no han oído” puede traducirse “a quien no han oído” (Ver BJ y el margen de BLA). Aunque la mayoría de las versiones aceptan la traducción de RVA, Cranfield y Morris prefieren la traducción alternativa. No es simplemente oír “del” Señor, sino oír “al” Señor; él mismo habla a través del mensaje de los predicadores.
15b Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de las cosas buenas! Pablo cita Isaías 52:7 (comp. Naúm 1:15) para confirmar que en el caso de los Israelitas las condiciones del envío y de la proclamación han sido cumplidas. Originalmente las palabras del profeta se referían a los que trajeron a Jerusalén desde Babilonia la buena noticia que los días del exilio habían pasado y había llegado el tiempo de la restauración. La liberación de Babilonia bajo Ciro sirve como una especia de tipo o ilustración de la liberación perfecta logrado por Cristo que sus mensajeros están anunciando.
En el Nuevo Testamento toda la sección de Isaías que empieza con el capítulo 40 se aplica a la época del evangelio. Bruce nota que la voz de Isaías 40:3 que reclama la preparación de un camino en el desierto por el cual Dios conducirá a su pueblo liberado de vuelta a casa se convierte en la voz de Juan el Bautista convocando a un pueblo preparado para la llegada del reino. Jesús inicia su ministerio en la sinagoga de Nazaret proclamando “el año de la buena voluntad de Jehovah”. Morris nota que es interesante que los pies se describen como hermosos. Los mensajeros normalmente iban a pie y aunque los pies pueden estar sucios y dar olor después de un viaje largo y caluroso, sin embargo, para los que esperan ansiosamente las buenas noticias son hermosos. Los que traen buenas nuevas siempre están bienvenidos.
16 Pero no todos obedecieron el evangelio, porque Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje? Pablo cita Isaías 53:1 como está en la Septuaginta para confirmar que no se cumplió el último paso en este proceso necesario para que puede haber invocación del Señor para Salvación, el paso de creer. Hubo envío de mensajeros y proclamación del evangelio, pero no hubo obediencia. Obediencia aquí equivale a creer ya que la obediencia que Dios requiere es creer en aquel a quien el evangelio anuncia.
La expresión “no todos” en este versículo quiere decir “unos pocos”, un remanente (9:27. Puede compararse con la expresión “algunos fueron infieles” de 3:3 donde el sentido es que los muchos fueron infieles.). La pregunta “¿quién ha creído a nuestro mensaje?” implica que no muchos han creído aunque debían haberlo hecho. Algunos comentaristas entienden que Pablo se refiere a los gentiles o a judíos y gentiles. El lenguaje puede abarcar a ambos, pero parece claro que en este contexto Pablo se está refiriendo a los judíos de su tiempo. El problema de los judíos no era falta de mensajeros ni falta de proclamación sino falta de una respuesta obediente.
17 Por esto, la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo. No hay verbo en el griego y RVA siguiendo a RV ha suplido el verbo “es” aunque la tendencia en las versiones castellanas es suplir “viene” (BLA, NVI, BC, DHH, BJ; LPD suple “nace”.). Para algunos comentaristas el lugar indicado para este versículo es después de la serie de preguntas lógicas en 14-15a y otros lo consideran una nota al margen por algún escriba que se ha incluido en el texto.
Pero Bruce ha señalado una relación directa entre el 16 y el 17. La palabra traducida “oír” en el 17 es la misma palabra traducida “mensaje” en el 16. Algunas versiones castellanas intentan destacar este hecho. Por ejemplo, BC traduce: “¿quién dio fe a nuestra audición? Luego la fe viene de la audición; y la audición, por la palabra de Cristo”. NVI traduce: “quién ha creído nuestro mensaje? Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo".
Es también cierto que el versículo rescata la tercera de las condiciones mencionadas en el proceso lógico descrito en 14-15a, la de oír, que Pablo no ha mencionado. La mención de oír sirve de transición a la cita del versículo 18. Para Hendriksen el 17 es una conclusión que resume lo anterior. Se puede resumir todo el proceso diciendo que la fe para invocar al Señor como Salvador es a través de oír la palabra de Cristo en las palabras de los mensajeros que él ha enviado.
18 Pero pregunto: ¿Acaso no oyeron? ¡Claro que sí! Por toda la tierra ha salido la voz de ellos; y hasta los confines del mundo, sus palabras. Pablo ahora responde a dos motivos para la falta de respuesta de los judíos al evangelio. En primer lugar, pregunta si puede ser que no han oído. De hecho, no se identifica específicamente el sujeto del verbo “oyeron”, pero, como en todo el capítulo, debe referirse a los judíos. La forma de la pregunta retórica en griego anticipa una respuesta positiva reflejada en la traducción de RVA y en la respuesta: “¡Claro que sí!”. El apóstol cita Salmo 19:4 sin identificar las palabras como Escritura. Lo que en el Salmo se usa para describir el testimonio de la naturaleza universal acerca de Dios aquí se aplica a la predicación del evangelio.
Evidentemente Pablo no quiere decir que todo el mundo ha escuchado el evangelio ya que en esta misma carta se refiere a planes de trabajo misionero en España entre “los que no han oído” (15:21). Bruce habla de un “universalismo representativo”; vale decir, hay un conocimiento general del evangelio entre los judíos como grupo (Para declaraciones semejantes ver Col. 1:5-6 y 23.). Sandy y Headlam señalan que debido al carácter universal de la predicación, los judíos como cuerpo habían tenido la oportunidad de escuchar del evangelio.
19 Pero pregunto: ¿Acaso no comprendió Israel? Moisés fue el primero en decir: Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es mío; con una nación sin entendimiento os provocaré a enojo. Se sugiere un segundo motivo posible de la falta de respuesta de los judíos al evangelio, una falta de comprensión. De hecho, el acto de comprender no estaba contemplado en la secuencia de pasos en versículos 14 y 15, pero puede estar implícito en el oír. Aquí la referencia a Israel elimina toda duda acerca de a quien se refiere el apóstol. Cranfield señala la preferencia para el término “Israel” en capítulos 9 al 11, aparece once veces y “israelita” aparece dos veces, mientras “judíos” aparece solamente dos veces. En griego la pregunta retórica, “¿Acaso no comprendió Israel?”, anticipa la respuesta positiva clara, “Por supuesto que sí”. Pablo no hace explícito que es lo que tienen que haber comprendido. Para Cranfield es “la palabra de Cristo (v. 17), es decir, el evangelio. Para otros es la salvación de los gentiles. Para Morris no hay gran diferencia entre estas interpretaciones. Israel tendría que haberse dado cuenta que la salvación por gracia a través de la fe significaba que el camino de salvación siempre había estado abierto a los gentiles.
¿Cómo se puede armonizar la comprensión de parte de Israel que el versículo presupone con la declaración del versículo 3 de que los judíos ignoraban la justicia de Dios? Sandy y Headlam notan que la contradicción es más formal que real. En muchos sentidos su celo religioso no revelaba discernimiento religioso profundo, pero ellos son culpables de su incomprensión ya que desde el principio sus profetas les advirtieron con respecto al plan divino de la salvación.
Moisés es el primero en una larga lista de profetas que advirtieron a Israel con respecto a los peligros del rechazo de Dios. La cita es del canto de Moisés en Deuteronomio 32:21. Dios dice a Israel que ya que ellos lo han provocado a celos con lo que no es Dios, él los va a provocar a celos con lo que no es pueblo (Ose. 1:9 sgs.; Rom. 9:25 sgs.) Pablo aplica este texto a la situación de su día con la inclusión de los gentiles y la exclusión por decisión propia de los judíos. Expondrá la manera en que esto va a provocar a los judíos a celos en el capítulo 11. Si una nación sin entendimiento ha comprendido el camino de salvación, con más razón los judíos con todo el beneficio de su herencia espiritual (9:4-5) tendrían que haber comprendido.
20 También Isaías se atreve a decir: Fui hallado entre los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí. Se introduce un segundo testimonio con la cita precisa de Isaías 65:1a de la Septuaginta aunque hay una inversión del orden de las dos líneas en algunos manuscritos. La referencia a atrevimiento quizás se refiere no tanto al estado psicológico del profeta como al significado sorprendente de la declaración. Parece mucho mejor traducir aquí “fui hallado de los que no me buscaban” (así RV) o “por los que no me buscaban” (BLA) en vez de “entre los que no me buscaban”.
Dios es quien habla en la cita de Isaías y se dirige aparentemente a los judíos. El declara su disposición paciente a ser hallado por su pueblo aunque ellos han estado en rebeldía persistente. Pablo aplica las palabras a la situación de los gentiles de su día; sin haber estado buscando a Dios o preguntando por él, lo han encontrado. Morris dice: “Los gentiles no buscaban a Dios conscientemente como lo hacían los judíos. Pero al fin de cuentas lo encontraron porque él se reveló a personas de fe”.
21 Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo desobediente y rebelde. Pablo ahora cita Isaías 65:2 de la Septuagunta. La conjunción adversativa “pero” enfatiza que mientras Pablo aplica lo que Isaías 65:1a dice a los gentiles ahora está aplicando Isaías 65:2 a los judíos. Dios sigue hablando. La extensión de las manos es un gesto antropomórfico que representa una postura clara de apelación tierna. La expresión “todo el día” indica que el ruego ha sido continuo. Israel se describe como “pueblo desobediente y rebelde”.
Las citas en los versículos 19 al 21 han tenido como propósito demostrar que el problema de Israel no era una falta de comprensión. Pero el versículo 21 cumple una función adicional. Mira hacia atrás y resume en forma enfática el tema de todo el capítulo 10, eso es, que desde el punto de vista humano el fracaso de Israel se debe a su desobediencia obstinada. Además, al resaltar la paciencia de Dios, sirve de transición hacia el tema del capítulo 11.
Antes de pasar al capítulo 11 debemos fijarnos en las dos respuestas que se han dado hasta este punto con respecto al problema del fracaso de Israel. En capítulos 9 se indica que se debe al propósito soberano de Dios expresado en el principio de la elección. En el capítulo 10 se indica que se debe a la obstinada resistencia de los judíos de someterse al plan de Dios de la salvación por fe mediante la gracia. Si hemos de entender Romanos es importante mantener juntos estos dos conceptos aun cuando nos cuesta reconciliarlos: la soberana elección de Dios expresada en la salvación de los pecadores y la libre responsabilidad del hombre de responder en fe al ruego constante de Dios al pecador de volverse a su lado.
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