ROMANOS 7 C. Vida libre del señorío de la Ley (7:1-25). Parte II
2. Libre por comprender como obra la Ley (7:7-13).
Romanos 7:7-25 es uno de los pasajes más discutidos de toda la Biblia. Conviene notar algunos aspectos gramaticales. Pablo usa la primera persona del singular, cosa que no ha hecho desde el primer capítulo de la carta salvo dos casos de tipo editorial (3:5; 6:19. En 3:7 y 4:17 el uso de la primera persona no representa una referencia a Pablo.). Esto sugiere que en algún sentido el pasaje puede tener un carácter autobiográfico. En 7:7-13 los verbos están en tiempo pasado y en 7:14-25 en tiempo presente. En la medida en que el pasaje puede considerarse autobiográfico, esto, a primera vista, puede indicar que 7:7-13 se refiere al pasado y 7:14-25 al presente.
Algunas de las referencias a la ley en los párrafos anteriores (5:20; 6:14 y 7:1-6) pueden haber dado la impresión que la ley es mala. En 7:7-13 Pablo intenta corregir esta idea equivocada. Demostrará que la ley es buena pero se convierte en instrumento del pecado. Entendemos que Pablo aquí presenta su propia experiencia antes de la conversión, pero desde la perspectiva del hombre convertido. Es también cierto que la descripción representa la experiencia del hombre en general en la ausencia de la ley y en su presencia. Algunos comentaristas encuentran reflejado aquí el lenguaje de Génesis 3.
7a ¿Qué, pues, diremos? ¿Que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Como en 6:1 y 9:14, la primera pregunta anticipa una conclusión equivocada que se puede sacar de algo que el apóstol acaba de decir. Algunas de las observaciones previas (5:20 y 6:14) pueden haber dado la idea de que la ley es mala en sí, idea expresada en la segunda pregunta (NBE: "Conclusión: que la Ley es sinónimo de pecado".). La historia de la iglesia ha demostrada que el miedo de que alguno puede llegar a esta conclusión equivocada no es meramente teórico. El rechazo es rotundo (comp. 6:1 y 14).
7b Al contrario, yo no habría conocido el pecado sino por medio de la ley; porque no estaría consciente de la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. La ley cumple una función importante al señalar el pecado como trasgresión de la voluntad divina (comp. 5:13 y 20). Para ilustrar el pensamiento Pablo cita el caso del décimo mandamiento. La traducción de BI es instructiva: "Así, por ejemplo, yo ignoraba la maldad que hay en los malos deseos, hasta que vino la ley". Era la ley que señaló para Pablo el verdadero carácter malo ("la maldad") del pecado de la codicia.
8 Pero el pecado, tomando ocasión en el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. La ley sirve una función importante al señalar la naturaleza verdadera del pecado. Esta función es positiva e importante. Sin embargo, la ley cumple otro rol que explica como puede convertirse en el enemigo del hombre. Sirve al pecado como "base de operación" o "puente de cabeza" (así es el sentido de la palabra traducida "ocasión"). La ley provee al pecado el medio por el cual puede "tomar pie" (NVI y NBE) y empezar su asalto al hombre. La ley proveyó al pecado una base de operación y el pecado lo aprovechó para producir en Pablo toda clase de codicia. El pecado se personifica usando la figura de una operación militar; la ley se convierte en el instrumento del pecado.
Aquí nos enfrentamos con una de las realidades de la naturaleza humana. La prohibición en lugar de prevenir la conducta proscrita la provoca. La ilustración clásica aquí es de la que cuenta Agustín en Confesiones (p. 47). El y algunos muchachos más robaron peras de un peral del vecino. Aunque comieron algunas, la mayor parte las arrojaron y las echaron a los cerdos. Dice Agustín: "Ejecutamos una acción que no tenía para nosotros de gustosa más que el sernos prohibida". La ley que es para desalentar el pecado termina despertándolo. El problema no está en el mandamiento sino en el hombre. El pecado está presente en la ausencia de la ley, pero no es activa. Es la ley que lo despierta.
9a Así que, yo vivía en un tiempo sin la ley. El apóstol sigue ilustrando el argumento por su propia experiencia antes de conversión. ¿A qué momento específico en su vida se refiere Pablo? Algunos comentaristas piensan que se refiere a su niñez antes de asumir toda la obligación de cumplir la ley. Para otros se refiere más bien a la época de su vida cuando no tenía una plena conciencia del significado de la ley, la época cuando creía, como el joven rico, que había cumplido bien todo (comp. Fil. 3:6). Después por la obra de Dios en su persona se dio cuenta de las implicaciones verdaderas de la ley y de su falta de cumplimiento.
Pablo se refiere a su propia experiencia, pero de alguna manera lo que dice es cierto de todo ser humano que es confrontado por las demandas de la ley de Dios. El hombre puede vivir en relativa tranquilidad en cuanto a su deber con Dios hasta que las implicaciones plenas de las exigencias divinas empiezan a inquietarlo. El hombre sin fe en Dios puede vivir "feliz", sin una conciencia plena de sus pecados (BJ: "¡Ah! Vivía yo un tiempo sin ley".). Este hombre "vive" no en el sentido pleno de lo que es vivir, sino vive en el sentido de que no ha experimentado la muerte al ser confrontado por la ley.
9b pero cuando vino el mandamiento, el pecado revivió; y yo morí. Aquí "el mandamiento" puede referirse a la ley en general o al mandamiento de no codiciar a que el apóstol se ha referido en los versículos anteriores. Evidentemente el mandamiento, sea la ley en general o el décimo mandamiento, existía mucho antes de aparecer Pablo en la historia. Sin embargo, hubo un momento en que el significado pleno del mandamiento llegó al apóstol. En este momento el pecado que había estado inactivo "revivió" ("cobró nueva vida", NVI). En el versículo anterior se ha dicho que sin ley el pecado estaba muerto, pero en cuanto la ley apareció recuperó su vida y como consecuencia Pablo murió (comp. 5:12, 14; 6:23; Gen. 2:17). Aquí morir no tiene el sentido positivo que tiene en 6:2, 7, 8 y 7:4. Pablo siguió existiendo físicamente, pero estaba bajo la sentencia de muerte y la muerte física sería simplemente el cumplimiento de esta sentencia.
10 Y descubrí que el mismo mandamiento que era para vida me resultó en muerte. La intención del décimo mandamiento y de toda la ley era dar vida ("estaba destinado a conducirme a la vida", NVI). Lo mismo era cierto del mandamiento al hombre en Génesis 2:16-17. Jesús confirma esta buena intención de la ley en su diálogo con el intérprete de la ley (Luc. 10:28; comp. Rom. 10:5). Sin embargo, lo que "debía ser portador de vida" (BI) se convirtió para Pablo "en instrumento de muerte" (BI). La traducción "descubrí" no refleja la voz pasiva del verbo en el texto griego y puede sugerir una iniciativa de parte del apóstol que no está presente en la expresión. Más bien dice "fue descubierto en mi caso". Se le reveló este resultado desagradable del mandamiento, del “mismo mandamiento”.
11 porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó; y por él, me mató. Pablo sigue con el desarrollo de su argumento y vuelve a usar la misma expresión del versículo 8. El pecado se personifica usando la imagen de conflicto. El mandamiento es el instrumento del pecado y le provee de lo que sirve como "base de operación" o "puente de cabeza" para que el pecado logra establecerse. El pecado "toma pie" (así NVI y NBE) del mandamiento.
El primer resultado del establecimiento por el pecado de una base de operación en el hombre es el engaño (BJ dice: "me sedujo"; NVI: "me tendió un lazo fatal"). Parece claramente reflejado aquí el lenguaje de la mujer en Génesis 3:13: "la serpiente me engañó y comí". Morris señala los varios sentidos en que era precisamente el mandamiento que aprovechó la serpiente para engañar a Eva. (1) Llamó la atención al aspecto negativo de la prohibición (Gén. 3:1), sin reconocer el permiso de comer de todos los demás árboles (Gén. 2:16-17). (2) Sembró duda de que efectivamente morirían si comieran (Gén 3:4). (3) Aprovechó el mandamiento para insinuar la mala voluntad de Dios y sugerir que el hombre debe actuar en contra de la intención de Dios (Gén. 3:5).
La consecuencia final e ineludible en el caso de la primera pareja y de Pablo era la muerte. El pecado "produjo la muerte tomando como arma el mismo mandamiento" (NVI). De modo que ha quedado demostrado como la ley cuya intención original era asegurar vida efectivamente se convierte en el instrumento del pecado y produce muerte.
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