ROMANOS 7 C. Vida libre del señorío de la Ley (7:1-25). Parte V



19 Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Este versículo repite el pensamiento del 7:15b con alguna ligera variante de expresión.

El contraste entre lo que quiere hacer y lo que hace se enfatiza al agregar las expresiones "el bien" y "el mal" que no se usan en 7:15. Pable vuelve a describir la situación contradictoria que existe en su ser; quiere hacer el bien y no lo hace; no quiere hacer el mal pero lo hace.

20 Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo, sino el pecado que mora en mí. Se repite el pensamiento de 7:16a y 17, pero con ligeras variantes de expresión. Se da por sentado que la condición con que empieza el versículo es un hecho. Es la misma clase de construcción que aparece al principio de 7:15 donde se traduce "ya que hago lo que no quiero". De nuevo hace falta señalar que Pablo no está tratando de justificar lo que hace, sino de alguna manera explicarlo. "Entonces, si hago lo que no quiero hacer, está claro cuál es el problema: el pecado tiene aún clavadas en mis sus perversas garras" (BAD).

21 Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí. Pablo está llegando a la conclusión final del argumento que viene desarrollando desde 7:14. Predomina en los cinco versículos finales el término “ley” (aparece siete veces) en distintas expresiones: “la ley” (7:21), “la ley de Dios” (7:23 y 25), “otra ley” (7:23), “la ley de la mente” (7:23) y “la ley del pecado” (7:23 y 25). En este primer uso donde aparece simplemente la expresión “la ley”, los comentaristas en general entienden que se trata de un “principio” o “regla” (así BI) y que no es una referencia a la ley de Dios. Por lo que dice Pablo en el versículo se entiende que es la misma ley que en 7:23 y 25 se llama “la ley del pecado”. 

La expresión “hallo” quiere decir que por experiencia propia Pablo ha comprobado esta ley. Es una conclusión a que ha llegado después de analizar su propia experiencia. “Constato, en fin, la existencia de esta regla . . . .” (BI). A pesar de querer hacer el bien el mal le “acompaña” (NVIC). La traducción de NBE es enfática: “me encuentro fatalmente con lo malo en mis manos”. La misma voluntad que desea hacer el bien, termina eligiendo el mal.

  22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios. “Porque” indica que el contenido de los versículos 22 y 23 es una explicación de la situación que se describe en el versículo 21. El creyente encuentra su deleite en la ley de Dios, un sentir que se expresa una y otra vez en las Escrituras en los Salmos (Sal. 19:8; 119:14, 16, 24, 25, 47, 70, 77 y 92). Este deleite es “según el hombre interior” (Ver 2 Cor. 4:16 y Ef. 3:16; compárese también las referencias al hombre nuevo en Ef. 3:24, Col. 3:10 y, por implicación en contraste con el hombre viejo, en Rom. 6:6). La expresión “el hombre interior” debe significar lo mismo que “la mente” en 7:23 y 25. Es el hombre esencial que ha sido renovado por el Espíritu que está en el interior de su persona; es el Pablo verdadero en contraste con aquel otro Pablo que comete el pecado.

23 pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros. A pesar del hecho de que el hombre interior, el que ha sido renovado por el Espíritu, se deleita en la ley de Dios, Pablo ha observado que opera en su persona “una ley diferente”, la que en la segunda parte del versículo se identifica más precisamente como “la ley del pecado”. Esta ley diferente lucha, guerrea contra “la ley de su mente”, eso es, la ley que su mente reconoce y acepta, la misma que en 7:22 se llama “la ley de Dios”. Pablo emplea una imagen militar para indicar el conflicto dentro de su persona entre estas dos leyes.

¿Cuál es el resultado de esta lucha? La respuesta viene a través de otra figura militar. La segunda ley lo toma preso, lo cautiva. Es importante fijarse en el hecho del conflicto. Pablo está resistiendo; no se ha entregado. Sin embargo, los criterios racionales no pueden triunfar en contra del otro criterio que opera en su cuerpo. Se debe notar que, aunque “la ley del pecado” se presenta como obrando a través de los miembros (la expresión aparece dos veces en el versículo), en ningún momento se concibe del cuerpo como malo en sí.

24 ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?  Todo lo expresado de 7:14 a 23 lleva el apóstol a un grito exclamatorio que traducida literalmente sería “¡Miserable yo hombre!” Las traducciones emplean diferentes términos para traducir la primera palabra: “desdichado” (DHH), “desgraciado” (NBE), “infeliz” (BI). Para algunos comentaristas estas palabras no pueden ser las de un creyente. Sin embargo, la verdad parece ser que mientras más avancemos espiritualmente más nos damos cuenta de cuanto nos falta de ser lo que debemos ser y lo que queremos ser. Perder de vista esta realidad es correr el peligro de conformarnos con un nivel inferior de compromiso y de justificar nuestra falta de ser todo lo que Dios quiere que seamos. 

El grito de la primera parte del versículo y la pregunta que el apóstol hace a continuación deben entenderse como una expresión de angustia pero no de desesperación. La referencia a liberación en la pregunta puede ser una expresión del anhelo ferviente de lo que él sabe con seguridad está esperando (8:23). La expresión “este cuerpo de muerte” como la expresión “mis miembros” en el versículo anterior debe ser una referencia a la naturaleza humana en su condición de sujeción a la ley del pecado. El apóstol quiere ser librado de la condición de vida en el cuerpo que está sujeto al pecado como se ha descrito en todo el párrafo. “¿Quién me librará de este ser mío, instrumento de muerte” (NBE).   

25a ¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! 

La pregunta del versículo 24 parece ser retórica y la respuesta parece ser que no hay nadie que puede librar. Sin embargo, ahora hay una sorprendente exclamación de gratitud a Dios que nos libera y lo hace por medio de Jesucristo. ¿Se refiere Pablo aquí a una liberación presente del creyente o una liberación futura escatalógica (ver 8:23)? Quizás la respuesta es que la liberación es a la vez presente y futura; es posesión actual, pero es parcial e incompleta, primicia de lo que Dios va a hacer en el futuro (Morris).

25b Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado. La segunda parte del versículo 25 es una declaración tan sorprendente después de la exclamación de victoria del 25a que algunos traductores e intérpretes (por ejemplo, Moffatt y Dodd) han sugerido que está fuera de lugar y debe ubicarse después del versículo 23. Para otros era una nota (glosa) al margen que resumía 7:15-23 y que posteriormente se incluyó en el texto. No hay ninguna evidencia textual que apoya estas teorías. El versículo es notablemente difícil para los que entienden que la persona que habla en los versículos anteriores es un inconverso o un creyente que vive un nivel inferior de la vida cristiana que debe ser superado. 

Pero si la persona que habla en estos versículos es un creyente normal, entonces lo que tenemos es una conclusión del argumento que se viene desarrollando. Lo señalan algunas versiones: “En resumen” (BC); “En conclusión” (DHH). Este resumen del argumento parece apropiado antes de proceder al desarrollo de la nota triunfal del capítulo 8 y señala la misma tensión dentro del creyente que está presente en los versículos anteriores. La expresión “con la mente” no debe limitarse a las facultades racionales naturales (algunas versiones dicen “con mi razón”, por ejemplo, NBE y BI); es la mente del creyente renovada por el Espíritu. Esta mente renovada del creyente está plenamente al servicio de Dios, pero “la carne” (la naturaleza humana caída) sigue al servicio del pecado. 

En las palabras de Lutero el creyente es simultáneamente justo y pecador. Las palabras parecen resumir muy bien con toda honestidad y claridad de pensamiento la tensión de la vida cristiana, su convicción de victoria y su conciencia de pecaminosidad (Cranfield).


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