ROMANOS 8 D. Vida en el Espíritu (8:1-39) parte VII
16 El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Este versículo parece apoyar y clarificar la declaración del versículo 15 acerca del Espíritu que efectúa nuestra adopción y por quien clamamos a Dios como Padre; indica que esta afirmación está confirmada por una obra previa de este mismo Espíritu en nuestra vida. El ya ha dado testimonio a nuestro espíritu de nuestra relación filial con el Padre. Este testimonio previo que es al mismo tiempo constante (Se debe notar el tiempo presente del verbo.) es la base para dirigirnos a Dios como Padre. BI traduce: “Ese mismo Espíritu se une a nuestro propio espíritu para asegurarnos que somos hijos de Dios”.
Los traductores de RVA aceptan el sentido “dar testimonio juntamente con” para el primer verbo del versículo como si nuestro espíritu se uniera al Espíritu Santo para dar testimonio. Parece mejor aquí reconocer con Cranfield el otro sentido del verbo, el de “dar testimonio a, asegurar” (Así lo interpretan RV, BLA, NVI, DHH, NBE, BC, y otras.). La palabra traducida “hijos” en este versículo no es el mismo que aparece en el versículo 14 y su primera acepción es “niños”. Sin embargo, en este caso parece representar una variación de vocabulario y no de sentido. Morris señala que Pablo usa “hijos de Dios” cinco veces (8:14, 19; 9:26; 2 Cor. 6:18; Gál. 3:26) y “niños de Dios” cuatro veces (8:16, 21; 9:8; Fil. 2:15).
17a Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo. El versículo 17 es un versículo de transición hacia el tema de la esperanza futura del creyente que se desarrolla en 8:18-25. De hecho, Cranfield incluye el versículo 17 en la siguiente sección de la epístola. “Y si somos hijos” significa “Y puesto que somos hijos” (así DHH). La consecuencia lógica de ser hijo es ser heredero. Además de este pasaje, Pablo usa el lenguaje de ser heredero en Romanos 4 y en Gálatas 3 y 4. Normalmente para que el heredero reciba la herencia es necesaria la muerte de aquel que deja la herencia. Por supuesto, esto no es aplicable aquí al pensar en ser heredero de Dios (Diferente es la idea de Heb. 9:15-17 que se refiere a la muerte de Cristo.). Ser heredero de Dios es una imagen que Morris califica como atrevida notando que es el único lugar donde aparece en el Nuevo Testamento.
El concepto de herencia es importante en el Antiguo Testamento, pero el sentido no parece ser tanto sucesión hereditaria, sino “entrar a poseer, recibir lo que corresponde a uno”. Aquí el concepto de ser heredero designa la posesión plena en la era futura de todo lo que implica el ser hijo de Dios. Cranfield señala que la imagen es extraordinariamente efectiva en remarcar que los cristianos tienen grandes expectativas y estas están basadas en el hecho de que son hijos de Dios.
Para Cranfield ser “coheredero de Cristo” enfatiza la seguridad de recibir nuestra herencia. El ser hijos y herederos de Dios descansa sobre nuestra relación con Cristo. El ya ha entrado en la plena posesión de su herencia y el hecho de ser coherederos es una garantía de la posesión efectiva de la nuestra.
17b si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. El sufrir con Cristo se da como hecho: “ya que sufrimos con él” (BJ). Pero el sufrimiento no debe poner en duda nuestro estatus de hijos sino confirmarlo: “es señal de que compartiremos también su gloria” (NBE). El sufrir con Cristo se refiere al sufrimiento que no se puede separar de ser leal a Cristo en un mundo que no lo reconoce. Sufrimos “con” él en el sentido de sufrir “por amor a él” y “en conformidad con el modelo de su vida terrenal” (Cranfield). El surfrir con Cristo lejos de ser una casualidad en la experiencia cristiana es una necesidad (“para que”) para ser glorificado con él. Pablo ha hablado de ser privado de la gloria de Dios por el pecado (3:23) y de la esperanza futura de recuperar la gloria de Dios (5:2) que se había perdido. Esta esperanza de ser glorificado con él es el tema de 8:18-25.
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