ROMANOS 8 D. Vida en el Espíritu (8:1-39) parte XI

 


27 Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el intento del Espíritu, porque él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. La frase “el que escudriña los corazones” (“el que sondea”, BC; “que examina”, DHH) es claramente una referencia a Dios quien se describe con frecuencia como el que prueba o conoce los corazones (Sal. 7:9; Prov. 17:3; Hech. 1:23; 15:8; 1 Tes. 2:4). En Apocalipsis 2:23 se usa el mismo verbo que aparece aquí en el mensaje a la iglesia de Tiatira: “yo soy el que escudriña la mente y el corazón”. Corazón indica “lo más profundo del ser” (BI). El Dios que conoce los corazones sabe cuál es “el intento del Espíritu”. La expresión “el intento” es la misma que aparece en 8:6 y se traduce de distintas maneras: “el sentir del Espíritu” (BLA), “la aspiración del Espíritu” (BC), “que es lo que el Espíritu quiere decir” (DHH). Parece claro que aquí el término griego pneuma se refiere al Espíritu Santo y no al espíritu humano y casi todas las traducciones escriben la palabra con mayúscula. 

La palabra traducida “porque” puede traducirse “porque” y entenderse como una indicación de la razón porque Dios sabe el intento del Espíritu y traducirse “porque” (Además de la RVA, lo traducen así RV, BLA, BC, DHH, NBE.)o puede traducirse “que” y entenderse como indicación de lo que Dios sabe (LPD traduce: “[Dios]sabe que su intercesión [la del Espíritu] en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina”.). La tendencia entre traductores es preferir “porque” aunque Cranfield prefiere “que” y Morris indica que hay factores favorables a las dos interpretaciones y deja sin resolver la elección.

Lo que es claro es que la intercesión del Espíritu en favor de “los santos” (“los que le pertenecen”, DHH; “los consagrados”, NBE) es “conforme a la voluntad de Dios”. Esta última frase traduce dos palabras griegas que literalmente significan “según Dios” (así BC); NBE traduce la frase “como Dios quiere” y BI “en plena armonía con la divina voluntad”.

Resumimos aquí un comentario acertado de Bruce. El dice que en ciertas etapas de la vida del creyente se considera que el uso de las palabras justas es esencial para la eficacia de la oración. Pero cuando el espíritu del hombre está más en armonía con el Espíritu de Dios, las palabras pueden resultar no solamente inadecuadas sino que pueden ser impedimentos a la oración. Sin embargo, Dios, delante de quien los pensamientos de los hombres son como un libro abierto, reconoce en los gemidos sin palabras en el ser más íntimo de su pueblo la voz del Espíritu intercediendo por ellos en armonía con su propia voluntad y responde en conformidad. 

28 Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito. Ahora el apóstol pasa a afirmar que Dios que interpreta los gemidos del Espíritu en los corazones obra también en todas las circunstancias de la vida para el bien del creyente. La expresión “sabemos” indica que Pablo va a mencionar algo que generalmente se reconoce como cierto, pero en el caso del apóstol es algo que él ha comprobado en experiencia propia (comp. 2 Cor. 12:9 sgs.). 

La traducción “Dios hace que todas las cosas ayuden para bien” de RVA reemplaza la conocida frase “todas las cosas . . . ayudan a bien” de RV. El problema de traducción involucra factores de texto y de gramática. Unos pocos antiguos y buenos manuscritos agregan “Dios” aquí como sujeto de la oración. Aun cuando no se acepta esta variante, factores de gramática pueden determinar que el sujeto sea Dios y que el complemento directo del verbo sea “todas las cosas”. La duda es si este verbo puede tomar un complemento directo y tener el sentido que se sugiere. La tendencia clara en las traducciones es entender que Dios es el sujeto del verbo. Por ejemplo, NVI traduce, “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” (DHH y LPD traducen de una manera prácticamente idéntica.). Otras versiones aceptan a Dios como sujeto pero traducen el verbo de manera diferente (NBE, “él coopera en todo para su bien”; BC, “Dios coordina toda su acción al bien”; BJ, “interviene Dios para bien”). 

Aun cuando aceptamos la traducción más conocida, “todas las cosas . . . ayudan a bien”, se entiende que el sentido no es simplemente que todo va a salir bien, sino que Dios hará que las circunstancias sean para bien. Presupone el soberano actuar de Dios como lo demás del capítulo indica. De modo que, aunque la base textual o gramatical para aceptar a Dios como sujeto del verbo no sea segura, la RVA y demás traducciones recientes semejantes parecen reflejar el sentido que Pablo quiso expresar.

Sin embargo, este obrar de Dios para que todas las cosas resulten en bien no es para todo el mundo sino para aquellos que están caracterizados mediante dos frases. En primer lugar, son “los que le aman”. Esta frase aparece primero en el texto griego y recibe un énfasis especial. Todo lo que se dice después está referido específicamente a estas personas. Cranfield nota que estas palabras tienen un trasfondo en el Antiguo Testamento muy rico y aparecen con frecuencia en el Nuevo Testamento (Mat. 12:37; Mar. 12:30, 33; Luc. 10:27; Juan 5:42; 1 Cor. 2:9; 8:3; Stg. 1:12; 2:5; 1 Jn. 5:1-2). Dice: “El amor a Dios que se manda en las Escrituras es nada menos que la respuesta del hombre con la totalidad de su ser al amor previo de Dios. De esta manera incluye la totalidad de la religión verdadera”.

En segundo lugar, los que reciben el beneficio del obrar de Dios en todo para bien son “los que son llamados conforme a su propósito”. El pronombre posesivo “su” ha sido suplido por los traductores ya que Pablo dice simplemente “conforme” o “según propósito”. A pesar de que algunos intérpretes, incluyendo algunos de los padres, han querido ver aquí una referencia al propósito del hombre que responde en fe, parece claro que se refiere a la intención o designio de Dios; y las traducciones están en lo cierto en entender la frase en este sentido. La palabra “llamado” se refiere al llamado efectivo de Dios del creyente como indica el versículo 30. Detrás del amor que tiene el cristiano hacia Dios está su iniciativa previa en sus vidas; el amor hacia Dios es señal y prueba de su amor previo hacia los creyentes.

Falta comentar el sentido de la frase “para bien”. Es claro que no se refiere a lo que superficialmente se entiende por bien. Es el bien espiritual del creyente, su bien eterno, en fin, lo que es para el bien de su salvación y del reino. Las palabras de Cranfield son tan apropiadas que merecen ser citadas a pesar de su extensión. 

Entendemos, entonces, que la primera parte del versículo significa que nada puede efectivamente hacer daño a los que realmente aman a Dios, vale decir, hacerles daño en el sentido más profundo de la palabra. Todo lo que les puede pasar, incluyendo todas las cosas malas que se mencionan en el versículo 35, tienen que servir para ayudarlos en el camino de la salvación, confirmando su fe y acercándolos al Maestro, Jesucristo. Pero la razón porque todas las cosas ayudan a creyentes es porque Dios está en control de todas las cosas.


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