35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación? ¿angustia? ¿persecución? ¿hambre? ¿desnudez? ¿peligros? ¿espada? Pablo sigue con preguntas retóricas. La implicación clara de la primera es que nadie puede “privarnos” (así NBE) de su amor. A la luz de la lista de cosas que se mencionan en el versículo, podemos preguntar porque Pablo escribió “¿quién?” y no “¿qué?” Murray señala que esta pregunta está coordinada con las tres anteriores que empiezan de la misma manera: “¿quién contra nosotros?” (8:31); “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?” (8:33); “¿Quién es el que condenará?” (8:34).
Parece evidente que al hablar del amor de Cristo Pablo se refiere al amor de Cristo por nosotros aunque el lenguaje permite el otro sentido, eso es, nuestro amor por él. Puede sorprender que hable del amor de Cristo en lugar del amor de Dios (5:5 y 8:39). Quizás se explica por el hecho de que acaba de referirse a la muerte de Cristo por nosotros. No hay mucha diferencia como indica la frase de 8:39, “el amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”.
La lista de siete cosas que sigue no representa una nueva pregunta sino un intento de hacer más explícitas las implicaciones de la primera pregunta, es decir, que absolutamente nada puede “arrebatarnos el amor de Cristo” (BI). Las primeras dos palabras, “tribulación” y “angustia” son términos generales que hablan de las experiencias adversas de la vida en sentido amplio; DHH las traduce “el sufrimiento y las dificultades”. La palabra “persecución” nos recuerda una realidad de la experiencia de los cristianos en los primeros tiempos y una realidad cada vez más frecuente en nuestros tiempos.
El término “hambre” refleja la situación precaria con respecto a la disponibilidad de comida en el primer siglo que es también una característica de la vida para mucha gente en el presente. Con respecto a “desnudez”, Morris cita a Earle como señalando que para nosotros hoy se asocia con una falta moral, pero en aquel entonces indicaba la falta del vestido mínimo necesario para proteger el cuerpo de los elementos. Al referirse a “peligros” el apóstol constata la inseguridad en el mundo de su tiempo que es cada vez más una característica de la vida de nuestros tiempos. El último término de la lista, “espada”, indica el modo común de la pena capital en la época; DHH traduce “la muerte”. Esta última es la única de las cosas mencionadas que Pablo no había experimentado y con el correr del tiempo la experimentaría (Morris).
36 Como está escrito: Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero. La cita es del Salmo 44:22 donde expresa la perplejidad del pueblo de Dios al pasar por sufrimiento que no tiene explicación. Los rabinos usaron el versículo para referirse a la muerte de los mártires, por ejemplo, la muerte de la madre y sus siete hijos que se describe en 2 Macabeos 7, y para referirse a la vida de los piadosos que se entregan con todo el corazón a Dios (Cranfield). La cita tiene el efecto de demostrar que el sufrimiento de los creyentes no es nada nuevo, sino que siempre ha sido característico del pueblo de Dios. Jesús lo había anticipado: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Mar. 8:35). De modo que los creyentes son tratados “como ovejas destinadas al degüello” (BC).
37 Más bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. El versículo empieza con una partícula negativa que RVA traduce “Más bien”. Cranfield sugiere la siguiente paráfrasis de esta partícula: “Lejos de ser posible que cualquiera de estas cosas nos separa del amor De Cristo”. La frase “en todas estas cosas” puede ser un hebraísmo que significa “a pesar de estas cosas” (Bruce). Quizás se debe preferir el sentido normal y entender que está hablando de una victoria que no está en evitar todas estas cosas o ser eximido de pasar por ellas, sino en hacer frente a cada una, una victoria que se da precisamente en medio de todas estas cosas.
Sin lugar a duda, lo más llamativo del versículo es el verbo traducido mediante la frase “somos más que vencedores”. Es el verbo normal que significa “vencer” reforzado con un prefijo preposicional que le da una fuerza intensiva. El verbo aparece solamente aquí en el Nuevo Testamento y enfatiza lo absoluto de la victoria. Algunas de las versiones reflejan el sentido: “soberanamente vencemos” (BC); “obtenemos una amplia victoria” (LPD); “lo superamos de sobra” (NBE). En una nota Morris cita las palabras de G. McKenzie: “Nos queda algún resto aun cuando la vida y la muerte han hecho lo peor de que son capaces”. Pero la victoria es “por medio de aquel que nos amó”. Algunos intérpretes han entendido una referencia al Padre, pero a la luz de las referencias a Cristo en los versículos 34 y 35 parece mejor entender una referencia al Hijo.
38-39 Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Pablo termina este canto de triunfo con un testimonio personal: “tengo la certeza” (LPD). El tiempo del verbo (perfecto en griego) indica una conclusión a que el apóstol ha llegado y una firme convicción, una seguridad permanente resultante (comp. 14:14; 15:14; 2 Tim. 1:5, 12). Su convicción es que absolutamente nada es capaz de separarnos del amor de Dios y en apoyo de su convicción presenta una lista ilustrativa de diez posibles enemigos que podrían representar amenazas. Los elementos de la lista están en pares con la excepción de “poderes” y “ninguna otra cosa creada”.
El primer par es “ni la muerte, ni la vida”. La muerte se menciona primero posiblemente porque acaba de citar en el versículo 36 el Salmo que habla de la muerte de los fieles. El último y gran enemigo del ser humano no será capaz de separar al creyente del amor de Dios. Tampoco podrá hacerlo la vida. Puede parecer extraño la inclusión de la vida. Sin embargo, forma un par natural con la muerte y, de hecho, hay experiencias tan terribles en la vida que el creyente puede preguntarse si podrá seguir en comunión con Dios en estas circunstancias. Pablo había dicho a los corintios: “todo es vuestro--. . . sea la vida, sea la muerte” (1 Cor. 3:21-22). Ni la vida, ni la muerte representan para el creyente una amenaza capaz de privarlo del amor del Padre.
El segundo par es “ni ángeles, ni principados”. Aparentemente, la referencia es a los poderes espirituales benignos y malignos (NIV: “ni los ángeles ni los demonios”). Ningún poder espiritual cósmico, sea bueno o sea malo, podrá separar al creyente del amor de Dios. El tercer par es “ni lo presente, ni lo porvenir”. Ni los eventos y las circunstancias presentes ni los futuros podrán separar al creyente del amor de Dios. Estos dos términos también figuran en la lista de la correspondencia con los corintios: “todo es vuestro--. . . sea lo presente o lo por venir” (1 Cor. 3:21-22).
El término “poderes” aparece solo en la lista. Es la palabra que con frecuencia designa a los milagros y se ha sugerido que puede tener este sentido aquí. Sin embargo, parece ser otra referencia a los poderes espirituales cósmicos (Cranfield señala que aparece en listas de los poderes angelicales en 1 Cor. 15:24; Ef. 1:21 y 1 Ped. 3:22; además aparece en listas semejantes en libros extrabíblicos.). Su lugar varía en los manuscritos y RV, siguiendo manuscritos más recientes, lo ubica después de “principados”. RVA sigue los mejores manuscritos en su ubicación del término. Además, es probable que la ubicación junto a “ángeles” y “principados” refleja la influencia de algún escriba que pensaba que debe agruparse con los términos semejantes. Es difícil distinguir su sentido preciso. Morris nota que en un pasaje tan lírico no debemos insistir demasiado en las distinciones finas. Pablo está afirmando que ningún poder angelical de ningún tipo puede separarnos de Dios.
El próximo par, “ni lo alto, ni lo profundo”, incluye términos asociados con la astronomía y la astrología. Algunos han querido entenderlos como referencias a los poderes espirituales que gobiernan en el espacio. Parece mejor entender con Cranfield, Morris, Bruce, Murray y otros una referencia simplemente a las dimensiones del espacio. La frase recuerda las palabras del salmista: “Si subo a los cielos, allí estás tú; si en el Seol hago mi cama, allí tú estás” (Sal. 139:8).
La última expresión, “ni ninguna otra cosa creada”, aparece sola como “poderes”. Es claro que la intención del apóstol es que la lista sea absolutamente comprensiva y la última expresión abarca cualquier otra posibilidad no incluida en la lista hasta este punto. Todas las cosas mencionadas representan para el creyente una amenaza de separación de Dios, pero ninguna es capaz de hacerlo.
La sección de la epístola que va del capítulo 5 al capítulo 8 termina con la repetición de la frase que aparece al principio y que se repite al final de cada capítulo de la sección: “por medio de nuestro Señor Jesucristo” (5:1); “por medio de Jesucristo nuestro Señor” (5:21); “en Cristo Jesús, Señor nuestro” (6.23); “por medio de Jesucristo nuestro Señor” (7:25). Cristo es el medio por el cual el creyente recibe todas las bendiciones de la experiencia de la salvación.
El último párrafo de este pasaje magistral empezó con la pregunta retórica: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” (8:35). Después de repasar la lista de posibilidades el párrafo termina con la afirmación de que absolutamente nada “nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Terminamos con palabras de Bruce.
Nada en la extensión del espacio (‘ni lo alto, ni lo
profundo’) ni en el curso del tiempo (‘ni lo presente, ni lo
porvenir’), nada en todo el universo de Dios (‘ni ninguna otra cosa creada’), puede apartar a los hijos de Dios del amor de su Padre que les ha sido asegurado en Cristo.
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