ROMANOS 8 D. Vida en el Espíritu (8:1-39) parte IV

 


10a Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, no obstante el espíritu vive a causa de la justicia. De nuevo se da por sentado el cumplimiento de la condición, “ya que Cristo está en vosotros”. Al hablar de nuevo de lo que es cierto de los romanos, Pablo vuelve a usar la segunda persona. El Espíritu que habita en ellos es el Espíritu de  Cristo. Dodd señala el gran valor de esta identificación virtual de la experiencia del Espíritu con la experiencia del Cristo que mora dentro del creyente. “Salvó el pensamiento cristiano de caer en una concepción no moral y medio mágica de lo sobrenatural en la experiencia humana, y sometió toda experiencia ‘espiritual’ a la prueba de la revelación de Dios en Jesucristo.” Para Käsemann Pablo es el primero en relacionar la doctrina del Espíritu indisolublemente con la cristología.

Pablo ahora indica la consecuencia de la morada de Cristo en la vida del creyente. La muerte a que se refiere aquí no es una muerte al pecado como en el capítulo 6, sino una muerte a causa del pecado. No se refiere a una muerte espiritual, sino a una muerte física. A pesar de la presencia de Cristo en su vida, el creyente todavía tiene que someterse a la muerte física porque es pecador, tiene que “sufrir los mortíferos efectos del pecado” (BI). 

Dos aspectos de la frase “el espíritu vive” requieren comentario. En primer lugar, el griego no dice “vive” sino “vida”. En segundo lugar,  no hay acuerdo con respecto a si la palabra griega pneuma aquí se refiere al espíritu humano o al Espíritu Santo, si se debe escribir “espíritu” (como RVA y, entre otras, RV, BLA, DHH, BJ, LPD, BI ) o “Espíritu” (NVI, BC, NBE). Cranfield parece tener razón al notar que la palabra “vida” y no “vive” en la frase y el hecho de que todos los demás ejemplos de pneuma en 8:1-11 se refieren al Espíritu es evidencia suficiente para entender que aquí también se refiere al Espíritu (así lo entienden, por ejemplo, Morris, Bruce, Käsemann, Murray, Wilckens). Parecen tener razón los que traducen “el Espíritu es vida”. Esto es cierto por la justicia del creyente, eso es, su justificación. El creyente ha recibido el Espíritu como promesa de su resurrección futura; él es el Espíritu que da vida (8:1). La referencia no es a la vida espiritual que el Espíritu trae en la conversión como sería el caso al traducir “espíritu”, sino a la resurrección futura del creyente. Se puede comparar la traducción de NVI de 1 Corintios 15:45: “Así está escrito: ‘El primer  hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente;’ el último Adán, en el Espíritu que da vida”.

11 Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en vosotros, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a vuestros cuerpos mortales mediante su Espíritu que mora en vosotros. Ahora Pablo hace más explícito lo que ha dicho en el versículo anterior. Otra vez la condición se da como hecho en el caso de los romanos; “ya que el Espíritu . . . mora en vosotros”. En 8:9 Pablo asoció el Espíritu con Cristo; aquí lo asocia con Dios (comp. 1 Cor. 2:11; 12:3). En lugar de usar el nombre de Dios, se identifica mediante una de sus grandes obras, “aquel que resucitó a Jesús”. Cranfield señala que esta es una característica de oraciones e himnos cristianos tempranos. Normalmente en el Nuevo Testamento la resurrección de Jesús se atribuye a la actividad del Padre. El interés de Pablo al referirse a Dios como el que resucitó a Jesús es relacionar la resurrección del creyente con la resurrección de Cristo como lo hace con frecuencia (ver. 1 Cor. 6:14; 15:20, 23; 2 Cor. 4:14; Fil. 3:21; 1 Tes. 4:14). El Espíritu “mora” (comp. 8:9 o “habita” (BLA; NBE, BC; “vive”, BI, DHH) en ellos; no es una visita fugaz sino una residencia fija. 

Ahora Pablo indica una consecuencia de esta presencia del Espíritu de Dios en ellos: Dios dará vida a nuestros cuerpos mortales. Morris señala el uso del verbo que significa “levantar” para referirse a la resurrección de Cristo y un verbo diferente para referirse a la resurrección del creyente. Etimológicamente el que se usa del creyente es “hacer vivir”; BC traduce “vivificará” y BI, “infundirá nueva vida”. Para Morris esto es evidencia de la relación de Cristo con la muerte es diferente a la relación del creyente con la muerte. El creyente necesita no solamente ser levantado, sino también recibir nueva vida. Morris encuentra significado en el adjetivo “mortales”; en la resurrección nuestros cuerpos no solamente dejarán de estar muertos sino que también dejarán de estar sujetos a la muerte. 

Esta vivificación se realizará “mediante el Espíritu que mora en nosotros”. Aquí la palabra “mora” representa el participio de un verbo compuesto. Este participio usa la misma raíz presente las dos otras veces que aparece la palabra “mora” en el pasaje y un prefijo preposicional que significa “en”. El verbo debe significar “morar dentro de”. Refuerza la idea de la presencia del Espíritu en forma fija. La función del participio es calificar al Espíritu. El es el Espíritu morador, que se caracteriza por esta virtud de hacer su residencia en nuestra persona.

Según el texto de RVA y casi todas las versiones, el Espíritu que mora en nosotros es el agente que el Padre usará en nuestra resurrección; es “por medio del Espíritu”. Pero según una variante textual, el Espíritu sería la razón de nuestra resurrección, “a causa del Espíritu”. Como dice Morris, el Espíritu en nosotros es tanto agente como la garantía de nuestra resurrección, de modo que no tiene mucha importancia cual de las dos variantes se acepta.


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