ROMANOS 8 D. Vida en el Espíritu (8:1-39) parte IX


21 de que aun la creación misma será librada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Al decir “aun la creación misma”, Pablo recalca que no solamente el hombre sino la creación infrahumana ha de participar en la esperanza futura de los redimidos. Su esperanza es ser “librada de la esclavitud de la corrupción”, vale decir, de la servidumbre de la decadencia y la destrucción. Desde la caída del hombre la creación infrahumana ha sido sujetada a un constante proceso de cambio y decadencia aumentado por el trato egoísta y destructiva del medio ambiente por los hombres. Positivamente la esperanza de la creación infrahumana es compartir “la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (así BC siguiendo fielmente al griego). Trae a la mente el cuadro del futuro glorioso que anuncia el profeta Isaías: “No harán daño ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isa. 11:9).

El creyente no mantiene que todo está bien en el mundo actual ni tampoco está dispuesto a olvidarse del mundo como si perteneciera solamente al diablo. El mundo es de Dios y él será glorificado en todas sus obras. De nuevo uno piensa en la esperanza para la naturaleza presente en pasajes que prometen “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Ped. 3:13 citando Isa. 65:17 y 66:22; comp. Apoc. 21:1). Pero es explícito en este versículo que la transformación del universo depende de la consumación de la transformación del hombre.

22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una sufre dolores de parto hasta ahora. Al decir “sabemos”, Pablo señala algo que es de conocimiento general entre creyentes. Este versículo hace más explícitas dos ideas ya anticipadas en el versículo 19: por un lado, la situación dolorosa de la creación y por el otro, la esperanza prometedora para el futuro. Aquí la creación se personifica y en su totalidad, no solamente en una parte, está lanzando gemidos (“se queja”, DHH). Además de los gemidos, “sufre como una mujer con dolores de parto” (DHH). La figura de dolores de parto es muy apropiada para indicar la intensidad del sufrimiento al mismo tiempo que dice que el sufrimiento no es sin sentido; ha de dar su fruto. Los dolores no son dolores de muerte sino de un nuevo nacimiento; la creación no agoniza, sino está a la espera de ser transformada. La última frase, “hasta ahora” (“hasta el momento presente”, BC; “hasta el día de hoy”, BI) subraya la duración extendida de los dolores de la creación sin que haya perdido la esperanza.

23 Y no sólo la creación, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Los creyentes también gemimos. Hay un énfasis especial en “nosotros”, “aun nosotros mismos” (BLA). A la luz de la gloria que será revelada en los creyentes (8:18), su gemir puede parecer extraño. Pablo usa el término traducido “las primicias” siete de las nueve veces que aparece en el Nuevo Testamento (11:16; 16:5; 1 Cor. 15:20, 23; 16:15; 2 Tes. 2:13; Stg. 1:18; Apoc. 14:4). Se refiere a la práctica en el Antiguo Testamento de traer al templo como ofrenda a Dios la primera parte de la cosecha (Ver, por ejemplo, Exo. 22:29; 23:29; Lev. 23:10-11; Núm. 18:12; Deut. 18:4.). Por una parte, representaba la consagración de toda la cosecha y, por otra parte, era el anticipo del resto de la cosecha. 

En el Antiguo Testamento es el hombre que trae las primicias, pero aquí es Dios quien da las primicias. El Espíritu mismo es la primicia, vale decir, el “anticipo de lo que vamos a recibir” (DHH). La presencia y obra del Espíritu en la vida del cristiano anticipa y asegura lo que todavía falta recibir (comp. “la garantía del Espíritu”, 2 Cor. 5:5). Morris señala que la frase “que tenemos las primicias del Espíritu” traduce un participio (literalmente “teniendo las primicias del Espíritu”) que puede entenderse de dos maneras: “porque tenemos” o “aunque tenemos”. Según Morris, es imposible decidir cual de los dos sentidos tenía en mente Pablo y las dos ideas son ciertas en la experiencia del creyente.   

Los creyentes gimen por la profunda tristeza que sienten por su situación actual (comp. 2 Cor. 5:2-4) mientras aguardan ansiosamente (el mismo verbo compuesto enfático usado en el versículo 19) su adopción como hijos. En los versículos 14 y 16 se afirmaba el hecho de la adopción del creyente, pero aquí parece ser un acontecimiento futuro. Cranfield aclara lo que podría parecer una contradicción. Ya somos hijos de Dios, pero nuestra condición de hijos no ha sido manifestada. Hemos sido adoptados, pero nuestra adopción será públicamente proclamada al volver Cristo. Esta manifestación plena de nuestra adopción coincidirá con “la redención de nuestro cuerpo”, es decir, la transformación de nuestros cuerpos en el retorno de Cristo. Esto significará la liberación definitiva de la vanidad y la corrupción (comp. 1 Cor. 15:54; Fil. 3:21). 

24 Porque fuimos salvos con esperanza; pero una esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿quién sigue esperando lo que ya ve? “Porque” indica que este versículo es una explicación del anterior; se puede entender el hecho de que los que tenemos las primicias del Espíritu gemimos y aguardamos algo más si se acuerda de que fuimos salvos “con esperanza” o “en esperanza” (RV, BLA). Aquí se habla de la salvación en tiempo pasado; también se puede hablar de la salvación en tiempo futuro (5:4) y en tiempo presente (1 Cor. 1:18). La segunda oración del versículo explica la frase “con esperanza”. Al declarar que “una esperanza que se ve no es esperanza”, el apóstol quiere decir que una esperanza que ya se ha hecho realidad deja de ser esperanza. La pregunta al final del versículo hace explícito el sentido de esta declaración. 
25 Pero si esperamos lo que no vemos, con perseverancia lo aguardamos. Pablo ahora expresa el pensamiento opuesto al del versículo anterior (“En cambio”, NBE). El creyente esta esperando algo que no ve, que todavía no experimenta. Esta esperanza de algo que no ve lo lleva a aguardarlo ansiosamente; de nuevo el apóstol usa el verbo compuesto enfático que ya ha usado en los versículos 19 y 23. Aguarda “con perseverancia”, “con constancia” (DHH), traducciones preferibles a “con paciencia” (RV). La esperanza del creyente es expectante y perseverante aun cuando las circunstancias no alientan esperanzas. Como Abraham, el cristiano cree “en esperanza contra esperanza” (así RV en 4:19).




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