ROMANOS 9 -V. La justicia de Dios e Israel (9:1-11:36).Parte III
2. El principio de la elección (9:6-18). A pesar de la situación actual del pueblo de Israel, Pablo insiste que las promesas de Dios a su pueblo no han fallado. Es que Dios siempre ha operado sobre la base de un remanente dentro del pueblo. El apóstol ya ha dicho que no es la circuncisión física que hace que una persona sea judío, ni es en lo visible y lo superficial que uno es judío, sino en lo invisible y en el interior (2:29). Ahora, él expone e ilustra este principio de la elección de un remanente.
6a No es que haya fallado la palabra de Dios. El versículo empieza con una partícula adversativa (“Pero”, BLA) que no está en RVA. El rechazo del evangelio por la nación puede dar la impresión de que todos los privilegios mencionados en 9:5-6 no han servido para nada, pero no es así. La expresión “la palabra de Dios” aquí significa “el propósito declarado de Dios” (Sanday y Headlam). Esta intención divina no ha “fallado” (“no ha fracasado”, NVI; no ha “caído en el vacío”, LPD)). DHH traduce bien: “Pero no es que las promesas de Dios a Israel hayan quedado sin cumplirse”. Cranfield afirma que este medio versículo es el signo bajo el cual el resto del capítulo se desarrolla y, de hecho, es el signo y tema de capítulos 9 al 11.
6b-7 porque no todos los nacidos de Israel son Israel, ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos, sino que en Isaac será llamada tu descendencia. Si la palabra de Dios no ha fracasado, entonces, ¿cómo explicar lo que ha ocurrido? Pablo ahora procede a responder a esta pregunta en base al concepto de la elección. En primer lugar, se declara el principio: “no todos los nacidos de Israel son Israel”. Dios siempre ha procedido sobre la base de un remanente elegido dentro del pueblo elegido: "no todos los descendientes de Israel son verdadero Israel” (DHH).
Ahora el apóstol ilustra el principio por medio de ejemplos en la historia de Israel empezando con el caso de Abraham: “ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos”. Además de Ismael e Isaac, Abraham tuvo varios otros hijos cuya madre era Quetura (Gén. 25:1-2), pero su descendencia no debe trazarse por todos sus hijos: “No todos los descendientes de Abraham son verdaderamente sus hijos” (DHH; “son hijos auténticos”, BI). Cuando Sara obligó a Abraham a echar a Agar e Ismael de la casa, según Génesis 21:12, Dios dijo a Abraham “en Isaac será llamada tu descendencia” (“tu descendencia será la de Isaac”, BJ; “por Isaac continuará tu apellido”, NBE).
8 Esto quiere decir que no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios; más bien, los hijos de la promesa son contados como descendencia. “Esto quiere decir” introduce una explicación del ejemplo citado en el versículo anterior. La frase “hijos de la carne” significa hijos por simple “generación natural” (así NBE y BI). Algunos intérpretes encuentran en la expresión “la carne” una referencia al esfuerzo humano de Abraham en tratar de salvar su situación y tener una descendencia por medio de Agar cuando la promesa de descendencia a través de Sara parecía imposible. El punto principal parece claro: Mera descendencia física no hace que uno sea hijo de Dios. Los verdaderos hijos de Dios, la verdadera descendencia son “los hijos de la promesa” (comp. 4:11 sgs). BI traduce “los que nacen en virtud de una promesa”, como ocurrió en el caso de Isaac.
9 Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. “Porque” traduce una partícula de transición que introduce apoyo para el versículo 8. La primera palabra en el texto griego es “promesa” una indicación de lo que Pablo quiere enfatizar. La cita es la promesa a Abraham registrada en Génesis 18:10 y repetida en Génesis 18:14. Esta era la promesa que provocó la risa de Sara y mediante la cual nació Isaac. La palabra “vendré” indica la venida de Dios en poder. Morris señala que es su venida y no una iniciativa humana que determinará el cumplimiento de la promesa. Dios cumple lo que promete y será Sara y no algún otra como Agar o Quetura que dará descendencia a Abraham.
10 Y no sólo esto, sino que también cuando Rebeca concibió de uno hombre, de Isaac nuestro padre. La elección de Isaac en lugar de Isamel puede parecer lógica ya que el primero era hijo de la esposa Sara mientras el segundo era hijo de la sierva Agar. De modo que la primera frase del versículo 10 nos prepara para un segundo ejemplo: “Y no sólo esto” (“Por si esto no bastara”, BI). El caso de Esaú y Jacob es un ejemplo donde no existen las objeciones del primer caso citado. Ellos tienen la misma madre y el mismo padre, se concibieron en el mismo acto conyugal y nacieron juntos solamente que Esaú nació primero lo que debía haberle dado preferencia. Al referirse a “nuestro padre” (“nuestro antepasado”, DHH), Pablo se identifica con los judíos. El término “padre” normalmente se usa de Abraham, pero es lógico usarlo de Isaac por ser la persona por quien se contaba la descendencia.
11-12 y aunque todavía no habían nacido sus hijos ni habían hecho bien o mal--para que el propósito de Dios dependiese de su elección, no de las obras sino del el que llama--a ella se le dijo: El mayor servirá al menor. Pablo quiere demostrar que la elección de Dios es absolutamente libre de todo condicionamiento. En el caso de Esaú y Jacob ocurrió antes del nacimiento de los dos y antes de existir alguna base de comportamiento para preferir uno en lugar del otro. La finalidad de este proceder de parte de Dios es demostrar que la realización de su propósito depende solamente de su libre elección y no de otra cosas (“para que el designio de Dios, hecho por libre elección, se mantuviese”, BC). No depende de las obras que uno ha hecho sino de la voluntad absoluta del que llama (ver 8:28-30).
El ejemplo de Isaac e Ismael demuestra que descendencia no asegura ser aceptado por Dios y el ejemplo de Esaú y Jacob demuestra que obras tampoco lo aseguran. La declaración de Hunter es acertada: “toda pretensión de derechos ante Dios, sea basada en el nacimiento o en las obras, es fútil”.
Por primera vez en Romanos Pablo usa la palabra “elección”. Se usa siete veces en el Nuevo Testamento y cinco de las veces aparece en los escritos paulinos y cuatro de estas cinco veces se usa en Romanos. La elección de Dios es un acto libre de su misericordia.
Con la cita del Antiguo Testamento se retoma el pensamiento iniciado en el versículo 10 referido a Rebeca. Para demostrar por las Escrituras que efectivamente el principio de elección estaba en operación en el caso de los dos hijos, se citan dos pasajes de las Escrituras. El primer texto es una cita precisa de la última parte de Génesis 25:23 según la LXX. La actividad de los hijos dentro de su vientre llevó a Rebeca a consultar a Jehovah y él respondió: “Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos que estarán separados desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor” (Gén. 25:23). Parece claro que la cita se refiere no tanto a lo que pasará con los hijos sino con las naciones que formarán sus descendientes. De hecho, Esaú no rindió servicio a Jacob, pero los edomitas durante largos períodos de su historia vivían bajo el dominio de Israel o Judá.
13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú
aborrecí. El segundo texto es una cita de Malaquías 1:2-3: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”. Este es el único pasaje en el Nuevo Testamento donde se dice que Dios aborrece a una persona (comp. Apoc. 2:6 que habla de aborrecer las obras de los nicolaítas). Sin embargo, parece claro que las palabras Jacob y Esaú en Malaquías y en Romanos se refieren a las naciones de Israel y Edom. Pablo evidentemente cita el pasaje de Malaquías para demostrar como la historia posterior corrobora las palabras de Dios citadas en Génesis 25:23.
Algunos explican el uso de las palabras amar y aborrecer en el pasaje como un ejemplo de la práctica semítica de usar términos con sentido opuesto para indicar un grado de comparación inferior (Ver, por ejemplo, Gén. 29:31, 33; Deut. 21:15; Mat. 6:24; Luc. 14:26; Juan 12:25). NBE traduce, “Quise a Jacob más que a Esaú” y LPD, “Preferí a Jacob en lugar de Esaú”. Pero quizás se debe entender los términos como una indicación de elección y rechazo respectivamente (así Cranfield y Bruce). La conclusión de Bruce es pertinente. “Es elección para privilegio lo que se está contemplando y no la salvación eterna. Además, parece claro que Pablo se refiere a naciones mas bien que a individuos.”
14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ninguna manera! Cranfield nota que la pregunta “Qué, pues, diremos?” aparece siete veces en Romanos y no aparece en ninguna otra epístola paulina, indicación del carácter reflexivo y lógico de la epístola. En algunos casos como aquí el apóstol usa la expresión cuando piensa que se puede sacar una conclusión falsa de lo que acaba de decir (Ver también 3:5; 6:1; 7:7). La conclusión falsa que se puede sacar del argumento en los versículos 6 al 13 es que Dios es injusto (Compárese 3:5 para un paralelo de la construcción aquí en su forma esencial y en su sentido.).
La segunda pregunta anticipa la respuesta “No”; de modo que la traducción de NVI es más precisa en este aspecto: “¿Acaso es Dios injusto?” La respuesta es la misma de Romanos 3:5, una negación rotunda: “¡Claro que no!” (DHH). Las preguntas parecen ser preguntas de reflexión de parte de Pablo más bien que objeciones levantadas por algún interlocutor imaginario. Aunque Pablo rechaza directamente la posible conclusión que se puede sacar de lo que él ha dicho, reconoce que el asunto merece atención y procede a responder.
15 Porque dice a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.
“Porque” al principio del versículo indica que Pablo va a aportar apoyo a la negación con que termina el versículo anterior. Típicamente el apoyo viene de una cita de las Escrituras, en este caso de Exodo 33:19. Son las palabras de Dios a Moisés después de su intercesión por los hijos de Israel cuando habían adorado el becerro de oro. El significado de la cita es que nadie puede poner a Dios bajo obligación. El hombre no puede hacer reclamos delante de Dios en base a su linaje o su comportamiento. La manifestación de la misericordia de Dios es totalmente libre de toda pretensión humana de merecerla. La traducción de DHH es clara: “Tendré misericordia de quien yo quiera y tendré compasión también de quien yo quiera”.
16 Por lo tanto, no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. “Por lo tanto” introduce una conclusión que Pablo va a sacar del texto que acaba de citar. Hay que suplir el sujeto de la oración. Es decir, hay que definir que es lo que no depende ni de querer ni de correr. Se han sugerido diferentes posibilidades. NVI traduce, “la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano”. Si nos hemos de guiar por el contexto, quizás la mejor posibilidad es la palabra “misericordia” tan prominente en los versículos 16 al 18. El sentido de la oración es que la misericordia de Dios tiene su razón en Dios mismo y no en la voluntad o el esfuerzo humano. Correr es una metáfora de la vida deportiva que Pablo usa con frecuencia (1 Cor. 9:24, 26: Gál. 2:2; 5:7; Fil. 2:16) para referirse a actividad humana vigorosa. Todo intento humano de salvarse es inútil. La salvación del hombre depende absolutamente de la misericordia Dios.
17 Porque la Escritura dice al Faraón: Para esto mismo te levanté, para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra. “Porque” parece indicar que lo que Pablo ahora presenta es un segundo ejemplo en apoyo de la declaración del versículo 14. Cita las palabras de Dios al Faraón en Exodo 9:16. El Faraón a que se refiere es, por supuesto, el del Exodo. El versículo enfatiza la soberana intención de Dios en la vida del Faraón: “Te hice rey precisamente para . . . .” (DHH). Bruce sugiere que las palabras pueden indicar no solamente su constitución como rey sino la paciencia de Dios en preservarlo a pesar de su desobediencia.
La finalidad de Dios en su proceder con el Faraón se describe mediante dos frases: “para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra”. A la luz de 1:16, es posible que poder aquí debe entenderse como poder salvador (comp. 1 Cor. 1:18). Ciertamente en el Exodo la demostración del poder no era una mera exhibición de poder ilimitado sino de poder para librar al pueblo. La proclamación de su nombre se refiere a la revelación del carácter de Dios en sus obras y hechos. Varios pasajes del Antiguo Testamento indican el efecto producido en otras naciones por la noticia del éxodo y los eventos que lo acompañaban (Ver Exo. 15:4 sgs.; Jos. 2:10 sgs.; 9:9; 1 Sam. 4:8.). El Faraón es también un testigo involuntario, incrédulo y rebelde de la verdad y el poder salvador de Dios.
18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia; pero a quien quiere, endurece. De la misma manera que había hecho en el versículo 16 (De hecho se repiten aquí las mismas dos partículas lógicas usadas en el versículo 16 aunque la traducción de RVA es diferente.), Pablo ahora introduce una inferencia de los textos citados. La frase “de quien quiere, tiene misericordia” refleja Exodo 33:19 que ya ha sido en el versículo 16l.
La frase “a quien quiere, endurece” es difícil. En el relato del Exodo, las referencias al endurecimiento de Faraón se presentan de tres maneras.
(1) En el algunos casos, se dice que el corazón del Faraón se endurece (Exo. 7:13-14, 22; 8:19; 9:7, 35). La traducción al castellano representa un verbo con sentido pasivo sin identificar específicamente el agente de la acción.
(2) En otros casos, se dice que el Faraón endurece su corazón (Exo. 8:15, 31: 9:34).
(3) En los demás casos, se dice que Dios endurece el corazón del Faraón (Exo. 9:12; 10:1, 20, 27: 11:10; 14:8; comp. Exo. 4:21; 7:3).
Algunas observaciones parecen apropiadas. En primer lugar, el proceso de endurecimiento del corazón del Faraón es el resultado de repetidas oportunidades que Dios le dio de responder positivamente a sus mandatos. En la Biblia el endurecimiento es siempre el resultado de rechazar la luz que Dios nos ofrece. No se dice en ninguna parte que Dios endurece el corazón de alguien que no se ha endurecido ya (Morris). En segundo lugar, no se debe encontrar en el pasaje lo que no enseña. Calvino comenta, “Dios ha querido iluminar a unos para salvación y cegar a otros para muerte”. No hay base para esta última declaración en lo que Pablo ha escrito hasta este punto. Cranfield concluye: “La suposición de que Pablo aquí está pensando en el destino final de la persona, de su salvación final o de su ruina final, no se justifica por lo que el texto dice”.
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