Saber interpretar el tiempo

 


Para nuestra reflexión bíblica en esta noche quisiera enfocar la atención en Lucas 12.54-56. Los dejo tiempo para que puedan buscar el pasaje porque quiero concentrarnos en las palabras de Jesús. Una vez que tengan a la vista el pasaje Ricardo lo va a leer. 

Luego añadió Jesús, dirigiéndose a la multitud: —Cuando ustedes ven que se levanta una nube en el occidente, en seguida dicen: “Va a llover”, y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, dicen: “Va a hacer calor”, y así sucede. ¡Hipócritas! Ustedes saben interpretar la apariencia de la tierra y del cielo. ¿Cómo es que no saben interpretar el tiempo actual? (Luc. 12:54-56, NVI) 


El pasaje tiene que ver con cómo saber interpretar el tiempo.

Las personas a las cuales Jesús se dirigía eran muy competentes como meteorólogos del tiempo climático. Sabían que las nubes del occidente venían del mar mediterráneo cargadas de humedad y al chocar con las montañas de Palestina descargaron el agua que traían. Viento del oeste anticipaba lluvia. Sabían también que el viento del sur venía del desierto de Arabia y traía un calor sofocante. Viento del sur anticipaba calor.

Sin embargo, Jesús acusó sus oyentes de no saber interpretar el tiempo presente o el tiempo actual, es decir, el tiempo de Dios. La palabra “tiempo” en castellano traduce el conocido término griego kairos que aquí debe tener el significado más preciso de tiempo decisivo, tiempo crucial. Es claro que Jesús se refiere al significado de su presencia en su medio, el significado de sus obras y sus palabras. No sabían lo que significaba su encarnación.

Hay un pasaje semejante en Mateo 16.3. En Mateo Jesús dice a la gente, “Ustedes saben discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos”. (Mat 16:3 NVI) Los acusa de no saber discernir o interpretar las señales de los tiempos. De nuevo el término “tiempos” representa la forma plural del término griego kairos. No se dan cuenta del significado de la presencia de Jesús en su medio. 

La advertencia está dirigida a la multitud no específicamente a sus discípulos. Es un mensaje para los seres humanos en general. Deben fijarse en el significado de lo que está ocurriendo, de lo que Dios está haciendo en su medio.

El ejemplo de los profetas deja en claro que Dios habla a través de los eventos de la historia y de los de su pueblo en particular. 

Dios reveló su amor incondicional por su pueblo mediante la experiencia de del profeta Oseas de seguir amando y buscando a una esposa infiel que lo había abandonado. 

Dios reveló al profeta Joel la amenaza de juicio sobre el pueblo y la necesidad de arrepentimiento mediante una plaga de langostas y una sequía de proporción catastrófica. 

Una encuesta reciente de creyentes de todas las denominaciones (por la Universidad de Chicago y Associated Press) reveló que dos tercios de los encuestados pensaban que mediante el coronavirus Dios estaba diciendo a los seres humanos que deben cambiar su manera de vivir. Según un pensador cristiano contemporáneo (John Stonestreet), el asunto no es si Dios está hablando por medio de la pandemia, sino ¿qué es lo que está diciendo a nuestra sociedad y a nosotros como sus hijos? 

¿Qué podemos decir acerca de la interpretación del tiempo actual o acerca del discernimiento de las señales?

A la luz de las Escrituras quisiera pensar con ustedes en lo que Dios puede estar intentando decirnos.

Para empezar, me parece, en primer lugar, que la pandemia y sus efectos: 

I. Dejan en claro la importancia fundamental de las relaciones personales directas entre los seres humanos.

Esto es cierto en dos sentidos. Por un lado, un comentarista ha señalado que la pandemia ha resultado en que comunidades, barrios y familias se han unido al responder a las necesidades de los grupos, algo que quizás no podía haberse anticipado hace seis meses.  

Pero por el otro lado, el impacto del distanciamiento social y la cuarentena ha contribuido a la epidemia de soledad ya presente en la sociedad. La evidencia de su efecto está presente en el aumento en el número de suicidas y las adicciones. 

La sobrevivencia de manera saludable de la sociedad y la iglesia a la larga depende de relaciones directas personales

Podemos decir entonces que la pandemia y sus efectos: 

Deja en claro la importancia fundamental de las relaciones personales directas entre los seres humanos.

En segundo lugar, la pandemia y sus efectos: 

II. Cuestionan la convicción de nuestra sociedad de la autosuficiencia del ser humano.

Un aspecto de la caída del ser humano es el deseo de desplazar a Dios. Todo empezó con la tentación de Satanás en el Jardín de Edén a Adán y Eva a ser como Dios. Desde la caída el ser humano quiere ser autosuficiente, no depender de otro. Con sus acontecimientos científicos y tecnológicos ha llegado a pensar que nada puede vencerlo, que no necesito de Dios. Es la actitud presente en el gobernante que negó la relación de Dios o de la oración con la pandemia o su solución. Todo depende del hombre y sus esfuerzos. 

Sin embargo, el coronavirus ha resistido los mejores intentos de la tecnología y la ciencia de encontrar respuesta. Los mejores especialistas se han mostrado sorprendidos por el curso de los eventos. Ayer el especialista de norteamérica más consultado en estos tiempos reconoció que la pandemia era para él una pesadilla y le había sorprendido cuan rápidamente se había hecho dueño del planeta.

Hace que uno piensa en la advertencia de Moisés a los hijos de Israel en el libro de Deuteronómio antes de pasar a la tierra de Canaan.  “No se te ocurra pensar: “Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos.” Recuerda al SEÑOR tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza . . . .” (Deu. 8:17-18 NVI) Es Dios que puede dar al hombre la capacidad y la inspiración de encontrar tratamiento y vacuna para el coronavirus.

Mucho más apropiada que la arrogante autosuficiencia del ser humano contemporáneo es la convicción del salmista del seguro cuidado de Dios del Salmo 91.  

“No temerás . . . . ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía.” (Psa 91:6 NVI)

La pandemia y sus efectos: 

Cuestionan la convicción de nuestra sociedad de la autosuficiencia del ser humano.

En tercer lugar, la pandemia y sus efectos: 

III. Reclaman el arrepentimiento por los pecados

La encuesta reciente que cité al comienzo reveló que dos tercios de los encuestados pensaban que mediante el coronavirus Dios está diciendo a los seres humanos que deben cambiar su manera de vivir. Un comentarista ha sugerido que la referencia a “interpretar el tiempo actual” o “el tiempo presente” en el pasaje de Lucas 12 puede haber dado lugar a un incidente que aparece casi en seguida al principio del capítulo 13. Algunas personas le cuentan a Jesús acerca de un incidente cuando Pilato había matado a unos galileos en el mismo acto de ofrecer sus sacrificios. Parece que la conclusión de los que cantaron el incidente es que solamente personas muy pecadoras podían haber sufrido un sacrilegio tan grande. 

Jesús corrige su equivocación y agrega una advertencia. “De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan.” (Luc. 13:3, NVI) Jesús cita otro ejemplo conocido por sus oyentes, la muerte trágica por personas aplastados por una torre. Tampoco fueron más culpables que los demás hombres.  

Jesús agrega otro ejemplo. ¿O piensan que aquellos dieciocho que fueron aplastados por la torre de Siloé eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? (Luc. 13:4, NVI) El Señor repite la advertencia. “De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan.” (Luc. 13:3, NVI) 

La medida de pecaminosidad no se determina por lo catastrófico de la tragedia. Más bien la tragedia demuestra lo frágil de la vida y la necesidad del arrepentimiento de todas las personas. 

En tercer lugar, la pandemia y sus efectos: 

Reclaman el arrepentimiento por los pecados

Permítanme que quizás esta sea una buena noche para hacer dos cosas esta noche. En primer lugar, pedir que Dios inspire los que están buscando afanosamente tratamiento y vacuna para el coronavirus. En segundo lugar, arrepentirnos del pecado propio y el pecado de la sociedad en que vivimos 


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