Bajones espirituales

Bajones espirituales

Salmos 42 y 43


Llegamos a Buenos Aires en 1964 y en la primera reunión del cuerpo docente a los pocos días de haber llegado conocí a la profesora Febe de La Torre, profesora de piano. En los últimos años de su vida, Febe sufrió mucho de cáncer de los huesos. Un tiempo antes de su fallecimiento se hizo miembro de Flores. En uno de los últimos cultos que asistió aquí en Flores, nos dirigió en un culto de alabanza sentado al piano y usando himnos conocidos.

A los pocos días de estar de vuelta de una licencia en los EE. UU. me tocó hablar en el sepelio de Febe. El pasaje que me fue señalado para leer en aquella ocasión por indicación expresa de Febe era el Salmo 43. En su expresión paradójica de confianza en Dios y desaliento y preguntas refleja un sentimiento no infrecuente en los Salmos y en la experiencia de los creyentes.  No estoy seguro porque era un salmo favorito de Febe. Puede haber sido una expresión de los sentimientos íntimos de Febe al luchar durante una docena de años con la enfermedad que al fin puso terminación a su vida aquí entre nosotros.

En realidad, aunque el Salmo 42 y 43 están separados y con números diferentes en nuestra Biblia, los dos constituyen un solo salmo. Esto es evidente por la repetición del mismo estribillo en los dos (42:5 y 11 y 43:5). Además, al 43 le falta título en el texto hebreo. Notarán al principio del 42 dice “Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré”.  No hay nada semejante al principio del 43. Está solamente el título que han colocado los editores de la versión en castellano. También lo unen las mismas expresiones (42:9 y 43:2) y el mismo tema, contenido y espíritu. De modo que tenemos un solo poema de 16 versículos dividida en tres estrofas por la repetición del estribillo en 42:5 y 11 y 43:5.

El autor es un israelita piadoso, quizás sacerdote o levita. El título de 42 menciona los hijos de Coré quien era de la tribu de Leví y sus descendientes cumplían diversas funciones en el templo. Se les atribuyen unos once salmos. Está lejos del templo. En 42:6 identifica el lugar donde se encuentra: “Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el Monte Mizar”. No se ha identificado con seguridad el Monte Mizar pero se supone que se trata de un cerro en la cadena del Monte Hermón en el norte de Israel, la zona donde nace el río Jordán. Desde este monte piensa en el santo monte donde Dios tiene sus moradas (43:3).

Leer Salmo 42 y 43

No es difícil caracterizar el espíritu del salmista al escribir el salmo. En 42:6 dice, “mi alma está abatida dentro de mi”. Y el autor pregunta en cada uno de los tres estribillos, “¿Por qué te abates, alma mía, y te turbes dentro de mi?” (42:5, 11; 43:5).  Abatir significa “echar por tierra, derribar” y en el sentido figurado “hacer perder el ánimo, las fuerzas, el vigor”. DHH traduce en 42:6, “Me siento muy desanimado”. 

El tema de este salmo es la depresión espiritual, el desaliento espiritual. Aparece en el primer versículo del 42: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Dios, el alma mía”. Se siente como el ciervo que en época de sequía no puede encontrar donde apagar su sed. El salmista habla de sus lágrimas (42:3). Dos veces dice que anda enlutado (42:9 y 43:2). Se siente desechado por Dios (43:2). Todas las ondas y las olas de Dios han pasado sobre él (42:7). Está viviendo un gran bajón espiritual. Quizás ningún salmo describe este estado de ánimo más gráficamente que este. El salmo nos ofrece la oportunidad de pensar en tres aspectos del tema del desaliento espiritual.

I. La realidad del desaliento espiritual.

Debemos notar que el hombre que está experimentando el desaliento espiritual es un fiel creyente en Jehová. Se acuerda de preciosas experiencias de culto. Fíjense en 42:4: “Me acuerdo . . . de cómo yo iba con la multitud y la conducía hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta”. No es un creyente cualquier. Ha sido conductor de los cultos a Jehová. Si le puede pasar a él, entonces quizás ninguno de nosotros está exento de pasar por un bajón espiritual.

Pensamos que solamente me pasa a mí. La verdad es que es mucho más común que muchos queremos confesar. El teólogo y escritora metodista Georgia Harkness escribió en una revista evangélica un artículo sobre el tema con el título “La noche oscura del alma”. Dice ella que recibió en respuesta al artículo diez veces más cartas que solía recibir por sus artículos y tres años después todavía recibía cartas. 

Roberto Schuller decía que nunca deja de recordar a los nuevos creyentes que se unen a la iglesia que hay épocas y estaciones en la vida espiritual. El principio de la vida cristiana es la estación de primavera. Después llega el tiempo de la cosecha y podemos ofrecer a Dios el fruto de una vida de servicio. Pero, aunque parece extraño, a menudo ocurre que después de un período de servicio fructífero sucede el invierno del alma.

Entonces Schuller describe gráficamente el invierno del alma. Hay veces cuando la luz palidece, el celo se disipa, el desaliento invade el alma, la duda muestra su frígido rostro en la senda invernal. No hay música en el corazón; el culto de adoración no levanta el espíritu, ni aparecen aquellas dulces lágrimas de emoción que antes nos conmovían y enardecían. La oración parece una cosa vacía, el corazón tiembla en una fría ola de escepticismo. El cuchillo ha perdido su filo; la trompeta ha bajado de tono, la ventana, antes limpia y transparente, se llena de escarcha y hasta nos preguntamos si todavía amamos a nuestro cónyuge, si creemos en Dios y si estamos en la profesión correcta. 

II. Las razones del desaliento espiritual.

Para John Stott el tema de este salmo es la depresión espiritual, sus causas y su cura. Podemos encontrar dos motivos evidentes de su desaliento.

A. Estar privado del culto comunitario.

Es claro que en el caso del salmista el no poder concurrir a los cultos en el templo ha contribuido a su estado anímico y espiritual. Dice, “¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?” (42:2). Vengo al culto no para ganar mérito delante de Dios o delante de los demás. No es asunto de fichar para poder cobrar algún beneficio. No es una obligación impuesta. Es una necesidad de vida o muerte. Mi existencia como seguidor de Cristo Jesús depende de este encuentro con Dios junto a los demás hermanos.

El escritor británico G. K. Chesterton confesó que una vez cuando era joven decidió retirar de actividad su religión por algún tiempo y divertirse bien. Cuando le parecía bien, la retomaría de nuevo. Años más tarde intentó hacerlo. En su lenguaje descubrió que al volver al armario donde la había dejado lo encontró vacío. No descuidemos el culto y las demás disciplinas que contribuyen a nuestra salud espiritual.

B. Vivir en un medio hostil.

El salmista pide que Dios defienda su causa, que lo libre de gente impía y del hombre engañador (43:1). Dos veces dice que anda enlutado por la opresión de los enemigos (42:9 y 43:2). En 42:3 el salmista declara que le dicen todos los días, “¿Dónde está tu Dios?” En 42:10 vuelve a decir que sus enemigos lo afrentan cada día diciéndole, “¿Dónde está tu Dios?” Stott observa que los enemigos adoran ídolos que uno podía ver y tocar, pero el salmista adoraba al Dios viviente (42:2) que era invisible. Pero la pregunta tiene otro aspecto. El Dios invisible parece estar inactivo, no interviene a favor de su pueblo cuando son oprimidos por el enemigo.

Es la pregunta de todos los días en el medio hostil dónde vivimos. Las personas se burlan de nuestra fe, en el trabajo, en el aula, en la casa.

Testimonio de una hermana de la congregación de la actitud de su familia. Atribuyen todos los problemas de la familia al hecho de que ella se había hecho evangélica.

Permítanme sugerir algunas otras causas que no se mencionan en nuestro texto como una especie de lista de control.

C. Tener problemas de salud física o síquica.


D. Sufrir adversidad.


E. No confesar los pecados.


F. Vivir la noche oscura del alma.


A veces no hay una razón evidente. Parece ser parte de los ciclos rítmicos propios de la vida emocional del hombre.


III. El remedio del desaliento espiritual.


Uno puede preguntar si el salmo nos da pautas para la resolución del problema ya que las tres estrofas mezclan expresiones pesimistas y desalentadoras con el esfuerzo del autor de encontrar la salida del pozo. Sin embargo, si leemos con cuidado las tres estrofas notamos progreso. El tono de desaliento es más fuerte en la primera estrofa donde la adoración en otros tiempos es un recuerdo nostálgico. Siguen sentimientos de desaliento en la segunda estrofa, pero mientras en la primera la adoración es un recuerdo de tiempos pasados aquí el salmista afirma: “Pero de día mandará Jehová su misericordia y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida” (42:8). A pesar de todo, cantará y orará. 


En la última estrofa, aunque todavía anda enlutado (43:2), llega a una afirmación clara de su fe en una oración dirigida a su Dios. “Envía tu luz y tu verdad; estas me guiarán, me conducirán a tu santo morada, a tus moradas. Me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo. Y te alabaré con el arpa, Dios, Dios mío.” (43:3-4). Puede ver gozo y alegría en su futuro. Dios es su Dios. El salmo nos da tres pautas para encontrar el remedio del desaliento espiritual.


A. Depender de la luz y la verdad de Dios (43:3).


Para nosotros esta luz y verdad se encuentra en la lectura de la Biblia.


B. Volver al culto comunitario (43:4)


Se acercará otra vez al altar de Dios y lo alabaré con el arpa porque Dios es su Dios.


C. No ceder al estado de desaliento sino esperar en Dios (42:5, 11; 43:5).


Stott: “Es notable como el autor se dirige a sí mismo. Se resiste a ceder a su estado de ánimo desalentador. Toma bajo su dominio sus sentimientos y se reprocha por su depresión . . . . En el medio de las preguntas en las que se cuestiona a sí mismo hay por implicación un reproche. En lugar de contestar sus propias preguntas o justificarlas, el indica tres veces el remedio en el estribillo repetido: Esperar en Dios.” 


Stott: “La cura de su depresión no es mirar hacia adentro a nuestra tristeza, ni mirar atrás a otros mejores momentos, ni mirar alrededor a nuestro problema, sino mirar más allá y hacia arriba al Dios vivo. El es nuestro Dios, y si confiamos en él ahora, tendremos motivo para alabar su nombre de nuevo. Así, como resume un escritor, ‘la fe condenará la depresión y la esperanza triunfará sobre el desaliento’.”






 





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