Deseo de Dios
Deseo de Dios
Retiro CD 05/03/70
Retiro CD 02/03/93
Salmo 42:1-5 (BC)
Quizás el temor más grande de cada uno de nosotros es de tener un ministerio meramente ortodoxo, un ministerio al cual le falta la dimensión de vitalidad. Nos damos cuenta de que es posible enseñar la verdad, aun la verdad teológica sin comunicar vida a los que enseñamos. Es el riesgo que corre todo ministro del Señor y especialmente el profesor en un seminario.
Me acuerdo de lo que solía pasar en el tiempo cuando ocurría lo que se solía llamar “el movimiento” en la obra en la Argentina. Presentaba algunos desafíos para el Seminario. Más de una vez algún participante del movimiento me contaba ilustración tomada de uno de sus libros de texto. Para ellos la diferencia entre el bife en la heladera y el bife sobre la plancha. Para los participantes del movimiento estaban sacando el bife de la heladera y poniéndolo sobre la plancha. Uno podría preguntarse si lo que estaba sobre la plancha era bife. Sin embargo, lo que ofrecemos al alumno puede ser como un bife helado; enseñanza que no tiene vitalidad.
¿Cómo se puede evitar que esto ocurra? Esta pregunta me llevó en algún momento a leer varios libros sobre el tema de la renovación de la iglesia. En el proceso llegué a conocer los escritos de Evelyn Underhill. Autora inglesa y de la confesión anglicana, llegó a ser una autoridad en el tema del misticismo en su sentido más amplio. Me parece que nos falta algo de este deseo intenso de Dios que caracteriza los más grandes místicos cristianos.
Quisiera sacar de los escritos de Underhill algunos pensamientos que pueden encender en nosotros este anhelo de Dios. En lo que sigue no me dirijo tanto a ustedes, sino a mi mismo en presencia de todos ustedes. Llamamos lo que hacemos en estos días retiros. A veces nuestros retiros tienen demasiado poco de retiro, pero estos minutos están dedicados a prestar atención a Dios. Sin embargo, debe haber un retiro todos los días si hemos de experimentar al Señor. Conocer a Dios exige concentrarnos en El. Concentración en él no es posible en una vida donde no hay pausas.
I. Cerrar la puerta
Underhill comenta la frase “cerrada la puerta” en Mateo 6.6. “Cerrar la puerta es algo muy difícil para nosotros . . . . No vale nada entrar al aposento, el santuario interior, aferrándonos del diario . . . o aferrándonos de la agenda y de un montón de correspondencia. Todo esto tiene que dejarse afuera.”
La experiencia de la presencia de Dios comienza con la disciplina sencilla pero difícil de poder retirarse de todo lo demás para poder concentrarse en Dios. ¡Cuanto nos falta aprender esto en su plenitud!
II. El hombre de oración
En su obra “La vida espiritual” ella habla del hombre de oración. “El verdadero hombre de oración . . . es aquel que deliberadamente se propone y constantemente desea que su trato con Dios y con otras almas sea controlado y movido en todos los puntos por Dios mismo.” Ella dice tal persona no necesariamente dice muchas oraciones ni aun ofrece gran cantidad de peticiones a favor de otras personas o causas; tales prácticas dependen más del temperamento y de la vocación. Pero el verdadero hombre de Dios está profundamente unido a Dios en corazón y voluntad, se ha entregado a Dios para ser guiado por él en su oración y en su obra.
III. Diferentes aspectos de la oración
A. La adoración
Underhill habla de tres aspectos de la oración. En primer lugar, se refiere a la adoración. “Adoración es . . . la semilla de la cual toda oración tiene que brotar.” Esto implica el hecho de la conversión: El momento en el cual la realidad de Dios se apodera de nosotros y sabemos que él es la única Realidad, que el solamente tiene importancia.
B. La comunión
En segundo lugar, habla de la comunión. La oración de comunión incluye toda clase de oración en la cual por fe sabemos que Cristo está muy cerca. A veces lo sentimos y a veces sabemos que él está cerca solamente por fe. Tenemos su palabra y esto nos basta.
En una carta escrita alrededor de 1927, ella describe a un amigo íntimo lo que le pasó después de haber sido cristiano por unos quince años.
“Hasta hace unos cinco años, yo nunca había tenido una experiencia personal con el Señor. No sabía lo que significaba. Fui un convencido teocéntrico. . . . Pensaba que esta era la posición de un cristiano de mente amplia e inteligente, pero cuando . . . fui al Barón . . . me dijo que no era mucho mejor que un unitario. De alguna manera . . . me obligó a experimentar a Cristo. Nunca me habló más del asunto, pero se que humanamente hablando él lo hizo. Me llevó unos cuatro meses. Era como mirar salir el sol muy lentamente y de repente uno se da cuenta de lo que es.”
No creo que ninguno de nosotros diría que no ha tenido experiencia alguna personal con el Señor. Pero temo que estas experiencias sean demasiado infrecuentes. Las vemos como la excepción. Deben ser la regla. Desgraciadamente no nos sorprende que sean pocas. Quizá lo que debe sorprendernos es el día que pasa sin que haya una experiencia con el Señor.
Underhill habla del resultado de su experiencia. “Parece que tengo que procurar . . . vivir más y más hacia él solamente . . . . El Nuevo Testamento, que una vez no entendía y en el cual no podía meditar, ahora parece lleno de cosas en que ni siguiera me había fijado. Todo se hace más y más vivo y apremiante y hermosos . . . . La santa Comunión de la cual al principio participaba por obediencia, se hace más y más maravillosos también. Es en este mundo y ambiente que uno vive.”
Después de 1924 y hasta su muerte solia realizar retiros en la villa de Pleshy a unos kilómetros de Londres. En uno de sus discursos habla del porque ds los retiros. “Sabemos bien porque hemos venido al retiro; venimos a buscar oportunidad de estar asolas con Dios, de prestar atención a Dios, para que podamos hacer mejor su voluntad en nuestra vida diaria. . . . No venimos a buscar información espiritual, sino comida espiritual y aliento espiritual, a esperar al Señor y renovar nuestras fuerzas, no para nosotros, sino para el mundo.”
C. La cooperación o la acción
El tercer aspecto de la oración es la cooperación o la acción. Dice Underhill: “Dios nos hizo para usarnos y usarnos de la manera más provechosa, para su propósito y no para el nuestro. Vivir una vida espiritual significa subordinar todo otro interés a este hecho.” Esta cooperación con Dios para su propósito se realiza de tres modos distintos: (1) Por entregarnos a Dios para ser transformados y hechos idóneas herramientas de su amor incansable; (2) por oración de todo tipo, pero especialmente por la intercesión; (3) por ministerio, trabajo, esfuerzo, y labor y sufrimiento. Tal cooperación cuesta.
Citar Salmo 42.1.
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