El Dios de los sueños imposibles
El Dios de los sueños imposibles
En la década del sesenta del siglo pasado un escritor norteamericano, Dale Wasserman, escribió una obra musical de teatro con el título “El hombre de la Mancha”; después se hizo una película con el mismo nombre. Por supuesto, la obra se basa en la historia de Cervantes de Don Quijote de la Mancha.
En el drama musical, como en la obra de Cervantes, Quijote concibe el proyecto extraño de hacerse caballero andante y salir a corregir todos los males del mundo. Wasserman pone en boca de Cervantes la siguiente afirmación:
“Es cierto que soy culpable de la acusación de ser idealista. Nunca he tenido la valentía de no creer en nada”.
Aldonza es la mujer con el papel femenino más importante de la obra. Según Wasserman, es una gata salvaje de la calle es, en fin, una prostituta. Pero Quijote la ve de forma distinta y dándole el nombre de Dulcinea le canta:
“Veo el cielo cuando te veo, Dulcinea. Tu nombre es como la oración que reza un ángel. Dulcinea . . . Dulcinea . . .”
El Padre dice de Quijote: “Allí va el más sabio loco o el más loco sabio del mundo”.
Quijote dice que para él lo más importante en la vida es continuar siempre la búsqueda. Entonces canta la hermosa canción “El sueño imposible”, la canción central de la obra musical.
Aldonza le pide: “Una vez, una sola vez, ¿me verá como realmente soy?”.
Quijote responde: “Veo la hermosura, la pureza. Veo la mujer que cada hombre tiene en secreto dentro de sí. Dulcinea”.
El Duque dice: “El hombre tiene que aceptar la vida como es”.
Quijote contesta: “Cuando la vida es necia, ¿quién sabe donde está la locura? Quizá ser demasiado práctico es locura. Perder los sueños puede ser locura. Ser demasiado sabio puede ser locura. Y la locura más grande de todas es ver la vida como es, y no como debe ser”.
Según Wasserman Quijote es el hombre del sueño imposible. En las páginas de la Biblia leemos del Dios de los sueños imposibles y de esto quisiera hablar en esta noche.
Hebreos 11:8-19
I. Dios es autor de los sueños imposibles.
Fijémonos en primer lugar que Dios es el autor de los sueños imposibles.
“Abraham, siendo llamado, obedeció” (Heb. 11:8).
El sueño de ir en búsqueda de una tierra no tuvo su origen en Abraham, sino en Dios. Hasta donde sabemos Abraham estaba cómodo en Ur de los caldeos, pero Dios despertó en el un sueño que parecía una locura.
Salir en busca de una tierra sin saber adónde iba (11:8).
El sueño imposible era encontrar la ciudad de Dios (11:10).
El sueño imposible era llegar a ser padre de una gran nación (11:12).
Hoy, Dios está buscando hombres y mujeres a quienes puede transmitir sueños imposibles, personas que rechazan el escepticismo de nuestro siglo que se disfraza de realismo, personas abiertas a recibir de Dios sueños imposibles.
Se ha dicho que “Podemos destruirnos por el cinismo y desilusión tan eficazmente como podemos hacerlo con bombas.”
El escritor inglés G. B. Shaw dijo: “Tu ves las cosas como son y preguntas, ‘¿Por qué?’, mas yo sueño con las cosas que nunca han sido y pregunto, ‘Por qué no?’”.
Y se le atribuye a Unamuno el haber dicho: “Solamente el que intenta lo absurdo, es capaz de lograr lo imposible”.
Carlos F. Kettering (1876-1958), ingeniero e inventor que tenía 140 patentes de invenciones suyas a su muerte, afirmó: “Nada de lo que se ha construido se levantó para tocar el cielo sin que hubiera un hombre que soñaba que debería ser, un hombre que creía que podría ser, un hombre que determinó que tendría que ser”.
Il. De Guillermo Hurry
Desafío a ustedes que hoy egresan a que estén abiertos y dispuestos a recibir los sueños imposibles que Dios quiere transmitirles.
II. Dios es el sustentador de los sueños imposibles.
Recibir el sueño puede no ser tan difícil.
Retenerlo a la luz de las circunstancias adversas es otra cosa muy diferente.
Pero Dios nos puede sustentar nuestro sueño imposible cuando todo dice que no hay ninguna posibilidad de su realización.
Abraham es el gran ejemplo de esto. A medida que pasaban los años, la perspectiva del cumplimiento del sueño de Abraham parecía cada vez menos posible.
Dice Génesis 18:10: “Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.” Sara no había tenido hijos en la edad de más posibilidad y ahora era simplemente imposible.
Fíjense en lo que hace Dios. Dice el texto: “. . . apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él {Abraham} sentado a la puerta de su tienda en el calor del día (Gén 18:1).
Sin embargo, son tres los hombres que aparecen y en el diálogo que sigue a veces Abraham se dirige a uno y a veces a los tres. Al fin habla uno solo y no hay duda de que el mensaje es de Dios. “De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo” (Gén. 18:10).
Y Sara que se escuchaba a la puerta de la tienda y se rió.
“Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?” (Gén. 18:13).
Y Dios le hace la pregunta a Abraham, “¿Hay para Dios alguna cosa difícl?” (Gén. 18:14).
Nos damos cuenta de que Dios no es solamente autor del sueño, sino que también es sustentador del sueño. Cuando parece que Abraham y Sara ya estaban listos para tirar la toalla, de nuevo él despierta en ellos la esperanza de su cumplimiento.
El sueño de Abraham se comunicó a sus descendientes, de modo que un grupo de rebeldes, una colección de esclavos, dirigido por uno que se había escapado de la justicia de Egipto, emprendió el viaje a la tierra prometida. Al fin pudieron hacer suya aquella tierra que era de tamaño como la provincia de Tucumán. Se ubicaba entre una costa de mar sin puertos y un desierto al este sin caminos. Los ejércitos poderosos de las naciones vecinas cruzaban una y otra vez su territorio, como recuerdo de que Israel era, y todavía es, vulnerable de todas las direcciones.
A la luz de esta realidad, viendo la vida como era, ¿qué hicieron? Respondieron con un sueño. Se atrevieron a creer que les pertenecía el futuro. Israel sería el medio por el cual Dios salvaría el mundo. Los audaces israelíes tuvieron un sueño imposible. Sabemos lo que ocurrió. Vez tras vez los eventos crueles de la historia rompieron este sueño absurdo. Egipto, Asiria, Persia, Babilonia, Egipto nuevamente, Siria, Roma todos tuvieron su oportunidad. Pero Israel rehusó aceptar la lección práctica de la historia de la vida como es. Al enfrentarse con la alternativa de abandonar su sueño, y al Dios que lo había inspirado eligieron más bien postergar la realización de su sueño. Aprendieron a esperar en el Señor. Hoy podría ser un día negro y mañana podría ser peor, pero pasado mañana pertenecía a Dios.
Les felicito en esta noche porque estuvieron abiertos al sueño que Dios les transmitió al responder a su llamada y venir al Seminario para prepararse. Han permitido que el mantenga vivo este sueño en su corazón y en su imaginación. Les ha costado, pero esta noche dan un paso importante en la realización del sueño.
E-mail de esta semana de Nestor Fernandez (Egresó en 2001). Acaban de aprobar su tesis de maestría en teología de Oxford. “La Universidad de Oxford aprobó mi Tesis y pronto obtendré mi Master en Teologia. Por algunos momentos fue difícil, pero gracias a Dios ya esta terminado.”
III. Dios es el Señor de los sueños imposibles.
Dios es autor de los sueños imposibles y es sustentador de los sueños imposibles, pero es además el Señor de los sueños imposibles y el asunto de cómo y cuándo se realizan queda siempre en sus manos.
Fijémonos en el caso de Abraham. Al fin parecía que su sueño se estaba en camino a realizarse. Había encontrado la tierra. Después de largos años de esperar en fe, nació el hijo en quien había de cumplirse la promesa de ser padre de una nación numerosa.
Entonces viene el momento cuando Dios pide que ofrezca en sacrificio este hijo. Esto debía haber parecido la locura más grande de todas. ¿Qué hará Abraham?
Nuestro texto indica lo que pasó. “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac . . . su unigénito . . . pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir” (Heb. 11:19).
Es frecuente en la vida del hombre que tiene un sueño imposible el momento en que se le pide que lo sacrifique y generalmente es la hora de verdad en la vida de aquel hombre, el momento en que todo gira en torno a la disposición del hombre a obedecer.
El escritor Glenn Clark en su libro I Will Lift up My Eyes (New York: Harper & Row, 1937), hablando de los sueños que se realizan hace una afirmación llamativa.
“El último acto imprescindible para que un sueño se realice es perderlo. La mejor manera de perderlo es entregarlo completamente en manos de Dios. La prueba final de la madurez verdadera y de la integración completa en nuestra vida de un sueño es la disposición de sufrir la pérdida de él” (p. 47).
Entonces Clark habla del sueño que había tenido de ser escritor. No se cumplía el sueño y un día mientras enseñaba en la universidad su materia del arte de escribir se le ocurrió que había en la clase individuos con más posibilidades como escritores que las que él jamás había tenido. ¿Por qué no dedicarse desinteresadamente a ayudar a sus alumnos a llegar a ser grandes escritores? De modo que se entregó nuevamente a la tarea de enseñar con más fe y más energía, pensando en sus alumnos y no en sí mismo. Entonces, en este momento, cuando su único deseo fue ayudar a otros, escribió unas ideas como respuesta a una gran necesidad en la vida de otro. El otro le dijo: “Esto es demasiado bueno para mí solamente. ¿Por qué no lo envías a la revista Atlantic?” Clark lo hizo y en seguida recibió una carta que decía: “Envíenos media docena de artículos como este”. El sueño se realizó cuando fue sacrificado (p. 48).
Daniel y Hannelore Martin (Egresaron en 2001.) que tuvieron que sacrificar el sueño de trabajar como misioneros en Mozambique.
Al mirar el futuro, el desafío es, en primer, lugar ser terreno fértil para que Dios pueda despertar en nosotros sueños imposibles.
El desafío es, en segundo lugar, tener fe persistente para que Dios pueda sustentar estos sueños en las circunstancias difíciles.
El desafío es, en tercer lugar, siempre someter nuestros sueños a la absoluta soberanía de Dios.
En el momento culminante de la obra de Wasserman cuando Don Quijote muere, no puede recordar el pasado. Aldonza entra al escenario y le dice: “Tu eres mi Señor, Don Quijote”. Pero él no recuerda nada. Entonces ella dice: “Tu me hablaste y todo fue distinto. Me miraste y me llamó por otro nombre. Dulcinea . . . Dulcinea . . . Por favor devuélveme el sueño de Dulcinea. Trae otra vez la brillante y radiante gloria de Dulcinea”. Quijotes entonces se mueve un poco y dice, “Quizá no era sueño”.
Entonces los dos cantan la canción “El sueño imposible”.
Cabalgar donde nadie se atreve,
Realizar el sueño imposible,
Tratar de alcanzar una estrella,
Enfrentar un rival invencible.
Sin sucumbir al desaliento, sin medir la lejanía,
Sin preguntas ni descanso, por lo justo batallar.
Hasta el infierno mismo marchar en agonía,
si por una causa celestial hay que luchar.
Saber si es cierto mi anhelo glorioso
Cuando el corazón encuentre un lugar,
Un sitio tranquilo y hermoso
Donde pueda por fin descansar.
Y el mundo cambiará en virtud de este hombre,
Lleno de cicatrices y escarnio,
Agotado hasta el último esfuerzo,
Por tratar de alcanzar una estrella.
Luchar con los brazos cansados,
Una estrella alcanzar con honor,
Corregir los errores pasados,
Amar con el más puro amor.
Realizar el sueño imposible,
Cabalgar donde nadie se atreve
Tratar de alcanzar una estrella,
Ésta es mi búsqueda . . . éste es mi anhelo.
Traducción del inglés por
Julio R. Maestre O.
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