El Padrenuestro: Un modelo de oración

El Padrenuestro: Un modelo de oración 

Mateo 6:9-13

En el capítulo 11 de Lucas se registra un incidente en el cual Jesús está orando y cuando termina de orar los discípulos le piden que les enseñe a orar como Juan el bautista había hecho con sus discípulos. En respuesta a este pedido Jesús les enseñó el Padrenuestro. De modo que si queremos saber como orar quizás el mejor lugar donde empezar es con la oración que enseñó Jesús.

¿Es el Padrenuestro un modelo a seguir o un patrón a ser repetido? ¿Una guía o una oración a repetirse palabra por palabra? 

Seguro que es modelo y debería ser el modelo de toda oración cristiana. Si deseamos saber si podemos pedir esta o aquella cosa en el nombre de Jesús, debemos evaluar si puede ser legítimamente incluida entre las peticiones del Padrenuestro. Quizás es mejor verlo cómo modelo. Sin embargo, las palabras pueden servir de patrón para ser repetido cuando las repetimos pensando en su significado.

Componentes

Se compone de tres elementos: 

(1) Primero, hay una invocación (6.9). 

(2) Después vienen seis peticiones 6:9-13). 

(3) Termina con la doxología (6.14).

I. La invocación (6:9). 

“Padre nuestro que estás en los cielos” (Mat. 6.9, R95)

La invocación identifica a aquel a quien oramos. 

A. Él es nuestro Padre.

Aunque hay pasajes en el A. T. que se refieren a Dios como Padre, no hay antecedentes en el para dirigirse a Dios en oración como Padre. En todo el libro de Salmos hay un sin número de maneras de dirigirse a Dios al orar, pero nunca como Padre. Es a Jesús que debemos la práctica de orar a Dios como Padre.

B. Él es nuestro Padre que está en los cielos.

Jesús se dirige a Dios como Padre, pero califica el significado de Padre en relación con Dios. El es el Padre que esta en los cielos. Distingue entre nuestro padre carnal y nuestro Padre celestial. Llama la atención que siete veces en el Sermón del Monte Jesús usa la expresión “Padre en los cielos” o “Padre celestial”. Recalca su majestad.

No es su dirección de correo sino el reconocimiento de su trascendencia, su majestad. Jesús mantiene equilibrio entre la cercanía de Dios como Padre y su trascendencia, su intimidad y accesibilidad y su majestad y grandeza. Es Padre, pero es el Padre que está en los cielos y debemos tenerlo presente siempre.

II. Las peticiones

Podemos dividir las seis peticiones del Padrenuestro en dos grupos con tres peticiones en cada grupo. Tres de las peticiones tienen que ver con Dios, su persona y sus propósitos; tres tienen que ver con el hombre y sus necesidades.

A. Las peticiones: Dios, su persona y sus propósitos (6:9-10)

1. La santificación de su persona.

“Santificado sea tu nombre.” (Mat 6:9, RVR95)

El nombre representa a la persona. Es el pedido que la gente reconozca a Dios por quien él es. 

2. La venida de su reino.

“Venga tu Reino.”  (Mat 6:10, RVR95)

Reino se refiere a la soberanía de Dios, a su dominio. Es la oración que pide que los hombres se sometan a la soberanía de Dios, que el reino se extienda eficazmente entre los hombres. 

En última instancia es pedir la consumación de este reino con la venida de Jesús. “¡Señor nuestro, ven!” (1 Cor. 16:22). Es la última oración de la Biblia: “Ven, Señor Jesus” (Apoc. 22:20).

3. La realización de su voluntad.

“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. (Mat 6.10, RVR95)

No se refiere a una mera submisión a las circunstancias como hacen los musulmanes en su frase, “si Allá quiere”. Pide que los hombres obedezcan a Dios. Pide que se haga su voluntad y no la nuestra como oró Jesús en Getsemaní.

Los intérpretes preguntan si la frase “así en la tierra como en el cielo” debe aplicarse solamente al pedido de que se haga su voluntad o si debe aplicarse a los tres pedidos. Sea cual fuere la relación gramatical, es claro que el sentido que expresa la frase es aplicable a los tres. Son pedidos de que Dios sea reconocido en la tierra de la misma manera en que él es reconocido en el cielo, que su soberanía se reconozca en la tierra como de hecho se reconoce en el cielo y que su voluntad sea hecha en la tierra como de hecho se hace en los cielos.

En nuestras oraciones estos pedidos que tiene que ver con Dios tienden a ser desplazados por los pedidos personales. 

B. Las peticiones: Nosotros y nuestras necesidades (6:11-13).

1. La provisión diaria.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” (Mat. 6.11, RVR95)

El hombre no vive de pan solamente, pero no puede vivir sin el pan. Reconoce nuestra dependencia de Dios. Debe ser continua de modo que es el pedido de recibir solamente el pan diario, el pan para cada día. El obrero recibía su pago cada día.

Es pan porque era el elemento básico representativo de la dieta del obrero en Palestina en el siglo I. Es pan y no torta. Lo necesario para sostener la vida, no lujos. Carson: “El pan es alimento real, y puede además sugerir todo lo que necesitamos en el reino físico (Lutero)”. Vestido, vivienda, salud, etc.

2. El perdón necesario.

“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” (Mat. 6.12, RVR95)

La palabra “deudas” describe el pecado como la falta de cumplir una obligación de obediencia a las normas de Dios. Quedamos en deuda con él. Hay una necesidad constante de pedir perdón por nuestros pecados. Solamente por gracia podemos gozarnos de una relación con Dios. El pedido de perdón a veces brilla por su ausencia en nuestras oraciones.

Pedimos perdón como nosotros perdonamos. Nuestro perdón está condicionado por nuestra disposición a perdonar. Es el único de los pedidos con una condición. 

La falta de un espíritu perdonador hace imposible que llegue a nosotros el perdón de Dios. El general Oglethorpe dijo a Juan Wesley: “Nunca perdono”. Wesley le respondió, “Entonces, Señor, espero que no peque”.

3. La protección segura.

“Y no nos metas en tentación, sino líbranos del mal.”  (Mat. 6.13, RVR95)

El pedido por protección tiene dos partes contrastadas, una parte expresada en forma negativa y otra expresada en forma positiva. 

a. La primera parte negativa dice “No nos metas en tentación”.

En la interpretación de esta parte del pedido, debemos tener en cuenta dos asuntos. En primer lugar, el término griego traducida “tentación” (peirasmov") puede significar tanto tentación como prueba. Es el contexto que determina cuál de los dos significados debe entenderse en cada pasaje donde aparece la palabra. 

La tendencia entre las traducciones es preferir el sentido de tentación (Es cierto tanto en inglés como en castellano. Encontré solamente tres versiones en castellano que prefieren el sentido de prueba, LA, BT, Per.) Pienso que “tentación” es la traducción preferible, aunque uno está tentado a encontrar los dos sentidos, tanto tentación como prueba. De hecho, es correcto pedir la ayuda de Dios en la tentación y en la prueba.


El segundo asunto que debemos tener en cuenta en la interpretación de la primera parte de la petición de protección es como traducir el verbo en el pedido de no meternos en tentación. Si entendemos que se trata de “tentación”, el pedido nos parece una contradicción a la forma de proceder de Dios. Dios no tienta a nadie como afirma Santiago (Sgo. 1:13). La idea de pedir a Dios que no nos metas en tentación parece no estar de acuerdo con su naturaleza. 


Más coherente parece ser la traducción de la NVI: “no nos dejes caer en tentación” (así también LPD y BNP). Es el pedido de evitar ser tentado como traduce DHH: “No nos expongas a la tentación”. O el pedido de no ser vencido por la tentación como traduce la NTV: “No permitas que cedamos ante la tentación”. 


Los mismos sentidos son apropiados si en lugar de tentación se entiende que se trata de prueba. Puede ser el pedido de evitar ser probado como pidió Jesús en Getsemaní. La BT traduce, “no nos metas en pruebas”. O puede ser el pedido de no ser vencido por la prueba.  LA traduce, “cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti”.  


2. La segunda parte positiva del pedido de protección dice “Sino líbranos del mal”.


La expresión traducida “mal” (tou` ponhrou`) puede traducirse “mal” como en RV y referirse al mal en general o traducirse “el maligno” como en NVI y DHH y referirse al diablo.  La tendencia entre las versiones en castellano es preferir “mal”. La mayoría de las versiones inglesas recientes encuentran una referencia al maligno (NIV, NRSV, NEB, HCSB, NLT).  Me parece correcto. Reconoce la realidad del enemigo que anda buscando a quien devorar.


III. La doxología (6.14).


Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén." (Mat. 6.13 RVR95) 


La palabra “porque” que introduce la doxología especifica tres razones porque podemos seguir el modelo de oración del Padrenuestro con toda confianza en recibir una respuesta a nuestra oración. Es porque a Dios le pertenece la soberanía, es decir, la autoridad para conceder la respuesta. A él también le pertenece el poder, es decir, la capacidad de conceder la respuesta. Además, le pertenece la gloria que los hombres le rendirán por las respuestas recibidas. Nuestras peticiones siempre deben traer gloria y alabanza a Dios como pedía Pablo en su oración por los filipenses (Fil. 1.11).  

Él cierra su oración por ellos diciendo “para gloria y alabanza de Dios”.


Conclusión: Poder usar el Padrenuestro como modelo de oración presupone que Dios es nuestro Padre, que hemos pedido ser incorporado a su familia mediante el arrepentimiento del pecado y la fe en Jesús como nuestro Salvador. Si no la ha hecho, hoy mismo puede hacerlo y gozarse de las bendiciones de esta oración que enseñó Jesús.












































Dice un teólogo (John Reumann, Lutheran Theological Seminary, Philadelphia) que el Padrenuestro siempre despierta interés porque lo conocemos tan bien y porque lo conocemos tan poco. Es decir, conocemos bien las palabras, pero no tan bien lo que significan.



Mateo sugiere que es modelo. “Orad de esta manera” (Mat. 6.9). Lucas introduce su versión del Padrenuestro con las palabras “Cuando oréis, decid” (Luc. 11.2). Esto podría entenderse como una justificación para su repetición palabra por palabra. 


En cuatro otros pasajes en el Sermón del Monte Jesús usa la expresión (5.16; 6.1; 7.11, 21) y en tres pasajes se refiere a Dios como el Padre celestial (5.48; 6.14, 26).


La segunda parte del pedido con su referencia a ser librado del mal inclina a uno pensar que el sentido más probable aquí es tentación en lugar de prueba.


El conocido texto de 1 Cor. 10.13 es un ejemplo de un texto donde se puede entender los dos sentidos del término griego. La versión tan familiar de RV60 dice: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. (1Co 10:13 R60) 


Pero fíjense en cómo lo traduce RVR95. “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla.” (1Co 10:13 R95)


Lo que distingue entre los dos sentidos es la intención detrás. En el caso de prueba la intención es buena; es para comprobar la confiabilidad de la persona. En el caso de tentación la intención es mala; es para inducir a la persona a pecar.


El pedido no debe reemplazar el esfuerzo de proveer para nuestras necesidades. El consejo de Pablo es claro en este sentido: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tes. 3:10).


El verbo (eijsfevrw) significa “llevar o traer adentro”. Se usa, por ejemplo, para indicar el esfuerzo de los cuatro hombres a meter al paralítico en la casa donde Jesús enseñaba (Luc. 5.18-19). No se trata de no meternos en un lugar físico sino de no meternos en tentación. 


Recientemente el papa se ha mostrado preocupado por la traducción de la misa en algunos idiomas (p. e., inglés y latín) porque sugieren que Dios puede inducirnos a pecar. ¿Cómo resolver este problema si entendemos que se trata de tentación?


Una posibilidad es entender que lo que tenemos aquí es una figura retórica (que se llama litote) que se caracteriza por negar lo contrario de lo que se quiere decir. 


La hermosa doxología con que termina el Padrenuestro no está en las copias más antiguas de Mateo. Es un resumen de 1 Crón. 29:11-13, parte de la oración de David a la conclusión de la entrega de las ofrendas para la construcción del templo. Aparece en la forma del Padrenuestro que está en la Didajé, una especia de manual de la iglesia que es de fines del siglo I o principios del siglo II. Quiero creer el Espíritu de Dios ha inspirado la iglesia a ver en estas palabras bíblicas una manera apropiada de terminar el Padrenuestro.


La primera razón es el reino o soberanía pertenece a Dios. Él tiene la autoridad para conceder la respuesta. Ya en las peticiones figura el pedido que venga el reino, pero, aunque pedimos que venga el reino en su plenitud, Dios ya es rey. 


La segunda razón para tener confianza al orar es que además de la autoridad Dios tiene el poder para conceder la repuesta a nuestras oraciones.


La tercera razón para tener confianza es que los pedidos que siguen el ejemplo del Padrenuestro traen gloria a su nombre. Toda oración nuestra más allá de satisfacer nuestras necesidades debe traer gloria al nombre de Dios. 


¡Cuánta gente ha usado el Padrenuestro como oración propia a través de los siglos! Pero presupone la relación de hijo a Padre. Dice el Evangelio de Juan, “a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1:12). Para poder hacer nuestro el Padreneustro se presupone la decisión de fe en Jesús como nuestro Salvador y Señor, la entrega de nuestras vidas a él.


Testimonio de Sally Troutman




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