Elías: Señales de advertencia para nuestro bien espiritual
Elías, Enoc y Moisés comparten la experiencia particular de haber salido de este mundo de una manera especial. En su vida se mostró el poder de Dios en milagros extraordinarios. Llegó a ser visto como el modelo del profeta. Se esperaba que volviera Elías antes de la venida del Mesías y esta esperanza se cumplió en el ministerio de Juan el Bautista. Su vida sirvió como modelo para el ministerio de Juan. Apareció con Moisés en la transfiguración de Jesús. Se presenta como ejemplo de oración eficaz en Santiago 5.17-18 donde se nos dice que vio grandes respuestas a sus oraciones, aunque era “hombre sujeto a pasiones como las nuestras”.
Una de las maneras de estudiar la vida de los personajes bíblicos es aislar un momento crítico en su vida para analizarlo y descubrir cuales son las lecciones que podemos aprender de la experiencia. En el caso de Elías tenemos una muy bien conocida experiencia de desaliento si no es una situación de depresión plena.
1 Reyes 19.1-21
I. El caso de Elías parece un caso clásico de depresión.
A. Ver todo con pesimismo
1º Reyes 19.10 (NVI): —Me consume mi amor por ti, SEÑOR Dios Todopoderoso —respondió él—. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!
Acaba de triunfar sobre los profetas de Baal en el monte Carmelo y de recibir una respuesta sorprendente a su oración para que haya lluvia después de tres años y medio de sequía, pero ve todo negro y perdido.
B. Querer huir de la vida.
1º Reyes 19.3-4 (NVI): Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto, y se sentó a su sombra . . . .
Todos podemos pensar en algún momento cuando quisimos escaparnos. Quisimos taparnos con la frazada y quedarnos en la cama.
C. Buscar estar solo.
Se alejó a la ciudad más al sur del país y dejó aun a su criado (1 Reyes 19.3) para refugiarse en el desierto. No queremos estar con la gente. No deseamos ver a nadie.
D. Sentir lástima de uno mismo.
Mientras él es consumido por el amor hacia Dios, los demás lo han abandonado. (1 Reyes 19.10). 1 Reyes 10.4: «¡Estoy harto, SEÑOR! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados.»
Nadie toma mi parte. Nadie me ayuda. Todos me atacan.
E. Perder interés en las cosas.
1º Reyes 19.5-6 (NVI): Luego se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido. De repente, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come.» Elías miró a su alrededor, y vio a su cabecera un panecillo cocido sobre carbones calientes, y un jarro de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse.
Terminó solo en el monte Horeb en el desierto de Sinaí lejos de la gente sin tener interés en nada. Solo quiere dormir.
F. Desear morir.
1º Reyes 19.4 (NVI): Llegó adonde había un arbusto, y se sentó a su sombra con ganas de morirse. «¡Estoy harto, SEÑOR! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados.»
El doctor Bertram Brown, director del Instituto Nacional de Salud Mental en los EE. UU. de N. A. ha afirmado que entre los suicidios de aquel país más del 80% sufre de depresión de modo claro (Wright, Respuesta a la depresión, p. 14).
II. El caso de Elías puede darnos algunas claves de circunstancias que conducen al desaliento y la depresión.
A. El estado psíquico-emocional después de grandes momentos de éxito.
1. La reacción psíquico-emocional
En su larga lucha contra los profetas de Baal y Jezabel, Elías había logrado un gran triunfo. Desde la cumbre del monte Carmelo Elías descendió al valle de Jezrel. Pero este descenso geográfico es símbolo del descenso psíquico-emocional. De un estado de euforia y gozosa victoria Elías ha bajado al valle de desaliento y depresión. Teníamos grandes metas y después de mucho esfuerzo se han logrado. Hubo un proyecto que parecía imposible, pero Dios nos ha ayudado a verlo hecho realidad. De repente nos quedamos sin meta a la vista, sin proyecto en proceso. Es un momento de peligro.
2. El peligro de la arrogancia.
El peligro de un sentido de arrogancia y autosuficiencia. Uno puede pensar que ni nada ni nadie me puede vencer. A pesar del hecho de que Elías invocó el nombre de Dios en la manifestación de su poder en el Carmelo, la magnitud de la victoria sobre los profetas de Baal fácilmente podría haber dado lugar a cierto sentido de confianza propia. Hay un proverbio que siempre trato de tener presente.
Proverbios 16.18 (RVR95): Antes del quebranto está la soberbia, y antes de la caída, la altivez de espíritu.
3. Los ataques del enemigo
También es cierto que es precisamente cuando la lucha contra las fuerzas de maldad está dando resultado que el enemigo reduplica sus esfuerzos. Jezabel representa estas fuerzas de maldad.
Siempre me ha llamado la atención que era después del momento cumbre del bautismo de Jesús y la afirmación del Padre de su identidad mesiánica que el diablo lo atacó con más fuerza.
B. El cansancio físico después de grandes desgastes de energía.
El combate en el Carmelo le había significado un gran desgaste, pero el relato dice que después corrió delante del carro de Acab los 35 kilómetros hasta su palacio en Jezrel. El cansancio nos predispone a la depresión y el desaliento. Debemos cuidar nuestras energías. A veces la gente se jacta del grande desgaste de energías, pero esto puede disponernos al peligro de la tentación y la caída.
Esto debe llevarnos a preguntar ¿Cómo estoy manejando mi agenda? ¿Estoy exigiendo más al organismo de lo que es capaz de dar? Esto lo podemos hacer por un tiempo, pero a la larga pagamos las consecuencias en nuestro bienestar espiritual. Debemos programar nuestros tiempos para tiempo con la familia, tiempo para uno mismo y tiempo para descanso. No es para nada que Dios mandó guardar un día de reposo.
C. Circunstancias conflictivas de larga duración.
1º Reyes 19.2 (NVI): Entonces Jezabel envió un mensajero a que le dijera a Elías: «¡Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana a esta hora no te he quitado la vida como tú se la quitaste a ellos!»
La constante oposición de Jezabel terminó debilitando las fuerzas de Elías. Logró quitarle el gozo y la satisfacción de lo que era quizás la victoria más grande de su vida. Debemos pedir la ayuda de Dios cuando nos encontramos en medio de luchas que parecen nunca terminar.
D. La sensación de fracaso.
1º Reyes 19.10 (NVI): Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!
1º Reyes 19.4 (NVI): . . . no soy mejor que mis antepasados.
En realidad, Elías es uno de los grandes profetas de Dios. Sin embargo, en este momento su perspectiva estaba tan distorsionada que se veía como un fracaso absoluto.
En 1 Reyes 19.18 Dios le dice al profeta que él preservaría 7,000 que no se arrodillarán ante Baal, palabras que Pablo cita en Romanos 11.4 para señalar que a pesar de haber rechazado mayormente los judíos a su Mesías había un remanente escogido por gracia en su día.
Elías acababa de recibir una respuesta a su oración por lluvia después de una sequía de tres años y medio que se citaría después como ejemplo de eficacia en la oración (Stg. 5:17-18), sin embargo, veía todo como perdido.
Es la tentación tan característica del pesimista y el deprimido de ver el hueco en el medio de la rosquilla en lugar de fijarse en la rosquilla. Pero antes de ser demasiados duros con los pesimistas tendríamos que confesar que es la tendencia de todos.
Dios está haciendo mucho más en su vida de lo que te parece. Dios siempre está haciendo más de lo que podemos apreciar. Es el diablo que quiere hacerte creer que no pasa nada.
E. Emociones negativas no resueltas
1. El miedo: Se asustó (19.3).
2. La bronca: 1º Reyes 19.10 (NVI): Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!
3. El resentimiento: 1º Reyes 19.10 (NVI): —Me consume mi amor por ti, SEÑOR Dios Todopoderoso —respondió él—.
¿Cuáles son las emociones no resueltas que están afectando no solamente mi vida emocional sino mi vida espiritual?
El doctor C. Roy Angel, pastor por muchos años de una iglesia bautista en Miami, cuenta una experiencia de la práctica médica de un amigo, el doctor Adkins. Fue a la habitación de una mujer el día antes de su operación. Le sorprendió de no observar ningún índicación de preocupación. En cambió parecía estar contenta con la perspectiva de la operación. Tenía la actitud de alguien que había ganado una victoria en lugar de alguien preocupado. Le preguntó si es que no tenía ninguna ansiedad. En seguida respondió diciendo que no estaba preocupada para nada. Entonces explicó la razón. Ella quería un tapado de piel para Navidad y el marido no se lo había comprado. Dijo la mujer, “Le habría costado 600 dólares, pero me dijo que no tenía la plata. Esta operación va a costar a este mezquino 1,500 dólares.” El doctor Adkins se quedó sin poder responder pensando: “Pobre, mujer. No te das cuenta cuánto te ha costado este resentimiento durante estos seis meses.” Agregó el médico, “Hay literalmente miles y miles de personas cuya salud física está siendo afectada por los resentimientos y las broncas que llevan en su corazón”.
Lo tengo registrado en un libro de sermones que tenía conmigo aquella mañana del 27 de agosto de 1958. Yo predicaba una serie en la Iglesia Bautista Brownfields en la ciudad de Baton Rouge en el estado de Luisiana. Hubo cultos matutinos tempranos. Una mañana hubo breves testimonios. Una mujer dijo, “Hace 65 años que entregué mi corazón al Señor y nunca me ha desamparado. Muchas veces el camino ha sido difícil, lleno de piedras, pero jamás me ha fallado.” Cristo, el que nunca nos fallará nos invita a entregar nuestra vida a él con todo el desaliento y la depresión que podemos estar experimentando.
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