ROMANOS 12 VI. La conducta diaria del hombre justificado (12:1-15:13) Parte VI

 


-5 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función; así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros
. La partícula lógica de transición traducida en RVA, “Porque” indica que la ilustración del cuerpo que Pablo introduce ahora está directamente ligada a la exhortación a la humildad y aprecio mutuo. El apóstol ya ha usado la ilustración del cuerpo en la correspondencia con los corintios (1 Cor. 12:12-27). Pero en 1 Corintios él vincula la ilustración directamente con la idea de la iglesia como el cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:27, “vosotros sois el cuerpo de Cristo”.). En Colosenses y Efesios, hay un desarrollo en el uso de la ilustración. En estas dos cartas el énfasis está en Cristo como la cabeza del cuerpo y la importancia de la unión vital con la cabeza para que pueda haber desarrollo. 

Aquí el cuerpo humano sirve simplemente como una ilustración de la relación entre los cristianos. Cranfield nota que la figura del cuerpo como una unidad hecha de varios miembros aparece con frecuencia en la literatura antigua. Es claro que el cuerpo es una ilustración de la iglesia en dos sentidos: (1) hay una gran diversidad de partes con funciones diferentes, pero (2) todas las partes diferentes con roles diferentes constituyen una unidad. De la misma manera, los muchos creyentes con sus funciones diferentes forman un solo cuerpo, no muchos cuerpos. Pero forman un cuerpo “en Cristo”, eso es, por la relación que todos tienen con Cristo (NBE, “unidos a Cristo”). Este sentido cristológico que Pablo da al uso de la figura del cuerpo distingue su uso de todos los demás ejemplos de la antigüedad. 

La última frase, “todos somos miembros los unos de los otros”, indica la aplicación específica que Pablo quiere hacer de la ilustración, una aplicación detallada en 1 Corintios 12:14-26. El sentido de la frase es un poco más claro en la traducción de DHH: “y estamos unidos unos a otros como partes de un mismo cuerpo” (comp. NVI: “y cada miembro está unido a todos los demás”). Lo que Pablo quiere recalcar es simplemente que los creyentes, como los varios miembros de un cuerpo humano, aunque difieren entre sí y con funciones diferentes, se necesitan y están bajo obligación de servirse los unos a los otros porque pertenecen a una sola unidad. 

6 De manera que tenemos dones que varían según la gracia que nos ha sido concedida: Si es de profecía, úsese conforme a la medida de la fe. Ahora el apóstol hace una aplicación específica de lo que ha dicho con respecto a las diferencias entre creyentes y sus funciones variadas mediante una consideración del tema de los dones. La palabra traducida “dones” (El término griego usado es el que corresponde a la palabra castellana “carisma”.) ya ha sido usada por Pablo en Romanos (1:11; 5:15, 16; 6:23; 11:29), pero esta es la primera vez que indiscutiblemente tiene el sentido específico de habilidades concedidas por el Espíritu a los creyentes para su funcionamiento dentro del cuerpo de Cristo (Ver el comentario sobre 1:11.). 

Dieciséis de las diecisiete veces que el término aparece en el Nuevo Testamento se encuentra en las epístolas de Pablo; la excepción es 1 Pedro 4:10. La consideración más detallada del tema aparece en 1 Corintios 12 al 14. La relación íntima de los dones con el Espíritu está reflejada en el hecho de que el simple uso del término “espirituales” en 1 Corintios 14:1 es una especie de clave para referirse a “dones espirituales”. La diferencia entre los creyentes y su rol en la iglesia se debe a la variedad de los dones concedidos por Dios en su gracia. Un don no es un logro o premio personal, sino un regalo de la gracia de Dios. Por lo tanto, diferencias entre creyentes no deben ser ni motivo de orgullo ni motivo de desprecio.

El apóstol procede a dar siete ejemplos de los diferentes dones. Quizás vale la pena repetir que en la lista que sigue no se contemplan funcionarios u oficiales dentro de la iglesia, sino simplemente habilidades que pueden ser ejercidas por los miembros sean funcionarios o no. El primer don que se menciona es el de la profecía. La importancia de este don está reflejada en la insistencia de Pablo a que los corintios anhelen el don de la profecía (1 Cor. 14:1, 39) más que otros dones de menor utilidad. Parece claro que el término se refiere a un mensaje inspirado por el Espíritu de Dios (NBE: “el hablar inspirado”). La discusión del tema en 1 Corintios 14 deja en claro que aunque hay algunos con un don especial de profecía, cualquier miembro de la congregación puede en algún momento ser el medio para la comunicación de una palabra inspirada por el Espíritu (1 Cor. 14:31). 

En el Nuevo Testamento, a veces se trata de la predicción de un acontecimiento futuro en la comunidad (Hech. 11:27-28) o en la vida de alguien (21:10-11) o se trata de una indicación de Dios a su pueblo de lo que él quiere que haga (Hech. 13:1-2). Pero en su esencia es un mensaje inspirado para la instrucción (1 Cor. 14:31), la edificación (1 Cor. 14:3), la exhortación (1 Cor. 14:3) y el aliento (1 Cor. 14:3). Judas y Silas hacen uso de su don profético para exhortar y fortalecer a los hermanos de Antioquia (Hech. 15:32).

Cada uno de los siete dones que Pablo menciona va acompañado de una frase que describe la manera en que debe ejercerse. En el caso del don de la profecía debe ejercerse “conforme a la medida de la fe”. En el comentario sobre 12:3 se señalaron los dos posibles sentidos de “fe” en 12:3 y aquí: (1) el poder espiritual dado al creyente para cumplir su responsabilidad especial, en este caso, profetizar; (2) el conjunto de verdades que creen los cristianos. De acuerdo al número (1), la exhortación al profeta es de no ir más allá de la palabra inspirada que su fe le ha permitido recibir de Dios, no añadir al mensaje recibido por inspiración del Espíritu. De acuerdo al número (2), la exhortación al profeta es de no comunicar un mensaje que no esté de acuerdo con la doctrina normativa revelada y aceptada por el pueblo de Dios. El primer sentido parece más apropiado.

Es importante señalar que el mensaje del profeta debe ser evaluado por la congregación. El consejo de 1 Juan 4:1 es claro en este sentido: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo”. Cuando el profeta comunica un mensaje, la congregación debe juzgar o discernir si el mensaje es realmente de Dios (1 Cor. 14:29). Un documento que circulaba en la iglesia primitiva conocido como la Didajé o la Enseñanza de los Doce Apóstoles propone varias pruebas para detectar a los falsos profetas.


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