El relato de la mujer que ungió los pies de Jesús

 El relato de la mujer que ungió los pies de Jesús




Lucas 7:36-50

7.36

Una de tres ocasiones registradas solamente en Lucas en que Jesús es invitado a la casa de un fariseo: Luc. 11.37; 14.1. En Lucas Jesús es amigo de publicanos y pecadores, pero también de fariseos. Es el evangelio para todos.

¿Cómo se llama el fariseo? Simón.

BLA traduce “le pedía que comiera con él” reflejando precisamente el sentido del tiempo del verbo. ¿Sugerirá insistencia de parte del fariseo?

¿Por qué habrá invitado a Jesús a comer en su casa? Por lo que sigue es evidente que no fue por amor o por que había creído en Jesús como en el caso de Zaqueo, pero quizás por mera curiosidad o el prestigio que resultaría de tener a un invitado popular en su casa. 

¿Por que habrá aceptado Jesús? Porque amaba también a Simón y quería llamarlo al arrepentimiento.

Las traducciones dicen que se sentó a la mesa (7.36) y estaba sentado a la mesa (37), pero lo que dice el texto es que se reclinó o se recostó a la mesa. Esto indica que era una comida más formal en contraste con las comidas familiares comunes. Esto también puede explicar la presencia de la mujer. Quizás una comida en sábado después del culto en la sinagoga (ver Luc. 14.1).

7.37:

¿Qué sabemos de la mujer? Pecadora. ¿Prostituta? Da la sensación de ser una situación conocida en la ciudad. No hay razón para asociarla con María Magdalena (8.2). 

¿Cómo explicamos su admisión a la casa? Aparentemente se podía permitir la presencia de personas no invitadas en comidas formales (Luc. 14.2). Estarían a cierta distancia de la mesa sentados o de pie observando.

¿Qué podemos decir de su situación espiritual a la luz de lo que dice el rePlato? Sabe quien es Jesús. Parece haber entendido mediante el ministerio de Jesús que Dios ofrece perdón a pecadores y ha recibido el perdón de sus pecados y sus acciones son una respuesta de gratitud.

De alguna manera se entera de que Jesús está en la casa de Simón y a pesar de la vergüenza que puede provocar su presencia allí se atreve a entrar en la casa. Pero estaba tan arrepentida por su vida previa y, por otra parte, tan agradecida a Cristo quien había venido a su vida como su Redentor, que, dejando a un lado todo su miedo, no solamente había entrado en la casa, sino que se había acercado a la mesa donde el fariseo se reclinaba con sus invitados

¿Cómo logró su acceso a los pies de Jesús? La gente reclinaba con la cabeza hacia la mesa y se apoyaba en la mano del brazo izquierdo y tomaba la comida con la mano derecha con los pies alejados de la mesa. Se sacaban las sandalias. De modo que era fácil para la mujer, cuyo nombre no se menciona, tener acceso a los pies de Jesús.

¿Qué hizo la mujer? Fíjense en que Lucas describe con gran detalle lo que ocurrió. Ella vino preparada con un frasco de aceite perfumado para ungir a Jesús. Aceite perfumado servía en lugar de desodorantes, aunque podía servir también en actos especiales de unción.

7.38:

Se ubica detrás de Jesús a sus pies, la parte más alejada de su cuerpo. Lloró. Parece que le sorprendieron sus emociones en el momento. ¿Motivo del lloro?


Su intención había sido ungir a Jesús. El llanto crea una situación que no había pensado. Comenzó a “regar” (RVR95 y BLA) o “bañar” (DHH y NVI) los pies con las lágrimas.  Empezó a mojar copiosamente los pies de Jesús. El énfasis está en el comienzo quizás por sorpresa de la acción. Parece claramente una consecuencia no anticipado. Le sorprendieron las lágrimas. ¿Qué hacer ahora? 


No teniendo con que secarlos, desata los cabellos y los “enjugaba” (RVR95) o los “secaba”. El tiempo del verbo pinta el cuadro de un proceso. Presumiblemente tuvo que quitarse el velo al desatar el cabello. El acto de desatar los cabellos en público era una falta de modestia. 


Besaba los pies. El imperfecto sugiere repetición. Jesús diría después que desde que entró en la casa no había dejado de besarle los pies (7.45). El verbo que se usa es una forma reforzado que aparece para referirse al beso del padre al volver el hijo pródigo (Luc. 15.20) o el beso de los ancianos al despedir a Pablo en Mileto (Hech. 20.37). Besar efusivamente.


¿Cómo habrán sido los sentimientos de Jesús frente a este hecho? ¿Cómo reaccionamos nosotros al gesto de besar los pies? El relato sugiere gestos de profundo amor y humildad.


Ungía los pies con el aceite. Otra vez el imperfecto pinta el cuadro de una acción en proceso.


7.39:


¿Cuál es la reacción de Simón? Para el fariseo el hecho de que Jesús permite una mujer de las características de esta mujer tocar su cuerpo es evidencia de que él no es profeta. Si fuera profeta sabría que clase de mujer es y no permitiría que lo tocara precisamente porque es pecadora. Aunque Simón no expresa su pensamiento, por su reacción Jesús revela que no solamente sabía que clase de mujer era, pero que era también capaz de leer los pensamientos más íntimos del fariseo.


7.40-43:


¿Cómo responde Jesús? Tiene algo para decir a Simón y él invita a Jesús a decirlo. Cuenta la parábola de los dos deudores, una parábola por contraste que termina con la pregunta quien ama más. La lección de la parábola es clara y Simón la reconoce.


7.44-46:


¿Cómo contrasta Jesús la reacción de Simón a la vista a su casa y la reacción de la mujer? En el caso de Simón faltó agua para lavar los pies, el beso de saludo, el aceite para la cabeza. La mujer suplió la falta de agua con lágrimas, la falta del beso en la mejilla con los besos en los pies, la falta de perfume para la cabeza con perfume para los pies. Algo había ocurrido en la vida de esta mujer pecadora que explica esta forma de responder a Jesús.


7.47:


La lección es muy clara y la expresión “sus pecados que son muchos le son perdonados, porque amó mucho” no debe ser interpretado como sugiriendo que el amor de la mujer es la causa del perdón. El perdón es claramente la causa del amor. Marshall: “A causa de esta conducta te digo que sus muchos pecados han sido perdonados, como se ve por el hecho de que amó mucho”. Uno puede decir, “Llueve porque los vidrios están mojados”. Pero nadie piensa que los vidrios mojados es la causa de la lluvia. Los vidrios mojados son evidencia de la lluvia y el amor es evidencia de pecados perdonados.


7.48-50:


Esto es lo que Jesús afirma en 7.48: “Tus pecados son perdonados”. Vuelve a afirmarlo en 7.50: “Tu fe te ha salvado, ve en paz”. Era su fe que la salvó, no su amor. Jesús no puede decir lo mismo de Simón. ¡Cuanto habría querido poder decirlo!


¿Cuáles son las lecciones para nosotros del pasaje?


I. Reconocer que el perdón de Dios es siempre disponible al pecador arrepentido, al más grande pecador arrepentido.


Mucha gente piensa que Dios o quiere tener nada que ver con gente pecadora, gente fracasada. Era esta la actitud del fariseo. El diablo nos convence que no podemos volver a Dios y que Dios no tiene ningún interes en nosotros.


Esto nos parece lógico, correcto. El pecado es tan grande. Nuestra culpa forma una barrera infranqueable. 


El propósito de este relato de Lucas es decir que Dios es amigo de pecadores, que está siempre dispuesto a reibirlo, que nunca es tarde, que el único que puede impedir el retorno a Dios es uno mismo al no darse cuenta de que puede volver. 


Respondiendo Jesús les dijo: -- Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. (Luc. 5:31-32, RVA)

  

Il. Agnes de Honolulu, Campolo, Fiesta, p. 3


II. Confiar en el poder transformador de Dios


El segundo engaño del diablo es convencernos de que no hay esperanza de poder cambiar. 


Tenemos poca confianza en nosotros mismos. Nos conocemos demasiado bien.


La vida no puede ser nunca como era antes. No hay razón de seguir esforzándonos.


Jesús asegura a la mujer de su salvación, de su transformación.


Il. L’Chaim, Guideposts, marzo, 1983, p. 14


III. Entregarnos sin reserva.


La mujer ya se había entregado a Jesús.


Lo que vemos aquí hace muy claro como había sido su entrega. No huba reserva ninguna. Era capaz del gesto más atrevido y revelar su amor de la manera más exagerada.


¿Has entregada su vida a Jesús, aun cuando lo único que te queda son los pedazos?


Il. “Put the Pieces Back Together,” Guideposts, mayo, 1982, p. 42


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