Morir con Cristo en Pablo
Morir con Cristo en Pablo
I. Un acto realizado: identificación con Cristo en su muerte: Rom. 6:1-10; 7:4; Gal. 2:19-20; 5:24; 6:14; Col. 2:20; 3:3; 2 Tim. 2:11.
1. El modo de los verbos es indicativo: afirma un hecho simple.
2. El tiempo de los verbos es aoristo o perfecto.
(1) El aoristo presenta la muerte como algo que ocurrió una vez para siempre en el pasado. Temporalmente hay dos puntos de referencia: el momento de la muerte de Cristo y el momento cuando nos identificamos con Cristo en su muerte.
(2) El perfecto enfatiza los efectos presentes de la experiencia en el pasado. Morimos con Cristo y los efectos de la muerte tienen vigencia actual.
3. La muerte se presenta como la del creyente mismo o de algún aspecto de su persona esencial.
(1) Nosotros (Rom 6:4-5; 2 Tim. 2:11); yo (Gal. 2:20); vosotros (Col. 3:3).
(2) El viejo hombre (Rom. 6:6).
(3) El cuerpo de pecado (Rom: 6:7).
(4) La carne con sus pasiones y deseos (Gal. 5:24).
4. La muerte se presenta como la muerte del creyente en relación con algo.
(1) El pecado (Rom. 6:2).
(2) La ley (Rom. 7:4; Gal. 2:19).
(3) El mundo (Gal. 6:14).
(4) Los principios elementales del mundo (Col. 2:20).
II. Una experiencia a consumarse: La de realizar en la vida lo que ha ocurrido, de llegar a ser lo que ya somos: Rom. 6:11-14; 8:13; 1 Cor. 15:31; 2 Cor. 4:8-12; Col. 3:5.
1. El modo de los verbos es imperativo o subjuntivo. Constituyen una exhortación o un mandato.
2. El tiempo implicado es futuro. La muerte se presenta como una meta a realizarse, un deber a asumirse, algo que se está efectuando constantemente. "Cada día muero" (1 Cor. 15:31). "Siempre estamos entregados a muerte" (2 Cor. 4:11).
3. ¿Qué es lo que debe morir?
(1) Las prácticas del cuerpo (Rom. 8:13).
(2) Lo terrenal (Col. 3:5).
(3) La carne (Gál. 5.24)
5. ¿Cómo se efectúa la muerte de estas cosas? Por medio de:
(1) Un conocimiento seguro: Saberse muerto (Rom. 6:3, 6, 9).
(2) Una consideración determinante: Considerarse muerto (Rom. 6:11).
(3) Una sentencia decisiva: Hacer morir por el Espíritu (Rom. 8;13; Col. 3:5).
(4) Una entrega absoluta: Someterse a la muerte (2 Cor. 4:11).
(5) Una sumisión constante: Presentarse incondicionalmente a Dios (Rom. 6:14).
"El pecado no tendrá dominio sobre vosotros" (Rom. 6:14, BLA).
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