ROMANOS 13. F. La urgencia de la hora presente Parte V



El apóstol ahora ubica la obediencia del creyente en el contexto escatológico. Bruce sugiere que los eventos de los años 64 y 66 d. de J.C., el comienzo de la persecución imperial de cristianos y la rebelión judía con las consecuencias para la nación judía que Jesús había previsto en Marcos 13 y Mateo 24, ya estaban arrojando su sombra en anticipación de los acontecimientos mismos. ¿Serán los precursores del desenlace escatológico que el apóstol describe  en 2 Tesalonicenses capítulos 1 y 2. Para el creyente la inminencia del retorno de su Señor da un gran sentido de urgencia a su obediencia. 

11 Y haced esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de despertaros del sueño; porque ahora la salvación está más cercana de nosotros que cuando creímos. En griego el versículo 11 empieza con una frase de dos palabras cuyo sentido es incompleto: “Y esto” (RV). Hay dos maneras de entender la frase. Podemos suplir un verbo como ha hecho RVA: “Y haced esto” (Así también NVI y BLA.). O se puede entender que la frase es una especia de recapitulación de lo anterior. Por ejemplo, DHH traduce “En todo esto”. El pronombre “esto” puede referirse a lo que Pablo acaba de decir en 13:8-10, pero probablemente abarca todo lo que ha dicho en 12:1-13:10. La palabra “tiempo” representa el término griego kairós (Para otros ejemplos en Romanos, ver 3:16; 5:6; 9:9; 11:5.). Aquí el sentido distintivo de tiempo propicio para algo parece apropiado. Pablo da por sentado que ellos entienden que con la venida de Cristo el tiempo de cumplimiento ha llegado y deben vivir acorde con este momento trascendente de la historia. El adverbio “ya” da un sentido especial de urgencia a la exhortación. No es hora para estar dormido. El sueño es una metáfora vívida para un estado de estupor que es el opuesto a la disposición a hacer frente a una crisis (comp. Ef. 5:14 y 1 Tes. 5:6-8). 

Es claro que “salvación” en este versículo se refiere a la consumación de nuestra salvación al volver Cristo, la adopción que estamos esperando, “la redención de nuestro cuerpo” (8:23). Al decir que la salvación está “más cercana” que cuando ellos habían creído, Pablo no está afirmando necesariamente que él esperaba la segunda venida de manera inmediata. Es una manera de reconocer que para todo creyente en todas las épocas de la historia cada día nos acerca más al gran día. El creyente siempre vive en el borde de la historia. El Señor siempre está cerca (Fil. 4:5), a la puerta (Stg. 5:9). La esperanza del evento final siempre es una motivación a la fidelidad (Fil. 4:4-7; 1 Tes. 5:1-11; Heb. 10:24-25; Stg. 5:7-11; 1 Ped. 4:7-11). El comentario de Brunner ilumina el pasaje. El futuro del creyente no es algo remoto, algo que se vislumbra lejos en el horizonte de la historia “Es el futuro del Señor, y este futuro ya está en el proceso de hacerse realidad.” Agrega Brunner, “De hecho, la fe es nada más que vivir a la luz de lo que ha de venir”.   

12 La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz. Todo el versículo se caracteriza por el uso metafórico de “noche” y “día”, “tinieblas” y “luz”; la referencia a despertarse del sueño del versículo anterior nos ha preparado para estas figuras que son comunes en la Biblia y en los textos de Qumrán. Es claro que la noche se refiere a la edad presente y el día se refiere a la edad venidera. La noche casi se ha terminado y el día se avecina. Otra vez es necesario señalar que Pablo no quería decir necesariamente que la venida de Cristo era inmediata. Cranfield cita un comentario de Calvino sobre 1 Pedro 4:7 que es pertinente: “Desde el tiempo cuando Cristo apareció, no hay otra cosa para los fieles sino siempre estar mirando hacia adelante a su segunda venida con mente alerta”. La ilustración de Hunter es genial: 

Los cristianos son semejantes a gentes que viven en  algún valle alpino; allá en la altura, la montaña viste el oro de la mañana; y aunque abajo la oscuridad se demora aún, los primeros rayos del día han iluminado sus rostros.

La metáfora de quitarse y ponerse ropa como referencia a eliminar los vicios de la vida previa y desarrollar las virtudes propias de la vida nueva es frecuente en el Nuevo Testamento (Ef. 4:22-25; Col. 3:8-15; Stg. 1:21; 1 Ped. 2:1). Se ha sugerido que puede haber formado parte de la tradición catequística de la iglesia temprana. Sin embargo,  la figura es muy obvia y se usaba en ambientes helénicos y judíos. Por lo tanto, su uso por diferentes autores bíblicos no dependía necesariamente de una tradición catequística común. El creyente ha de desvestirse de “las obras de las tinieblas”, las obras que pertenecen a y son características de las tinieblas. Posiblemente hay una alusión a que se hacen de noche en la oscuridad (comp. Juan 3:20-21).

Por contraste, el creyente ha de vestirse de “las armas de la luz”. Quizás el lector estaba esperando “las obras de la luz”, aunque en un pasaje semejante Pablo contrasta “las obras de la carne” con “el fruto del Espíritu” (Gal. 5:19-24). La palabra traducida “armas” es la misma que en Romanos 6:13 se traduce “instrumentos”. Puede tener el sentido de “armas” o de “herramientas”. El consenso de traductores y comentarios es que aquí significa “armas” o “armadura”. La vida cristiana no es un sueño, sino una lucha (Denney). Por lo tanto, el creyente debe vestirse de la armadura apropiada para esta lucha. 

A veces se ha sugerido que el contraste entre noche y día indica que Pablo está pensando en desvestirse de la ropa que se ha usado para dormir durante la noche y vestirse de ropa apropiada para las actividades del día. Sin embargo, esto no es probable ya que la evidencia demuestra que en el primer siglo la gente comúnmente no tenía ropa especial para dormir. Antes de dormirse, simplemente quitaban algo de la ropa que usaban de día. Lo que significa el acto de despojarse de “las obras de las tinieblas” y vestirse de “las armas de la luz” se explicará en los dos versículos siguientes.


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