Alabado sea Dios


En Romanos 9 al 11 Pablo describe como el propósito redentor de Dios se está realizando en la historia en relación con la salvación de los judíos y de los gentiles.

Israel, como nación, no había aceptado a Jesús como su Mesías. Entonces Pablo pregunta al principio del capítulo 11: “¿Acaso rechazó Dios a su pueblo?” (11:1, NVI). ¿Se habría cansado Dios y habría rechazado en forma definitiva a Israel? La pregunta retórica anticipa la respuesta, “No”. En el capítulo Pablo explica porque puede dar esta respuesta negativa y resume como el propósito redentor de Dios se está realizando y como seguirá realizando en el futuro hasta el fin. 


Dios no ha rechazado en forma definitiva a Israel porque:


1. Aun en aquel momento había un remanente creyente en Israel (11:1-10).


2. La exclusión de Israel no es permanente; es parte del plan de Dios y ha dado lugar al ingreso de los gentiles (11:11-24).


3. El ingreso de los gentiles, a su vez, provocará a celos a Israel de modo que llegará el momento, dice Pablo, cuando todo Israel será salvo (11:25-32). En algún momento habrá una respuesta positiva al evangelio por los judíos.


4. De esta manera, dice el apóstol, se cumplirá tanto la plenitud de los judíos (11:12) como la plenitud de los gentiles (11:25). Esto es, todos los gentiles y todos los judíos destinados a ser salvos serán salvos.


5. Este futuro ingreso de los judíos en lugar de perjudicar a los gentiles, significará bendiciones aún mayores (11:12). Significará vida de entre los muertos (11:15), eso es, la resurrección de todos los creyentes.


Este repaso del plan redentor de Dios hace que Pablo rompe en un extraordinario himno de alabanza a Dios por la maravilla y el misterio de su proceder en la salvación del hombre por fe, tema que él ha estado desarrollando desde el capítulo 1. Al pensar Pablo en la misericordia y la sabiduría de Dios la única reacción posible es adoración. Encontramos entones en los últimos versículos de Romanos 11 una hermosa doxología. De todas las doxologías del apóstol es la más larga y una de las más hermosas. En esta noche concentramos nuestra atención en esta doxología tan cargada de contenido teológico.


Leer 11:33-36


“¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Rom. 11.33-36, NVI)


Pablo empieza la doxología hablando de cuatro virtudes de Dios: Su sabiduría, conocimiento, juicios y caminos.


En primer lugar, él alaba a Dios por:


I. Su sabiduría y su conocimiento (11:33a).


“¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!” (11.33, NIV)


La sabiduría de Dios se refiere a la virtud que orienta sus propósitos y sus intenciones hacia los mejores fines. El conocimiento indica la virtud de Dios que le provee de toda la información necesaria para proceder en la realización a de estos fines.


Al hablar de las riquezas de la profundidad de su sabiduría y su conocimiento, Pablo señala su abundancia, su inmensidad; son inagotables. La sabiduría de Dios y su conocimiento de la realidad no tienen límite. Dios está al tanto de todo y particularmente de todo lo que pasa en la historia del ser humano. 


Lo que dijo Dios a Moisés cuando lo llamó en el desierto lo ilustra. “Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos.” (Éxo, 3.7, BLA) Dios no ignoraba lo que vivía el pueblo de Israel. Tampoco ignora lo que vivimos nosotros.


En segundo lugar, Pablo alaba a Dios por:


II. Sus juicios y sus caminos (11:33b)


“¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos!” (NIV)


Además de la sabiduría y el conocimiento de Dios se mencionan sus juicios y sus caminos. 


A. Sus “juicios” o “designios” (LPD) son sus determinaciones, sus resoluciones. Son “indescifrables” (NVI) o “incomprensibles” (RVA). Más precisa es la traducción “insondables” (BC; LPD, BI). Lo que Dios decide es más allá de la profundidad a que el ser humano puede llegar con su mente finita. 


B. Sus “caminos”, es decir, su manera de proceder, su actuar, son “impenetrables” (NVI) o “inescrutables” (RVA). Literalmente son “irrastreables” (BI). Podemos encontrar la huella de su actuar, pero no podemos seguir la pista hasta el final.


Los juicios y los caminos de Dios son más allá de la comprensión del ser humano.

Es solamente por medio de someterse a sus juicios y caminos que el hombre puede comprobar que son correctos


La reflexión sobre la sabiduría, el conocimiento, los juicios y los caminos de Dios lleva a Pablo a alabarlo por:


III. Su autosuficiencia y su trascendencia (11:34-35)


“¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague? ¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?” (11.34, NIV)


La respuesta a las tres preguntas retoricas es “Nadie”. En base a esta respuesta se puede afirmar que Dios es, en primer lugar:


A. Totalmente autosuficiente.


1. No debe nada a nadie. “¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?” (11.33, NIV). Nadie. Es imposible que el hombre pueda poner a Dios en su deuda. Dios no le debe nada a nadie. 


2. Además, no necesita consejeros. “¿Quién ha sido su consejero?” (NIV, 11.34) Nadie. No necesita recurrir a nadie para comprender la situación y tomar la decisión correspondiente.


Dios no es solamente autosuficiente. Es también:


B. Absolutamente trascendente.


“¿Quién ha conocido la mente del Señor?” (11.34, NIV) Nadie. En su conocimiento de la realidad y en su actuar a la luz de esta comprensión Dios trasciende totalmente la capacidad de comprensión del hombre.


En cuarto lugar, Pablo alaba a Dios por:


IV. Ser él el origen, el agente y la meta de todo (11:36)


“Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (NVI)


Él es el origen de todo, el creador y sustentador de todo y el fin de todo. Todo viene de él, existe y se mantiene por él y termina en él. 


La única reacción posible frente a estas declaraciones hechas acerca de Dios es que él reciba la gloria por siempre o, como dice RV y RVA, por los siglos.


Una paráfrasis en inglés dice, “¡Siempre gloria! ¡Siempre alabanza! Sí. Sí. Sí.” (The Message)


Cranfield: Podemos “repetir el ‘amen’ de su doxología con la gozosa confianza de que el profundo misterio que nos rodea no constituye ni un misterio fantasmal incoherente, ni un tenebroso misterio de arbitraria omnipotencia, sino un misterio que jamás resultará ser otra cosa que el misterio de ese Dios que es enteramente bueno, misericordioso y fiel”.


Aun cuando no comprendemos lo que ocurre en la obra y en nuestras vidas, podemos confiar en esta bondad, misericordia y fidelidad y alabar a Dios.

A pesar de todo de lo que nos parece en contra, este misterio opera en la esfera del propósito redentor de Dios. En la obra y específicamente en nuestra iglesia Dios está llevando a cabo un plan que llevará al triunfo final. El mismo misterio opera en nuestra redención personal. A pesar de nuestros fracasos y de las tragedias y el sufrimiento, Dios está realizando una obra en nosotros que nada puede detener.


Tim Keller: Con frecuencia podemos ver como Dios hace que cosas malas resultan para bien. El problema es que solamente podemos tener vistazos de esto y solamente a veces. ¿Pero porque no puede ser que Dios permite el mal porque nos llevará a una gloria y a un gozo más grande que habríamos experimentado de otra manera?


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