Alzad vuestros ojos y mirad los campos
Alzad vuestros ojos y mirad los campos
Juan 6:27-38
Introducción: El lema contiene dos mandatos de Jesús a sus discípulos: Alzad los ojos y mirad los campos. ¿Por qué era necesario que Jesús diera este mandato? ¿Por qué no podían los discípulos advertir lo que Jesús ya había advertido? ¿Por qué son necesarios los mismos mandatos para nosotros? ¿Por qué nos cuesta ver la realidad alrededor de nosotros? Quiero sugerir por lo menos tres razones porque los mandatos son importantes para nosotros en esta noche.
I. En primer lugar, creo que son necesarios porque tendemos a fijarnos en lo que tenemos cerca.
Los cursos que enseñan a manejar tratan de desarrollar en el conductor lo que se llama la conducción defensiva. Eso es, manejar de tal manera que seamos capaces de defendernos del peligro de un choque no importa lo que hace el otro conductor. Uno de los principios básicos es que tendemos a mirar el coche que está inmediatamente delante de nosotros. La conducción defensiva requiere que estamos mirando lejos para advertir el peligro a tiempo para tomar medidas y evitar el accidente.
En la vida también tendemos a fijar la atención en lo que tenemos más cerca.
Los discípulos tenían su atención fijada en la comida. Nos pueden absorber los detalles de la vida. Perdemos la visión de lo que está a nuestro alrededor más allá del círculo inmediato.
Fíjense en donde la atención de Jesús estaba fijada. Jesús les dijo: “Mi comida es que yo haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra.” (Juan 4:34)
Su prioridad era la voluntad del Padre. Era su sustento diario. Así debe ser en nuestra vida. Ahora al resolver mi lugar en la obra la prioridad debe ser la voluntad de Dios para mi vida.
No debemos permitir que nuestra visión quede limitada a lo que está más cerca, a los detalles de la vida. Miremos más allá del pequeño círculo donde estamos parados.
II. En segundo lugar creo que son necesarios porque tendemos a concentrarnos en lo más cómodo, en lo más conocido, en lo más seguro.
Fíjense como Jesús tomó la iniciativa para hablar con la mujer samaritana. A veces señalamos las barreras que él tuvo que franquear para hablar con ella: la barrera racial, la barrera religiosa, la barrera de sexo, la barrera de condición moral, la barrera del reconocimiento de su necesidad. Tan atrevida fue la actitud de Jesús que la mujer se sorprendió grandemente. Entonces la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, siendo yo una mujer samaritana? porque los judíos no se tratan con los samaritanos. (Juan 4:9)
Jesús no se quedó con lo más cómodo. Se atrevió a franquear las barreras y hablar con la mujer.
La tentación de concentrarnos en la congregación y no dedicarnos a la gente inconversa.
Il. Tomás el Laosiano
Mi Experiencia con Dios, p. 248
III. En tercer lugar creo que son necesarios porque tendemos a no ver las posibilidades.
Jesús veía en la samaritana no meramente una mujer fracasada en sus relaciones de pareja, sino una persona con una profunda necesidad espiritual.
El veía en los samaritanos no meramente un grupo de personas con quienes su pueblo había tenido una larga historia de conflicto, no meramente gente con una religión no bien informada, sino toda una ciudad lista para responder al evangelio.
Al llegar al lugar de ministerio pida a Dios que le dé visión para ver personas necesitadas de Cristo listas a responder.
Il. Lili, la empleada de Muchenik a quien Janie Garrett había testificado.
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