ROMANOS 14 G. La libertad cristiana y el amor cristiano (14:1-15:13)Parte VIII
14a Yo sé, y estoy persuadido en el Señor Jesús, que nada hay inmundo en sí. La declaración al principio del versículo 14 es particularmente enfática por los dos verbos, “Yo se” y “estoy persuadido” y por la inclusión de la frase “en el Señor Jesús”. El apóstol está plenamente convencido “que nada hay inmundo en sí”. No hay ninguna duda de su parte. Pablo define con más claridad el tema de 14:2-3. Ninguna comida es inmunda en sí. Jesús ya había dejado en claro este asunto (Mar. 7:15-23 y Mat. 15:10-11, 15-20; compárese Hech. 10:15-20; 1 Tim. 4:4; Tito 1:15.).
Las leyes del Antiguo Testamento que tienen que ver con comidas limpias e impuras no tienen validez para el creyente. Es claro que la oración “nada hay inmundo en sí” se refiere a cosas materiales como la comida. Por supuesto que Pablo no está refiriéndose a la conducta del hombre. No está diciendo que el mal está solamente en la mente del que lo considera.
14b pero para aquel que estima que algo es inmundo, para él sí lo es. Sin embargo, para la persona que piensa que alguna comida es impura, para él es impura y no debe comerla. El débil no puede actuar en contra de su conciencia, no puede pasar por alto su conciencia como si no tuviera ningún valor en la orientación de su conducta.
15a Pues si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. La conjunción lógica de transición, “Pues”, relaciona el versículo con la exhortación al final de 14:13 de no poner tropiezo o obstáculos al hermano. El versículo 14 es una especie de paréntesis en el argumento (Cranfield, Morris, Dunn). Hay énfasis en la frase “la comida”; el fuerte está poniendo en peligro la salud espiritual de su hermano por algo de valor tan secundario como la comida.
La conducta del fuerte provoca tristeza (“se angustia”, NVI) en el hermano débil. Morris se refiere al profundo dolor que siente el débil al ver a su hermano hacer algo que él considera incorrecto. Puede llevarlo a dudar de la sinceridad de la fe del otro y de la realidad de su propia fe. Además, la conducta del fuerte puede llevar al débil a hacer algo que en sí no es malo, pero para él es malo. Cuando esto ocurre las consecuencias pueden ser muy serias como indica la última oración del versículo. Pablo usa aquí la segunda persona singular para dar más a su apelación. Hace lo mismo en los versículos 20 al 22.
Cuando el fuerte procede de esta manera ya no esta caminando (una metáfora frecuente en Pablo para describir la conducta del creyente) de acuerdo al amor, de acuerdo al ágape. Para el creyente la norma válida siempre es el amor.

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