ROMANOS 14 G. La libertad cristiana y el amor cristiano (14:1-15:13)Parte VI
10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Pues todos compareceremos ante el tribunal de Dios. El apóstol retoma el pensamiento del versículo 3 con dos preguntas de reproche dirigidas primero al débil y después al fuerte, una inversión del orden del versículo 3 donde primero se dirige al fuerte y después al débil. Se esfuerza por ser equilibrado en su trato con cada uno.
Es claro que el que juzga es el débil, aquel que come solamente verduras y da importancia especial a ciertos días; y el que menosprecia es el fuerte, aquel que come de todo y no da importancia especial a ciertos días (14:1-5). El uso de la palabra “hermano” (No la ha usado desde 12:1.) es significativo. El objeto del juicio y del menosprecio no es cualquier persona sino el hermano del que está juzgando y el que está menospreciando. Son actitudes inapropiadas en una relación de hermandad.
La declaración final del versículo provee el motivo preciso para no juzgar, el hecho de que nos hemos de presentar ante el tribunal de Dios. RV, siguiendo el texto recibido como casi siempre, tiene “el tribunal de Cristo”, pero los mejores manuscritos tienen “el tribunal de Dios”. Parece claro que la lectura de RV se debe a la influencia del pasaje paralelo en 2 Corintios 5:10: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo”. Evidentemente para Pablo no hay diferencia entre el tribunal de Cristo y el tribunal de Dios.
Morris señala que la enseñanza neotestamentaria es que Dios ejerce su facultad de juzgarnos delegando a Cristo esta responsabilidad. Debemos evitar el pecado de juzgar al hermano y el pecado de menospreciar al hermano porque todos nos presentaremos ante el tribunal de Dios para responder por nuestra conducta como creyentes. En el juicio de Dios el asunto será no solamente si uno es cristiano, sino como ha sido su vida como cristiano.
11 porque está escrito: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. Como de costumbre, Pablo apoya la última oración del versículo 10 con una cita del Antiguo Testamento, en este caso de Isaías 45:23. La fórmula de introducción de la cita, “Vivo yo, dice el Señor”, es frecuente en el Antiguo Testamento para afirmar solemnemente una palabra de Dios y aparece, por ejemplo, en Isaías 49:18. El apóstol también cita Isaías 45:23 en Filipenses 2:10-11 donde lo aplica a Cristo. Lo que el texto afirma es que al final todo ser humano rendirá homenaje a Dios como soberano y como juez de todos y toda lengua lo reconocerá como Dios. En este sentido apoya la declaración de que todos nos hemos de presentar delante del tribunal de Dios.

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