ROMANOS 14 G. La libertad cristiana y el amor cristiano (14:1-15:13)Parte V

  


7-8 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, sea que vivamos o que muramos, somos del Señor. La partícula lógica de transición, “Porque”, indica que la intención del apóstol en los versículos 7 al 9 es proveer apoyo para lo que ha dicho en el versículo 6; eso es que tanto el débil como el fuerte están sirviendo al Señor a pesar de las diferencias. Versículos 7 al 9 están íntimamente relacionados y parece claro que el “nosotros” del versículo 7 quiere decir “nosotros los creyentes”. 

Cranfield en una nota señala que la expresión “vivir para sí” se usaba en latín y griego para referirse a vivir de manera egoísta, preocuparse solamente por los intereses y la comodidad de uno mismo. Ningún cristiano debe “vivir para sí” en el sentido de que no tiene otro objeto en la vida fuera de su propia gratificación. De hecho todo creyente “vive para el Señor”, eso es, vive con el objeto de agradar a Cristo.

Con frecuencia se interpreta este pasaje en el sentido de que el ser humano no puede vivir independientemente de los demás seres humanos. Para usar la conocida expresión del poeta inglés Juan Donne, “Nadie es una isla”. Esto es cierto, pero no es esto lo que Pablo está diciendo aquí. 

    El está refiriéndose a cristianos y afirmando la relación de todos los aspectos de la vida de un cristiano a su Señor. Sin embargo, Bruce señala como una verdad resultante que es también cierto que la vida de cada creyente afecta la de sus hermanos creyentes y, de hecho, la de todos sus prójimos. Por lo tanto, el creyente debe considerar su responsabilidad para ellos y no pensar solamente en sus propios intereses.

Esta relación con el Señor abarca absolutamente todos los aspectos de la vida: “Al vivir o morir lo hacemos por El” (BAD). Aun la muerte del creyente es “para el Señor”. No es tan difícil pensar en vivir “para el Señor”; con cierta frecuencia se habla de “morir por el Señor”, eso es, entregar la vida por él, pero no se habla mucho de “morir para él”, es decir, aceptar la muerte en el momento y de la manera en que puede venir como parte de nuestro servicio a él. 

    Como los estoicos en la antigüedad, hoy más y más se está insistiendo en el derecho del hombre a determinar cuándo y cómo muere. El creyente debe recordar que el momento y la manera de su muerte pertenecen a su Señor. La última frase resume el principio: “tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor” (LPD).

9 Porque Cristo para esto murió y vivió, para ser el Señor así de los muertos como de los que viven. Pablo ahora provee apoyo para su afirmación de que todos los aspectos de la vida del creyente han de estar al servicio de su Señor. El señorío absoluto de Cristo en la vida del cristiano está basado en su muerte y resurrección. Es claro que “vivió” aquí tiene el sentido de “volvió a vivir” (NVI; BLA, “resucitó”.). 

    No se refiere a su encarnación sino a su resurrección. Cristo era Señor antes de su muerte y resurrección, pero en su relación con los redimidos su señorío está basado en su muerte y resurrección. El orden de los elementos en la última frase sorprende: “para ser el Señor así de los muertos como de los que viven”. Parecería más lógico hablar de “vivos y muertos”; BAD tiene “para poder ser nuestro Señor mientras vivimos y cuando muramos”. Es probable que el orden se deba al orden de “murió y vivió” en la oración anterior que se refiere a la muerte y resurrección de Cristo. 


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