Una palabra para la crisis
Intro.: Predicar en estos días es un gran desafío. Uno no quiere que el mensaje eterno sea condicionado por la situación particular. Sin embargo, el mensajero de Dios cree que Dios es el Soberano de la historia humana y no es ajeno a lo que pasa a su pueblo. Si los profetas y los mensajeros de Dios en todas las épocas de la historia nos sirven de ejemplo, la lección parece ser que la palabra de Dios viene a su pueblo precisamente en el contexto de su historia y con frecuencia en el contexto de su sufrimiento.
Todos los días escuchamos la visión de los hombres de nuestra realidad. Lo que quisiéramos escuchar es la visión de Dios de nuestra situación. Amos 3:7 dice que “no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (RVR95).
Hace dos domingos leímos a Habacuc y su desafío a afirmar una fe inquebrantable en los peores tiempos.
Habacuc 3:17-18: “Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en Jehová, me gozaré en el Dios de mi salvación” (RVR95).
En esta semana he estado leyendo los grandes capítulos que se encuentran en el medio de la profecía de Jeremías, contemporáneo de Habacuc. Me refiero a los capítulos 29 al 33 de Jeremías. Llegué a la conclusión de que quizás lo mejor que puedo hacer en esta mañana es sugerir algunas de las ideas principales de estos capítulos que nos son pertinentes y leer pasajes donde estas ideas se expresan. Quizás nada nos hará mejor que escuchar la palabra de Dios.
Recordarán que Jeremías vivió a fines del siglo siete y principios del siglo seis antes de Cristo. La destrucción de Jerusalén por los babilonios es inminente.
Empezamos la lectura con Jeremías 33:1-22
¿Qué nos enseña estos capítulos de Jeremías?
I. Tarde o temprano la maldad de los hombres recibe su castigo.
Jer. 30:11(última frase)-15
Desde los tiempos de Moisés, Dios había advertido al pueblo con respecto a las consecuencias para la nación del pecado. Los profetas afirman que la inmoralidad, la injusticia y la idolatría iba a traer consecuencias. El juicio sobre el pueblo de Dios había tardado mucho tiempo, pero al fin estaba a la puerta.
Uno tiene la sensación que algo semejante pasa en nuestro medio. Tanta injusticia, tanta corrupción, un mal uso de los privilegios tan grande, no puede sino traer consecuencias. Hay principios éticos y morales que se expresan en la historia de los hombres y de los pueblos y, como se dice en el mundo de habla inglesa, tarde o temprano hay que pagar al que toca el violín.
Cuando es el pecado de una nación, todo el pueblo sufre aun los que no han sido los más culpables sufren.
II. Por lo tanto, a veces el mensaje de Dios en lo inmediato no puede ser alentador.
Este fue el problema de Jeremías. Estaba anunciado la destrucción de Jerusalén y la gente estaba diciendo que Dios nunca permitiría tal cosa.
Jer. 33:4-6
III. Pero más allá del castigo del mal sigue la esperanza de un nuevo día si se vuelven a Dios.
A. El nuevo día: Jer. 5:11; 29:11
B. La necesidad de volver a Dios: Jer. 31:16c-19
Lo más alentador en estos días es la búsqueda de Dios por el pueblo de Dios. Reunión de oración de los pastores todos los jueves a las 9:00 hs.
IV. Dios cumplirá la visión que da al profeta aun cuando parece imposible.
Jer. 33:20-21; 32:27, 17
El retorno de los judíos a sus tierras desde el exilio parecía imposible, pero se realizó.
V. En respuesta a lo que Dios va a hacer, El suele pedir un gesto de fe.
Jer. 32:2-16
Il. La donación de la familia Richa

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